RECUERDO DE CHRISTIAN RAVIER

Fallece el legendario escalador austriaco Albert Precht

Abrió unas 1.000 vías en Austria, los Alpes, Noruega y sobre todo Jordania y Omán, con una ética muy estricta. Christian Ravier escribe un emotivo texto dirigido a un hombre que admiró por sus líneas sin haberlo conocido en persona.

Autor: Desnivel.com | 1 comentario | Compartir:
Albert Precht  (Crete-news.gr)
Albert Precht

La escalada austriaca perdió unas semanas atrás a otro de sus más históricos exponentes. Pocos días después del fallecimiento de Edi Koblmüller en una tormenta en Georgia, también perdía la vida Albert Precht, legendario escalador de aquel país.

Albert Precht (67 años) y su antiguo compañero de cordada Robert Joelli (68) fallecieron en un accidente de escalada en la Pervolakia Gorge de la isla de Creta (Grecia). Ambos llevaban a cabo un rápel simultáneo que por alguna razón no fue según lo previsto y se precipitaron al vacío. Una cordada que iba por detrás de ellos apuntó que la reunión estaba intacta.

La trayectoria de Albert Precht incluye la ascensión de unas 1.000 vías nuevas, principalmente en las zonas de Hochkonig y Tennengebirge, aunque firmó primeras ascensiones también en los Alpes, Noruega, Córcega, Jordania y Omán. Fue famoso por seguir una estricta ética en la que no tenían lugar los anclajes fijos y el taladro. También era admirado por practicar la forma más pura del solo integral, realizando primeras ascensiones a vista sin cuerda, en vías de hasta 6c/+.

Desde el punto de vista profesional, Albert Precht se ganaba la vida como conductor de trenes, aunque también ejercía de carpintero y guía de montaña.

Entre los admiradores de sus vías se halla Christian Ravier, quien ha querido glosar la figura de Albert Precht en el siguiente texto, tras admitir que «no conocía a Albert Precht, conozco sus vías en Jordania; allí las vías de Precht son las más increíbles del lugar».

«Hijo de puta de Precht». He pronunciado esta expresión a menudo al seguir tus huellas sobre la arenisca de Rum. Ellas saben leer la piedra y casan la exigencia con la belleza. Elevarse en tus obras es siempre un ejercicio de intensa concentración y de observación.

Un cordino blanco, cocido por el sol, me indica que allí arriba tú pasaste por ahí… Pero, ¿es este pequeño muro de arenisca rosa (¡el color más traidor!) el que hay que cruzar? Es allí que la empírica regla de los tres puntos de apoyo del alpinista toma todo su sentido. Estamos en Muezzin, una de tus obras maestras; allí donde la experiencia y el conocimiento de un macizo, de su roca tan particular, autorizan la audacia y el compromiso.

Desde hace 20 años he seguido tu exploración desenfrenada de las montañas de Rum, hojeando los cuadernos descarnados del Rest-House. Tus primeras visitas a las grandes paredes de Nassrani y del Ishrin se pueden ver desde el pueblo, sus líneas se dibujan perfectamente al sol poniente. En 1995, estuvimos observando largamente Jolly Joker con Pierre y Buny antes de lanzarnos a aquel viaje genial.

Sigo lleno de admiración por tu sentido de la observación de las murallas. Sé por experiencia que a veces se toman su tiempo para liberar su secreto… ¡Tus recursos debías tener! Todavía no hemos encontrado una vía más normal que Hiker’s Road para pisar la cima del Nassrani Norte, ¡y esa también había que hacerla!

«Hijo de puta de Precht», lo vociferamos a coro los tres cuando también en 1995 después de haber hecho Rock Fascination vagamos durante 5 horas por las cúpulas y los siqs de la cima del Kharazeh para encontrar el descenso que indicabas con una sobriedad desconcertante… La noche nos envolvió, las llamas de las ramas de un enebro nos protegieron de la fría noche del desierto.

Y esta expresión, con todo el ardor y la cólera que con Arnaud nos permitieron los desplomes de Never Say Never

Y anhelo proclamar esta expresión otra vez en voz alta, continuar sin entender nada de tus horarios de extraterrestre, a buscar mi vía a través de la tuya, mi descenso cuando tú hace mucho que volviste a tierra firme!

Gracias Albert Precht, gracias por esas obras que tú dejas alrededor del mundo. Me han dado horas ricas de vivir en Jordania, en Omán… Iré a ver a Córcega. Me hubiera gustado conocerte, Albert, hubiera habido entre nosotros quizás la barrera del idioma; cruzar sólo un instante en tu mirada esa determinación sin interrupción que corresponde al viajero de murallas que eras.


 

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