En el valle de Carranza, Vizcaya

Black Cave (420 m, A4/V+), la nueva apertura subterránea de Pelut y Nofre

El mismo David Palmada ‘Pelut’ nos ofrece un largo e intenso relato sobre su apertura de una vía por una gran bóveda en la que, junto a Ernesto Belenguer ‘Nofre’, pasaron 12 días abriéndose paso entre formaciones subterráneas. Recabar información para próximas exploraciones espeleológicas fue el otro objetivo de esta oscura aventura.

Ernesto durante la apertura de Black Cave
Ernesto durante la apertura de Black Cave
David Palmada 'Pelut' | No hay comentarios |

Los humanos somos tan sumamente tontos que solo falta que digas “¡nunca más hare esta mierda!” para que pasen unos días y solo te acuerdes de lo bueno… Eso me ha pasado con el Black hole, después de hacer con Ernesto ese pozo infernal y decirme a mí mismo “nunca más” aparece Andeka, un vasco fuerte y motivado que, sin conocerme personalmente, le comenta a mi amigo Robert (espeleólogo y técnico vertical): “Oye, dile al Pelut que ya que se han escalado el pozo vertical más grande de España, a lo mejor le molaría escalar la gran bóveda de la Sima del Carlista, la cavidad subterránea más grande de España y una de las más grandes del mundo”.

Y así lo hizo Rober, sin más, me manda una fotito de la gran Sala del Carlista…y a la hemos vuelto a liar, es ver esa foto y encenderse ooootraa vezz la llamarada del deseo de bajar al lado oscuro.

Así que una vez más acababa de surgir un nuevo proyecto, eso sí, un proyecto muy diferente y motivador. La propuesta de bajar a intentar escalar la gran bóveda del Carlista viene acompañada de una gran idea de Andeka y Rober de poder explorar la infinidad de tubos y galerías escondidas que se encuentran en la parte alta de los techos de la bóveda, así, al pasar escalando, podemos ir viendo si hay alguna galería o conducto que nos de la sensación de continuidad para poder hacer una exploración en un futuro para documentar. Así pues, esto sería una escalada con un doble fin y no hay nada que me motive más que poder interactuar y aportar con toda la comunidad local.

Encontrar un compañero fue rápido, tenía clarísimo que Ernesto no se iba a negar. Quedaba por hacer pedir los permisos y poner fecha para hacer una primera inspección a la torca y ver si era factible escalarla o no. Rober hizo todos los papeleos, se unieron a la incursión grandes fotógrafos subterráneos (Vicent Barraquet y Sarai Ram) y hasta Eva como enfermera particular del equipo.

Primera incursión

Tras la quedada en Ramales de la Victoria y conocernos todos en persona, nos vamos todos de domingueros subterráneos a la torca. La entrada es ancha y cómoda, lo que ya nos gustó. Dos rápeles no muy largos nos dejan a pie del gran volado de 90 m de la sima. Empiezas a descender y a los pocos metros te empiezas a dar cuenta de la magnitud del proyecto, de la inmensidad de la sala y del súper mega ambientazo místico y mágico que allí dentro se alberga, el corazón me late fuerte, entre un estado de excitación y miedo… Un miedo que no es muevo pero un miedo que es real y que aumenta cuando enciendo mi linterna de 12000 lúmenes y no doy crédito a lo que alcanzan a ver mis ojos. Una sensación de mareo y descontrol me empiezan a poseer, veo líneas imaginarias por toda la bóveda, desorientándome y sin poder conectar ninguna línea. Apago la luz y desciendo a todo gas. Necesito tocar suelo.

Ni Ernesto ni yo damos crédito a lo que vemos: un templo gigante del desplome. La sala es un caos de bloques gigantescos que, evidentemente, han caído de arriba, formado esa increíble bóveda. Sin más pérdida de tiempo nos vamos hasta el final de la torca donde está el “sifón terminal”… Ya de subida el tema está clarísimo: señores hay línea.

Sin esforzarnos mucho ya hemos visto dos tubos gigantes en toda la bóveda, a los que llamamos “los ojos dé Satán”, así que la primera parte de la escalada será conectar con esos ojos. La línea se ve bastante seca, eso me hace sentir que vamos a disfrutar.

Panorámica de la bóveda (se aprecian los "ojos de Satán" arriba), apertura de Black Cave
Panorámica de la bóveda (se aprecian los «ojos de Satán» arriba), apertura de Black Cave

Los preparativos

Con los deberes hechos y la motivación a full gas volvemos a nuestros hogares a empezar a digerir todo lo que se avecina…

La cueva se encuentra ubicada en Karrantza, Bizkaia, ocupa un área de 103115,41 m2 y tiene un volumen de 2,2 millones de metros cúbicos. La leyenda cuenta que un oficial carlista perseguido por los liberales cayo allí, desapareciendo para siempre… Pero realmente lo que a nosotros nos interesaba es su gran sala GEV que es el tercer espacio subterráneo más grande del mundo por área y el décimo por volumen, y en Europa es la sala subterránea más grande localizada bajo superficie y la segunda en volumen. Y cuando echas un ojillo a los números ya ves como las gasta la torca: 497 m de largo por 287 de alto y 97 metros en su punto más alto del techo.

Así que, con los números hechos, preparamos todo para dos semanas de expedición subterránea. Andeka y “el maño” nos echan una mano con los porteos (como siempre no hay palabras suficientes de agradecimiento) y, tras varios porteos y muchas picaduras de garrapatas, Ernesto y yo ya nos encontramos instalados en fondo del carlista, preparados para no salir hasta terminar nuestra ruta. Lo que dicen de “la experiencia es un grado” os puedo asegurar que es bien cierto pues lo que tuve bien clarito desde un principio es que, a diferencia del Black Hole, aquí montaría un “cómodo punto caliente/base camp” en el suelo, pudiendo bajar cada día después de escalar a descansar y darnos así un poquito más de calidad de vida y disfrute en general.

Empieza la escalada

Empiezo con el primer largo entre un coctel de nervios y excitación por saber que empezamos pero no tenemos muy claro hacia dónde… Sin darme cuenta estoy escalando un gigantesco desplome que me empieza a dejar ver la magnitud del proyecto, transportándome a un mundo fantástico de sombras y estructuras alucinantes… Tanto Ernesto como yo sabemos que esta escalada va a ser mucho más dura que el Black Hole, aquí no se puede jumarear por la cuerda para desmontar los largos, aquí hay que escalar tanto de primero como de segundo, con la suma de tiempo que ello conlleva.

Descendiendo previo a la apertura de Black Cave

La línea escogida sigue un sistema de fisuras por toda la bóveda que a priori desde el suelo se ve factible, pero una vez estás escalando todo se magnifica. Increíbles formaciones escondidas jamás vistas por nadie (simplemente porque si no pasas escalando por allí desde abajo es imposible verlas), lo que todavía nos motiva más.

Aprendemos rápidamente a leer la pared y ver que la línea no es tan seca como parece, empiezan a aparecer fisuras “llenas de barro-mayonesa”, difíciles de limpiar y que obligan a prestar más atención de lo normal con los friends para que no patinen…

Pelut durante la apertura de Black Cave

Poco a poco nos vamos adaptando a nuestra nueva vida, por más que lo intentamos no conseguimos mantener una rutina horaria estable, la total oscuridad y el silencio que reina allí abajo te hacen perder la noción de todo y, por más que intentes mantener un horario, siempre acabas dándole la vuelta al reloj.

Andeka nos visita un par de días para asegurarse que todo vaya bien y poder pasar noticias al exterior, y eso es una cosa que psicológicamente te relaja muchísimo, el saber que dentro de tu soledad no estás solo del todo. Él nunca nos contó nada del exterior, simplemente se limitó a decir que a fuera todo estaba bien, porque al final cuando estás confinado, cualquier noticia del exterior lo único que pueden provocar es desconcentrarte y sentir añoranza.

En la ratonera…

Seguimos escalando y cada vez más me da la sensación de estar en la “cueva de las monjas” de Vilanova de Meià, el templo de los techos y desplomes. Un increíble vacío va quedando bajo nuestros pies y, siempre progresando en transversal ascendente, vamos dibujando una línea por los techos del Carlista digna de los mejores sueños de cualquier escalador de artifo. Cada metro me hace darme cuenta que esta vez sí que hemos acertado, y de repente zaaass allí los tengo…Los Ojos de Satán justo encima de mí, dos enormes tubos que salen disparados hacia arriba quién sabe dónde. Me tomo mi tiempo y lo fotografío todo para poder analizarlo en un futuro y poder volver a explorarlos. Voy sintiendo que todo va cobrando sentido, realmente me cuesta mucho poder plasmar en estas líneas esas emociones sentidas allí colgado, solo sé que vamos siguiendo el flow que la bóveda nos marca… Aaaah, pero bien, amigos, como siempre no todo es tan bonito como lo pintan. Llego a un gigantesco techo completamente fisurado y con gigantescos bloques completamente inestables que me impiden bordear hacia la izquierda para poder seguir a la derecha, buff… Me siento acorralado, atrapado en una ratonera en la que, mire donde mire, todo tiene pinta de venirse abajo. Damos el día por finalizado y bajamos a estudiar la ruta desde abajo.

Antes de bajar siempre dejábamos una cinta reflectante y un par de luces químicas en la última reunión alcanzada para poder situarnos desde abajo, porque os puedo asegurar que además de marearte, pierdes completamente la orientación.

Apertura de Black Cave
Apertura de Black Cave

Hablando con las formaciones

Desde abajo y con mi súper foco creo encontrar la conexión con la parte superior, solo que tendremos que cruzar el gigantesco techo de bajada, al cual, en honor a mi desaparecido gran amigo Javi Mercuri, bautizamos como Techo de los Retornados.

Paso horas tomando puntos de referencia y dejando reflectantes abajo en el suelo que me marquen la dirección a seguir una vez arriba y no errar la ruta, y ahora os puedo decir que es uno de esos largos más bonitos, locos y estéticos que escalado jamás… Sencillamente brutal, entre estalactitas gigantescas e infinidad de tubos cristalinos, allí arriba en suspensión, esquivando todos y cada uno de ellos, en una danza de silencio y precisión que me hacen sentir privilegiado de poder sentir la madre tierra tan cerca. Hablo con las formaciones, quedo hipnotizado admirando su belleza y sus formas caprichosas mientras sigo avanzando entre tan bello espectáculo. Esa noche ya en el base camp estamos felices porque sabemos que ya estamos fuera de la primera bóveda y desde este punto ya vamos en ascensión positiva a buscar la conexión con la entrada de la cueva.

Van pasando los días y como hormiguitas vamos creando nuestro caminito por toda la gran Bóveda del Carlista, siguiendo lo que la piedra nos marca y conectando secciones con galerías tubos y más cosillas interesantes que campan a sus anchas por ahí arriba. La escalada es técnica y estética, dándole de vez en cuando algún sustillo a Ernst cuando se le salta alguna pieza del puzzle y sale volando, yo acojonado y él partiéndose el pecho…

Pelut en la apertura de Black Cave
Pelut en la apertura de Black Cave

Los colmillos blancos de Satán

Sin darnos cuenta estamos ya en la recta final para poder conectar con la entrada a la cueva en el gran pozo de 90, después de pasar secciones realmente bellas… El topo más que una reseña parece un mapa del tesoro, porque os aseguro que si no lo podéis ver con vuestros ojos es muy difícil de imaginar todo lo escrito y reflejado en este trozo de papel. Largos donde de repente te ves en mitad de la oscuridad escalando en libre con unas formaciones impresionantes y todos los seguros flotantes a base de Totems y puentes de roca que te hacen sentir Alex Honnold por unos instantes, y de repente te vuelves a encontrar en una sección de barro blanco con goteo constante de agua donde, aparte de mojado quedas tú y todo el material hecho una mierda deseando que acabe ya ese suplicio de largo, pero aún no has salido de esa sección y ya estás viendo el próximo largo que te hace empezar a olvidar todo lo que estas sufriendo en ese momento, fisuras perfectas, secas en una belleza sin igual. Es como si la cueva se estuviera apoderando de mí y cada vez me incitara más a ir descubriendo sus rincones.

Por fin, después de casi 12 días, teníamos claro que veíamos la conexión final con la cabecera del pozo de 90 metros. Según mis cálculos, con un par de largos conectábamos, así que nos relajamos un poco… Con el horario completamente perdido vamos a darle a la última parte, donde para calentar abro otro largazo estrella “Los colmillos blancos de Satán” un súper desplome húmedo y blanco evidentemente entre un mar de formaciones alucinantes, un largo en travesía ascendente que me depositó en una repisa muy buena donde descubro otra galería nueva…

Cerca del final, o casi…

Desde la repisa ya puedo divisar la cabecera del pozo por donde 12 días atrás entramos, un largo y conectamos… Un largo que, mientras Ernesto desmontaba los colmillos blancos de Satán, yo estudiaba y cuando llega Ernst le digo “esto está hecho, salgo en libre por aquí”…

Pelut y Nofre en la apertura de Black Cave
Pelut y Nofre en la apertura de Black Cave

La teoría era muy bonita, al principio todo bien, pero de golpe y porrazo todos esos agarres imaginarios de roca blanca y sólida se desvanecen convirtiéndose en un barrizal de más de medio metro de profundidad donde ni tan si quiera los clavos se aguantaban… Primero me hizo gracia, después pasan los minutos y no consigo avanzar, me empiezo a acojonar, estoy en un punto de no retorno, he caído en mi propia trampa, en mitad de ese muro blanco putrefacto empiezo a dudar si realmente seré capaz de llegar a esa puta reunión que tengo a tan solo unos metros a la derecha y encima de mí… Tal es la desesperación que me cuestiono el terminar la vía allí mismo, porque además toda la mierda y piedras que tiraba alcanzaba a Ernesto de lleno en la reunión, y eso no era nada bueno, momento duros y estresantes…

Me tomo unos minutos para respirar, tomarme un gel que me despeje la mente y visualizar una posible conexión, y buahh.. con sumo cuidado voy saliendo a izquierda del barrizal de la muerte para encontrar roca un poco más compacta (tampoco para tirar cohetes) y aquí escalo otro de esos largos locos que te hacen recordar lo guapo que es el artifo, un largo que termina siendo acrobático después de toda la sección de la muerte, te conduce entre un sándwich de piedra offwith que apenas te pasa el casco donde después de arrastrarte un rato y con los pies volando te llevan al otro lado de la sección y de allí y unos pocos metros más ya te encuentras a 5 metros por encima de la cabecera del pozo, nuestra salvación… Es tal el roce de cuerda que llevo que casi no puedo ni descender los 5 metros que me separan hasta la reunión, pero por fin y después de más de 24 horas de actividad, Ernesto y yo nos abrazamos en la cabecera de inicio donde 12 días atrás habíamos bajado en busca de una nueva a ventura, y os puedo asegurar que la tuvimos, esta es una de esas que perdura, una escalada diferente mágica y donde todas las preguntas que te hagas la respuesta será si valió la pena.

Andeka, Ernesto y Pelut tras la apertura de 'Black Cave'
Andeka, Ernesto y Pelut tras la apertura de ‘Black Cave’

El resto es más de lo mismo, recoger toda nuestra mierda y algún regalillo extra encontrado del pasado, empaquetar y subir con toda la calma con un par de duros días más de desporteos y demás donde volvimos a contar con la ayuda infinita de Andeka y el maño.

PD: cuando escribes un artículo como este y tú mismo te emocionas es que algo ha calado muy hondo dentro de ti, simplemente gracias a todos los que estáis y los que no estáis, pero también estáis… Seguiremos soñando.

Black Cave (420 m, A4/V+)

  • Abierta por Ernesto Belenguer ‘Nofre’ y David Palmada ‘Pelut’ en 12 días consecutivos del verano de 2021.
  • Gran bóveda de la sima de la Torca del Carlista, valle de Carranza (Vizcaya); llamada “sala GEV”, es la sala subterránea más grande localizada bajo superficie y la segunda en volumen superada únicamente por la Salle de Verna, en Francia.
  • Dimensiones: 497 m de largo por 287 metros de alto y 97 metros en el punto más alto del techo.
Topo Black Cave. Pelut©


 

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