MÁXIMO MURCIA

Alpinismo heterogéneo

Tras su dedicación actual a la enseñanza y la difusión del mundo que le apasiona, hay una trayectoria brillante a caballo entre la roca y el hielo. 

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Máximo Murcia, en la Librería Desnivel  ~ Archivo DesnivelMáximo Murcia, en la Librería Desnivel
Archivo Desnivel

Domina, sin ser especialista, todos los terrenos. Roca, hielo, mixto pared,tapia, pared alpina, alta montaña… Ha tocado todos los palos del alpinismosin llegar a la especialización, dejando importantes fogonazos dentro denuestro alpinismo (Overdose en Gavarnie, Thalay Sagar 84, Ghilini/Piolaal Eiger, Banana Mango Mix en el Trango, Sur de la Poincenot…), que elpasado 5 de febrero recordó en imágenes en la Librería Desnivel, dentro delsemanal Ciclode Escaladores Madrileños, que cuenta con la colaboración de Deporte yMontaña.

MáximoMurcia comenzó en 1974, y como muchos escaladores de su generación, sobreel granito de La Pedriza, «la mejor escuela, porque quien aprende a escalarcon los pies, aprende a escalar, y eso La Pedriza te lo da». Y lo hizocuando visitar, por ejemplo, los Picos de Europa era toda una aventura deverano. No había coche, y sí tediosos trenes, autobuses…

Al principio, casi siempre junto a su hermano Paco Murcia, aunque ya desdeentonces, degustando el abanico de posibilidades que ofrecía (y ofrece) lamontaña. En 1975, armado con sus primeros piolets, ya pinchaba el hielo enGuadarrama. O se metían «en palabras mayores», como eran entonces LosGalayos, y «toda una aventura llegar hasta allí».

Precocidad

Cara norte del Vignemale. Maxi se inició en los Pirineos, "cuando sonaban a Pirineos".Cara norte del Vignemale. Maxi se inició en los Pirineos, «cuando sonaban a Pirineos».

1976. Con 16 años y sólo dos de experiencia de la vertical, «pero nossentíamos confiados y no tuvimos ningún problema», los Murcia se fueron apor la Oeste del Naranjo, por la Rabadá-Navarro y con un vivac,»como estaba mandado en aquella época». Y con las cletas, claro. Eseaño ya empezaron a trazar sus propias líneas, eligiendo zonas entonces casivírgenes como Villarejo (por ejemplo la Aguja de las Cuatro Puntas), que hoy»están acribilladas a vías».

Y en verano llegó el turno de los Pirineos, «cuando sonaba aPirineos», y de la norte de la Pique Longe, «una cara norte deambiente alpino». También descubrieron las tapias prepirenaicas, cuando enla pared de las Bagasses de Terradets era surcada por la CADE y pocasvías más. Sus placas eran todo un reto. Canto pequeño que con las cletas sehacía todavía más pequeño. Con el tiempo, se convirtió en una parada derelax al volver, por ejemplo, de los Alpes, «hartos de teleféricos ypalizas».

Armarios colgantes

Reunión en Sol Negro, pared sur del Gallinero, Ordesa.  - Foto: Col. Máximo MurciaReunión en Sol Negro, pared sur del Gallinero, Ordesa. – Foto: Col. Máximo Murcia

Siempre ha disfrutado viajando y conociendo nuevos lugares. «La riquezade un escalador está en moverte en todo tipo de rocas y de configuraciones,conocer gente y estilos de todos los lados. Eso da una mentalidad abierta, quedesgraciadamente no todo el mundo tiene, y genera bastantes conflictos en elmundo de la escalada. Visitar sitios, compartir experiencias y opiniones».Ordesa le impresionó mucho la primera vez, cuando escalaron el Tozal de Mallopor la ruta Francoespañola. «Eso sí eran palabras mayores, conaquellos armarios colgando y ese patiazo». Clavitos, drizas, cletas,bávaros y jerséis bonitos al estilo Rébuffat.

La Pirámide de Tacul fue su primer paso en Alpes, allá por 1978, una vezque «reunimos el coraje suficiente». Remataron con la cima del MontBlanc por el Espolón de Brenva, porque «es una montaña que hay que subiruna vez en la vida», aunque después, como guía, Maxi lo haya ascendidobastantes más.

Derribando barreras

Norte del Thalay Sagar, 1984. - Foto: Col. Paco AguadoNorte del Thalay Sagar, 1984. – Foto: Col. Paco Aguado

Con los 80 llegaron los pies de gato, «un invento que ha revolucionadola escalada00», y llegó el bloque en la famosa Pierre d’Orthaz de Chamonix(sí, sí, bouldering), los viajes al Verdón -donde compartieron vía con unacordada femenina en top-less-, y a la vuelta, sentirse imparables ycambiar radicalmente la escalada en libre en La Pedriza.

El Thalay Sagar en 1984 sirvió para derrumbar la barrera geográfica (salirdel continente) y la barrera mental. Con PacoAguado, Paco Murcia, Guillermo Mateo y Pedro Pablo González, se plantearonescalar la cara norte, «una idea muy ambiciosa, para la que sinceramentecreo que estábamos preparados». Un tiempo bastante malo unidos a otrosfactores hicieron que no subieran muy alto, «pero fue una experiencia muypositiva. Aunque la cima sí es importante, pero yo las actividades en montañalas mido por la experiencia, no por los resultados».

Gavarnie

Reunión en el océano de hielo de Overdose, Circo de Gavarnie. - Foto: Col. Máximo MurciaReunión en el océano de hielo de Overdose, Circo de Gavarnie. – Foto: Col. Máximo Murcia

Su siguiente gran descubrimiento fue el Circo de Gavarnie, «muydiferente al de ahora, cuando lo normal era escalar solo. Me quedéabsolutamente prendado». Con las barreras psicológicas completamentesuperadas, y viéndose con capacidad y encima material (los Supernova deCharlet-Moser, el primer prototipo de crampones monopunta), se metieron a por lacascada más grande, Overdose. Tras varios años e intentos, firmó conGuillermo Mateo la primera repetición en 1986 con un vivac. Años después,también firmó la segunda ascensión de Thanatos con el desparecidoJosé Luis García, e inauguraron además, el sector del Ático.

Como «siempre me ha gustado buscar hacer la máxima dificultad de la quefuera capaz», a Overdose le siguieron, en verano, grandes vías enlos Alpes, como la Directa americana (6c, 1.000 m) del Dru, «unavía de dificultad moderada», con su hermano Paco, y el Pilar Bonatti (700m) a la misma cumbre. Meses después, ya en invierno, dio el salto a Patagoniajunto a FernandoCobo con idea de abrir ruta en la Torre Egger, pero la línea ya estabacogida. Se mudaron a la cara sur de la Aguja Poincenot, hasta entonces sin vías,y dejaron la primera línea de 700 metros. Después entendieron por qué nadiehabía subido por allí: en Patagonia las caras sur son como las norte en losAlpes.

El Ogro

Vivac en la Ghilini/Piola, cara norte del Eiger. - Foto: Col. Máximo MurciaVivac en la Ghilini/Piola, cara norte del Eiger. – Foto: Col. Máximo Murcia

El Eiger le gustó y le gustó en invierno, aunque después de tres intentosno lo haya conseguido en dicha estación. Uno de sus intentos más serios fuecon Guillermo Mateo por la norte clásica, «vía técnicamente sencilla,pero de alta montaña, con muchos factores a controlar (tiempo, itinerario velocidad,etc), y encima en invierno». A pesar de ir muy bien equipados por su amigoPaco Aguado, una copiosa nevada les hizo renunciar. «El Eiger nos puso ennuestro sitio».

Volvió al Ogro en el 87, y sí logró escalar en tres días y dos vivacs la Ghilini-Piola,»una de las vías más duras de los Alpes en aquella época. Técnicamentedifícil, expuesta, unos 1.100 metros y todo vertical o extraplomado».También en Alpes, ha visitado paredes de otro estilo, como las de Wendenstock:roca excepcional, con vías equipadas pero expuestas, por la distancia entre losseguros. «Escalada de dificultad y autocontrol mental importante, que megusta y me da envidia. Aquí, en las paredes se mete mucho y guarrerías, allípoco y bueno. Puedes volar muchos metros, pero el seguro te aguanta. Me parecemás lógico».

Otra vía muy divertida, «y donde he pasado todo el miedo que hequerido», fue Naturaleza Salvaje (6c+), en La Visera, Riglos,abierta de nuevo junto a Fernando Cobo.

Himalaya y Karakorum

Maxi durante la apertura de Banana Mango Mix a la Gran Torre del Trango. - Foto: Col. Máximo MurciaMaxi durante la apertura de Banana Mango Mix a la Gran Torre del Trango. – Foto: Col. Máximo Murcia

«Fue una experiencia positiva, aunque no para repetir. Confirmé missospechas: los ochomiles no me gustan. Demasiados riesgos que no se puedencontrolar, y mucho sufrimiento para, en mi opinión, poca satisfacción».En 1989, Maxi visitó el Everest en una expedición cívico-militar, su primerHimalaya de gran altitud.

Al año siguiente tuvo la misma sensación en el Karakorum, «el paraísode la escalada», durante la apertura y filmación con Al filo de BananaMango Mix, a la suroeste de la Gran Torre del Trango. 2.400 metros, «teaburres de escalar». «Fue una experiencia positiva, aprendí muchascosas, pero que no repetiría, porque cuando vas a filmar estás trabajando, yyo voy a la montaña a divertirme y sin presiones».

Por ejemplo, en la norte del Eiger en 2000, cuando escaló El Canto delCisne (hasta 7a+) junto a un buen amigo, José María Polanco Chema.En definitiva, «que me sigue gustando subirme a las piedras».

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