ENTREVISTA DESDE MENORCA

Chris Sharma: “El objetivo ahora es llegar a pie de vía, el resto es diversión”

El escalador californiano vive una etapa intensa como padre y empresario, pero mantiene su pasión por la escalada más viva que nunca. Hablamos con él sobre psicobloc, sobre escalada en general y sobre cómo lo lleva actualmente.

Chris Sharma, junto al faro de Artrutx, en Menorca (Foto: Iván Carretero).
Chris Sharma, junto al faro de Artrutx, en Menorca (Foto: Iván Carretero).
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Nos sentamos a charlar tranquilamente con Chris Sharma sobre un murete de Cala en Bosc (Menorca). El escalador californiano es un tipo tranquilo, padre de familia y empresario de rocódromos, que sigue manteniendo viva la llama de su pasión por la escalada.

Hace poco más de un año encadenó su último gran proyecto con Sleeping lion en Siurana, que las repeticiones han situado en el 9b. Y asegura que progresa en dos proyectos que serían “las vías más duras de mi vida”: Le Blond en Oliana y Perfecto mundo en Margalef. Y eso es mucho decir, para alguien con su trayectoria en el 9b y que tiene uno de los primeros encadenamientos de 9b+ del mundo.

Lo cierto es que Chris Sharma ha sabido reinventarse, y lo ha hecho conscientemente. Después de La dura dura tenía ambiciones diferentes en su vida y las ha llevado a cabo. Ha formado una familia y da nombre a una cadena de grandes rocódromos en Barcelona y Madrid. A sus 43 años, afronta una etapa en la que disfrutar de la escalada sigue ocupando un lugar muy importante en su vida y encadenar también, pero la presión ha dejado todo el protagonismo a la pasión.

Hacemos esta entrevista en Menorca, donde has llegado por primera vez con la idea de descubrir la roca de aquí…
Sí, la verdad es que es especial para mí venir a Menorca por primera vez. Llevo veinte años yendo todos los años a Mallorca y todavía no había venido aquí. Para mí, el psicobloc es mi modalidad favorita de la escalada, y llevo tiempo queriendo venir a Menorca para explorar el psicobloc.

Esta vez, ha sido solo para poder compartir un rato con la comunidad de aquí y participar en una bonita charla con los hermanos Pou, contigo y con Miquel Àngel Apesteguia. Pero estoy inspirado para venir otra vez con más tiempo y echar un vistazo a los acantilados para hacer psicobloc aquí. La verdad es que es un sueño para mí.

Has podido hablar ya con gente de la isla y conoces a mucha gente que ha escalado aquí. ¿Qué te han contado de Menorca? ¿Qué te imaginas ahora mismo?
Siempre he estado escalando justo al lado, en Mallorca, y ya sabía que había bastante potencial aquí también. Pero, claro, siempre cuando voy a Mallorca a hacer algo acabo encontrando más proyectos y nunca he podido irme de allí.

Es interesante venir aquí, conocer a la comunidad de escaladores, ver la motivación que tienen… También ver un sitio que no ha sido tan reconocido ni descubierto. Para mí, es una sensación como la de ir a un lugar desconocido, con mucho por explorar… como un misterio. Y siempre es un placer para mí conectar con escaladores de nuevos sitios. Lo bonito de la escalada es que conecta a la gente. Aunque vayas al otro lado del mundo y no hables el mismo idioma –que no es el caso–, compartir esta pasión de la escalada te conecta desde el primer instante. Tienes algo en común muy fuerte, que ese amor por la escalada y la naturaleza. Es un vínculo muy fuerte. Conocer una comunidad nueva y conectar, es especial.

Yo llevo toda mi vida dedicado a la escalada y, de alguna manera, soy como un embajador de la escalada. Para mí es siempre un honor y un privilegio conectar con comunidades de la escalada por el mundo.

Hablas mucho de conectar, de conocer a la comunidad local de escaladores… A veces puede dar la impresión que los escaladores top vais por el mundo colonizando los espacios a vuestro rollo, pero no es así: vas a un sitio, conoces a los escaladores locales, los escuchas, escalas con ellos… ¿Cómo funciona? Sobre todo para la gente que tiene una imagen más desde fuera.
Yo creo que, en todas las cosas de la vida, pero sin duda cuando vienes a un sitio nuevo, hay que ir con humildad y respeto. La mejor manera de venir a escalar aquí es conocer a los escaladores de Menorca y estar abierto a ver el lugar con ojos frescos.

Es interesante eso que decías sobre “colonizar”. Obviamente, cuando hablas de coronar una vía nueva, deportivamente puede parecer así, pero realmente yo lo veo más bien como un intercambio de motivación. Yo no lo veo como ir a abrir rutas y dejar mi huella; es más como experimentar el sitio y ser como un vaso vacío para recibir lo que ese lugar me puede transmitir. Eso es muy importante. El lugar te comunica, casi te habla. Más allá de si hay buenas paredes o no, eso es lo que te inspira para hacer cosas allí.

Chris Sharma, junto al faro de Artrutx, en Menorca (Foto: Iván Carretero).
Chris Sharma, junto al faro de Artrutx, en Menorca (Foto: Iván Carretero).

Hablas de ser un receptor de esta energía y de estas posibilidades, pero a la vez tú también eres un gran emisor. Tienes esa generosidad para compartir tu experiencia y lo que has podido vivir allí con el resto de la comunidad y regalarles eso…
La verdad es que la escalada es una actividad muy personal, que a veces practicamos en grupo y otras veces solos o sólo con un amigo, y en lugares muy perdidos. Yo aprecio mucho esa conexión personal que tengo con la escalada. Pero por otro lado, de alguna forma, necesitamos compartir con gente, relacionarnos e intercambiar esa motivación. Creo que ese intercambio de idea es muy valioso.

A mí me encanta escalar y, a veces, los mejores momentos son cuando estoy solo en la roca. Pero, si puedo documentarlo y compartirlo con más gente, lo hace todavía mucho más enriquecedor y me hace sentir que estoy contribuyendo a la sociedad de alguna manera.

Cuando viene gente y me saluda y me dan las gracias porque viendo mis vídeos se han motivado durante muchos años… soy muy privilegiado de estar en esa situación y siento que he podido ayudar. Para mí, eso es fundamental, y especialmente por el concepto de tener la escalada como un camino de vida.

Tú puedes ser un aficionado y practicar de vez en cuando, pero para mí, es mi vida; es mi manera de estar en el mundo y siento que puedo poner mi granito de arena inspirando a la gente de manera positiva. Es súper guapo. Y creo que la comunidad de la escalada, tanto aquí como fuera, es especial por eso… está creciendo mucho, con las Olimpiadas y con la expansión de los rocódromos por todo el mundo, pero sigue siendo un deporte íntimo.

Puedes ir a un sector y encontrarte con tus ídolos al lado, y todos ellos son gente bastante cercana… Sigue siendo un deporte humilde, en cierto sentido. Creo que esos son valores importantes que hay que mantener. Para mí, venir a eventos como este es genial, y así poder ayudar a conectar los puntos y canalizar la buena energía a través de la escalada.

Comentabas que la escalada para ti es un camino de vida y además, como escalador que llevas treinta años escalando, has adaptado tu manera de vivir la escalada a tus diferentes situaciones vitales. Actualmente, como padre de familia, como empresario de rocódromos, pero continúas viviendo la escalada. ¿Cómo es esa versatilidad de este deporte y cómo lo practicas actualmente?
Llevo desde los doce años escalando, así que llevo más de treinta años y es algo que se infiltra en casi todos los aspectos de mi vida. Ahora, con una familia y con un negocio que también tengo que atender, obviamente me ha limitado en ciertos aspectos, pero a nivel personal sigo muy apasionado por la escalada. Estoy en una etapa distinta y no trato de competir con las nuevas promesas del deporte, pero poder escalar a su lado y con ellos, poder compartir la escalada, seguir contribuyendo a la comunidad de este deporte y, a nivel personal, seguir empujando mis límites.

Estoy súper motivado y, en esta nueva etapa, siento menos presión… solo queda la propia pasión. Siento que tengo la libertad de escalar cosas incluso más difíciles de las que he hecho hasta ahora. Es curioso las vueltas que da la vida y que, a veces, dando un paso atrás te permite abrir una manera de ver las cosas para incluso mejorar. Hoy en día estoy probando vías que, si logro hacerlas, serán mis retos más importantes y más difíciles.

Es curioso también cómo se puede seguir practicando la escalada a un nivel muy alto hasta más tarde de lo que se imaginaba. Cuando yo empecé, hace treinta años, no sabía cuál iba a ser el recorrido de un escalador deportivo.

¿Cuáles son esos proyectos en los que estás trabajando y que podrían ser los más duros?
Esta temporada, he dedicado mi tiempo de escalada exclusivamente a dos vías: Le Blond en Oliana y Perfecto mundo en Margalef. Son dos líneas que he abierto yo; Le Blond es todavía un proyecto y Perfecto mundo es una de las vías de 9b+ más consolidadas que hay y ya tiene tres repeticiones (Megos, Schubert y Ghisolfi). Las dos son vías que yo he dedicado bastante tiempo a tratar de encadenar en el pasado y nunca lo logré, por varias razones: quizás me distraje en el camino…

De alguna manera, se trata de ir atando los cabos sueltos de vías que he tratado de hacer en mi carrera, pero por otro lado, creo que hay que seguir reinventándose constantemente y tampoco es que me sienta obligado a hacerlas ahora por el hecho de no haberlo logrado en el pasado.

Realmente, la escalada significa el propósito que le ponemos, no tiene un significado más allá. Se trata de ser muy abierto conmigo mismo y no forzar la situación, pero perseguir el buen rollo, la buena sensación, la felicidad en la escalada… En el pasado, a veces he luchado –y creo que es una cosa muy común– con los proyectos, que creo que pueden volverse muy psicológicos. Mi vara de medir ha sido seguir estos factores y, si me sigue trayendo alegría y lo disfruto, seguiré intentándolo.

Poner el punto y final al proceso de visualizar y abrir una ruta es encadenarla, que es como cerrar el ciclo. Creo que hay algo especial en ello, si te motiva. Porque si no, hay otras cosas que hacer y otros lugares por conocer. La verdad es que me encaja bastante en mi vida actualmente.

Estos sectores los tengo relativamente cerca de casa, puedo ir en el día y, de esta manera, combinarlo con las otras facetas de mi vida, con mis hijos, nuestro negocio… compaginar la escalada con el resto de la vida, que no es fácil. Estoy en ello. A veces, lo más difícil es llegar al sector y a menudo me lo pongo como objetivo del día.

Son dos horas de ida y dos de vuelta, y a veces me da mucha pereza, pero pienso que tengo que ser fiel a mi compromiso conmigo mismo de seguir esforzándome; es algo que me hace sentir muy bien y muy vital. Y, aunque no sepa si voy a tener un buen día o un mal día escalando, pienso: “bueno, voy a ir y cumplir con este compromiso” y en este sentido el reto es llegar al pie de vía. Y cuando llego, ya he cumplido mi objetivo del día y el resto es diversión.

Entonces pruebo la vía y a veces sale bien y a veces no, pero curiosamente casi todos los días me ha salido bien. Con esa manera de verlo, he sentido una libertad muy grande y entonces disfruto y progreso en los proyectos. Me da la sensación que estoy mejorando y pienso que estos proyectos que me parecían inhumanos, los puedo hacer.

Si te comprometes al 100% de esta manera, es una cuestión de tiempo que caigan los proyectos. Si no te distraes, pues la constancia es muy importante. Desde enero, me he comprometido a ir todas las semanas e intentarlos, sin expectativas pero con ganas, tratar de hacer las cosas bien, cuidarme… Tengo 43 años y tengo que cuidarme un poco más: trato de dormir bien, solo tomo alcohol de vez en cuando… Es otro elemento del desafío: hay que currárselo un poco más que antes. Sinceramente, antes las cosas me salían muy fáciles y ahora tengo que trabajar un poco más y eso hace que el proceso sea más gratificante.

Siguiendo tu trayectoria, da la sensación que estás preparado para esta nueva fase, para esta madurez que a otros grandes escaladores deportivos les ha costado aceptar y adaptarse a una nueva situación de más veteranía y de otro papel.
Creo que cada uno tiene su propio camino. Para mí, después de hacer La dura dura, sentí que necesitaba hacer otras cosas y seguir evolucionando. Surgió la idea de lanzar Sharma Climbing en Barcelona y hemos trabajado durísimo.

También me hacía mucha ilusión crear una familia, un hogar como el que tengo, y eso me ha dado un nivel de estabilidad que ha sido como una plataforma sobre la que impulsarme para la siguiente fase. Puede ser que haya vivido unos años un poco complicados: abrimos Sharma Climbing en 2015, mi hija nació en 2016, mi hijo en 2018, en todo este tiempo hemos estado súper liados con los rocódromos y en el medio además vino el Covid…

Yo he tratado de no agobiarme más de la cuenta presionándome con que también tengo que estar encadenando al mismo tiempo, pero tampoco quería tirar la toalla. Aunque hubiese sido muy fácil abandonar, y creo que mucha gente en esa misma posición lo hubiera hecho.

Mi estrategia ha sido no agobiarme, pero mantenerme al nivel más alto posible para que, cuando las cosas se estabilizasen, yo pudiera estar preparado. Y pienso que fue un acierto. Las vías no se escalan por sí mismas; hay que luchar, esforzarse muchísimo y estar ahí. Hay que ir todas las semanas a darle, hay que dedicarle tiempo, luchar, cuidarse, tener las ganas, esa hambre.

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