Una colchoneta para dormir

Colchonetas para montaña

De la esterilla enrollable básica que llevaba todo el mundo hace un par de décadas hemos pasado a una amplia variedad de colchonetas de aire, autohinchables, con celdas, con tabiques verticales, con fibra por dentro… Vemos aquí en qué consisten los distintos tipos y cuáles son las principales ventajas y desventajas de cada uno.

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Bien equipados para disfrutar de un vivac en los montes Tatra, Eslovaquia.
Bien equipados para disfrutar de un vivac en los montes Tatra, Eslovaquia.   MICHAL BALADA

Lo que le pedimos a una colchoneta para dormir en el exterior está claro: comodidad y aislamiento. Es decir, que te permita descansar sin sentir todos los huesos clavados en el duro suelo y sin percibir la humedad y el frío del terreno. No olvidemos que descansar bien es clave para tener un buen rendimiento y, sobre todo, para disfrutar de la actividad.

De forma genérica, se suelen clasificar las colchonetas para deportes de montaña en tres tipos: la de espuma tradicional, la hinchable y la autohinchable. Vemos a continuación las características y recomendaciones de uso de cada una.

Colchoneta de espuma

Aunque parezcan colchonetas “de toda la vida” lo cierto es que no se empezaron a utilizar hasta la década de los setenta, conquistando rápidamente el mercado. Aún hoy siguen teniendo su hueco en las actividades outdoor por su indudable buena relación entre las prestaciones que ofrece, su durabilidad y su precio asequible.

Son colchonetas rectangulares que están hechas de espuma de celda cerrada, en las que el aire permanece encerrado en las burbujas, conservando de esta forma mejor el calor que acumula y sin absorber el agua (a diferencia de la espuma de celda abierta, que sí absorbe agua y no retiene el aire al aplastarla).

Esta espuma o foam, como se conoce por su término inglés, puede estar hecha de distintos plásticos, como de poliuretano, de polietileno o de EVA (etilvinilacetato), con propiedades similares, variando su capacidad de aislamiento principalmente en función de su grosor, que será directamente proporcional a su peso.

En todos los años que lleva vigente, este tipo de colchoneta no ha cambiado mucho en cuanto a su estructura o composición; básicamente los cambios introducidos se han hecho en el diseño de la superficie, que puede ser lisa, con pequeñas cuadrículas, con ondas, círculos… cuya finalidad sigue siendo atrapar el aire que se calienta entre el cuerpo y la superficie de la colchoneta.

Entre sus desventajas está que no es muy compactable, aunque se puede llevar enrollada en el exterior de la mochila, y aporta un grado de comodidad muy por debajo de los modelos hinchables.

A cambio, es muy resistente y es ligera (en torno a los 300-400 gramos para un grosor medio de entre 1,5 y 2 cm). Hay algunos modelos que le añaden un extra, como puede ser una lámina de aluminio en una de las caras, para aumentar su capacidad aislante.

En este tipo de colchonetas no suele venir indicado el valor R, que en cualquier caso no será muy alto. Es por tanto una colchoneta indicada para climas templados y para espaldas no demasiado exigentes.

Colchoneta hinchable

Las tradicionales colchonetas de aire sí que han evolucionado bastante desde las primeras en salir al mercado, que podríamos identificar con las típicas colchonetas hinchables que se siguen usando hoy en día en la playa, que se han adaptado a los deportes de montaña.

Su principal ventaja es que pesan y ocupan poco y, una vez infladas, se consigue un grosor importante, entre los 2 y los 6 centímetros según el modelo, separando el cuerpo del suelo de forma eficaz.

Las concebidas para la montaña están hechas con un tejido exterior resistente, tipo Nylon o Ripstop, a prueba de roces y desgarros, aunque siempre tenemos que extremar su cuidado pues no están exentas de pinchazos (muchos modelos incluyen “kits de reparación” para poder arreglarlas en el terreno).

Ante la limitada capacidad de aislamiento del aire, muchos fabricantes han optado por incluir en el interior alguna lámina de tejido aislante, que aumenta su eficacia. Estas láminas suelen ser de fibras sintéticas, como por ejemplo Primaloft, Thermolite o Fiberlite, entre otras.

En este tipo de colchonetas se podría considerar una desventaja el hecho de tener que inflarla para utilizarla, una operación que no suele ser muy placentera sobre todo en esos días en los que has hecho una actividad intensa.

Hay firmas que ofrecen infladores portátiles pequeños y ligeros (por debajo de los 100 gramos) que facilitan esta tarea, o incluso las propias fundas para guardar las colchonetas incorporan un sistema para poder utilizarlas como infladores.

Es importante igualmente que dispongan de una buena válvula de inflado que incluya un mecanismo de bloqueo para facilitar su llenado y evitar pérdidas de aire.

Otra de las desventajas de estas colchonetas es que, según la elección del material exterior, pueden llegar a ser muy ruidosas por la noche, generado por nuestro propio movimiento.

Es importante fijarse en el valor R de las colchonetas hinchables puesto que puede variar mucho, encontrándonos desde colchonetas estivales con un valor por debajo de 1, a superar el valor 5 las que incorporan láminas aislantes, para condiciones invernales.

Igualmente el precio y el peso variará mucho en función de los materiales con los que esté confeccionada. Como es lógico, un valor térmico superior suele venir acompañado de un mayor peso, superando el kilo en muchos casos.

Cuando se consigue aunar ligereza con aislamiento lo que incrementa es el factor precio. Si las vamos a utilizar en superficies muy irregulares, con rocas o vegetación, es recomendable combinarlas con una esterilla básica de las de espuma cerrada, que la proteja y evite pinchazos indeseados.

Hay modelos que están construidos con una doble capa de aire de forma que, si durante la noche una de ellas se desinfla, tienes todavía la otra de reserva. También el diseño y orientación de los tabiques es importante, pues condicionará el reparto óptimo del peso sobre la superficie de la colchoneta.

Y que incluya un tejido o tratamiento antideslizante en la superficie –que suele ser un recubrimiento de TPU (poliuretano termoplástico)– no solo es deseable, sino que es fundamental si no quieres despertar en el suelo.

Colchoneta autohinchable

El nombre de este tercer tipo de colchonetas puede llevar a error, pues se podría pensar que estamos ante una colchoneta hinchable de las anteriores que se infla ella sola, de forma automática. Nada que ver. Las colchonetas llamadas autohinchables son las que incorporan en el interior una estructura de espuma, en este caso de célula abierta y con espacios vacíos entre medias de forma que, cuando las extiendes y abres la válvula de llenado, la propia espuma al expandirse absorbe aire y va llenando esos espacios.

Cualquiera que haya usado una sabe que siempre va a necesitar un “empujón” final que podemos hacer mediante soplidos o con alguno de los infladores portátiles antes mencionados.

La primera colchoneta de este tipo la ideó en 1971 la compañía estadounidense Therm-a-Rest, con un modelo hecho de un foam de poliuretano “envuelto” de un tejido de Nylon.

Hoy en día muchas otras marcas ofrecen este sistema, con variantes en cuanto al tipo y diseño tanto de la espuma interior (con celdillas redondas, triangulares, tipo sándwich…), como del tejido exterior, ofreciendo mayor o menor resistencia.

Al incorporar esta espuma interior, este tipo de colchonetas suele ser más pesado que las hinchables y también ocupan más espacio, pero a cambio son bastante más resistentes, menos ruidosas y no tienen el riesgo de que se puedan pinchar, aunque igualmente exigen mayor cuidado que las básicas del primer tipo.

Las válvulas de inflado suelen incorporan alguna membrana o sistema que impida la salida del aire mientras que la estamos inflando. Una vez desinflada, es importante volver a ponerle el tapón, de forma que no siga absorbiendo aire y vuelva a llenarse, si bien también muchas válvulas incluyen un sistema de bloqueo que evita este hinchado indeseado.

En este tipo de nuevo el rango de grosor y de peso de los distintos modelos muy amplio, estando directamente relacionados entre sí, superando en algunos casos el kilo de peso (en este caso más orientadas al camping que al alpinismo).

Algunos ejemplos de colchonetas para montaña
Algunos ejemplos de colchonetas para montaña

Algunos ejemplos: (A) Colchoneta básica de espuma EVA con una lámina de aluminio. (B) Colchoneta hinchable Comfort Light de Sea to Summit con “Air Sprung Cells”: unas cámaras de aire interconectadas que se adaptan al contorno del cuerpo, impidiendo que se escape el calor. Este modelo está ideado para la anatomía femenina, con un mayor o menor número de celdas en función de las necesidades de cada parte del cuerpo, e incorpora en el interior de aislamiento Platinum® y Thermolite®. (C) Colchoneta hinchable Micro Air de Trangoworld que, a pesar de su bajo peso (440 g) ofrece buen aislamiento térmico al incluir en su interior fibra Primaloft®. (D) Colchoneta autohinchable Fjellguard 60 de Robens con una espuma interna de MicroThermo Highgloft que alcanza un grosor de hasta 6 cm.

Y… ¿Cuál me compro?

Al ir hablando de los distintos tipos ya hemos ido exponiendo las ventajas y desventajas de cada uno, así que está en tu mano valorar el uso habitual que le vas a dar a tu colchoneta –y tu presupuesto– para decantarte por uno u otro.

Las hinchables con aislante interior normalmente son las que presentan un mejor ratio en cuanto al aislamiento y ligereza, y suelen ser más caras. Las autohinchables en cambio puede que te pesen más en la mochila, pero seguramente te durarán más. Pon atención también a la talla que compres y a su estructura (más rectangular, tipo momia, cortada…). El esfuerzo seguro que estará bien invertido si te permite disfrutar de una de esas inolvidables noches bajo las estrellas.

¿Qué es el valor R?
Valor R, también llamado Factor R

¿QUÉ ES EL VALOR R?
También llamado Factor R, es un dato que proviene del mundo de la construcción; indica la capacidad de aislamiento térmico que tiene un objeto en unas condiciones especiales de laboratorio. Cuanto mayor es el valor R, mayor será su capacidad de aislamiento.
El problema está en que, aunque el valor R es una medida estándar, no existe un método o un test estandarizado para medirlo en el caso de las colchonetas. Las pruebas a las que se someten suelen ser similares, pero los distintos parámetros que se utilizan pueden variar el resultado.
Así explica por ejemplo la marca danesa Robens cómo es la prueba que realiza en su laboratorio: “Cada colchoneta se hincha con una presión uniforme y se coloca horizontalmente entre dos planchas en un ambiente a temperatura estable. Seguidamente se aplica corriente a través de una de la planchas para generar calor. La potencia necesaria para que la colchoneta mantenga esta temperatura constante es la que se utiliza para calcular el valor R. Cuanto menor energía se necesite para mantener la temperatura de la plancha, mayores serán las propiedades de aislamiento de la colchoneta”.
La conclusión es que el valor R sí es un factor importante a tener en cuenta a la hora de comprar una colchoneta, pero solo lo podemos tomar como referencia genérica a la hora de comparar este dato entre las distintas marcas.
Teniendo esto presente, a modo orientativo podemos decir que un valor R inferior a 1 es probable que no ofrezca un aislamiento suficiente para la montaña.
Un valor intermedio de entre 3 y 4 es lo habitual para las actividades tres estaciones, mientras que en una colchoneta para uso invernal (como dormir sobre la nieve) hemos de buscar un valor R de 5 o superior.

Eva MARTOS

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