'Erori eta altxa' en Peña Ezkaurre/Ezcaurre

Caer y levantarse: la escalada como filosofía de vida

El escalador Iker Uranga relata en este artículo su repetición a la vía ‘Erori eta altxa’ (Caer y levantarse en euskera) de la Peña Ezcaurre, compartiendo interesantes reflexiones que revalorizan la escalada como escuela de vida.

Peña Euzkarre. Foto: Iker Uranga
Peña Euzkarre. Foto: Iker Uranga
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Este no es un artículo convencional como los que habitualmente publicamos relatando actividades destacadas de escaladores o alpinistas relevantes. En este caso compartimos una historia de una escalada «normal», que seguramente está al alcance de muchos lectores de esta web, realizada por Iker Uranga: un escalador «normal», muy fanático (actualmente con un nivel de 7c a vista, con 46 años) que, además de amante de las paredes, es padre de familia (1 hijo y 2 hijas) y tiene un trabajo «normal» (profesor de ciencias en Secundaria, aunque es ingeniero agrónomo y durante años trabajó en desarrollo rural en múltiples países)…

Esta «normalidad» fue lo que nos convenció de su propuesta: «Siempre he creído que publicar vías de 9b+, o ascensiones extremas en el Himalaya está muy bien, pero para personas de 40-45 años que tenemos hijos, que mantenemos nivel en escalada decente, que hacemos escalada en pared, BTT, aventuras y expediciones con críos, que asumimos riesgos pero hasta cierto punto… Quizá con las publicaciones actuales de superhombres/supermujeres no se esté llegando a ese sector».

Por tanto, generar empatía, motivar a la comunidad escaladora y compartir interesantes datos y reflexiones son algunos de los objetivos de este artículo en el que Iker nos cuenta su escalada a la Peña Ezcaurre por una ruta de simbólico nombre… Le cedemos la palabra:

Iker Uranga en 'Erori eta altxa'. Foto: Ander©
Iker Uranga en ‘Erori eta altxa’. Foto: Ander©

«Caer y levantarse. Caer y levantarse (de nuevo) Ese es el nombre de una vía de escalada. La recomendación de esa escalada en pared me llegó de parte de Martxel, amigo y guía UIAGM de alta montaña.

Erori eta altxa fue abierta por Luzio Egiguren en el 2012, un año después del accidente que tuvo en la misma, cuando se le saltó un friend abriendo en solo, desde abajo. Cayó. Se rompió el calcáneo, lo rescataron… y tuvo que volver a levantarse. Terminó su vía al año siguiente: 320 metros, 9 largos, semiequipada, 6b+/A0, cima en la Peña Ezcaurre (2045 m).

Hablo con Ander, escalador navarro afincado en Etxauri, y la decisión es compartida: Erori eta altxa. La longitud de la vía, su desenlace en cima y su nombre, nos atraen. Caer y levantarse. Caer y levantarse (de nuevo).

Iker Uranga con su hijo y sus dos hijas. Foto Iker Uranga©
Iker Uranga con su hijo y sus dos hijas. Foto Iker Uranga©

El que escribe, antes de ser aita (padre en euskara), apasionado de Etxauri, también de la escalada de largos. Después, un hijo en el 2012, gemelas en el 2016, y de postre problemas digestivos de nombre no grave, y de apellido “crónico”. ¿Crónico? Ya veremos. A levantarse. Mi pareja, mi mejor y a menudo mi único parabolt.

Un amigo de los de verdad me dijo “no pienses, escala”. Ya había vivido él lo mismo en carne propia. No pienses, escala.

Mucho antes lo dijo el misterioso y gran Kurtyka: «Escalando superas tu propio miedo y las limitaciones humanas«. Pero no es fácil, porque “el miedo no es una lagartija veloz, es más difícil de espantar. El miedo es una sombra rastrera”. Y también lo es el dolor.

“Caer y levantarse”. “No pienses, escala”.

En el libro Maharajá chino cuenta Voytek: Jakubek inició la conversación con un:

Si una mosca te zumba cerca de la nariz, te caerás escalando.

—¿Cómo?, ¿qué dices?

—Bastará con un estornudo para que te caigas.

Esa conversación terminó con lo que es la esencia, la canela en rama: «Controlar los pensamientos exige una gran destreza. Apaciguar la mente es un verdadero arte; aniquilarla es maestría».

La vía ya está elegida. A escalar, a disfrutar del monte, y a salir por la cima del Ezkaurre. Como solía repetirme de niño un sabio sin necesidad de estudios: «»Más no hace falta«.

Línea de Erori eta altxa, Euzkarre. Foto: Iker Uranga©
Línea de Erori eta altxa, Euzkarre. Foto: Iker Uranga©

Ezkaurre. Segundo dosmil occidental tras el Orhi. En la muga (frontera) entre Aragón y Navarra, situado entre los valles de Zuriza y el Roncal. Ezkaurre se creó en el Terciario cuando se llevó a cabo la compresión pirenaica. Los geólogos lo llaman pliegue anticlinal, el resto de los mortales, monte. Si nos alejamos y miramos desde el cielo, Ezkaurre tiene forma de luna menguante: la orientación noroeste del monte sería la curvatura exterior (combinación de rocas y prado, por ahí va la ruta “normal” a cima), y la sureste representaría la curvatura interior lunar, un semicírculo de caída vertical (300-350 m) y pedrera muy inclinada cubriendo su base.

Volvamos a tierra, y tiempo atrás. Ezcaurri en aragonés, Ezkaurre para los navarros. Junto a Zuriza, sorprendentemente para la mirada actual y para Google earth, en el pasado fue un espacio de paso para el comercio. Mercancías y ganado se intercambiaban entre Occitania, Navarra y Aragón. Tras la Guerra Civil, esta zona fue utilizada por los maquis como lugar de resistencia. Pero no me quiero enrollar (más). Vamos a iniciar la escalada, al lío:

Nos despertamos pronto, desayuno “rural” con huevos, jamón y café, y al rato de caminar y haber cruzado un hayedo, bordeamos el anticlinal de Ezkaurre por su arista oriental. Entramos a la pedrera del circo sureste; vamos sudorosos hacia la ruta en estilo caprino, hasta que identificamos la vía y nos preparamos para comenzar los más bonito, escalar: transformar el miedo en confianza, el ruido mental en silencio, los pasos duros en armonía y movimiento, y el asegurador en amigo con destino común.

El primer largo comienza con dos fisuras paralelas que ascienden por una vertical y lisa placa gris. El croquis lo marca de 6c. Comienzo yo, la fisura es peleona, los pies son pequeños, menos mal que deja empotrar alguna mano y meter algún cerrojo de dedos para facilitar la subida de pies. Se va dejando domar. Ander la escala en modo diesel, comienza un poco agarrotado pero ya va entrando en calor hacia el final. R1.

Iker Uranga en 'Erori eta altxa'. Foto: Ander©
Iker Uranga en ‘Erori eta altxa’. Foto: Ander©

Ander lidera el segundo largo: un 6b con una fisura abierta que invita a escalarla en bavaresa; la fisura es improtegible con los Camalots azules y amarillos; toca buscar alternativa y Ander las encuentra metiendo los empotradores en fisuras finas cercanas. Solvente, como siempre, llega a reunión. Sigo su camino y estamos en R2.

Los siguientes dos largos son técnicamente muy fáciles pero en travesía hacia la izquierda sobre roca precaria; hay que ir “tocando puertas con nudillos” para, en función del sonido que emiten, coger uno u otro “asidero”, que diría alguna abuela de la zona. Tensión. Tranqui. Apacigua. Prisa mata. Llegamos a R3 y R4.

Entro en el siguiente largo de 6c: 50 metrazos de caliza perfecta que combina diedros, fisuras y placa. Algunos dirán que es más de 6c, otros que menos, otros dirán que el paso duro es más fácil para altos, estos responderán que tranquilos, que el tamaño dicen que no importa (tanto). Lo que sí importa es que este largo es una maravilla de la naturaleza; te deja moverte, avanzar, protegerte bien, y exige apretar lo justo. Reunión. Ander va cada vez más ligero, midiendo muy bien cuándo hay que respirar y templar, cuándo correr. Va fluido. Llega a reunión. R5.

Ander va a por el largo 6. Es un 6a+ que desde la reunión se ve «raro»: algún agujero con humedad, mucho liquen… Ander supera la zona húmeda, afronta el diedro-chimenea con liquen buscando alternativas por el exterior y sale a repisa. Llego y seguido voy a por el siguiente, un 6a+: escalo, escalo, escalo… ya llevo 40 metros y no aparece la reunión que “debiera”; sigo, y sigo… y termino escalando como un burro con su atelaje, tirando de una cuerda que roza y pesa demasiado. La cabeza busca respuestas (“Si me he pasado la reunión espero que el croquis esté mal porque 45 metros del 6a+ y los siguientes 40 metros del 6b suman más que la longitud de la cuerda que tenemos”). Miro hacia arriba, veo una repisa…. Y ahí está la reunión, ¡subidón! La medición de los metros en el croquis que tenemos está mal. Pues menos mal. Estamos en R8. Al rato llega Ander con su casco naranja ochentero y sus pasos de escalador técnico deportivo. En libre como siempre, aunque “no daba pereza, ¿o qué?”, dice el tío. Daba más “o qué”, realmente.

Los siguientes dos largos, una trepada y una chimenea final de transición. ¡Estamos en la cima! Abrazo de cordada.

Nos quedamos un rato sentados, cada uno a su aire. Bonitas vistas del valle de Zuriza con la niebla entrando por el este, los buitres vuelan ya por debajo de nosotros, algunos treparriscos revolotean rozando las paredes en su loco vuelo, y más abajo el bosque de pinos y hayas terminan por engullir la pedrera. Erori eta altxa, a vista y al punto (rojo), que colorearía Kurt. Más no hace falta. A gusto.

Da igual el “grado” de cada uno, el nivel físico, técnico y mental de cada cual; si se elige una vía que vaya acorde con la cordada que vaya a escalarla, ya sea para fluir o para empujar los límites, ese día se convierte en exploración, en la superación de preocupaciones mentales, en la eliminación de ruidos urbanos, en complicidad, y en compañerismo. Y los dolores menguan, se transforman.

Iker Uranga en 'Erori eta altxa'. Foto: Ander©
Iker Uranga en ‘Erori eta altxa’. Foto: Ander©

La próxima vía de Ansó será una de Christian Ravier y Martín Elías: Calizadictos. Porque así somos. Y si en la aventura toca caer, nos seguiremos levantando, siempre. Eskerrik asko, Luzio».

Iker Uranga

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Comentarios
1 comentario
  1. Me gusta este artículo, una lectura amena de una actividad cercana y bonita. Me parece un acierto.


 

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