POLIVALENTE

Eneko Pou y el Midi D’Ossau con esquís

Eneko Pou ha retomado sus descensos con esquís en uno de los picos emblemáticos de Pirineos, el Midi D’Ossau, de 2.884 m.

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El pasado mes de marzo bajaba el corredor de la Fourche, que secciona las dos cumbres del Midi, y al día siguiente, su ruta normal, una de las grandes clásicas pirenaicas.

Casi un año después de esquiar la norte de Monte Perdido, en Ordesa, el polivalente Eneko Pou se ha apuntado dos nuevos descensos en Pirineos, concretamente en el emblemático Midi D’Ossau. Y demostrando su versatilidad, en una semana, el vitoriano pasó de probar 7b a vista en Siurana, a bajar con tablas dos clásicas de la cordillera pirenaica.

En dos días, Eneko, acompañado de su compañero Raúl Choren, se apuntó, tanto el corredor de la Fourche, que separa el Grand Pic y Petit Pic del Midi y alcanza inclinaciones de hasta 50º, como la ruta clásica a la cima de esta montaña pirenaica. Dos días de constante esfuerzo y poco descanso, pero en los que Eneko, consiguió «un 100 por cien de concentración y disfrute».

El corredor de la Fourche en cinco horas

A mediodía del 22 de marzo, Eneko y Raúl comenzaron su intensivo itinerario desde el aparcamiento de Portalet, alcanzando el refugio de Pombie (2.035 m) a las dos de la tarde. Desde allí se dirigieron a la Fourche, una estrecha canal de nieve que corta en dos la cumbre del Midi. Lo peor de este corredor que alcanza los 50º de inclinación, fue la pesada nieve que encontraron, debido a la ‘idónea’ hora a la que llegaron arriba: ¡las seis de la tarde!

Dentro de una espesa niebla que permitía ver poco más allá de las puntas de los esquís, Eneko comenzó la bajada, que en su inicio es bastante estrecha y empinada, unos 50º. Por tanto, giros con saltos bastante pronunciados que «no conseguía encadenar porque me quedaba clavado en la nieve, muy pesada».
De todas formas, y a pesar del palizón, el vitoriano nos comentaba que bajó este primer tramo bastante cómodo y sin tensión, y después, a medida que el corredor se va ensanchando, el descenso es más fácil. A las siete y media de la tarde llegaban de nuevo al refugio, tras hora y media de descenso.

A por el Grand Pic

El segundo día amaneció bastante soleado, pero con una incómoda ventolera que los acompañó durante toda la jornada. Eneko y Raúl dejaron el refugio a las nueve y media, para plantarse hora y media después bajo la primera de las tres chimeneas que presenta la ruta normal al Midi.

Desde aquí se quitaron las tablas, y comenzaron a tirar de piolets y crampones sobre una nieve muy asentada y de buena calidad. En la segunda chimenea tuvieron que vérselas con tramos mixtos de roca y hielo, que en el descenso obligó a Eneko a desviarse lateralmente para evitarla. A la una y media de la tarde llegaron arriba, tras sortear la tercera chimenea y una pala final muy cargada de nieve.

Tras las fotos de rigor en la cumbre «tiramos rápidamente para abajo porque el viento era bastante fuerte. Antes de la tercera chimenea nos cobijamos un poco para poder comer algo, y de paso, yo intentaba decidir si bajaba o no esquiando, porque al subir lo había visto bastante complicado». Por si acaso, al ascender Eneko marcó una buena repisa en medio de la chimenea por si la bajada se complicaba en exceso, tener un lugar donde cambiar tablas por piolets y crampones.

El descenso perfecto

La primera parte, la tercera chimenea, supone una canal muy estrecha de unos 60 metros y 50-55º muy mantenidos de inclinación, que Eneko resolvió con giros muy cerrados y de salto obligado, aunque sin encadenarlos.

Una sección muy técnica en la que se vio muy bien. «Iba bastante concentrado y muy suelto a pesar de llevar dos días a tope y no haber descansado prácticamente después de coronar. Bajaba sin tensiones, muy motivado y disfrutando al máximo el descenso».

Tras la tercera chimenea, llegó a una sección de rocas y nieve de 50º de inclinación, para desembocar en campo de nieve que conducía a la chimenea intermedia, impracticable por el hielo. Eneko la salvó por una pala de nieve situada a la derecha, que conducía directamente a los pies de la primera chimenea.

Justo antes de esta empinada pala, el vitoriano tuvo que echar mano del piolet, ya que se las vio con un estrecho corredor de unos 60º. A través de la pala, de unos 50º de inclinación mantenida, se dirigió a la primera chimenea de la vía, de 45º de pendiente, que resolvió con giros encadenados, culminando un descenso casi perfecto, del que Eneko destacó como más complicado la sección inicial de la tercera chimenea.

En total fueron casi dos horas «de disfrute total, y una de las bajadas en las que mejor me he visto, sobre todo porque te obliga a ir muy concentrado y te exige no cometer ningún error. Me motivaba mucho esquiar esta vía, porque además de muy bonita, es una ruta clásica de un monte emblemático, y que mucha gente sube todos los años. Ha sido una aventura brutal, más allá del reto deportivo».

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