EN LA PEÑA DEL ÁGUILA, DEL AÑO 83

“Liner Skiner”: la historia original de una de las vías más emblemáticas de Galayos

Retrocedemos nada menos que 40 años para ahondar en la apertura de esta vía –para muchos la mejor fisura de la zona centro– cuyo aperturista, Santiago Hernández, reivindica recuperar su historia y su nombre original.

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Impresionante vista de La Peña del Águila  ()
Impresionante vista de La Peña del Águila   David Nieto

Hay ciertos recuerdos que ganan en intensidad con el paso de los años, y eso es lo que le ha ocurrido a Santiago Hernández, destacado escalador madrileño de la década de los ochenta, que retrocede en esta ocasión casi cuarenta años para revivir la historia de la apertura de una de las vías más destacadas de Galayos.

A principios de los años 80 Santiago era el guarda a cargo del refugio del Galayar, el Victory, y había dejado en sus agujas de granito vías como la ya gran clásica Santiago/Rodolfo del Capuchino.

Charlamos con él hace unos meses durante la elaboración de nuestro Especial Ordesa, pues él mismo fue también el aperturista del Gran Techo de la Zaratustra, y en la conversación salió a la luz un antiguo malestar que hemos querido solventar con este artículo.

El motivo es la publicación, tanto en guías como en artículos diversos, de varios errores en el relato de la apertura de una vía que surca por la mitad la pared suroeste de la Peña del Águila, la más imponente y compacta de la sierra de Gredos.

En busca de líneas vírgenes

Retrocedemos pues a principios de los años ochenta, con una Peña del Águila en la que solo existían tres líneas: el Diedro Sureste de 1972, La vía de la Luna de 1978 y la Sulair de 1982, quedando un enorme terreno de juego para los pioneros que tuvieron la suerte de vivir esa época.

En el verano de 1981, un activo Santiago Hernández comenzó la apertura una atractiva y evidente fisura en la Peña del Águila, junto a Francisco Javier Orive “Chochín”, completando el primer largo en libre (45 m, V+) hasta la gran laja al pie del muro.

No regresaron hasta la primavera de 1983, esta vez Santiago acompañado de Daniel Guirles, llevando a cabo la apertura del segundo largo, que incluía una travesía a la derecha por una placa lisa –en la que dejaron instalados tres buriles– hasta alcanzar la fisura, desde donde se bajaron.

Por entonces Santiago vivía en Arenas de San Pedro y, al llegarle noticias de que otros escaladores habían echado el ojo a su línea, se apresuró a rematar la faena. Esa misma semana (aproximadamente el 20 de julio de 1983, según relata), sin encontrar compañero, escaló en solitario hasta la cumbre, finalizando la apertura. “La segunda y tercera tirada las abrí mayormente en artificial, combinando algún tramo en libre, sobre todo en la tercera. Mi idea era volver posteriormente con algún compañero y con muchos más friends que los que llevaba en aquel momento para intentar escalarla en libre lo máximo posible”, explica Santiago.

Así quedó finalizada una línea a la que bautizó Lynrid Skynrid, en honor grupo de rock del momento del que era fan, pronunciado como Liner Skiner, nombre que reivindica como el original.

Vía rebautizada

Otro de los activos aperturistas de esos años en Galayos era el también madrileño Juan Lupión, a quien no le había pasado desapercibida aquella línea tan evidente.

Sobre el día que fueron a escalarla, Lupión recuerda que “fue un domingo como otro cualquiera, a principios del verano de 1983. Por allí estábamos mi compañero en aquella escalada Jesús Gutiérrez, así como José Luis Ibarzábal, Pilar Frías y Javier Valerio. Estábamos intentando abrir vías por cualquier parte de la peña. Yo ya había participado en la apertura de la Sulair el otoño anterior con Manolo del Castillo y poco después haría la Vía de Bryan. En esa época lo que intentábamos era evitar el artificial”.

Se metieron entonces en la misma vía que Santiago había comenzado a abrir. “Llegamos hasta la segunda reunión y desde ahí nos bajamos con un anclaje natural. Al fin de semana siguiente volvimos, entrando en la vía directamente desde el vivac, y cuál fue nuestra sorpresa cuando llegamos a la segunda reunión y descubrimos las tres chapas en la travesía. Ahí ya entendimos que la vía estaba abierta, encontrando mucho más rastro en los siguientes largos. Desde arriba se descolgaron nuestros amigos para hacernos fotos”.

En su caso, ascendieron mayoritariamente en libre, con en total 9 pasos de A1. “En ese momento ni siquiera sabíamos si el que había hecho la apertura le había puesto un nombre, así que le pusimos uno”, explica Juan. “Siempre buscaba nombres con sentido y para mí aquello fue una ruptura de la barrera del sexto grado, y por eso le pusimos Tiempo de cambio”.

Quizá más interesado en escalar que en divulgar, Santiago no llegó a publicar nada de su apertura, pero sí lo hizo Juan Lupión, escribiendo una nota sobre la actividad que salió publicada en la revista Desnivel nº 12 (febrero 1984).

“Santiago hizo la primera, nosotros la segunda”

Lupión declara que no hay ninguna duda de la autoría de la vía: “Fue Santiago quien hizo la primera ascensión, y nosotros la segunda. Me parece bien que él reivindique el nombre, y es más, me gusta la música que hace Lynrid Skynrid, de hecho cada vez que escucho Sweet Home Alabama, me acuerdo de esta vía. A mí lo que me importa es haberla escalado”.


 

El caso es que –probablemente por su poder evocador y pronunciación más fácil– fue el segundo nombre, Tiempos del cambio, el que prevaleció y el que a día de hoy se sigue utilizando mayoritariamente por los repetidores de esta todavía muy valorada escalada.

¿Bastará este artículo para cambiarlo? Difícil… En todo caso, de toda la historia, nos quedamos con las palabras de Jesús Gutiérrez, que declinó participar en este artículo, pero nos aportó una sentencia con la que seguramente muchos estarán de acuerdo: “Las vías no pertenecen a los aperturistas, son patrimonio del colectivo de escaladores”.

En 1986 la vía fue liberada, ya sin ningún paso de artificial, por Tino Núñez y Manu Berian. La historia de las liberaciones de esta pared por cierto ha escrito su último renglón recientemente, con la escalada en libre de Samuel Gómez de Al rot Bridwell.

Unos años después de aquella apertura, Juan Lupión sufrió un desafortunado accidente de moto que le dejó en silla de ruedas, lo que le apartó de la escalada pero no le impidió seguir disfrutando de otros deportes. Sobre todo siguió dedicándose al parapente, incluso de manera profesional, desarrollando un sistema de vuelo para discapacitados y gestionando una escuela durante unos 20 años, “y sigo volando cuando tengo ocasión”, asegura.

Santiago Hernández sigue escalando activamente. El pasado verano recibió el premio Nogal del Barranco como homenaje por su legado en Galayos.


 
Comentarios
4 comentarios
  1. Felicidades Eva por un artículo tan inspirador… con escaladores, momentos y rocas tan emblemáticos

  2. Artículo buenisimo. Seria de agradecer realizar mas de este palo. Un saludo

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