La motivación de David Palmada Pelut es de mecha corta y se enciende muy rápido. En cuanto empiezan los chisporroteos, estalla de la forma más estruendosa. Poner en sus manos un ejemplar del Especial Montrebei de Desnivel fue más que suficiente para desencadenar su reacción ansiosa. Reclutó a su amigo Carlos Beltrán Charly para la causa y el resultado fue Warrior rats (320 m, A3+), una nueva ruta firmada por ellos dos en la Pared de Aragón.
Así nos cuenta la aventura él mismo, con su característico estilo y sin pelos en la lengua:
Warrior rats
Esta vez sí…esta vez la culpa no es mía… la culpa es de Desnivel, que con la última revista publicada Especial Montrebei (brutal, por cierto) ha vuelto a encender la llama de proyectos aparcados montrebeianos. Así que, hojeando mi revista, me entran unas ganas imparables de hacerme un big wall de los que puntúan en el templo del desplome: la pared de Aragón.
Cuando decides que vas a ir a Montrebei ya sabes que tienes que estar preparado para pelear y sufrir, pues la tapia no te lo va a poner fácil. Y os puedo asegurar que así ha sido.
Cuando un proyecto se cruza en mi mente, da absolutamente igual lo que venga; tengo que ir sí o sí. ¿Ola de calor? Pues agua y crema a mogollón. ¿Lluvia? Pues paraguas. ¿Viento a full? Pues te jodes y te aguantas. No hay más días; no me vale la típica respuesta de “vale, tío, guuay, brutal… el año que viene vamos”. ¡No! La vida es muy corta y el tiempo es oro; es el aquí y ahora… es tan valioso el poco tiempo que nos queda que no podemos permitirnos esperar al mañana. Así, que lo más difícil de un big wall es encontrar un alma gemela dispuesta a sacrificar cosas por la movida o, en el caso de mi compi, que tenga una excedencia de trabajo para disfrutar de un año sabático. Una vez hube avisado a Charly que nos íbamos al infierno a 40 grados todo estuvo claro.
Primera fase: porteo y primeros largos
Estas grandes empresas siempre se suelen dividir en dos partes: la primera, la de portear, acomodar un campo base avanzado y escalar uno o dos largos; la segunda fase, después de descansar un par o tres de días, consiste en ir a la pared, atacar y no bajar hasta morir o triunfar.
En nuestra primera fase de porteos nos encontramos a Edu Marín y su inseparable Novatico que acababan de encadenar todos los largos de Donec Percifiam (felicidades family!), un rutón brutal que por cierto tanto Tronco (“en paz descanse”) como yo tuvimos la suerte de poder ver en directo como lo abrían Isaac Cortés y Carles Brascó. Quedamos completamente flipados de los vuelos que se pegaban con tal de no colgarse de nada, incluso taladrando. Lo recuerdo siempre como algo fuera de lo normal, así que incluso lo comentamos con Edu: una apertura súper purista y futurista lejos de las cámaras. Puedo dar fe de que así fue.
Así que, mientras los Marín se disponen para la sesión fotográfica, nosotros nos dedicamos a acopiar 90 litros de agua para lo que se avecina. No puedo despedir a los Marín sin deciros que un litro y medio fue cedido a Novatico en pro de la escalada porque estaban secos. (Te dije que lo contaría; un placer compartir agua).

¡Que empiece el festival! Tenemos una cosa muy buena, y es que los porteos son en barca, por lo tanto mi rodilla no sufre nada porteando infinidad de kilos. Y lo segundo es que, tal punto desembarcamos, empezamos a escalar; no tenemos que mover ni un metro los petates. Eso sí, después de que Charly escalara los dos primeros largos, nos viene el festival del porteo hasta nuestro campo base. Dos días de un intenso subir y bajar bajo un sol abrasador, donde hay momentos en que pienso que me va a dar un golpe de calor.
Respiro, intento relajarme y hacer movimientos lentos, pero el sol no da tregua ni tiene piedad. Esperamos con ansias las tres de la tarde, que es cuando empezamos a entrar en sombra y podemos empezar a dejar de morir para intentar recuperar un poco el aliento.
Pasan los cinco primeros días y damos por finalizada la primera parte de la movida. Muy cansados y achicharrados, nos vamos para desconectar la mente un par de días.

La hora del todo o nada
La hora del todo o nada ha llegado. Por fin, después de tantos y tantos años mirándome esa línea, estoy en el que para mí es mi primer largo (y el que será el tercero de nuestra ruta). Una entradita “picante” donde, después de 4 o 5 pasos, pongo un ancla en una laja, voy a full gas, motivadísimo y sin miedo. Charly me avisa que la laja se está expandiendo y para mis adentros pienso “nada importante, lo normal”… y ¡boom! Cuando me doy cuenta, la laja ha explotado cayéndome encima y dejándome pequeñas secuelas y marcas de guerra que me han acompañado toda la escalada, haciéndome recordar que la roca “hay que tratarla con cariño y mimitos”. Todo bien, por suerte.
Así que, el segundo día, termino el primer largo, que ya nos deja ver la inmensidad del desplome que nos viene.
Es la primera incursión de Charly a Aragón y va muy motivado. Abre un segundo largo precioso hasta llegar a una especie de semirepisa inclinada desde donde ya atacaremos todo el muro final. Pasan los días y pasan los amigos de kayaking cada día saludando desde el congosto, aparte de una de nuestras distracciones en las reuniones, que no era otra que observar la reacción de los cientos de turistas que disfrutan del congosto, atónitos, señalando con el dedo hacia arriba y diciendo: “Mira mira, allí, allí, ¿no los ves?”.
Nosotros seguimos en nuestra lucha contra la gravedad, a la cual se suman un par de alicientes extra muy divertidos: tormentas eléctricas y vientos “fuertecillos” que, aparte de enredar las cuerdas, te ponen el culete un poquito tenso.
Así es Montrebei, bonito y salvaje. Le llega el turno a una de las estrellas de la vía, el techo, una travesía galáctica completamente fisurada que, aparte de estar a la sombra, tiene unas de las mejores vistas de la pared; un regalo de los dioses de la benevolencia, que nos dejan disfrutar tanto a Charly como a mí de un magnífico paseo en horizontal sobre un abismo genial.

Últimos largos
Nos quedarán unos dos largos. Es el turno de Charly. Viene una sección muy rota por unas lajas expanding y un gigantesco muro desplomado; una sección de las que a mí me encantan: técnica comprometida y delicada. Decidimos cambiarnos y que Charly escale el ultimo largazo estelar que intuíamos y yo me deleite en la putrefacción del que para mí ha sido el largo que más he disfrutado (aparte por supuesto del techo). Pero este gran desplome donde después de la primera sección “delicada” empieza un muro desplomado que poco a poco se va dejando progresar sin ninguna expansión hace que la sensación de euforia sea total.
Así pues, como habíamos predicho, nos encontramos delante del último largo de roca estelar. Aquí sí, mi compi lo disfruta y goza de lo lindo sintiendo toda la magia del congosto bajo los pies y gritando un fuertísimo “¡saaaaambarinait!” al llegar a la reunión.
Así que aquí nace Warrior Rats, ocho días después de despegar del suelo, unos días de desconexión brutales en el paraíso. Gracias Montrebei por existir.
Pd: A modo personal, quiero agradecer muchísimo la gran labor de toda la gente que se encarga del mantenimiento del parque y muy especialmente a Toni, para mí el verdadero espíritu montrebeiano. Amante del lugar, biólogo y amigo de los escaladores, respetando y haciendo respetar la magia del lugar. Solo tengo palabras de agradecimiento para él desde ese día, hace muchísimos años, en que nos conocimos y entendí que es de las pocas personas que sabe y entiende que los escaladores forman parte de las montañas y los entornos protegidos, respetando e intentando disfrutar de lo poco salvaje que nos queda en este mundo.
Salut y sambarinait.



























