CICLO ESCALADORES

Josechu Jimeno, abrir con fiosofía conservacionista

Se empeñó en entrar por abajo y salir por arriba, pero sin haber nada entre medias. Resultado, pocos seguros, o ninguno, y generosa exposición.

| No hay comentarios |
La escaladora Eva Martos se encargó de presentar a Josechu Jimeno al numeroso público asistente en la Librería Desnivel.  ~ Archivo DesnivelLa escaladora Eva Martos se encargó de presentar a Josechu Jimeno al numeroso público asistente en la Librería Desnivel.
Archivo Desnivel

¡Mira, mira, es el Jimeno! Recuerdos en una reunión de Galayos de una entonces admiradora Eva Martos, cuando vio pasar a Josechu Jimeno sin cuerda y con sus míticas alpargatas blancas por aquella vía de la Aguja Negra. De esa época, cuando era su ídolo, recuerda el respeto que daban sus vías de adherencia en LaPedriza, y cuando con el tiempo llegaron a conocerle, lo cercano y sencillo que era en realidad como persona.

Hoy, amigos ya, Eva nos presentó a una persona tan admirable humanamente como lo han sido sus líneas, filosofía y estilo de escalada. Eso sí, una cosa no ha cambiado, «me sigo cagando de miedo en sus vías». Un genial inicio para una divertida proyección abarrotada de gente, la que nos ofreció Josechu el pasado miércoles 29 de enero, dentro del Ciclo de Escaladores Madrileños que semanalmente organizan Deporte y Montaña y la Librería Desnivel.

Por una tendinitis…

Abriendo desde abajo en La Pedriza. Si paras a meter una exprés, ¿por qué no parar a meter un seguro? - Foto: Col. J JimenoAbriendo desde abajo en La Pedriza. Si paras a meter una exprés, ¿por qué no parar a meter un seguro? – Foto: Col. J Jimeno

Los comienzos de Josechu son, en realidad, friquis. Con 15 y 16 años iban a repetir las vías abiertas en Patones y La Pedriza, líneas de fuerza y movimientos atléticos. ¿Las placas? Sí, si las había probado, «pero se me daban tan bien como la escalada deportiva de fuerza». Un buen día, asegurando con ocho a un compañero, una caída le machacó el dedo. Tendinitis,y por necesidad «me fui adaptando a las vías de adherencia». Le fue cogiendo el aire, mejorando la técnica, y comenzó a abrir desde abajo.

«¿Por qué se tenía que abrir siempre con la cuerda por arriba? Si te podías parar a asegurarte con una exprés, te puedes parar a poner algo, con una mano…o con las dos» (primeras risas). Para Josechu fue cuestión de coger técnica.: «con las piernas rectas y los tobillos bajos, te quedabas».Y claro, cambiar los gatos por sus características alpargatas «de andar por casa. Le puse un trozo de goma finita, y para escalar en adherencia  funcionan mejor».

40 metros, dos espits

Aterrizaje forzoso intentando poner un primer seguro, tras haber subido sin cuerda. - Foto: Col. Josechu JimenoAterrizaje forzoso intentando poner un primer seguro, tras haber subido sin cuerda. – Foto: Col. Josechu Jimeno

La mejora de Josechu en cuanto a nivel técnico, grado de dificultad y fuerza mental, era inversamente proporcional al número de seguros que metía en sus vías. Cada vez le apetecía menos pararse veinte minutos a poner un espit, y fueron disminuyendo. En Charca verde dejó 23 vías de 20 a 60 metros con dos seguros en total. Por eso la decisión de dejar la cuerda abajo también llegó. «Se me daba bien y las sensaciones que tenía eran muy placenteras. Era plena libertad, y podía encadenar muchos riscos en pocas horas».

Fue cuando conoció a JesúsGálvez y empezaron los viajes a bordo de un 600 a Terradets, el Barranco de la Hoz… «Descubrir el mundo de los viajes, de la grandes paredes, de Yosemite». Él se hizo también con un vehículo, «un 2 Caballos que le había comprado a un cabrero de Colmenar Viejo, y a viajar».

Comenzaron las aperturas más difíciles, con los seguros bastante más alejados. La culpa de ello, en parte, se debía al sistema de apertura: subía uno, colocaba un espit, y tenía que bajar. Turno del otro, que podía colocar el siguiente seguro tan arriba como quisiera, pero claro, para no tener que bajar al suelo, «quería llegar hasta la cima». (segundas risas). Eran vías poco homogéneas, «porque si un día uno estaba inspirado, había seguros a cuatro metros, y otros a diez o veinte».

La Teoría del Canalizo

Sin cuerda en el Espolón lunático del Hueso (La Pedriza), poniendo en práctica la Teoría del Canalizo. - Foto: Col. Josechu JimenoSin cuerda en el Espolón Lunático del Hueso (La Pedriza), poniendo en práctica la Teoría del Canalizo. – Foto: Col. Josechu Jimeno

Buscaban cada vez mayor dificultad, como el Espolón Lunático (6b/A0)del Hueso, «una vía que requería mucha atención y en la que te autoengañabas. Yo le explicaba a Jesús la Teoría del Canalizo: tu subes por una placa, si hay un canalizo al lado, y te caes, seguro que te paras en él» (primeras carcajadas).

Con un nuevo socio pedricero, Rafael Fanega, se plantearon abrir vías realmente difíciles desde abajo, también en el Hueso. Tanto, que no lo consiguieron, y lo dejaron para tiempos futuros.»Para mí esa es la evolución de la escalada, porque abrirla colgado desde arriba con parabolts y taladro no tiene secreto. El secreto está en subir por ellas desde abajo, y sin poner seguros ya es el supersecreto».

Al final, y pese a mostrarse Josechu contrario, han quedado abiertas con parabolt y desde arriba. «No me ha gustado lo que hicieron con esta vía,pero no los voy a quitar, porque hay problemas más graves en el mundo en los que centrarse». Quizá, controlar el mejor lugar para los aterrizajes forzosos cuando subían sin cuerda a poner el primer seguro de una vía,comenzaban a resbalar… y ¡para abajo! (más carcajadas).

El doctorado

Sacándose el doctorado: grandes tapias sin atarse. Ensayaba en La Pedriza...- Foto: Col. Josechu JimenoSacándose el doctorado: grandes tapias sin atarse. Ensayaba en La Pedriza…- Foto: Col. Josechu Jimeno

Abrir vías en grandes paredes manteniendo el máximo respeto hacia la roca: sin meter ningún seguro, en las reuniones tampoco, y en definitiva, sin llevarla cuerda. Y como entrenamiento psicológico, se metía en la Gálvez (6c) del Yelmo en solo integral. «Era una historia, que aunque parezca una locura, tenía entonces bastante controlada». Hubo algún susto, como en las Oseras, aunque nunca tuvo que lamentar nada. Como todo, llegó el momento de dejarlo (le pudo la Aparecida, 6c/A0, del Pájaro), aunque siga haciéndolo en vías más fáciles.

También hubo divertidas solitarias acompañado de un payaso, y un sucesor en eso de jugársela desde abajo poniendo seguros, el propio Rafa Fanega, que incluso para Josechu ha elevado un poco el listón, como demuestran vías como Sarta de Sartenazos, 7b, M3 (caída al suelo desde la sección clave). Tanto, que en uno de sus proyectos conjuntos a la derecha del Yelmo, sólo pudieron poner el segundo seguro haciendo un paso de hombros… «Este estilo representa el control mental y físico de la escalada». Vías que siguen sin repetir.

Conocer Val di Melo

...para luego ponerlo en práctica en Val di Melo, Italia, junto a Jesús Gálvez. - Foto: Col. Josechu Jimeno…para luego ponerlo en práctica en Val di Melo, Italia, junto a Jesús Gálvez. – Foto: Col. Josechu Jimeno

Fue de los primeros pedriceros en ir, atraído por la filosofía inicial de esta zona italiana: no se podía meter nada de nada, ni clavos ni espits. Primero lo conoció solo, luego «engaño» a Jesús Gálvez un año, repitiendo vías curiosas escoltados por saltos de agua, y sufriendo peligroso imprevistos en algún destrepe: nada más tirar la cuerda al vacío, les cayó un brutal chaparrón en mitad de la placa…

Con el tiempo llegaron más viajes. Al Pic Badile, donde dejó una línea en la cara norte, a lugares poco conocidos como el Troll noruego, donde, sin embargo, un pésimo tiempo no les dejo hacer casi nada (las constantes avalanchas tampoco). Después, cuando Jesús regresó y se quedó allí solo, se dedicó a bajar ríos con una barquita hinchable de gasolinera, y ya cerca deOslo, a escalar sin cuerda «tirando de croquis» en placas de 500 .Claro, a veces se equivocaba, y no había más remedio que seguir abriendo vía.

También visitó Yosemite, después de «pasear» dos petates repletos de material por trenes y autobuses de Estados Unidos. Le dio dos intentos a la Nose, y tras dormir en el Gran Péndulo, un tirón serio en la espalda, le hizo desistir, y a sufrir durante los rápeles de descenso. Con Miguel A. Hernández rascó la arenisca blanda del Wari Rum, en Jordania,primero repitiendo vías y evitando rápeles (el anclaje del último cayó cuando tiraron de la cuerda desde el suelo) y después abriendo Revienta o burila, que después forzaron en libre.

Alta montaña también

Escalando fisuras en Hampi, India, durante uno de sus viajes. - Foto: Col. Josechu JimenoEscalando fisuras en Hampi, India, durante uno de sus viajes. – Foto: Col. Josechu Jimeno

Hubo más viajes, en bici, en moto y en camello. Descubrió el placer de convivir con otras culturas, conocerlas in situ, buscando paredes vírgenes, y abriendo vías después, claro. Por ejemplo, a lo largo y ancho de la India, como en Hampi,donde aparte de excelentes y afiladas fisuras, comprobaron un auténtico filón para bloqueros empedernidos.

Josechu también ha estado Nepal, donde probó eso de la alta montaña, con idea de intentar algún 6.000. Pero estando solo, sin experiencia en este terreno y pasando mucho frío, no hizo demasiado. Tiempo después, primero con Cristina Soria, y más tarde con su familia, descubrió realmente los encantos de la gran montaña, «otra dimensión», la perfecta combinación de roca nieve y altura.

Roquero siempre

Disfrutando con una espectacular tirolina del ambientazo de los Galayos. - Foto: Col. Josechu JimenoDisfrutando con una espectacular tirolina del ambientazo de los Galayos. – Foto: Col. Josechu Jimeno

Pero como roquero que es, siempre vuelve a su elemento. Y una de sus zonas predilectas, los Galayos, y en especial la Peña del Águila, «un granito perfecto y limpio en un escenario emblemático y con ambiente». Recordó Josechu especialmente la vía abierta desde abajo con el Pérez, con el material de la época: fisureros Faders de cable, que empotraban a martillazos.También subió a La Luna sin clavar, y voló literalmente con una gigantesca tirolina desde el Torreón al Pequeño Galayo.

En la actualidad, además de dedicarse a la enseñanza como profesor de cursos y actividades formativas para empresas, colabora con el Parque Natural de Peñalara viendo que se cumpla el respeto y la conservación del medio. En este sentido lo tiene claro: «la masificación ha cambiado la situación de las montañas, y hay que hacer determinadas cosas, porque, aunque personalmente algunas no me gusten, si no se hacen, no van a quedar ni las piedras». Para Josechu, lo que queda, es «disfrutar y compartir la montaña desde el sentimiento, no solo como actividad».

>>Álbum de fotos de Josechu Jimeno

Lecturas relacionadas

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.