UN INMENSO LEGADO DE PRIMERAS ASCENSIONES

Muere a los 94 años Fred Beckey, leyenda de la escalada americana

Hay una foto icónica que a muchos os habrá hecho sonreír: un hombre mayor que de pie en la carretera sostiene en sus manos un cartón en el que ha escrito: «Aseguro a cambio de comida». Pocos imaginaban al ver esta imagen que este hombre, que más parece un vagabundo que un escalador, fuera una leyenda de la escalada.


Darío Rodríguez/DESNIVEL | 7 comentarios |

Hay una foto icónica que a muchos os habrá hecho sonreír: un hombre mayor que de pie en la carretera sostiene en sus manos un cartón en el que ha escrito: “Aseguro a cambio de comida”. Pocos imaginaban al ver esta imagen que este hombre, que más parece un vagabundo que un escalador, fuera una leyenda de la escalada.

Por muchos motivos, entre otros por haber sido –casi con seguridad– el escalador que más rutas ha abierto en Estados Unidos pues estuvo nada menos que ocho décadas absolutamente dedicado a recorrer montañas y zonas de escalada.

Además de su pasión por las primeras ascensiones, vivió una época en la que había mucho (casi todo) por ascender y escalar: muchas, muchísimas montañas, paredes y líneas vírgenes. Y Fred, desde muy joven lo tuvo claro: decidió renunciar a todo a cambio de vivir su pasión por la montaña. Esta renuncia le dio el bien más preciado y que muy poca gente tiene: tiempo.

Una vida nómada; un mochilero, siempre en la carretera, viajando y escalando…

Si ha habido un escalador que ha llevado hasta sus últimas consecuencias y a lo largo de toda la vida su obsesión, su ilusión por escalar y ascender montañas, este ha sido el americano Fred Beckey, quien murió el lunes pasado a los 94 años de edad. Un personaje que vivió como un mochilero, siempre en la carretera, viajando casi siempre solo, buscando las zonas de escalada con las mejores condiciones en función de la estación del año. Intentando también completar su lista de rutas, paredes y picos vírgenes que quería ser el primero en ascender.

Tener todo el tiempo del mundo para escalar conlleva un grave problema: necesitas encontrar compañero. Fred tenía una larga lista de escaladores a los que iba telefoneando hasta dar con el que disponía de tiempo para escalar.

Pero Fred Beckey fue mucho más que el escalador mochilero siempre en la carretera. Fue autor de trece libros, en su mayoría guías de escalada, que se han transformado en auténticas “biblias”, obras de referencia, para varias generaciones de escaladores. Pocos se imaginan que la búsqueda de documentación para estos libros fue de las pocas cosas que le hizo abandonar su pasión por la escalada para pasar días y días sumergido en bibliotecas y archivos.

Renunció a cualquier atadura que le impidiera ser libre y tener tiempo para escalar

Fred fue un auténtico lobo solitario que renunció a tener familia y trabajo, a una seguridad económica, a cualquier atadura que le impidiera ser libre. No le gustaba promocionarse –por lo que fue bastante desconocido para el gran público–, sin embargo sí que fue un mito dentro del mundo de la escalada. En Estados Unidos es casi imposible ser escalador y no haber realizado una vía abierta por Fred.

El año pasado se estrenó una película: Dirtbag, the legend of Fred Beckley, que relata su vida. Una película que llevó a su director, Dave O’Leske, a seguir a Fred durante una década mientras viajaba y escalada por Estados Unidos, China…

Fred nació en Alemania (14 enero de 1923) pero sus padres (médico el padre y cantante de opera su madre) emigraron en 1925 a Estados Unidos, instalándose en Seattle. Comenzó a escalar a los 13 años y, desde entonces, no dejó de hacerlo. Primero se formó en los Boy Scouts y luego en The Mountaineers. Muy pronto, con 16 años, en 1939 sorprendió a la comunidad alpina realizando la primera ascensión –con Anderson y Clint Kelley– del Mount Despair, una cima considerada “inescalable”. Un año después, en 1940, realizó la primera ascensión del Forbidden Peak, en North Cascades, y, dos años después, con su hermano, la segunda ascensión conocida del Mount Waddington (British Columbia, Canadá).

Su club de toda la vida, Mountaineers (que cuenta con una editorial de libros de montaña) no quiso editar la guía que había escrito Climber’s guide to the Cascade and the Olympic Mountains of Washington, que sin embargo si aceptó editar el American Alpine Club, aunque para ello Fred tuvo que aportar dinero.

«Tienes que escoger entre ganar dinero o vivir la aventura…»

A pesar de que estudió en la Universidad y se graduó en Administración de Empresas, trabajó muy poco pues enseguida vio que le apartaba de lo que quería realmente: escalar. En un principio pareció inclinado a la cartografía (era muy habilidoso dibujando mapas), también tuvo algunos trabajos que duraron poco pues le impedían hacer lo que realmente anhelaba: escalar.

Y a ello se dedicó sin buscar nunca ser profesional o tener algún tipo de seguridad económica. Vivió de pequeños trabajos que iba picoteando aquí y allá y de los derechos de sus libros, pero el tema económico nunca fue importante para el. Lo tenía claro: “Tienes que escoger entre ganar dinero o vivir la aventura (…). La mayor parte de la gente se casa y a los treinta años ya tienen hijos y quedan atrapados. Sea correcto o equivocado tengo mas flexibilidad. Así he funcionado”.

Sólo tenía un objetivo: pasar el mayor tiempo posible en la montaña escalando y –siempre que le era posible– realizando primeras ascensiones. Tuvo la suerte de vivir una época en la que había muchas cimas vírgenes y rutas por abrir. Y a ello se dedicó intensamente.

En su juventud, a pesar de ser un escalador que pronto fue muy conocido entre los círculos de escaladores, también se ganó reputación de arrogante, carente de miedo y un peligro en potencia… De hecho vivió de cerca accidentes e incluso la muerte de al menos dos compañeros. Por una de ellas fue duramente criticado. Posiblemente esta fama hizo que no fuera invitado a la expedición americana al Everest de 1963. Y esto a pesar de haber intentado el Lhotse en 1955 formando parte de una expedición internacional.

“El arte del montañismo ha avanzado tanto últimamente que ya no queda nada que sea inescalable”

Tampoco esto le debió importar mucho pues mientras otros se centraban en ascender el Everest él lo que hizo fue continuar abriendo primeras. Su huella ha quedado en muchas de las principales zonas de escalada de Estados Unidos. Sobre todo en Alaska, Colorado, British Columbia, California, Wyoming… También viajó a Europa e incluso a China. Escaló tanto y durante tanto tiempo que tiene posiblemente el récord de primeras ascensiones de Norteamérica y, con seguridad, es uno de los que más rutas han abierto en todo el mundo.

En 1951 escribió un ensayo para Leavenworth Echo en el que explicaba su filosofía: “El arte del montañismo ha avanzado tanto últimamente que ya no queda nada que sea inescalable”. Siguiendo este planteamiento, siempre prefirió escalar formando parte de grupos pequeños.

Y así siguió, con ochenta e incluso noventa años continuaba viajando y escalando. Ya no podía llevar a cabo las pocas primeras que quedaron sin tachar en su libreta pero seguía teniendo una memoria increíble recordando las rutas que había ascendido. Quienes le conocieron cuentan que no era fácil que hablara de su vida privada pero podía estar horas y horas hablando de montañas y escalada.

“Fred era totalmente obsesivo. Pero un carácter obsesivo puede llevar a convertirte en un genio absoluto” (Yvon Chouinard)

 El mochilero, que muy mayor hacía autoestop en la carretera ofreciéndose a asegurar a cambio de comida se transformó en tal mito que su muerte ha merecido necrológica, no solo de los medios de comunicación especializados, sino también de grandes medios, como el New York Times, National Geographic…

La leyenda sigue viva. Hoy algunos jóvenes escaladores llevan una vida similar, lo que no es tan fácil es vivir intensamente a lo largo de ocho décadas este espíritu de escalador mochilero nómada.

 Desde el pasado lunes Fred ya no está con nosotros, pero es seguro que su espíritu sigue en camino recorriendo montañas y zonas de escalada. Quizás una de las mejores definiciones de lo que fue Fred la ha transmitido estos días Yvon Chouinard: “Fred era totalmente obsesivo. Pero un carácter obsesivo puede llevar a convertirte en un genio absoluto”.


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