Conocer y prevenir tormentas en montaña

Ya sea en plena montaña o en otros espacios naturales, las tormentas están consideradas como el mayor peligro objetivo al que podemos exponernos. Por esta razón, vamos a estudiar los signos que nos avisan de que se va formar una y cómo minimizar el daño potencial de una tormenta una vez que, irremediablemente, la tenemos encima.

Autor: Joaquín Colorado. | Autor: | 1 comentario | Compartir:
Conocer y prevenir tormentas.

La tormenta consiste en una perturbación atmosférica de gran magnitud, cuya manifestación resulta siempre violenta y acompañada tanto de abundantes precipitaciones en forma de agua, nieve y/o granizo, como de aparato eléctrico.

Por su origen, las tormentas se clasifican en dos tipos:

  • Frontales: las trae un frente asociado a su vez a un centro de bajas presiones (borrasca).
  • De calor: también llamadas de masa de aire, el cual es cálido y húmedo. Esta es la que más nos interesa conocer, por ser más propia de las áreas de montaña.

El gran problema inicial con el que nos encontramos para eludir sus efectos es doble: muy a menudo se originan en áreas relativamente pequeñas, sin posibilidad de preverlas con suficiente antelación.

El cumulonimbo

Es la nube de tormenta por excelencia (en adelante, Cb) y se caracteriza por ser muy densa, de base amplia, plana y oscura, acompañada de un enorme desarrollo vertical. Su altura media es de siete kilómetros, pero puede alcanzar los doce. Su seña de identidad inequívoca –solo visible desde muy lejos– es su parte superior totalmente plana, como un yunque.

Su proceso de formación está íntimamente ligado a la inestabilidad atmosférica. El calentamiento del suelo debido a la radiación del sol y la irrupción en altura de aire frío son los dos elementos que se coaligan para desestabilizar la atmósfera y propiciar la aparición de movimientos verticales de masas de aire.

Pero aún queda el factor definitivo: la humedad. Cuanto mayor sea ésta, o lo que es lo mismo, cuanto más vapor de agua haya en la masa de aire, más pronto se producirá la saturación de ésta y su condensación formando la nube.

El Cb ha ‘explotado’

Del proceso del cambio de estado de gas a líquido (condensación), que experimenta el vapor de agua en la condensación de la nube, se desprende calor, liberándose mucha energía que contribuye a inestabilizar aún más la masa de aire, catapultándola de nuevo hacia arriba.

Las microgotas de agua que se van generando se unen unas a otras, aumentando su diámetro, en medio de intensas corrientes que suben y bajan, dentro y fuera de la nube. A medida que la masa de aire en constante saturación va ganando altura, las temperaturas negativas con las que ésta entra en contacto dan lugar a que el agua condensada pase a estado semisólido o sólido (hielo); el Cb está alcanzando su madurez, y es en esta fase cuando van a producirse las precipitaciones de carácter más virulento, que pueden ser en forma de granizo o de pedrisco.

Pero unos minutos antes, y durante estas precipitaciones, las fuertes ascendencias antes aludidas, se corresponden con no menos violentas corrientes descendentes, que mueven toneladas de aire frío contra la superficie terrestre. Tras impactar contra el suelo, este aire se distribuye en todas direcciones, de forma intensa y racheada.

Este fenómeno trae como consecuencia la alteración y/o anulación de otros vientos dominantes en la zona y ajenos a la tormenta, incluido el régimen de brisas de valle. Para entendernos mejor: el Cb ha “explotado” y la tormenta comienza a hacer estragos.

Las montañas favorecen su desarrollo

Sin ser determinante, la orografía montañosa facilita y acelera la formación de tormentas. Las razones son principalmente dos: baja humedad relativa del aire y mayor insolación.

El aire seco de las montañas puede absorber gran cantidad de humedad y a más velocidad que el de las llanuras, por lo que la atmósfera se satura rápidamente.

Indicadores previos

Cuando las tormentas son de carácter local será difícil prever el lugar concreto donde van a formarse. Los servicios meteorológicos solo pueden prevenir sobre la posibilidad de formación en un ámbito regional o un determinado macizo, pero no sobre una montaña o valle concreto.

Se han dado casos en los que la velocidad de crecimiento de un Cb ha alcanzado los 60 km/h; esto significa que, si la base de la nube se forma a 1.000 m de altura, al cabo de cinco minutos la torre alcanzará los 6 km de altura.

Esto puede darnos una idea del escaso margen de maniobra que tendremos para actuar ante la presencia de “signos indicadores” en un cielo pretormentoso, con el fin de suspender la actividad y descender o buscar refugio.

Veamos algunos de estos signos:

  • Las tormentas llamadas “de calor” van precedidas de un período de unos 7 a 10 días con temperaturas por encima de lo normal. Cuando se alcanza el máximo de temperatura, el descenso se produce a costa de la tormenta.
  • En las situaciones de mayor inestabilidad, podrán estallar múltiples tormentas a cualquier hora del día, con la siguiente evolución diurna muy típica:
  1. Las tormentas de la noche anterior han dejado algún foco residual a primeras horas del día.
  2. Grandes claros se abren a lo largo de la mañana, en un cielo tan sólo salpicado de nubes medias inestables (altocúmulos castellatus). Esta situación se mantiene en calma al menos hasta mediodía.
  3. A partir de este momento se inician y multiplican los focos tormentosos, que no se disolverán sino lenta y parcialmente a lo largo de la noche.
  • Las montañas sometidas a la confluencia de vientos de distintas procedencias se llevan todas las papeletas ante una situación general de bajas presiones, al reforzarse aún más la actividad convectiva. Esto es así, especialmente, en aquellas zonas influenciadas por vientos marinos, cargados de humedad (en España: Pirineo Oriental, sierras levantinas, sierra de Cazorla, Picos de Europa, etcétera).
  • Si antes del mediodía hay nubes cumuliformes con importantes desarrollos verticales, sobre las crestas y laderas orientadas al sur y al este, desconfía. Si éstas se encuentran, además, a barlovento, es decir, frente al viento dominante, la inestabilidad se reforzará aún más.
  • Se puede identificar con la vista un Cb a cierta distancia y tomar medidas inmediatas antes de que sea demasiado tarde. Si a partir del mediodía el cielo se presenta cargado, caótico, con formaciones nubosas a distintas alturas, plomizo e inmóvil, y ambiente bochornoso, hay que estar alerta. Es muy probable que los cúmulos congestuso, incluso ya Cb, estén camuflados.

¿Qué hacer cuándo la tenemos encima?

Antes de producirse manifestación alguna en forma de precipitación o aparato eléctrico, las rachas de viento frío y descendente se hacen notar. Poco a poco, las toneladas de aire que el cumulonimbo  envía, cada vez con más fuerza, irrumpirán por los collados anulando las brisas ascendentes de los valles: la olla está a punto de desbordarse.

A no ser que lo tengamos justo sobre nuestra cabeza, primero se ve el relámpago (manifestación luminosa del rayo) y después se escucha el trueno (manifestación sonora). La duración de este último parece mayor de lo que es en realidad debido a las reflexiones del sonido, y parece llegar después debido a la menor velocidad del sonido (333 m/s) comparada con la de la luz (300.000 km/s).

Cuanto menor sea el tiempo transcurrido entre ambos, más cerca se encontrará la tormenta del lugar donde nos encontremos. Divide el tiempo transcurrido en segundos entre tres, y sabrás exactamente a cuántos kilómetros tienes la tormenta.

El peligro es elevado cuando el intervalo entre el relámpago y el trueno es inferior a 30 segundos.

Aislarse de zonas húmedas

La humedad facilita mucho la conductibilidad. Desde el punto de impacto del rayo, la electricidad se extenderá por la tierra en todas direcciones.

Podemos lograr el aislamiento de zonas húmedas sentándonos sobre una mochila, cuerda enrollada, etcétera. La ropa y calzado húmedos no aumentan el riesgo de ser alcanzado por el rayo, pero en tal caso pueden empeorar las quemaduras y/o disminuir las posibilidades de supervivencia. Si se trata de un grupo, sus miembros deberían separarse para reducir el número de heridos en caso de corriente de tierra y también evitar la transmisión colateral de corriente entre personas.

  • BAJO NINGÚN CONCEPTO: permanezcas en una zona acuática (río de un valle alto, barranco, lago o piscina) o excesivamente húmeda. Tampoco os situéis en la puerta o entrada de un nicho, cueva o pequeño refugio (nuestro cuerpo podría hacer de arco voltaico, facilitando la conducción de la descarga).

En pared: evitar las conexiones metálicas

Si nos encontramos escalando una pared o destrepando una montaña, será preferible no montar rápeles. Cuando no hay más remedio que permanecer estáticos en un lugar con caída peligrosa, ante el riesgo de salir despedidos por la onda expansiva del trueno, debemos asegurarnos a la roca, si es posible sólo con la cuerda de nailon, sin conexiones metálicas intermedias (ejemplo: un nudo de gaza directamente sobre un saliente rocoso que ofrezca garantías).

En este caso, y dependiendo de las circunstancias, no estaría de más desencordarse de la cintura y, por supuesto, del pecho, para atarse, por ejemplo, a una bota: si al final recibimos descarga, los centros vitales de nuestro organismo sufrirán menos daños.

En plena vía ferrata y con aparato eléctrico encima, si se puede avanzar sin conectarse a la estructura metálica (porque no haya un riesgo de caída elevado) mucho mejor. Si no fuese posible esta medida, solo queda intentar alargar al máximo el cordino de autoseguro, de forma que su comba pueda estar en contacto con la pared, para desviar una posible descarga. Apagad walkie-talkies y teléfonos móviles, cuyas radiaciones electromagnéticas atraen los rayos.

Atención al ‘efecto pararrayos’

Con independencia del tipo de material de que esté hecho, todo punto que se encuentre más alto que cualquier otro de los de alrededor tiene más probabilidad de ser alcanzado directamente por una descarga.

Si las descargas ya están muy cerca, hay que echarse al suelo aunque llueva y granice, o permanecer sentados o en una posición que ofrezca el menor efecto pararrayos posible (arrodillados, inclinados hacia delante, con las manos en las rodillas y la cabeza entre éstas). Se trata de mantener la mínima superficie de contacto con el suelo (juntar los pies) y no poner las manos sobre un objeto conectado a tierra.

  • BAJO NINGÚN CONCEPTO: te quedes de pie en un lugar sin protección, en cumbres o puntos despejados que destaquen sobre su entorno, o bajo un árbol aislado. Tampoco llevar un objeto que sobresalga por encima de la cabeza, especialmente si es metálico, y no porque el metal atraiga la electricidad, sino porque como ya hemos visto es un buen conductor de esta.

Buscar refugio y tomar precauciones

Busca un refugio lo más protegido posible: edificación con pararrayos, interior de una estructura metálica aislada del suelo que actúe como Jaula de Faraday  (vehículo cubierto con la antena bajada, cabaña-vivac alpina, teleférico…) o en un bosque extenso y bien tupido (mejor de árboles bajos).

Los cobertizos o casetas aislados, no protegidos para la ocasión, son peligrosos. Si llevas casco, no te lo quites porque puede aislarte la cabeza en caso de derivación eléctrica.

Desenchufad los aparatos eléctricos, o mejor, cortad la energía eléctrica, tomas de antena de televisión, etcétera. ¡No usar el teléfono con los rayos encima!

Por otra parte, el fuego de la chimenea creará corrientes de aire y flujo de iones, captadores de posibles rayos (esperad un poco para encender fuego). Hay que situarse aislado del suelo (sobre una silla no metálica, con los pies recogidos sobre ella). No tocar tuberías metálicas ni grifos.

Las tiendas de campaña tampoco constituyen una buena protección. Si no hubiera más remedio que permanecer en su interior, procura que las puntas del armazón que da forma a la tienda estén bien hundidas en la tierra, sin aislante alguno.

  • BAJO NINGÚN CONCEPTO: tengas abiertas puertas o ventanas dentro de un coche o casa; en este último caso, tampoco se debe permanecer junto a una chimenea. No montes en bicicleta, a caballo o permanezcas junto a un rebaño de ovejas (el pelaje de los animales se carga de electricidad estática). Tampoco permanezcas junto a vallas metálicas, raíles de ferrocarril, instalaciones eléctricas o de telefonía con hilos.

¿Ha pasado la tormenta? Quizá no del todo…

En montaña, una tormenta aislada puede resultar muy violenta. Pero también puede presentarse en grupos de varias células o rosarios de tormenta donde cada Cb se encuentra en diferente estado de formación: cuando una tormenta ha pasado, no os precipitéis a la hora de tomar decisiones, sobre todo si ésta ha tenido lugar a hora temprana.

Si bien es cierto que las precipitaciones frenan la actividad convectiva que alimenta los Cb (ver primera parte de este artículo), no es menos cierto que, si se cuela el sol rabioso por algún claro, la convección se reactivará aún con más intensidad (aprovechando el vapor de agua de la lluvia precedente).

  • BAJO NINGÚN CONCEPTO: alarguéis demasiado la jornada de actividad si os ha sorprendido una tormenta, aparentemente aislada, antes del mediodía.


 
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1 comentario

  1. Están muy bien esos artículos didácticos que hacéis de cuando en cuando, son muy interesantes para aprender o refrescar cosas.

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