Etapas y tracks de la ruta

Camino Ignaciano por Euskadi

Hace 500 años, el caballero Ignacio de Loyola salió de Azpeitia, donde había nacido, vivido y recuperado de las graves heridas sufridas en el sitio de Pamplona que casi le cuestan la vida, rumbo a Jerusalén. En Manresa se quedó diez meses, viviendo como un ermitaño en una cueva que ahora es visitada por miles de peregrinos venidos de todo el mundo; también desde la ciudad natal del santo siguiendo las señales del Camino Ignaciano.

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Un grupo de caminantes observa la Sierra de Aizkorri-Aratz desde la Sierra Entzia.
Un grupo de caminantes observa la Sierra de Aizkorri-Aratz desde la Sierra Entzia. 📷 Fotos BASQUETUR

Si hay un camino peregrino con buenos cimientos históricos este es el Camino Ignaciano, ya que se trazó siguiendo las anotaciones personales del Santo en su peregrinación hacia Jerusalén.

Se sabe perfectamente hasta el año en que el soldado arrepentido comenzó su viaje: 1522, es decir, hace ahora 500 años, un “cumpleaños” que se celebra en Euskadi por todo lo alto.

El Camino Ignaciano se inicia en la casa donde nació Ignacio en Loyola (Azpeitia) y conduce hasta la Cova de San Ignacio, en Manresa, cerca del monasterio de Montserrat. Es un largo recorrido que atraviesa cinco comunidades autónomas, y que suma 675 kilómetros, de los cuales 150 transcurren por Euskadi. Podemos considerar el paso por Euskadi como el más rompe piernas de toda la peregrinación por la abrupta orografía de las seis comarcas que atraviesa: Urola Garaia, Urola Erdia, Debagoiena, Llanada Alavesa, Montaña Alavesa y Rioja Alavesa.

Es un tramo perfectamente señalizado (las flechas naranjas propias del Camino Ignaciano coinciden con las del GR 120 Ruta de los Tres Templos) que los viajeros pueden completar en seis o siete jornadas.

Para los cicloturistas se ha habilitado una variante que evita el paso de la Sierra de Aizkorri. No está señalizado como tal, pero sí cuenta con un track.

El Camino Ignaciano no es solo un camino de peregrinación; también es un constante encuentro con la Historia, que por estos lares se ha mostrado especialmente activa, sobre todo durante la Edad Media, cuando castellanos y navarros se disputaban este territorio por su situación estratégica.

También se trata de un viaje muy educativo en el aspecto natural, pues el caminante pasa de un ambiente atlántico, con montes cubiertos de frondosos bosques, a un paisaje mediterráneo, y lo hace de un minuto al otro al atravesar la Sierra de Cantabria (Sierra de Toloño).

Y qué se puede decir que no se haya dicho ya de la hospitalidad vasca y de su gastronomía, un premio que espera al caminante al final de cada etapa por Euskadi siguiendo los pasos del santo que primero fue soldado.

Etapa a etapa de Camino Ignaciano por Euskadi

Azpeitia – Zumárraga

17,7 km
+269 m
4h 10 min

El santuario de Loyola es una impresionante obra arquitectónica barroca construida entre los siglos XVII y XVIII. El lugar es un hervidero de gente venida de todas las partes del mundo. Europeos, americanos, asiáticos se mezclan en el gran complejo religioso que incluye la casa fortaleza donde Ignacio nació.

Los primeros pasos nos encaminan hacia Zumárraga, final de la primera etapa, pasando antes por Azkoitia, siguiendo el curso del río Urola y por el cómodo trazado del antiguo Ferrocarril del Urola, convertido en vía verde.

Dos peregrinos dan los primeros pasos del Camino Ignaciano subiendo la escalinata del santuario de Loyola.
Dos peregrinos dan los primeros pasos del Camino Ignaciano subiendo la escalinata del santuario de Loyola.

A las afueras de Zumárraga está la ermita de la Antigua, referente del románico vasco (siglo XIV) y uno de los hitos de la citada ruta junto a los santuarios de Loyola y Arantzazu. Destaca, sobre todo, su entramado de madera de la cubierta interior. Su belleza le ha valido el apodo de “Catedral de las ermitas”.

Zumárraga – Arantzazu

18,9 km
+873 m
6h 30 min

La etapa parte de la estación de tren de Zumárraga hasta salir de la localidad. El ferrocarril es un elemento decisivo en la historia de Zumárraga, y llegó a contar con tres estaciones diferentes de tres líneas diferentes.

Tal hecho convirtió a este municipio en uno de los núcleos de comunicaciones más importante del País Vasco, al enlazar la Meseta con la costa guipuzcoana y con Bizkaia. En la actualidad solo permanece en funcionamiento la de Renfe.

Las vías de tren serán nuestras compañeras de viaje en los primeros kilómetros. Pasado Legazpi encontramos el parque de Mirandaola, donde se puede ver una ferrería (visita casi obligada) y una ermita.

El Camino Ignaciano coincide al 90 por ciento con el sendero GR 120.
El Camino Ignaciano coincide al 90 por ciento con el sendero GR 120.

Un poste nos ayuda a seguir el buen camino hasta el barrio de Telleriarte. Después, y siguiendo las vías del tren nuevamente, llegamos a Brinkola. Atravesamos la localidad para llegar hasta el embalse de Barrendiola donde empieza lo realmente duro de la jornada. Vamos siguiendo las marcas del GR 120 para alcanzar Biozkorna, donde empieza la subida hacia el santuario de Arantzazu.

Arantzazu – Araia

15,9 km
+656 m
5h 50 min

Nos despedimos del santuario de Nuestra Señora de Arántzazu, centro espiritual de Euskadi y depositario de un importante patrimonio artístico realizado por los más notables artistas vascos, con un decidido rumbo sur, directos hacia las montañas que separan Gipuzkoa de Álava.

Cruzaremos transversalmente el recorrido del Camino de Santiago del interior. A pocos metros de este cruce, y sin desviarnos en exceso de nuestro recorrido principal, podremos visitar el conocido paso de San Adrián, túnel excavado en la roca, que ha sido utilizado desde la Edad de Bronce, y principal puerta de paso entre el Reino de Castilla y el resto de Europa en el siglo XIII.

Vista de los montes desde las campas de Urbia en Aizkorri Aratz
Vista de los montes desde las campas de Urbia en Aizkorri Aratz

Estamos en el Parque Natural de Aizkorri Aratz, el predominio de la caliza es muy notorio y la abundancia de esta roca confiere al paisaje una personalidad muy particular. El final de etapa es un descenso que termina en la localidad de Araia, al pie de las peñas de Aratz.

Allí podremos visitar las ermitas de San Juan de Amamio, de estilo románico, o la Iglesia de San Pedro. Sería un pecado no merendar con quesos de denominación de origen Idiazabal.

Araia – Alda

21,3 km
+630 m
6h 20 min

Al poco de abandonar Araia llegamos a las localidades de Albéniz y posteriormente a San Román de San Millán, por las que transitaba la antigua calzada romana de Burdeos a Astorga, y que hoy en día ocupa la N-1.

El desnivel más importante de la jornada sobreviene en las laderas de la Sierra de Entzia, subida dulcificada por la sombra y la frescura que aporta el bosque que escala la ladera.

La localidad de Ullibarri Arana nos espera a la bajada. El trazado urbano de Ullibarri es herencia de su papel de encrucijada de dos transitadas rutas de alta Edad Media. Por este motivo, la población ha poseído un gran número de ermitas, así como un hospital, que se fecha en el siglo XVI.

Si tenemos tiempo, merece visitar las ermitas de San Cristóbal y Andramari. Afrontaremos la última recta de la etapa, de apenas 1,5 kilómetros, para alcanzar el final de la etapa, Alda, cabeza del ayuntamiento de Arana.

Alda – Santa Cruz de Campezo

17,7 km
+191 m
4h 20 min

Proseguiremos la peregrinación por la comarca de Montaña Alavesa, para buscar la localidad de Santa Cruz de Campezo. Si por algo es reconocida esta comarca es por el Parque Natural de Izki, donde vive el bosque de roble marojo mejor conservado de toda Europa. Su visita, si poseemos tiempo, es algo que nos dejará un buen recuerdo.

Al final de la etapa podremos llegar por dos caminos: uno más directo que nos conduce por Orbiso, y otro más largo que transita por las localidades de Oteo y Antoñana.

Algunos lugares de la Sierra de Aizkorri, como este de las campas de Urbia, tienen un aire inequívocamente alpino.
Algunos lugares de la Sierra de Aizkorri, como este de las campas de Urbia, tienen un aire inequívocamente alpino.

La segunda opción tiene la ventaja de que nos dará la ocasión de visitar las murallas medievales de Antoñana y el Centro de Interpretación de la Vía Verde del Vasco Navarro.

Un último consejo: de ninguna manera abandonaremos la Comarca de Montaña Alavesa sin degustar su miel de alta calidad, o la trufa negra de perfume intenso y delicado, sin olvidarnos de su patata, morcilla y queso. Santa Cruz del Campezo en un pintoresco pueblo situado a orillas del río Ega que ocupa un emplazamiento estratégico de unión de viejos caminos: el que desde Treviño, por el cauce del río Ayuda, llegaba a Navarra, lo que explica que durante la Edad Media fuera una importante plaza de frontera entre los reinos de Castilla y Navarra, por lo que tan pronto pertenecía a un reino como a otro. Santa Cruz merece un tranquilo paseo por su calles llenas de casas con arcos y blasones.

Santa Cruz de Campezo – Laguardia

32 km
+690 m
8h 30 min

La sexta etapa señala el adiós a los kilómetros más duros y exigentes de todo el Camino Ignaciano. El paisaje que nos espera es muy heterogéneo. Partiremos de tierras cerealistas para terminar en los viñedos de Rioja Alavesa, no sin antes atravesar el bosque tupido de la Sierra Cantabria, una barrera natural que determina dos climas bien diferentes, el cantábrico con lluvias habituales al norte y el mediterráneo continental del sur con bajas precipitaciones, lo que la hace ideal para el cultivo de la uva.

En esta etapa transitaremos por un pequeño tramo navarro, atravesando las localidades de Genevilla, Cabredo, Lapoblación y Meano, para retomar tierras alavesas en Kripan. De aquí a final de etapa, podemos optar por ir directamente a Laguardia o utilizar la nueva variante a la localidad de Elvillar de Álava, para echar una ojeada a los dólmenes de La Chabola de la Hechicera o El Encinal.

Caminando entre viñedos otoñales en las inmediaciones de las lagunas de Laguardia, población que aparece detrás.
Caminando entre viñedos otoñales en las inmediaciones de las lagunas de Laguardia, población que aparece detrás.

En cualquier caso, nos espera Laguardia. Su nombre lo dice todo acerca del estratégico lugar que ocupa y que fue motivo de constante disputa a lo largo de toda la Edad Media, entre navarros y castellanos. En 1461 pasa definitivamente al poder de Castilla, y veinticinco años más tarde, Laguardia y sus aldeas se incorporan a la provincia de Álava y sus hermandades. Su intensa historia asalta al viajero en todos los rincones de su casco urbano, lleno de recios edificios blasonados. Merece especial atención el pórtico interior policromado de la iglesia de Santa María de los Reyes, una rareza única en la arquitectura religiosa de España.

Laguardia – Navarrete

19 km
+163 m
5h

Comenzamos esta última etapa por tierras vascas saliendo directos hacia las lagunas de Laguardia. Se trata de cuatro pequeñas balsas con una alta salinidad que poseen una fauna singular y una flora valorada como rareza mundial y que supone un paraíso para el avistamiento de aves; por todo ello han sido declaradas Biotopo Protegido y están incluidas en la Red Natura 2000.

Desde el inicio de la etapa es evidente que estamos en plena Rioja Alavesa por los ordenados viñedos que nos acompañarán. Atravesar este territorio es especialmente recomendable en otoño cuando la hoja de la vid enrojece.

Y hablando de vides, la peregrinación por Rioja Alavesa bien merece una parada en cualquiera de las bodegas que encontraremos. En ellas, además de probar los ricos vinos que se producen aquí —con moderación, eso sí— conseguiremos una no menos rica información de su elaboración.

Entre viñas llegaremos a Lapuebla de Labarca, el último pueblo alavés. Asentada sobre una zona escarpada llamada El Risco, la localidad debe su nombre a una barca que antaño cruzaba el Ebro. El pueblo conserva una interesante parte antigua, jalonada de casas de estilo renacentista con escudos de armas en sus fachadas. Al otro lado del puente que salva el Ebro continúa el Camino Ignaciano ya por tierras riojanas, y Navarrete, la segunda localidad que encuentra es la que marca el final de la última etapa por Euskadi.

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información de las etapas en https://turismo.euskadi.eus/

Navarrete – Manresa

490 km
+2276 m

En Navarrete, ciudad, famosa por sus talleres de cerámica y escenario de cien batallas entre castellanos y navarros –en algunas de las cuales intervino nuestro protagonista– el Camino Ignaciano entra en contacto con el Camino Francés que el peregrino debe recorrer a contracorriente hasta Logroño.

Al dejar atrás la capital riojana, el Camino Ignaciano deja también atrás el Camino Francés pero no las flechas amarillas que el peregrino seguirá encontrando en sentido contrario, pues pisa el Camino de Santiago del Ebro que ya no abandonará hasta el final.

Por delante quedan muchos kilómetros de llanuras sin sombra donde cobijarse, algo que se hace especialmente patente en el desierto de los Monegros.

En breve, el viajero entrará en tierras catalanas. Por delante queda una llanura llena de plantaciones infinitas de árboles frutales que permite ver desde muy lejos la catedral de Lleida.

Al cruzar la raya, el peregrino encuentra también el primero de los postes de madera con indicaciones del Camino Ignaciano que le acompañarán hasta Manresa, no sin antes pasar por el monasterio de Montserrat, aposentado en uno de los lugares más singulares de la península.

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