EXPLORANDO

James Pearson encadena Joy Division (8b) en el big Wall de Qualido

La vía en sí es dura y exigente, especialmente en el primer, cuarto y séptimo largo. Tras quince días de trabajo repartidos en los últimos tres meses, James se lanzó a encadenar la vía sin fallar en los 800 metros, 22 largos, un vivac y dos días de escalada en granito.

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“La cima consiguió que todo el duro trabajo y el sufrimiento valieran la pena. La cumbre del “martillo” de Qualido es un lugar mágico que, para ser sinceros, llegué a pensar que nunca vería”.

James tomó la decisión de trabajar en esa ruta el pasado mes de agosto, cuando las condiciones eran buenas, con días largos y las temperaturas más templadas, pero una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo.

“Había escuchado acerca de esta pared a varias personas, incluyendo al que logró la primera ascensión, Simone Pedeferri y parecía una gran aventura. Decidí ir a por la línea acompañado por mi novia y con la mente puesta en un ascenso rápido. Subestimé por completo lo que estaba por llegar” aseguró Pearson.

Las condiciones, longitud y logística de un big wall es algo que hay que estudiar detenidamente, pero tras un primer vistazo, James volvió enfadado con la posibilidad de que no pudiera lograr la ascensión. La roca no estaba en las mejores condiciones y las temperaturas, muy calurosas por las mañanas y frías por la tarde, no ayudaban.

De hecho, la cima de el Qualido está situada a 2.700 metros, donde las condiciones pueden cambiar súbitamente en cualquier época del año, con temperaturas que pueden cambiar de 0 a 30°C grados. No es algo extremo, pero sí algo que puede arruinar el intento de escalar en libre una vía 8b en un big wall.


 

Una escalada de este tipo precisa de paciencia, tiempo y un poco de suerte. Por ello, tras realizar el primer pegue, James volvió a casa a entrenar específicamente para esta ruta, con el plan de volver cuando las condiciones fueran mejores.

“Pasé muchos días entrenando indoor y también en la zona de Zillertal siempre que las temperaturas y el tiempo lo permitieron. Trabajé en largos técnicos y escalaba muchos de ellos cada día, tratando de simular aquello que me iba a encontrar en Qualido”. Tras volver a realizar una segunda inspección a primeros de agosto, James se dio cuenta de que aquella vía se podía escalar a pesar del calor que allí había.

“Hubo muchos sobresaltos, pero comencé a comprender las sutilezas de los largos más duros, pero las condiciones no eran buenas como para intentar la vía entera. El cuarto largo, conocido por ser el más duro, parecía ser posible, pero el primero, de 40 metros, muy técnico y sostenido parecía estar más allá de mis posibilidades” apuntaba Pearson.

Tras un tiempo de desconexión, James volvió a principios de octubre a la zona con el francés Nico Nastorg esperando aprovecharse de una racha de buen tiempo que alargó la temporada de escalada en la zona de Los Alpes.

Tras no poder escalar debido a una tormenta que duró tres días, el dúo se puso a trabajar en la vía en la que parecía su última oportunidad de la temporada. En el primer pegue, encadenaron el primer largo de 8b, lo que supuso un gran alivio a pesar de todo lo que quedaba por hacer.

“El primer largo ha sido el más difícil para mí. Me pude caer en cada movimiento y sabía que el éxito no se basaba en apretar duro, sino en estar concentrado durante todo el largo. En cada intento, sabía que necesitaba encadenarlo rápido, teniendo en cuenta todos los tramos que me quedaban por encima”.

La descripción del primer largo se puede extrapolar al resto de la ruta; sobre el papel, el nivel del resto de largos no parecía tan alto. Sin embargo, todos esos tramos combinados, uno tras otro, unido a la delicada naturaleza de escalada que precisaba dejan tu cuerpo y mente totalmente exhaustos.

“Sabiendo que podías resbalar o caerte en cualquiera de los sus muchos pasos delicados, haciendo que todo el trabajo anterior no valiera para nada, esa presión se convertía en algo difícil de gestionar. Cada uno de los pasos te arranca piel de los dedos y energía de tus músculos, lo que te derrumbas física y psicológicamente.

Durante la primera sección sufría extraños calambres en manos y brazos; llegaría al final de cada largo sin poder abrir mis dedos e preguntándome cómo iba a continuar. Sin el apoyo de Nico, creo que nunca lo habría terminado y, sin embargo, continuamos hacia delante, concentrándome sólo en el largo en el que me encontraba (incluso los 7a+ de esta vía son desesperantes) y, eventualmente, el trabajo duro ya estaba hecho.

A medida que iba ascendiendo, me iba sintiendo más en mi elemento y los últimos 7c+ los encadené con relativa facilidad. A partir de ahí, quedaba algún sexto grado hasta llegar al “santuario del vivac”. Una larga noche y una mañana más fría todavía nos llevaron a la cima de la vía. Quiero agradecer a Nico, Ricky, Pietro y Caroline el apoyo brindado a lo largo de este proceso”.

 

 


 

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