Termorregulación sobre la nieve

Prendas de primera capa para esquiar

Las prendas interiores son fundamentales en cualquier disciplina deportiva. Por sus características particulares el esquí requiere de unas especificaciones concretas que, sin diferir en exceso de otras actividades practicadas en la montaña, sí comporta detalles concretos que es necesario conocer. Os los mostramos en este artículo.

Termorregulación sobre la nieve
Termorregulación sobre la nieve
José Isidro Gordito | No hay comentarios |

Vestir “por capas” es seguir un concepto habitual en muchas disciplinas deportivas, especialmente las que se practican en la montaña. Superponer y combinar elementos sirve para termorregular el cuerpo del usuario, adaptando lo que este necesita en cada instante.

Entre todo el conjunto de capas hay una que resulta imprescindible. Se trata de la ropa interior térmica, que permanece en contacto directo con la piel, independientemente de lo que se lleve sobre ella. Su nombre no se debe a que genere calor, sino a que mantiene el microclima del deportista en valores térmicos aceptables.

Capta la humedad de la zona en contacto con la piel y, por el tipo de hilatura y tratamientos empleados, la expulsa a su cara exterior, donde se dispersa. Sus funciones principales son, por tanto, retener el calor corporal y a la vez mantener seca la piel evacuando rápidamente el sudor a través de sus polos hidrófilo e hidrófobo.

Adicionalmente, pueden cumplir otros cometidos, como evitar la proliferación de bacterias y con ello el mal olor o proteger contra los rayos UV, así como ofrecer una mayor o menor elasticidad, suavidad o resistencia.

Además del material con el que están confeccionados, que condicionará sus cualidades, los distintos modelos también difieren en los patronajes, el diseño, la incorporación de detalles técnicos, cuellos altos o de caja, cremalleras, elementos reflectantes…

En el mundo del esquí se han impuesto las camisetas con cuello alto o medio complementado con una corta cremallera, y las mallas pirata que dejan libre el área de la bota, impidiendo así la introducción de un bulto innecesario que produzca arrugas y por tanto molestias en las piernas de los usuarios.

Las fibras

La composición de los tejidos empleados determina el rendimiento y propiedades de las prendas. Podríamos establecer una somera clasificación dividiendo sus materias primas en dos grandes grupos: sintéticas y naturales.

En el primero incluiríamos las fibras derivadas del poliéster, polipropileno, poliamida… Y en el segundo las hilaturas a base de lana, algodón… Las fibras sintéticas aportan un rápido secado y una gran adaptabilidad, muchas veces conseguida gracias a la adición de materias elásticas como el elastano. De bajo peso, gran resistencia mecánica y duración, además de sencillo mantenimiento, su eficacia es altísima.

Termorregulación sobre la nieve
En las ascensiones de esquí de montaña, que generan una alta sudoración, es fundamental que la prenda en contacto con la piel sea eficaz en cuanto a la expulsión del sudor y el rápido secado, de forma que no genere enfriamiento muy rápido en las paradas para descansar.

Sin embargo, su capacidad de aislamiento no es la más elevada y su poder antibacteriano es nulo, excepto que sean complementadas con un tratamiento adicional.

La fibra natural es algo más pesada pero resulta más cálida (en el caso de la lana) y muy agradable en contacto con la piel (cuando se trata de algodón, que además es hipoalergénico). La lana es la estrella del invierno y se ha convertido en uno de los líderes de la vestimenta interior.

Por el contrario, el algodón no suele ser el elegido para la confección de prendas técnicas, pues su celulosa tiende a absorber la humedad con facilidad y su secado es lento.

En tiempos pasados la lana estuvo vinculada al mundo del montañismo y el esquí. Sin embargo, con el desembarco de los tejidos sintéticos en los años ochenta, quedó en el olvido e incluso fue despreciada por no resultar demasiado agradable en contacto con la piel y por su capacidad de absorber humedad (y, por tanto, aumentar de peso).

Pero hace aproximadamente una década volvió a resurgir con fuerza especialmente de la mano de su variante merino. Esta fibra aporta una elevada capacidad de almacenamiento y, por tanto, de aislamiento térmico. Cuando es de calidad resulta suave al tacto y es naturalmente antibacteriana, lo que ha llevado a convertirla en la estrella de las actividades invernales, entre ellas el esquí.

Es cierto que su velocidad de secado es más baja que la de las fibras sintéticas, pero su retención de aire caliente la han convertido en la preferida de los esquiadores de pista, cuya actividad física es de baja intensidad y por tanto no produce mucha sudoración.

Sus cualidades de aislamiento sobresalen en fases estáticas, como por ejemplo los ascensos en remontes.

Si tenemos una mínima sensibilidad frente al maltrato animal, un valor añadido en las camisetas fabricadas con lana merino es que lleven el indicativo non-mulesing o mulesingfree. Implica que para la obtención de la lana no se ha utilizado la técnica mulesing, que consiste en cortar la piel de la zona del trasero de la oveja (con más arrugas y más propensa a la sudoración y a acumular suciedad) para evitar que las moscas depositen aquí sus larvas, infectando al animal; es un método muy doloroso que se practica sin anestesia.

Además de las enumeradas, existen otras fibras naturales que se emplean en la fabricación de tejidos para prendas interiores térmicas. El lino, el bambú o el coco, entre otras, que son antibacterianas, repelen el sudor y bloquean los rayos UV, son muy interesantes, si bien no son las ideales para uso invernal debido a su reducida capacidad térmica.

Termorregulación sobre la nieve
Hilo procedente de botellas de plástico recicladas

Mezclando fibras

En el apartado anterior se exponía que resulta frecuente añadir materias elásticas para mejorar la adaptabilidad de las prendas. Pero, además, ya desde hace décadas muchos fabricantes han mezclado fibras naturales y sintéticas para aunar lo mejor de ambos mundos.

Diferentes combinaciones (proporciones, estructura, confección…) para ofrecer unas prestaciones adaptadas a distintas actividades. Entre la oferta actual es frecuente encontrar prendas con lana en la cara interior (que absorbe y expulsa la humedad, además de almacenar aire caliente alrededor del cuerpo) y poliéster en la exterior (para acelerar el secado y aportar un extra de longevidad).

O tejidos con un núcleo de náilon sobre el que se trenza lana merino. La mezcla aporta las características de la lana con un 20% adicional de resistencia a la rotura y hasta un 50% más de resistencia a la abrasión.

Si además cuenta con elastano, el resultado es el de una perfecta adaptabilidad y una estética asombrosa.

Combinar lana merino con la conocida fibra sintética Primaloft es otra de las opciones presentes en el mercado. Un conjunto de alto valor térmico que aprecia especialmente los esquiadores que no realizan deporte de alta intensidad.

El espesor importa

El grosor del tejido también es importante de cara a la capacidad de aislamiento. Si la materia prima almacena una buena cantidad de aire que el cuerpo eleva de temperatura, la prenda resulta más caliente cuanto mayor sea el gramaje del material utilizado.

Las prendas de entre 100 y 150 g/m2 están dirigidas a uso activo o/y con meteorología no demasiado fría. Las que están construidas con tejido de 150 a 200 g/m2 son de uso polivalente, con temperaturas intermedias o actividad de intensidad media. Las montadas sobre tejidos de 200 a 260 g/m2 o pesos superiores van dirigidas a ambientes fríos o situaciones estáticas, como estaciones con largos remontes mecánicos.

En muchos casos una misma camiseta o pantalón presenta diferentes densidades o entramados de tejido en función de la sudoración de las distintas zonas del cuerpo, buscando, por tanto, la mayor o menor transpirabilidad de nuevo con miras a un mantenimiento de la temperatura corporal constante.

La confección

Como mencionábamos al inicio, también influye en el rendimiento final de la prenda otros factores relacionados con su confección y diseño. Por ejemplo las costuras planas o la ausencia de las mismas evitará que genere molestas rozaduras.

También hay firmas que introducen tecnologías de confección específicas buscando optimizar la circulación del aire por el interior de la prenda, o bien la expulsión del sudor o la retención del calor, según las necesidades de cada parte del cuerpo.

Es posible también encontrar prendas interiores que aportan una ligera compresión en determinadas zonas para favorecer el riego sanguíneo y facilitar la recuperación muscular.

Qué elegir

Visto lo anterior, si te gusta el esquí pero solo lo practicas de modo ocasional, y siempre llevas una chaqueta y pantalón con una buena capa aislante (por ejemplo a base de fibra), e incluso un jersey polar adicional, las prendas interiores de bajo y medio gramaje serán tus compañeras ideales.

Si lo tuyo es el freeride, el esquí de montaña y los descensos dinámicos, las prendas de bajo gramaje y gran capacidad de evacuación te mantendrán siempre seco.

Eso sí, deberás llevar un complemento en la mochila (un jersey polar adicional, una prenda de fibra o pluma que bien puede ser un chaleco) para evitar perder calor en fases estáticas como remontes, esperas o transiciones ascenso-descenso.

Pero en meteorología adversa, macizos altos y fríos, largos ascensos en remontes mecánicos y, evidentemente, para personas frioleras, nada como las prendas interiores de mayor gramaje en aislantes naturales tipo lana merino, sintéticos como Primaloft, Thermolite u otros equivalentes, o bien la combinación de fibras naturales y artificiales de alta capacidad de almacenamiento.

José Isidro Gordito

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