BIG WALL MEXICANO EN MONTERREY

Sergio ‘Tiny’ Almada, Gareth Leah y Octavio Aragón estrenan ‘El son del viento’ en El Diente

La cordada formada por los dos mexicanos y el británico equipan y liberan los 15 largos de esta vía de 420 metros, con dificultades máximas de hasta 7c.

Autor: Desnivel.com | No hay comentarios | Compartir:
Sergio Tiny Almada
Sergio Tiny Almada

El británico Gareth Leah y los mexicanos Sergio ‘Tiny’ Almada y Octavio Aragón  han establecido una nueva vía una gran pared de México. Equipada de abajo para arriba entre el 2 y el 21 de diciembre pasados, El son del viento consta de 15 largos para superar 420 metros verticales de El Diente. La cordada liberó todos los largos durante el mes de enero, superando dificultades de hasta 7c. Nos lo cuenta Tiny Almada en esta crónica:

«Tiny, adivina qué… ¡Acabo de ver una pared enorme de caliza en Monterrey! Unos escaladores locales me han llevado a El Diente y parece que escaladores de la vieja escuela (1960’s) estuvieron escalando ahí… Incluso hasta cobró la vida de algunos escaladores en el intento de conquistar la cima. El lugar se ve increíble, tenemos que ir a abrir una ruta nueva de deportiva en esa pared.” Explica Gareth Leah, escalador inglés, quien buscaba una cordada para poder lograr esta aventura. 

Monterrey, México, ha sido siempre un lugar de asombro. Con la primera visita uno queda impresionado con la cantidad de grandes paredes que se observan en las montañas. Además de contar con muchos sitios desarrollados como Potrero Chico, La Huasteca, El Salto, Cueva de la Cumbia o Galeana, entre otros. 

El Diente se encuentra en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, justo enfrente del Cerro de la Silla. La zona está a escasos 20 minutos en auto de la ciudad. De ahí, una caminata de 40 minutos te lleva a las paredes de caliza, con potencial para cientos de rutas deportivas, así como de algunas vías de largos.

La #ExpediciónElDiente consistiría en intentar la apertura de una vía de deportiva en la cara norte de la pared de El Diente, un monolito de caliza que se eleva 400 metros aproximadamente desde su base. Encerrado por un clima muy húmedo, con mucha variedad de flora y fauna: enredaderas, arbustos, pinos y árboles, además de pericos, coatis, serpientes y escorpiones. Dándole mucho toque de aventura con el río al fondo de la barranca. Así, la ilusión y motivación hizo que emprendiéramos ese nuevo desafío. 

La historia, comienza en 2014, cuando Gareth ‘Gaz’ es llevado a El Diente por el escalador local Joel Guadarrama, y queda impactado con el monolito de caliza. Teniendo otros planes que lo mantienen ocupado, decide esperar y encontrar con quién realizar este ascenso. Ahí es cuando contacta con Sergio ‘Tiny’ Almada, compañero de algunas aventuras por Chihuahua. Al explicar el proyecto, Tiny queda totalmente enganchado con la idea, y recuerda haber visto ya esa pared muchos años atrás, antes de siquiera imaginar escalarla. Así mismo, Tiny, entendiendo el arduo trabajo, decide invitar a más personas para hacerlo más rápido y pasarlo mejor. De este grupo saldría Octavio ‘Ocho’ Aragón, escalador de Ciudad Juárez con algunos años de experiencia, aunque sería su primer apertura en gran pared. Cautivados por la emoción y la motivación, el equipo se trasladaría a Monterrey, para empezar con la expedición. 

Todo comenzó buscando el camino para llegar a la base. Este trabajo había sido algo adelantado por Gaz unas semanas antes, cortando brecha entre mucha vegetación semi-selvática, con ayuda de Carlos Flores y Diego Gutiérrez. Habían limpiado la mitad del camino. A nuestra llegada, el 2 de diciembre, completamos ese trabajo, y dedicamos los primeros días a llegar a la base y comenzar con los primeros metros de pared. Para eso, contamos con la ayuda de Rikki López (España) y Roberto Lozano (México), quienes ayudarían en los primeros viajes cargando material (cuerdas) y botellas de agua. 

Una pared más grande de lo imaginado

Al principio, encontramos un tramo de IV que lleva a la base de la pared. Teníamos una línea visualizada. Gaz, con la motivación a tope, comienza el primer largo y logra terminarlo. La roca era fantástica desde el inicio, aunque se veía más grande de lo que nos habíamos imaginado. En fin, no pasaríamos noches en la pared hasta no tener suficientes metros fijos con cuerda. Con eso, continuaríamos haciendo viajes de la furgoneta a la pared –una aproximación a pie de 1:30 horas aproximadamente–.

Cuando tuvimos 100 metros fijos en la pared (R3), decidimos pasar allí la primer noche, para ahorrar energía y poder tener más tiempo de luz. Pasamos así sólo dos días en la pared, con la necesidad de regresar a cargar baterías a la furgoneta. Contábamos con cinco baterías para el taladro, que nos daban al rededor de 3 largos (90 metros) en total. Buscábamos tener un estilo cápsula para lograr el ascenso, pero las baterías del taladro no nos lo permitían, pues había que regresar a cargar. Así que optamos por conseguir cuerdas estáticas para fijar toda la pared (400 metros verticales).

Al llegar al L6, empiezan los problemas. La roca parece ser más lisa, sin ningún canto. No encontramos camino, es imposible escalar por ahí, más que en artificial muy duro. Es la primera barrera que nos pone la pared. Dedicamos un día y medio a buscar algo de escalada por la enorme placa de caliza, sin ninguna opción para seguir hacia arriba; nos vimos obligados a hacer una travesía a la izquierda, para poder hacer una línea en libre. Esta primera traba juega mucho con nuestra mente, haciéndonos pensar que lo que hacíamos no tenía ningún sentido. Siempre mantuvimos la actitud positiva, apoyándonos con buena música de Bob Marley, quien ayudaba a mantener la motivación. Concluyendo la travesía, haríamos otro largo más (L7) para tener 200 metros fijos de cuerda, donde dejaríamos las hamacas y el equipo, concluyendo con el día 10 desde nuestra primera visita a El Diente, mientras nos tomábamos una pausa de fin de semana para asistir al Festival de escalada de San Lorenzo (Saltillo, Coahuila).

Regresamos con más motivación y totalmente recargados de energía. Con cuerdas fijas hasta la R7 (200 m), subimos rápidamente. En esta reunión encontramos una cruz en memoria de un escalador que había fallecido de cáncer (Juan Alonzo Reyna, 17 de noviembre de 1962), quien apoyaba económicamente a los primeros pioneros que buscaban ascender esa pared. Desde ahí era visible una gran parte de su ruta, y los muchos zigzags que hicieron buscando la parte más débil, pues venían en estilo artificial o perforando a buril donde no había fisura. Nuestra intención nunca fue seguir su línea, buscábamos mantenernos lo más lejos posible, sin poder evitar tener que cruzarla en dos ocasiones, pero tomando una ruta alternativa para no seguir igual que ellos, y así hasta la cima. 

Paréntesis histórico y cima

Cuenta la historia que el primer ascenso a El Diente fue realizado por el Club Sierra Nevada de Monterrey en 1963. Con un equipo de escaladores que incluía leyendas mexicanas: Miguel Ángel Villareal García, Dionisio Rodríguez Durón, Rogelio Treviño Manríquez, Humberto Pérez, Genaro Matamoros, Juan de Dios y Adolfo Flores fueron de las primeras personas en estar en la cima del imponente monolito, usando técnicas muy rudimentarias, innovadoras y creativas para poder lograr la progresión por la vertical. Lo que limitó la escalada en los últimos metros fue un techo muy grande que tiene la pared al final. Así, hicieron una travesía para lograr la cima por un costado del monolito.

Al regresar a ese lugar, después de más de 50 años, fue como un viaje en el tiempo, observando todos los anclajes que ellos habían puesto en la pared, corroídos por el óxido y el clima. Muchos de ellos podían ser retirados con las propias manos.

Los siguientes 200 metros de pared fueron más sencillos y rápidos. Entramos, ahora sí, en un modo cápsula, sin bajar de la pared por los siguientes 7 días (sólo en una ocasión bajo Ocho a cargar baterías). Sólo así pudimos terminar el trabajo de equipación, con el tiempo justo para pasar las Navidades en familia, y con la misión de regresar a liberar cada uno de los largos. El trabajo pesado estaba hecho, no había porque cargar más chapas ni parabolts y mucho menos el taladro y las baterías. El 21 de diciembre de 2015 conseguimos llegar exitosamente a la cima de El Diente. 

La liberación

Posteriormente, en enero de 2016, regresamos con la misión de liberar todos los largos de la pared. El L3 fue el que más nos costó (5.12d – 7c). Pasamos dos días liberando cada largo, agotando provisiones y teniendo que bajar para volver y liberar ese tercer largo y terminar con todos. Aún haría falta el ascenso en un día, que creemos muy posible. Pero hará falta entrenar para conseguirlo. De momento, se liberaron todos los largos, para poder hacer una graduación más exacta sin dejar en duda la dificultad de la ruta a la que bautizamos como El Son del Viento (VI 5.12d [7c]/A0, 420 m). Una cara norte, que tiene solo escasos minutos de sol al día, y en donde siempre sopla el viento en sus últimos largos.


 

Todo esto no hubiera sido posible sin el apoyo de los diferentes patrocinadores, quienes brindaron apoyo y su confianza para lograr nuestro objetivo. Agradecidos con: Alta Vertical (Petzl – La Sportiva), Monkey Hands, Nite-Ize, Voltaic Systems, ClimbTech. 

Descripción detallada de la ruta

L1: 5.10a (5c), 25 m, 9 chapas + R
Escalar por la placa, con laterales y regletas, hasta una primer repisa. 

L2: 5.10c (6a+), 25 m, 6 chapas + R
Un slab muy interesante con movimientos técnicos para el primer diedro, posterior siguen unas regletas pequeñas hasta llegar unos metros por debajo del primer techo. 

L3: 5.12d (7c) / A0, 15 m, 9 chapas + R
El crux de la vía que puede hacerse A0. Empiezas con una travesía a agarres grandes, continuando por pasos técnicos para llegar al techo con chorreras para hacer una escalada en 3D, saliendo a la vertical con agarres muy pequeños y filosos, para lograr llegar a la R.

L4: 5.12a (7a+), 25 m, 11 chapas + R
Travesía a la izquierda a regletas filosas, seguir recto por un pequeño techo con agarres muy filosos, y continuar por las chorreras hasta llegar debajo de un pequeño techo con una palmera. 

L5: 5.11d (7a), 25 m, 13 chapas + R
Escalar por el pequeño techo con algunos romos laterales, un paso muy largo a agujeros de gota de agua. Seguir por la placa hasta la altura de una chorrera muy gorda a la izquierda. La R está encima de la chorrera. 

L6: 5.11b (6c), 15 m, 6 chapas + R
Travesía para la izquierda, muy técnica de pies, y algunas técnicas de puerta para no caer. Termina en una repisa pequeña.

L7: 5.11c (6c+), 35 m, 13 chapas + R
Escalar un poco a la derecha, para continuar por unos diedros, hasta llegar a unos pequeños techos de mucha técnica. Seguir por el slab, hasta la repisa donde se encuentra la cruz en memoria del escalador fallecido. 

L8: 5.11b (6c), 30 m, 11 chapas + R
Subir por la repisa hacia la placa vertical, escalar por regletas hasta conectar con la arista con algunas plantas. Seguir por la arista hasta una repisa donde está la R. 

L9: 5.10c (6a+), 30 m, 8 chapas + R
Seguir por la arista, hasta llegar a un diedro esquinado, seguir por un pequeño techo a la derecha. Escalar por unos bloques que parecen sueltos, en su mayoría todo está solido. La reunión estará en otra pequeña repisa. 

L10: 5.10b (6a), 35 m, 9 chapas + R
Empiezas por una fisura muy ancha, que sube por unos 10mts, luego se carga hacia la derecha por una placa. Saliendo a unas repisas con algunos pasos técnicos. La reunión está por debajo de un techo, arriba de la repisa. 

L11: 5.12a (7a+), 30 m, 12 chapas + R
Escalar por el techo que es el crux, cargado a la derecha, para salir a unas regletas muy pequeñas. Continuar recto a la placa técnica con canto pequeño, pero buenos pies. Finaliza con un paso largo a una regleta que está poco más arriba de la reunión. 

L12: 5.11c (6c+), 25 m, 11 chapas + R
Hacer una travesía algo delicada a la derecha, para entrar en el sistema de chorreras. Continuar hasta llegar a un techo con una columna de chorrera muy grande, escalar el desplome con chorreras y cantos grandes, y seguir hacia un diedro con más chorreras. Seguir por la esquina donde se encuentran las bandas permanentes. Y salir haciendo travesía a la reunión. 

L13: 5.11c (6c+), 25 m, 9 chapas + R
Comienza con una travesía a la derecha debajo de un techo muy grande. Sigues 10 metros por debajo y tomas una salida con muchas chorreras con cantos muy grandes. La salida a la vertical son pasos técnicos, con poco canto y mucho trabajo de pies. Hasta montar a una repisa de plantas. 

L14: 5.11d (7a), 11 chapas + R 
Salida muy técnica con pasos de bloque, y cantos laterales. Continuas hasta el la cuarta chapa, y hace travesía a la izquierda a un diedro con muy buenos agarres. La salida son pasos sencillos a la reunión, con algunas repisas. 

L15: Clase IV, 1 chapa + R 
Escalada entre bloques muy grandes, para llegar a la reunión superior, en donde hay una cuerda fija a una palmera para salir a el último tramo de la vía. De ahí continuar por terreno de bloques hasta la cima caminando. 

Descenso:

El descenso de la vía se hace por la misma ruta (es algo técnico). El rápel se hace por las reuniones de cada largo, siguiendo las cintas permanentes para poder llegar a cada reunión.  Mucho ojo: hay que utilizar algunas cintas para direccionar y no quedar suspendido en el aire debido a los desplomes. 

Equipo:

-16 cintas express

-Cuerda de 70 m 

-Casco 

-Sistemas para rápel (importante: llevar un ascender en caso embarque para los rápeles).

Notas:

Es posible hacer la ruta en un día si se es fuerte. O bien separarlo en varios días. En la R7, caben dos personas muy justas, y en la R10 hay otra repisa donde de puede acomodar otras dos personas. Se recomienda llevar hamaca. 

Precauciones: 

Existen algunos panales de abeja y/o avispas que están cerca de la pared, en temporadas de calor hay que estar atentos a los enjambres que pudieran salir de la pared. En el pasado, la pared ha cobrado la vida de un escalador que sufrió picaduras y tuvo que soltarse de la roca; la cuerda utilizada en aquellos años (1963) no sostuvo el vuelo y perdió la vida al cortarse la cuerda. 


 

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