REGRESA DE LAS TORRES DEL TRANGO

Edu Marín tras ‘Eternal flame’: “En alpinismo, es más importante el cómo”

Consiguió la primera repetición en libre de la icónica vía de la Nameless Tower después de una aventura en familia llena de épica, en la que pasó diez días solo a 5.600 metros. Ahora ya piensa en líneas de mayor dificultad en paredes a 7.000 metros.

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Edu Marín, su hermano Álex y su padre 'Novato' en la cima de la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).
Edu Marín, su hermano Álex y su padre ‘Novato’ en la cima de la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).

Edu Marín cerró el pasado 20 de julio el proyecto que había iniciado hace más de un año, con la repetición en libre de Eternal flame (1.150 m, 8a) en la Nameless Tower. El año pasado escaló la vía pero las condiciones meteorológicas no le dieron la oportunidad de hacerlo en libre. Este año, tras una permanencia de 28 días en la pared y diez días acampado solo a 5.600 metros, ha conseguido la liberación, que solamente los hermanos Huber habían realizado antes que él.

En su aventura, lo han acompañado su padre ‘Novato’ Marín y su hermano Álex Marín. Ha sido una expedición en familia, con todos los ingredientes de una actividad de alpinismo de alto nivel: secciones de escalada clásica, escalada en roca de dificultad y varios largos de terreno mixto para coronar una cima de 6.239 metros.

En una actividad como esta, Edu Marín lo tiene claro: “es más importante el cómo que el qué”. Y cuando habla del “cómo”, se refiere a que su equipo ha sido autónomo en la montaña, ha realizado todo el trabajo necesario de instalación de cuerdas fijas y campamentos de altura y, a pesar de las dificultades, se ha mantenido fiel al estilo elegido, es decir, escalada en libre y en un solo intento, sin bajar al campo base.

Los Marín ya están en casa tras regresar de Paquistán. Aprovechamos para mantener con Edu esta entrevista, en la que nos cuenta los detalles y entresijos de su aventura en las Torres del Trango:

¿Cómo resumirías en una frase lo que has hecho?
Es difícil resumirlo en pocas palabras, pero diría que hemos luchado contra viento y marea para conseguir realizar el proyecto, hacer realidad este sueño y venirnos victoriosos.

¿Cuál ha sido la clave? ¿El tiempo?
Al final, es cierto que hemos tenido mucha suerte con la parte que no controlábamos, la meteorología, porque a pesar de que hemos tenido días muy malos, las ventanas han sido ventanas: la primera fue de doce días –casi morimos de éxito, porque no queríamos reposar ningún día– y luego la segunda ventana tardó doce o trece días y fue de ocho o nueve días. Esto nos ha permitido hacer ataques serios y escalar todos los largos en libre. El año pasado, las ventanas fueron mucho más cortas, tuvimos menos margen de maniobra y eso complicó mucho el proyecto.

Y lo has hecho con tu padre y tu hermano…
Sí, estoy muy contento porque lo hemos hecho en familia. Fue una decisión arriesgada. Yo sentía mucha presión personal, porque al final era mi responsabilidad como guía de montaña, como hermano y como hijo que soy. Nos fuimos los tres allí y dejamos aquí a mi madre… me planteé muchas cosas, pero ellos aceptaron, nos preparamos bien para el proyecto y salió todo perfecto.

Una preparación que incluyó la previsión de ir pronto…
Sí, nosotros fuimos a principios de junio, un mes antes que los otros tres equipos de escaladores con los que compartimos campo base. Llegamos antes con el objeto de aclimatar y de poder hacer todo el trabajo previo que se tenía que hacer: montar los campamentos (CB a 4.000 m, Sun Terrace a 5.600 m y Snow Ledge a 6.000 m) y fijar las cuerdas estáticas para ir avanzando en el proyecto. Necesitas cuerdas fijas sobre todo si quieres filmar todos los largos, tanto para el documental que vamos a hacer como para tener pruebas de que la ascensión se hizo en libre; además, también por una cuestión de seguridad, por si viene un temporal y tienes que salir por patas.

Me gustaría recalcar que esa parte fue la más dura de todo el proyecto. Hubo que cargar más de 800 metros de cuerda hasta allá arriba, primero superando los más de mil metros de desnivel hasta el collado, luego escalar los más de 300 metros de la vía Eslovena y a partir de ahí seguir subiendo cuerda para fijar la Eternal flame.

Como comentas, este año ha habido cuatro cordadas en la Eternal flame, ¿cómo fue la convivencia entre todos?
Sí, la verdad es que creo que cada vez hay más motivación por intentar esta vía. El hecho de que se dé a conocer provoca que la gente tenga también más curiosidad… Las otras cordadas llegaron al campo base cuando nosotros ya lo teníamos todo prácticamente fijado. De esta manera, han podido aprovechar nuestro trabajo para sus respectivos proyectos: dos guías franceses de Chamonix escalaron justo detrás de nosotros para saltar desde la cima; los italianos Francesco Ratti, Alessandro Baù y Leo Gheza aclimataron aquí para luego ir al Uli Biaho; y Jacopo Larcher y Barbara Zangerl pudieron escalarla en libre en una ascensión rápida al disponer ya de las cuerdas fijas. Con todos hubo buen entendimiento y les dimos permiso para hacerlo. Con Barbara y Jacopo nos cruzamos en la Snow Ledge cuando ya bajábamos y acordamos que ellos desmontarían las cuerdas y las llevarían a Skardu.

Entonces, ¿nadie la ha hecho en estilo alpino de momento?
No, en estilo alpino, nadie la ha hecho. Los primeros que la hicieron fueron los Huber, quienes utilizaron el método de escalar la Eslovena, que son los primeros 300 metros, montar un CBA en la Sun Terrace (5.600 m) y desde allí atacar la Eternal flame.

Lo que se hace normalmente es atacar los largos que hay desde la Sun Terrace hasta la Snow Ledge (6.000 m) y, una vez has hecho estos 400 metros, avanzas y montas el siguiente campamento en la Snow Ledge. Desde este segundo campamento de altura acabas de atacar los largos duros y haces cima.

Piensa que es una vía muy compleja, que cuando hace frío se congela y cuando hace calor se derrite la nieve de las repisas. Todo eso hace que la pared esté mojada en muchos momentos. Es difícil encontrar la buena condición.

¿Cómo fue cada fase del proyecto?
Nosotros éramos un equipo autónomo. Llevábamos una infraestructura logística grande, con cuatro tiendas ligeras de alpinismo para montarlas en los diferentes campamentos, una hamaca y 900 metros de cuerda. Todo eso comporta mucho trabajo, de portear y fijar.

Aterrizamos en Islamabad el 2 de junio y llegamos al campo base (4.000 m) el 6 de junio. La primera ventana no llegó hasta finales de mes, con lo que estuvimos trabajando con mal tiempo, aclimatando y montando los campamentos.


 

Tuvimos mala suerte y, el 21 de junio a las dos de la madrugada, hubo una avalancha muy cerca del campo base, que estaba frente al collado, que provocó una onda expansiva que se llevó todo el CB. Destrozó la tienda de la cocina y la tienda comedor, y nuestras tiendas volaron literalmente 300 metros hasta otro glaciar, incluso la de mi padre dio varias vueltas de campana con él dentro y estuvo a punto de caer al lago. Fue una parte muy difícil del proyecto.

¿Pudisteis recuperar el material o lo disteis por perdido?
Estuvimos varios días para recomponer el material como pudimos (comida, ropa, tiendas…) y unos días después llegaron los porteadores con más tiendas, porque las nuestras estaban rotas.

Todo eso ya con el trabajo de fijar cuerdas avanzado… ¿cuándo te metes en la vía para ya no volver a bajar al campo base?
El 25 de junio me metí en la pared y ya no bajé al campo base.

¿Cómo fue ese progreso? Porque imagino que avanzaste mucho algunos días y en otros tocó esperar.
Claro, porque la opción por la que opté implicaba fijar la cuerda estática de un largo, para luego volver a subir y hacer el largo en libre. En muchos largos, fijé la cuerda y luego los encadené seguidos… por eso, cuando empecé a encadenar, encadenaba rápido.

Primero escalé la parte de la Eslovena, que para mí forma parte de la vía y es importante escalarla también, para llegar hasta Sun Terrace. Luego fijé los largos hasta Snow Ledge y liberé esos largos hasta Snow Ledge. Entonces es cuando viene la noticia de que llega mal tiempo y tomo la decisión de no bajar. Intenté aguantar en Snow Ledge, pero ya me dijeron que iban a venir vientos muy fuertes, que iba a ser difícil estar en la pared, y decidí bajar a Sun Terrace para hacer la permanencia allí. Estuve prácticamente diez días solo, en los que mi hermano subió una vez para traerme gas y comida.

¿Cómo se aguanta tantos días allí solo?
Estuve preparando el proyecto con el doctor Martí Catelló, médico especialista en ciclismo y deportes aeróbicos, y me dijo que era bastante arriesgado quedarme tantos días a 5.600 m y que eso me podía debilitar para luego seguir con el proyecto. Porque todavía me quedaba liberar los largos desde la Snow Ledge para arriba, incluyendo los largos quizás más difíciles: queda un 7b, un 7c+ que para mí es 8a, otro 7c… Era una decisión arriesgada en ese sentido, pero dentro de la ascensión que estábamos haciendo, ese era el estilo que más me motivaba: hacerlo en un solo pegue sin bajarme.

Fueron los momentos más duros. Fueron muchos días solo en una tienda en una repisa, con nevadas, mucho frío, con noches de hasta -15ºC, bastante viento… En esos momentos, me sirvió de inspiración el pensar que allí estaba mi padre con 70 años y mi hermano, dándome apoyo en un proyecto tan épico.

¿Estabais en contacto?
Sí, teníamos una radio y nos conectábamos dos veces al día para ver que todo fuera bien. Ellos estaban en el CB y me transmitían esa fuerza para aguantar.

¿En algún momento pensaste en bajarte?
No, no me lo planteé en ningún momento. Me mantuve siempre fuerte y motivado. Me había preparado durante casi dos años y no iba a abandonar.

¿Cómo os enteráis de que llega el buen tiempo?
Teníamos un teléfono satelital a través de la FEEC y estaba en contacto a diario con el meteorólogo Jofre Janué. Gracias a ello teníamos información de primera mano y, cuando llegaba la ventana, pude avisar a mi familia para que fueran subiendo, porque desde que ellos salían del CB hasta que llegaban a Sun Terrace pasaba casi día y medio. Ellos subían con muy mal tiempo, con la idea de que, cuando llegara el buen tiempo, nosotros ya casi estuviéramos en Snow Ledge.

¿Cuándo volvéis a tirar para arriba?
El 17 de julio subimos a Snow Ledge e hicimos cima el 20 de julio.

¿Cómo son esos largos? ¿Qué dificultades encontraste?
Llegamos a Snow Ledge y seguimos fijando largos para arriba y encadenando. Allí hay siete u ocho largos más de roca y otros cuatro de mixto. El largo que más me costó fue el L22, a unos 6.100 metros, que está graduado de 7c+ pero que a mí me parece más bien de 8a. Si lo comparo con los demás largos de 7c de la vía, me costó mucho más que un simple plus.

Además de ese largo, también me costó bastante el último largo para llegar a Snow Ledge, que es un 7c de fisura, donde tienes que escalar con pies y manos dentro de la fisura, un estilo que, a casi 6.000 metros, para mí fue todo un reto.

También la falta de oxígeno fue complicado, porque notas que enseguida te falta el aire y tienes que aprender a escalar muy tranquilo. He aprendido mucho en ese sentido.

Edu Marín en 'Eternal flame' a la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).
Edu Marín en ‘Eternal flame’ a la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).

Luego ya llegáis arriba tú, tu hermano y tu padre… ¿cómo es ese momento?
Dejamos fijados los largos de roca y a las cuatro de la madrugada atacamos ya la cima. Escalé los largos de mixto para llegar a la cima, en los que no me encontré tanta nieve como el año pasado, debido a que este año ha hecho más calor.

Yo iba abriendo largos y fijando las cuerdas, y mi padre y mi hermano me seguían yumaerando. Iban muy cansados y a mediodía hicimos cumbre.

¿Qué tal las sensaciones?
Fue muy emocionante esos últimos metros hasta la cima. Fue increíble estar en la cima y ver cómo mi padre se esforzaba durante más de veinte minutos subiendo esos últimos 40 metros, porque estaba completamente exhausto. Su objetivo era llegar a la cima, darme su apoyo, y lucharon hasta el final. Nos abrazamos en la cima y fue un momento realmente especial.

Y tú padre con casi 70 años…
Sí, tiene 69 y el 13 de octubre cumple los 70. ¡Qué mejor regalo! No creo que haya personas de esa edad que hayan hecho cima en las Torres del Trango. Hacerlo con sus hijos sido un sueño más para él. Es cierto que le costó un poco más aclimatar, pero una vez logrado, ha sido uno más del equipo y ha aportado toda su energía y vitalidad, que no es poca.

¿Qué valoración final haces?
Todavía estoy asimilando todo lo que hemos conseguido, pero muy feliz de haber soñado con algo tan grande y dos años después haberlo conseguido. A pesar de los problemas que tuvimos con el equipo el año pasado y de todos los problemas que hemos tenido este año. Por cabezones, lo hemos conseguido. Es verdad que era una apuesta arriesgada, porque mi hermano era el primer big wall que hacía y nunca había estado en altitud, y para mi padre con 70 años era una actividad muy cañera… Quizás no son deportistas de élite, pero sabía que todo lo que tuvieran me lo iban a dar. Hemos hecho un equipo muy fuerte y, sobre todo, le hemos puesto mucho corazón.

Lo más bonito de este proyecto, más allá de la primera repetición en libre, es hacer algo así en familia, con mi padre y mi hermano.

También decías, antes de ir para allá, que en caso de tener éxito esta expedición te iba a abrir las puertas a otro tipo de aventuras. ¿En qué piensas?
El año que viene, en verano, no voy a volver a Paquistán, sino que voy a hacer otro tipo de proyectos que ya tengo en mente, pero no descarto volver en un par de años a intentar escalar alguna pared de mayor altitud y buscar un itinerario un poco más complicado. Me motiva mucho la escalada en altura, creo que es un terreno de juego en el que me muevo bastante bien y aclimato bastante bien… Estoy estudiando ya varias posibilidades para intentar escalar paredes de 7.000 metros y buscar dificultades un poco más elevadas.

¿Dificultades más elevadas en roca?
Sí.

¿Existe algo así o lo vas a tener que crear?
Medio existen vías en artificial, pero creo que hay posibilidades de encontrar paredes con esa altitud y con más dificultad. Al final, Paquistán es un terreno de juego donde hay mucho por explorar y por descubrir, con paredes olvidadas y proyectos que quizás también están olvidados. Hay que acabar de sacarle punta al lápiz, pero seguro que en los próximos años pasaré bastante tiempo allí.

Edu Marín en 'Eternal flame' a la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).
Edu Marín en ‘Eternal flame’ a la Nameless Tower (Foto: Álex Marín).


 
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Comentarios
2 comentarios
  1. Eternal flame como primer big wall…..y Novato rozando los 70….desde luego que la familia Marin es única en el mundo y por ello consiguen alcanzar sueños únicos…

  2. Gran esfuerzo y buena recompensa. Enhorabona a tots 3!!

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