EXPLORANDO

Mar Álvarez suma sus dos primeros 8b+ en Rodellar

La escaladora catalana de 32 años ha encadenado en las últimas semanas Ixeia y Tripa de conejo, sus dos primeras vías de 8b+. Nos cuenta cómo han sido, así como su evolución en esto de la escalada.

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Mar Álvarez en Ixeia 8b+ (Rodellar)  (Carlos Pérez Fotografía)
Mar Álvarez en Ixeia 8b+ (Rodellar)

Mar Álvarez está en su mejor momento como escaladora. Lleva diez años subiéndose por las paredes, pero ha sido en el último par de semanas cuando han llegado sus mejores logros en roca, con dos encadenamientos seguidos de vías de 8b+ en Rodellar: Ixeia primero y Tripa de conejo después. Nació en Sabadell (Barcelona) hace 32 primaveras, y trabaja como bombera en Catalunya, aunque desde hace un año reside en un pueblecito de la provincia de Huesca, con lo que tiene Rodellar a tiro de piedra.

Aprovechamos sus encadenamientos para hablar con ella y conocerla más a fondo en esta entrevista, en la que nos muestra su carácter jovial y dado a la broma.

En pocas semanas has sumados tus dos primeros 8b+ a los 32, ¿estás viviendo una segunda juventud?
¿Cómo que segunda juventud? ¡Pero si estoy aún en la primera! Estoy exactamente igual que cuando era jovencita, excepto que no puedo darle tantos pegues a las vías un mismo día si al día siguiente quiero también apretar; que necesito más tiempo de recuperación entre días de escalada; que necesito estirar después de escalar, etc. Pero, mira el conocido grupo de franceses que ronda por la zona y que estando jubilados aprietan como toros, así que ¡aún me quedan muchas juventudes por delante!

Ixeia fue tu primer 8b+. ¿Cómo fue el trabajo en la vía y el encadenamiento? ¿Por qué elegiste esa vía? ¿Habías intentado otras de 8b+?
La verdad es que el meterme en Ixeia fue un poco casual. El 8b+ sí que lo tenía en mente, pero pensaba que no era el momento todavía. Fue un cambio de escuela de un día para el que pronosticaban lluvias y el saber de la vía por su equipador, Óscar ‘Rizos’, con el que estuvimos escalando el día antes. Decidí probarla para ver cómo era una vía de ese grado y si era capaz de llegar a la R, y resultó que, aunque no me meneé, me encantó, así que decidí darle otra oportunidad. El segundo día le leí todas las secuencias y aunque aún no podía hacerlas por falta de fuerza, sabía que podrían salir a base de ensayarlas. Excepto una secuencia en el top, que tal y como se hacía yo no podía, y no sabía cómo solucionarlo. Tardé 5 días en dar con una alternativa. En total, fueron 7 días y 15 pegues de ensayos. 

¿Cómo describirías la vía?
Es una vía muy bonita y espectacular, de un estilo disfrutón y agradecido. Desplomada, con canto relativamente bueno (excepto la llegada al top) e intensa en su primera parte por la falta de reposos.

Poco después de Ixeia, encadenas tu segundo 8b+ con Tripa de conejo. ¿Son vías parecidas? ¿Cómo la describirías? ¿Cuántos intentos/trabajo te ha costado encadenarla?
Ambas vías van paralelas, así que son muy parecidas. Se pueden dividir en tres tramos; un primero bastante desplomado, físico e intenso, un segundo más vertical y relajado, y un último que consiste en superar un techito, que para mí se convirtieron en los auténticos cruxes de las vías. Tripa de conejo es más dura y física y tiene peores reposos. Si la hice más rápido que Ixeia, 10 intentos repartidos en 6 días de ensayo, fue porque el trabajo previo que había hecho en esta sirvió. 

¿Cómo te hace sentir haber subido este escalón en tu carrera como escaladora? ¿Qué importancia le das al tema del grado?
Evidentemente, me ha hecho ilusión haber hecho un par de vías de este grado, pero no le he dado una importancia ni mérito especial. Siempre digo que el grado es directamente proporcional al tiempo que se tiene para entrenar y escalar. Para mí, el mérito lo tiene toda esa gente que con poco tiempo libre, con familia a la que dedicarle tiempo, con horarios malos de trabajo o con  trabajos muy cansados, consiguen motivarse, sacar tiempo para escalar y encima apretar, sea al nivel que sea.

¿Cuánto tiempo le dedicas a la escalada en tu día a día?
A la semana le suelo dedicar cuatro días. El que haga resina o roca depende de la época del año y de cómo pueda combinarme los días de fiesta con mi pareja. En invierno, suelo aparcar la cuerda porque no soporto el frío y los meses de verano me dedico exclusivamente a la roca. Entre medias intento combinar un par de días de plafón (entre 2 y 3 horas) y un par de días de roca. Lo voy decidiendo y organizando un poco sobre la marcha, ajustar los horarios con mi pareja suele ser complicado y es algo que tenemos que ir haciendo mes a mes.

¿Cuándo y cómo empezaste a escalar?
Empecé a escalar con 22 años, como diría mi buen amigo Juanan, con el arroz ya pasado. Con 14-15 años le pedí a un amigo que me llevara a escalar porque me llamaba mucho la atención, y el resultado fue que me quedé enamorada de este deporte. Pero como a mis padres no les hacía ni chispa de gracia, tuve que esperar unos años más. Un día vi un cartel colgado en el pasillo de la universidad de un cursillo de escalada que hacían en Montserrat. No me lo pensé dos veces y ese mismo día me apunté. De ahí salió el grupo de amigos con el que empecé a salir los fines de semana y el empezar a entrenar en un tabloncillo a sugerencia del monitor, Jordi Terés.  

¿Cuál ha sido tu evolución como escaladora?
Desde que empecé, he tenido la suerte de ir progresando año tras año. Noté un cambio sustancial cuando empecé a entrenar con David Macià, con el que estuve algo más de tres años. Cuando empecé a prepararme la oposición dejé totalmente el mundillo. Fueron tres años de parón absoluto (no de hacer deporte, lo cual luego sirvió), y una vez pasado todo fui poco a poco poniéndome las pilas otra vez.

¿Cuáles son las vías que más te han marcado en tu trayectoria?
Eh Petrel, un 7a de Cova de l’Arcada, en Montserrat, me marcó especialmente. Sin hacer 6c+ empecé a probar 7a’s (por pensar que saltarse ‘medio’ grado no era nada, ilusa de mí) y claro, no me movía, me parecían inhumanos. Pensé que nunca llegaría a hacer 7a. Hasta que probé dicha vía y vi que sí era posible.

Fun de Chichunne, en la Grande Grotta de Kalymnos, un techo repleto de estalactitas gigantes, es una de las vías más espectaculares que he hecho.

¿Y las escuelas donde más disfrutas?
Rodellar, Bruixes y Montserrat me gustan especialmente porque sus vías suelen tener variedad de agarres y por tanto diferentes alternativas para hacer las secuencias. Mi estatura (1,53 m) me da muchos problemas en vías de pasos largos y obligados.

¿Cuáles son tus próximos objetivos?
Pues, por mucho que me pese, encerrarme en verano en un tablón (es la época en la que más me gusta escalar). Voy a dedicarme ahora a entrenar, porque tengo planificado un viaje al ‘yankee’ en otoño y quiero llegar bien de forma (cuando me estoy unos meses sin tocar resina, al final acabo bajando rendimiento). Además, quiero hacer un entrenamiento específico para el estilo de vías que nos vamos a encontrar allí. Eso sí, antes descansaré unos días, que como ya no estoy en la primera juventud, el cuerpo necesita recuperarse.

 


 


 

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