Ignacio Mulero no tenía ninguna experiencia en alpinismo antes de que Carlos Suárez le propusiera hace unas semanas viajar a Patagonia con la idea de escalar el Filo Sureste del Cerro Torre. Apenas tuvo cinco días para probar cómo funcionaban los crampones antes de verse aterrizando en El Chaltén.
El mal tiempo marcó su estancia con Carlos Suárez y no hubo ocasión de intentar su objetivo. Cuando este tuvo que regresar a casa, Ignacio Mulero se quedó un tiempo más y se unió a la cordada de Marc Toralles y Tasio Martín para finalmente alcanzar el sueño de escalar el Cerro Torre por el Filo Sureste. Una aventura que le dejó buen sabor de boca y que terminó con un descenso comprometido.

Enamorado de El Mocho
Durante aquella ascensión al Cerro Torre, Ignacio Mulero se fijó en una pared que le llamó poderosamente la atención. Se trataba de la cara norte de El Mocho “y no me quería ir sin subirme por ahí”, explica él mismo. Lo siguiente fue hablar con amigos para conseguir una cordada motivada para la empresa. “Conseguí convencer a León y Nico para que me acompañasen lo que convertía en algo muy interesante porque vienen del mundo del bloque y apenas tenían experiencia en pared, de hecho Nico estuvo aprendiendo a rapelar unos días antes, pero al ser todo roca me sentía cómodo yendo con ellos”, apunta, y añade que “se convirtió en una expedición muy entretenida entre risas y enseñanzas”.
Apertura y liberación
En una primera visita, el terceto trazó el recorrido de Arigato Chaltén. Son seis tiradas de cuerda que superan unos 250 metros de desnivel hasta lo alto de una torre. Ese punto es común con Frader Pisafe (400 m, 6c+), abierta por Ermanno Salvaterra y Adriano Cavallaro en 1993. En un primer momento, Ignacio Mulero pensó en continuar su vía hasta la cima de El Mocho por terreno nuevo, aunque finalmente decidió dejarla allí, para enlazar con la cumbre por la histórica línea de los italianos.
Estos 6 nuevos largos los abrí junto con León Riveros y Nico Lewin en una pequeña ventana de buen tiempo en la que atacamos la pared desde abajo. La apertura en sí no nos llevó demasiado tiempo, porque la calidad de la roca es bastante buena y el trazado es sencillo de seguir ya que es una raja que surca todo el muro. Sí que tuvimos que invertir trabajo en la limpieza de la vía para dejarla lista para poder intentarla en libre. El largo clave tenía bastante barro duro dentro de la fisura y en los largos más sencillos algunos bloque sueltos algo peligrosos, ya que si el que escala rompe algo ¡va directo al asegurador!
Aguardaron pacientemente a la siguiente ventana de buen tiempo para intentar liberar la ruta: “La pared nos recibió algo mojada y tuvimos que esperar un día a que secara, aunque aun así el siguiente día el primer largo era como una cascada; conseguimos pasar por él sin fallar y en los siguientes la roca ya había secado y también conseguimos pasar por ellos”, señala.


En cuanto a la dificultad de Arigato Chaltén, Ignacio Mulero explica que “cuando la visualicé desde abajo, esperaba las dificultades algo más duras, pero al final las perspectivas engañan y la pared tumba un poco y lo que parece más estrecho desde abajo termina siendo bastante más ancho. Aun así, el largo clave (L3) puede rondar una dificultad de 7c; los otros largos son un poco más fáciles, ¡pero con una calidad increíble! Sobre todo el L6, una fisura de 30 metros de pura mano con un ambiente excepcional”.
“Cuento los días para la siguiente temporada”
Ignacio Mulero, a quien todavía le quedan unos días más en El Chaltén, reconoce que “la experiencia en Patagonia está siendo muy, muy buena”. Argumenta que “el estilo de la montaña es algo que me ha gustado mucho; creo que, como todo en la escalada, es algo que engancha y ¡tengo muchas ideas en la cabeza! Ya estoy contando los días para la siguiente temporada”.










