A LOS 73 AÑOS

Ha muerto Francisco Caro «Mogoteras»

Anoche fallecía Francisco Caro Mogoteras, buen escalador de su época, que también fue un personaje colorido, atípico, controvertido y divertido narrador de historias en las que casi siempre era imposible distinguir donde comenzaba la realidad y terminaba la ficción.

Francisco Caro Mogoteras en la presentación del libro Escalad
Francisco Caro Mogoteras en la presentación del libro Escalad
Darío Rodríguez | 14 comentarios |

Francisco Caro Mogoteras, o Mogo, como le conocían sus amigos, fue un personaje del mundo de la escalada madrileña casi imposible de definir. Sus mejores amigos desconocen algunas facetas de su vida y el relato que hacía de sus actividades (y de su vida en general) se movía casi siempre entre la fantasía y la realidad. Sin duda fue un buen esalador (realizó con Gervasio Lastra la cuarta repetición de la Rabadá/Navarro del Naranjo de Bulnes y, posiblemente, la primera nacional del Pilar d’Angle).

‘El último ácrata de La Pedriza’

Una de las mejores definiciones que hemos oído del Mogo viene de José Manuel García Carlinos, quien fuera el primer guarda del refugio Urrieullu  (1974-80): “El último ácrata de La Pedriza”.

Mogoteras protagoniza un capítulo en el libro Escalad, escalad malditos de Álvaro Osés. De todos los personajes que se tratan en el libro, Mogo es posiblemente el que más y mejor merece este apelativo de “maldito”. Así lo describía Álvaro al inicio de su capítulo:

Cuando imagino a un maldito, la primera imagen que llega a mi mente es un tipo con el pelo largo y revuelto, que no lleva precisamente ropa de marca, alguien con una vida bohemia, con resabios de vagabundo en la camisa oscura y en la mochila al hombro, ajeno a cualquier canon de lo que se considera una persona de orden, alguien que cuando le preguntamos a qué se dedica, te responde que a la numismática, así, en general, sin especificar qué oscuro secreto guardan esas monedas de oro que tanto dice admirar. Alguien que ha pasado varios años de su vida en un país lejano, buscándose la vida como cualquier aventurero o inmigrante, alguien que se bebe dos copazos de ron Pampero con zumo de naranja un miércoles laborable en una tasca con solera, una tasca de esas que hay por la zona de Sol, en el centro de Madrid.

‘Un personaje novelesco, producto de la década prodigiosa (los 60)’

Rafa Domenech, alpinista y ex-presidente del club Peñalara, comienza la definición que le pedimos del Mogo con este pensamiento: Leí a Joaquín Sabina que es más novelesca la vida de un taxista que la de un jefe de negociado… Paco Mogoteras era un personaje verdaderamente novelesco. Cuando le conocí ya no era el escalador que había sido. Ya había vivido en EE.UU., donde se fue con una novia americana, y donde contaba haber trabajado como guía de montaña. Le recuerdo como un gran y divertidísimo contador de historias. No estoy seguro de que todas fueran verdad; es más, creo que algunas las había soñado, pero que estaba convencido de haberlas vivido. Contaba las aventuras más disparatadas con una gracia que seducía al auditorio, especialmente al femenino. Posiblemente fue un personaje, producto y exponente de la década prodigiosa (los 60).

‘Le distinguía la singularidad, era un hombre divertido que contaba unas historias muy curiosas…’

Con César Pérez de Tudela, con quien compartió escaladas y expediciones, mantenemos esta conversación:

¿Qué destacarías del Mogoteras?
Su forma de vida, él nunca quiso trabajar. Le ofrecieron ser representante de firmas comerciales de montaña porque lo conocían en todas las tiendas. Como no trabajaba se iba allí de charla… pero nunca aceptó. Él vivía en La Pedriza, era su lugar, allí estaba en contacto con la naturaleza. Escaló mucho y muy bien, hay que reconocerlo. Tiene la famosa vía Mogoteras al Pájaro. También fue muy controvertido.

En la época, fueron muy sonados los accidentes que sufrieron algunos de sus compañeros y que acabaron de forma dramática.
Iba con un chico que tuvo un problema en la Maliciosa y él se bajó a pedir socorro, pero no lo dijo hasta el día siguiente. Luego ocurrió la tragedia de Tino en Cancho Amarillo [Tino falleció en Cancho Amarillo escalando con Mogoteras en un accidente en el que la no actuación de Mogo en el rescate fue muy criticada]. Para rehabilitarle, me lo llevé a la expedición al Hindu Kush, porque estaba fatal. Al final no dio mucho juego porque se enfermó y era muy maniático. Se quedó en el campamento base y acompañó a Elena (mi mujer) cuando sufrió el edema que le produjo la muerte. [Mogoteras aún vivirá otra muerte trágica cercana: acompaña a Enrique Herreros cuando vuelca el todoterreno en la pista que lleva a Fuente Dé en los Picos de Europa. Enrique Herreros morirá en el accidente mientras Mogo sale practicamente ileso].

¿Qué logros consiguió como escalador?
Tuvo mucho éxito un artículo que escribió cuando hizo el Pilar del Angle al Mont Blanc con un alemán al que no conocíamos nadie. La actividad quedó en entredicho porque era muy fantasioso… Pero con ese alemán, que era un psicólogo importante, coincidí muchos años después cuando vino a entrenar a los comisarios de la Policía. Enseguida me habló del Mogoteras y de la escalada que habían hecho. Paco publicó un artículo en la revista Peñalara que tuvo mucho éxito porque era muy gracioso. Él tenía una manera curiosa de contar las cosas, su personalidad era muy singular.

Con él nunca sabías dónde empezaba la verdad y dónde la fantasía.
Es cierto, nunca sabías…

¿De dónde viene el apodo?
De “mogote”. Cuando íbamos a escalar siempre se agarraba o pasaba la cuerda por un mogote… También le decían El Mogo.

¿Qué destacarías de él?
Yo fui un poco su protector porque el ambiente se le puso en contra cuando pasó la tragedía de Tino, como es lógico. Era un buen escalador, pero en cuanto llegaba la tragedia o un momento duro, no reaccionaba bien.

¿Qué idea te viene a la cabeza desde el punto de vista deportivo?
Le recuerdo escalando en los Galayos en invierno con los crampones con mucho dominio y seguridad. En los macizos con los que estaba familiarizado era un buen alpinista. Recuerdo que Juanito Oiarzabal me contó una vez que, haciendo el Espolón del Jiso, llegaba alguien de repente, adelantando a todos y diciendo que era El Mogoteras. Era una figura graciosa que tenía su impronta y le distinguía la singularidad. En general, un hombre divertido que contaba unas historias muy curiosas que nunca sabías si eran verdad o no.

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