La milagrosa recuperación de Jordi Tosas

Gracias a un tratamiento basado en aceites naturales y ejercicios de meditación, consiguió salvar todos los dedos de sus pies, después de sufrir importantes congelaciones al realizar un descenso en snowboard desde la cumbre del Cho Oyu.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:

Este experimentado guía de alta montaña es el protagonista de una curiosa historia, que incluso él mismo no llega a explicarse muy bien. El propio Jordi nos ha comentado todo el proceso.

El pasado 17 de mayo, a primera hora de la mañana, el alpinista catalán Jordi Tosas, guía de alta montaña con cierta debilidad hacia los descensos extremos en las grandes cumbres del Himalaya, comenzaba su intento de descender en snowboard una montaña de 8.021 metros, el Cho Oyu, primer descenso español desde la cumbre de un ochomil.

Al llegar a una complicada zona de unos 45º de inclinación y con el objetivo de reforzar la sujeción de sus tobillos dentro de las botas, exprimió al máximo los cierres de éstas con una irremediable consecuencia: cortar la circulación de sangre en sus extremidades, provocando que estos se congelaran inevitablemente.

El descenso, que recorrió un corredor cercano a la ruta que Reinhold Messner abrió en la vertiente suroeste y en estilo alpino junto a Hans Kammerlander en 1983, finalizó a una altura de 5.700 metros, en la el glaciar hacia imposible continuar el descenso. Cuando conseguía llegar al campamento base, dos médicos australianos le dictaminaron el diagnóstico que ningún alpinista desearía oír jamás, amputación de varios de sus dedos a causa de graves congelaciones de tercer grado.

En ese momento, Jordi decidió hablar con un médico francés amigo suyo, quien a pesar de comunicarle la necesidad de las amputaciones, que en algunos casos llegaban hasta el hueso y habían producido la aparición de gangrena, inició un curioso tratamiento de urgencia, cuyo objetivo era evitar las dramática pérdida de los dedos de Jordi.

Así comenzó un proceso que ni siquiera hoy el alpinista catalán llega a explicarse muy bien. Cristoph Pavelic, médico del PGHM de Chamonix, acupuntor especialista en masaje budista y taoista, y Maestro en el monasterio de Shaolin (China), aplicó a Jordi un tratamiento basado en la aplicación de aceites esenciales de diferentes plantas y, por otro lado, meditación y Chi-Kong, una técnica china de la que surgen otras disciplinas como el Tai-Chi o el Kung-Fu.

Tal y como afirma el alpinista catalán, en menos de diez horas este peculiar tratamiento comenzó a dar sus frutos, haciendo desaparecer la gangrena y reabsorbiendo las ampollas. En sólo tres días los pies de Jordi habían vuelto a su tamaño normal, después de haber sufrido inflamaciones que habían doblado su tamaño. Una semana después, con las zonas necrosadas bastante reducidas, comenzaba a escalar de nuevo, a pesar de tener que usar una sandalia en el pie más delicado y un pie de gato sin cordones en el otro.

Su milagrosa recuperación siguió experimentando una progresión increíble, ya que diez días después de iniciarlo ascendía hasta la Maladeta para realizar un descenso en snowboard sobre las últimas nieves del Pirineo. Cinco días después ya escalaba en Rodellar, probando rutas de 7c+/8a. Con 25 días de tratamiento, reinició sus actividades como guía de alta montaña y comienza a probar en Rodellar «Familia Manson», una desplomada vía en la que sin llegar a encadenar, resuelve todos los movimientos.

Actualmente, este alpinista catalán, sólo conserva como recuerdo algunas cicatrices en las puntas de los dedos y una zona negra en el pulgar del pie izquierdo. De la posible pérdida de tres dedos en su pie izquierdo y otro en el derecho, Jordi ha pasado trabajar octavos en la Sierra de Guara y ascender con grupos de clientes al Mont Blanc y al Eiger.

Entrevista a Jordi Tosas

Tras llegar al campamento base del Cho Oyu, ¿cuál es la primera impresión o diagnóstico que allí recibes?
En concreto, un médico australiano y un americano diagnosticaron, tras una primera inspección visual, congelaciones de tercer grado en los cinco dedos del pie izquierdo y en cuatro del derecho. Posteriormente, en la Clínica Internacional de Katmandú me volvieron a confirmar el diagnóstico. Finalmente, el doctor Pavelic, responsable del tratamiento posterior también confirmó el tercer grado de las congelaciones.

¿Fue un diagnóstico basado en pruebas fiables, que determinaran si había congelaciones que afectaran al hueso?
En el campamento base hubo una primera inspección en la que los médicos allí presentes ya me anunciaron la seriedad de la lesión, y después en Katmandú fui visto por más médicos que reafirmaron la gravedad. Al llegar a España, lo inmediato era frenar la gangrena que ya había comenzado aparecer, y posteriormente inicié este tratamiento, como último recurso antes de que el doctor Pavelic optara por amputar, que era lo más probable. Yo tengo conocimiento escaso de medicina, y no tengo una confirmación exacta de que fueran lesiones que llegaran al hueso, pero la necrosis llegó a cubrir los diez dedos de los pies, como demuestran las fotos realizadas tras regresar de Nepal.

¿Cuando el Dr. Pavelic te propuso el «milagroso» tratamiento, creías realmente que ibas a salvar los dedos?
Yo los di por perdidos en el campamento base y en Katmandú. Después, vi algunas de las congelaciones de alpinistas que venían del Everest y que sin tener lesiones más graves, si que han sufrido amputaciones. Por supuesto que llegas a pensar que los vas a perder, pero cuando el Dr Pavelic me lo propuso, saqué ganas de donde no tenía y acepté el tratamiento porque para amputar ya tendría tiempo en el caso de que no funcionase el tratamiento.

Esa voluntad por sacar las lesiones adelante ya la habías experimentado antes…
Sí. Me tuvieron que reconstruir la cara en la Clínica Quirón de Barcelona después de que una piedra me golpeara de lleno cuando intentaba una ruta a un seismil virgen en la zona de Lantang (Nepal). Ahora mismo llevo en la cara ocho placas de metal y 28 tornillos. Para aguantar todo esto tienes que sacar esas ganas que en esos momentos posteriores al accidente no tienes. Y en el caso de las congelaciones, también me ayudó mucho volver a escalar a los pocos días de tratamiento, porque aunque veía mis pies negros, comprobaba que podía seguir escalando y eso te ayuda a restar un poco de importancia a lo que estás sufriendo.

El tratamiento estaba basado, por una parte, en aceites vegetales. ¿De que plantas se extraían los bálsamos?
Hasta llegar a España estuve tomando antibióticos y vasodilatadores. Cuando llegué aquí y comencé el tratamiento me aplicaba dos tipos de aceite, antisépticos y regeneradores. Para los primeros hemos usado la melaleuca y tomillo. Y para los aceites regeneradores hemos utilizado como el helicris, el bálsamo del Perú, el romero y la canela. También se applicaron otro tipos de aceites, aunque en menor proporción. Por ejemplo, al principio del tratamiento, cuando la piel estaba muy delicada e incluso había ampollas hemorrágicas propias de congelaciones de esta seriedad, utilizábamos aceites mucho más suaves.

Por otro lado, el tratamiento incluía técnicas de meditación. ¿en que consistían exactamente?
Concretamente, hemos empleado una disciplina llamada Chi-Kong, de la que derivan otras más conocidas como el Tai-Chi o el Kung-Fu. Son técnicas de redistribución de la energía en el cuerpo, es decir, destinar la energía captada a zonas puntuales del cuerpo.

Y sobre la hipersensibilidad al frío que suelen experimentar las zonas corporales que han sufrido congelaciones, ¿cómo estás reaccionando en tu caso?
Yo creo que todavía no ha quedado hipersensibilizado al frío, que suele ser lo normal en estos casos. En concreto, acabo de regresar de Bolivia, donde he llegado a soportar temperaturas de hasta 20º bajo cero, y subiendo con una bota de cuero sentía incluso menos frío que compañeros que ascendían con botas de plástico.

Creo que en mi caso no ha quedado así. Después de esta primera prueba, respecto a la sensibilidad al frío estoy más o menos como estaba antes de las congelaciones. De todas formas uno de mis objetivos es comprobar este invierno esta circunstancia y determinar si esto es cierto.

¿Te planteas repetir de nuevo un descenso en snowboard desde otras cumbres de ochomil metros?
Sí, pero de forma puntual, no con el objetivo de descender los catorce ochomiles con snow. Ya he descendido en el Everest desde 8.200 metros, el Cho Oyu desde la cumbre y de aquí a dos años tengo proyectado el descenso del espolón sur-sureste del K2, completado por Juanito Oiarzábal, Kike de Pablos y los hermanos Iñurrategi en 1994. En realidad vamos al K2 por su calidad de montaña emblemática y es un proyecto en el que llevamos trabajando tres años. Antes, para el año que viene he sido invitado por una expedición francesa al Everest para intentar el descenso del corredor Hornbein (couloir que desciende prácticamente directo desde la cima hasta la base, a través de la cara norte del techo del mundo).

Tu proyecto más inmediato, es descender dos seismiles en Nepal junto a un chico de nueve años. ¿cómo ha surgido esta idea?
El chico se llama Leo Pavelic y es el hijo del doctor Pavelic, que ha controlado el tema de mis congelaciones. Aunque sólo tiene nueve años, ha realizado ya descensos como el Glaciar Millieu, en l’Aiguille’Argentiere, o el corredor Gervasuti el la Tour Ronde. Ahora partimos a Nepal para intentar subir y descender con esquís y snowboard el Pissang Peak y el Chulu East, ambas de más de seismil metros de altura. La primavera que viene intentaremos ascender al Gurla Mandata, de sietemil metros, en la llanura tibetana y muy proximo al monte Kailash. Después intentaremos un 6.800 virgen en Pakistán y la idea a más largo plazo es intentar alguna de las paredes patagónicas más pequeñas, como la Mermoz.

Fue a través de su padre como nos pusimos en contacto, por mi rápida recuperación después de mi accidente de noviembre, a raíz del cual me reconstruyeron la cara. Entablamos amistad y fuen él quien me propuso todos estos proyectos.

¿No te da miedo la responsabilidad de guiar a un chico tan joven?
Sí, bastante. Tengo cierta tranquilidad por el tema de que su padre, que vendrá con nosotros, es médico y se encargará de controlar de su estado físico y médico en altura. Yo por mi parte me responsabilizaré de todos los aspectos relacionados con los peligros de la montaña , pero aunque la responsabilidad vaya un tanto dividida, es altísima y nos va a obligar a poner los cinco sentidos a que no pase nada porque son sólo nueve años…

La opinión de Kiko Arregui

Tratándose de un tema de congelaciones, no podíamos dejar de consultar al especialista que quizás tenga mayor experiencia en este tipo de casos dentro de nuestro país, el doctor Ricardo Arregui, que incluso participó en una expedición científica de Al Filo de lo Imposible a la base del Everest para estudiar «in situ» el problema de las congelaciones y la exposición a alturas extremas.

De hecho, su consulta en Zaragoza suele ser paso obligado para muchos de los alpinistas que regresan de las grandes cumbres con problemas de congelaciones en sus extremidades debido a una prolongada estancia en altura o gélidas temperaturas.

Sobre el caso de Jordi Tosas, el doctor Arregui nos comentó que en principio le parecía raro y sorprendente que tratándose, en principio, de congelaciones tan graves, que incluso podían haber afectado a algún hueso, el alpinista catalán hubiera evitado la amputación de alguna falange de sus pies.

Esta sorpresa vino dada, no por el tratamiento en sí y los medios que usaron para la recuperación de las zonas congeladas (aceites naturales y técnicas de meditación), sino por el hecho de que en toda su trayectoria como médico especialista en este tipo de lesiones, cuando ha tenido casos en los que la congelación ha afectado a algún hueso, el proceso era irreversible y la amputación generalmente inevitable.

Ante este hecho, el doctor Arregui nos comentó que al no haberse hecho pruebas específicas para determinar el grado de las lesiones, como una gammografía ósea, es posible que a pesar del aspecto aterrador que presentaban las extremidades del alpinista catalán, las congelaciones sufridas por Jordi Tosas no fueran realmente de un tercer grado y no habrían llegado a afectar a los huesos de los dedos afectados del alpinista catalán.

En cualquier caso, y sin querer entrar en ningún tipo de polémica, Kiko Arregui nos comentó que tras observar las fotografías de los pies de Jordi dos meses después de las lesiones (y que acompañan la noticia de la recuperación del alpinista), se puede observar que se trata de una congelación que sigue un normal proceso de recuperación, y que , por tanto, escaparía a la gravedad que parecían tener según los diversos diagnósticos que recibió el experimentado guía de montaña a su vuelta del campamento base del Cho Oyu.


 

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.