Bronwyn Hodgins no es una escaladora deportiva al uso. Sus intereses en el mundo vertical se dirigen más hacia las grandes paredes y las expediciones a lugares remotos, que es donde esta canadiense se desenvuelve mejor. En su historial, figura una de las pocas ascensiones en libre de Golden gate (34 largos, 5.13a) en El Capitan, así como la participación en una expedición de más de dos meses de escalada y exploración en kayak en Groenlandia en 2022.
Todo lo que conlleva una expedición de ese estilo, tanto a nivel mental como logístico, la dejaron un poco saturada y durante 2023 se ha refugiado al calor de la escalada deportiva, en lugares como Turquía o España, donde ya había escalado anteriormente y conocía escuelas como Oliana o El Chorro. En esta ocasión, ha vuelto a optar por Andalucía y ha buscado un proyecto que la llevara hasta su límite máximo.
El proceso en La Rubia
La línea elegida fue La Rubia 8c+ de Villanueva del Rosario, un itinerario de 55 metros de recorrido abierto por Christian Lupión y que se ha convertido en toda una referencia en el sector. Vio la vía por primera vez en marzo del año pasado, cuando empezó a entrenar a las órdenes de Maddy Cope. Entrenó a conciencia durante ocho meses, para a continuación instalarse en el sur de España durante dos meses y medio para centrarse en su proyecto.
No las tenía todas consigo. Hasta aquel momento, Bronwyn Hodgins solamente había escalado un 8b+ como vía más dura de su libreta y el salto era importante. “Fue muy intimidante”, reconoce ella misma, “sentí que quizás había soñado con algo demasiado grande esta vez”. Poco a poco, fue encontrando sentido a varias secciones de la vía, hasta que finalmente consiguió encajar todas las piezas y hacerse con el encadenamiento el pasado 28 de febrero.
El aspecto mental fue uno de los mayores desafíos para ella: “Fue duro; sentía que tenía algunas de las herramientas de la escalada libre de big wall, como la de rendir bien bajo presión y la de visualizar y ejecutar las secuencias, pero no tenía experiencia en centrarme en un proyecto por tanto tiempo, ni de lejos”. Pese a todo, los progresos fueron llegando, lentos pero continuos.
En el pegue del encadenamiento escaló con mucha fluidez y seguridad, más rápido que en ninguno de sus intentos anteriores, hasta la última chapa, donde se había caído en su último pegue. Decidió saltarse la última rodilla para no tener demasiado tiempo para pensar y se lanzó a por ese último largo movimiento sin dudarlo. “Todavía no me puedo creer que mis dedos se cerraran sobre esa presa”.








