Rabadá y Navarro, 50 años de sus vías del Firé y Gallinero

Antes de ayer, hace 50 años, Alberto Rabadá y Ernesto Navarro pisaban la cima del Mallo Firé tras cuatro días de lucha y arte para dejar la ruta que seguramente más miedo y asombro ha generado entre las suyas.

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“El agotamiento, psicológico más que físico, ha paralizado durante décadas a más de una cordada en este laberinto de panzas y travesías de 370 metros. Se ve el grado, en este mundo de sextogradistas, y entran ganas. Sin embargo, hasta los largos facilillos tienen su miga y su panza. Aviso para navegantes: hoy en día, el desafío del Fire sigue indemne. Algunos, incluso habiéndola repetido varias veces, suelen asegurar que “ahí seguro que pasas miedo y además es un barrizal, un barrizal”. Y para los supersticiosos, no hace 13 largos, “pese a que los tenga”. Así inicia su reseña Juanjo Zorrilla en Desnivel 137, en febrero de 1998.

Audacia o inconsciencia. Para generaciones posteriores la alternativa ha dado mucho que hablar. Pero para Alberto Rabadá y Ernesto Navarro  quedó del lado de la audacia claramente tras cuatro días de lucha, del 12 al 16 de agosto para sacar adelante sus 370 m ED inf, o más bien de arte clavando pitonisas y tacos de madera, poniendo cordinos ¡y sin burilar! (todos los seguros fijos fueron añadidos posteriormente), en un estilo similar, como recuerda el alpinista oscense Jesús Vallés al que ha empleado la cordada Pelut y Paca abriendo “Sin chapas y a lo loco” en el Mallo Pisón. Un estilo que ahora entra en ocasiones en conflcto ético con la escalada libre.

Ignacio Cinto es otro admirador declarado de la cordada aragonesa. Organizó en 2007 un Tributo a Rabadá y Navarro que consistía en escalar cinco de sus vías, las más importantes, las que él llama la Pentatónica de Rabadá y Navarro. Por este orden cronológico: 1960, Norte del Puro; 1961, Espolón del Gallinero y Mallo Firé; 1962, Oeste del Naranjo de Bulnes; 1963, “Brujas” (la única que no se recuerda por el nombre de la cordada) al Tozal de Mallo. Por su parte hizo cordada con su primo Jesús Cinto, a quien ¡conoció para la ocasión!. “Jesús Cinto y yo formamos esta cordada para una ocasión tan singular como esta, nunca antes habíamos escalado juntos, a pesar de ser primos hermanos apenas nos conocíamos, por obra y gracia de La Red contactamos e iniciamos el Tributo comenzando con la Norte del Puro el 16 de Junio, después vendría las Brujas, el Gallinero, el Naranjo y el Fire, el orden y el calendario lo marcaba Jesús en función del respiro que le daba su trabajo, la disponibilidad de vacaciones y su familia; el tempo y la estrategia en general era asunto mío, tenía las vías recientes, al escalarlas todas salvo el Puro, en el verano de 2006”.

La última vía que escaló fue precisamente la del Firé, de la que se acaba de cumplir el 50 aniversario, casi fuera del calendario previsto para aquel tributo: “Festival de travesías y panzas, a pesar de todo seguros escasos y exposición, escalamos plácidamente, disfrutando cada metro, en total afinidad con la roca. Ningún miedo, ningún sobresalto, con la recompensa añadida para Jesús de hacerla toda en libre».

Luichy, que  la escaló después del reequipamiento consensuado, dice en su blog: «Mi impresión es que abrieron una vía muy expuesta de VI y A4, ni más ni menos lo que es hoy la Mediterráneo. Una recomendación, cuando la hagáis, poneros en su piel e imaginaros todo aquello sin spits o parabolts, que debe haber ahora. Es imprescindible para comprender el nivel que alcanzaron la pareja. Recuerdo como largo más expo, el tercero, aunque sólo de V, hay un momento que el seguro se va quedando abajo abajo y es una pitonisa. También recuerdo que me tocó a mi, “ni se te ocurra mirar para abajo, neng”. Ojo, que no digo que esté ni bien ni mal, es lo que hay y en cada lugar que decidan cómo lo quieren».

1961 fue un gran año para la cordada maña. Entre el 15 y el 17 de agosto, habían abierto el Espolón Este del Gallinero (o pilar de Cotatuero). Todavía les quedaban por delante un gran número de rutas, entre las que destacan la enorme Oeste del Naranjo y la Brujas del Tozal, antes de que la Norte del Eiger se cruzase en su camino en agosto de 1963 cuando “Rabadá tenía 29 años y Ernesto uno menos”.

 


 
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3 comentarios

  1. Grandes estos tipos, nada que ver con lo que se cuece ahora en el mundillo rosa de la escalada.Lease piadas prepotentes de encadenamientos imposibles con reuniones indecentes.

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