Aunque David ha chupado mucho pie de vía incluso antes de empezar a andar, pues tanto su padre como su madre, Abraham Bermúdez e Isabel Carbonell, son grandes fanáticos de la escalada, no fue hasta más tarde, a los 11 años, cuando realmente se interesó por este deporte. Y, al probarlo de verdad, se dio cuenta que aquello lo llevaba en la sangre y encima se le daba muy bien, así que desde entonces, asegura, «cada día estoy más motivado».


En esta entrevista, celebrada durante el primer encuentro del año del equipo de escaladores de Sputnik Climbing, al que David pertenece desde 2023, conocemos a un joven que habla ante la cámara con una tranquilidad y confianza que no parecen corresponderse a los 15 años que tiene.
Nos cuenta que, al poco de empezar a escalar, su padre acababa de encadenar un 8c+, y él le preguntó si algún día podría llegar a ese grado… «¡Y fíjate ahora!», exclama con una sonrisa pícara. Y es que, solo tres años después, no solo ha alcanzado ese grado, sino que lo ha superado con creces: en enero del año pasado, cuando tenía 14 años, hizo su primer 9a, Esclatamàsters, en Perles, y desde entonces ha repetido la cifra mágica otras cuatro veces, con Víctimas Pérez en Margalef, en febrero y otras tres en Cuenca: El intento, Seta total y la última, ya en diciembre, Cordia maleficarum, rematando un año que ni él mismo se esperaba.



Antes, con solo 13 años, ya había hecho vías míticas como El calvario del sicario (8c/c+), también en Cuenca, que cita como una de sus vías favoritas por su línea y su simbolismo, demostrando un conocimiento igualmente poco común para su edad de la historia de la escalada.
Y es que, como él mismo reconoce, el haber “mamado” este modo de vida desde pequeño le ha hecho tener una visión en profundidad de la escalada: «Mis padres me han transmitido los valores de la escalada, el respeto a la naturaleza, hacia las vías…. Los valores que tenían los escaladores de hace tiempo, que creo que los he conseguido mantener».


Detrás de estas palabras vemos a una familia que pocos fines de semana perdonan su salida a Cuenca con su autocaravana, y sobre todo que no antepone los grados a las vivencias, compartiendo auténtica pasión. Su principal compañera de cordada es su hermana Adriana, también fuerte escaladora, con hasta 8b encadenado.
«Las vías me llaman más por la línea, por los movimientos, que por el nivel», nos cuenta, y confiesa que sus favoritas son sus resistencia con algún paso dinámico, pero tampoco tiene reparos en meterse en una vía old school. Su estatura (mide aprox 1,55 m) nunca es una excusa para no encadenar: «He llegado a la conclusión de que no vale la pena quejarse, es lo que hay, incluso me motiva más aún».
Compagina escaladas y entrenamientos con los estudios de 1º de bachillerato científico, un curso por delante de lo que le corresponde para su edad; un dato que no nos cuenta él sino su padre, con quien coincidimos unos minutos en el rocódromo Sputnik Chamberí, donde ha venido también a entrenar.
Aunque a David le encanta la escalada y piensa seguir profesionalizándose en el deporte –en este camino se muestra muy agradecido por el apoyo que le brindan desde el equipo de Sputnik– tiene intención de seguir cursando estudios superiores. Los pies muy en la tierra. Y todavía le queda tiempo para otros hobbies como tocar la guitarra eléctrica y jugar al ajedrez, siempre que no está soñando con alguna línea de roca, «porque me vuelvo muy obsesivo cuando tengo un proyecto en la cabeza», confiesa de nuevo con esa sonrisa tras la que se adivina que muchas más cosas grandes están todavía por llegar de sus manos.










