EXCESO DE ESQUIADORES

Alud a principio de temporada

A principio de temporada, cuando la estación de Astún (Pirineo aragonés) no había abierto, un esquiador provocó un alud que sepultó parcialmente a otro esquiador que circulaba por debajo. La nieve recién caída y la meteorología previa aconsejaban máxima prudencia.

Autor: Comité de SEGURIDAD de la FEDME | No hay comentarios | Compartir:
Así quedó el protagonista de este incidente. Cualquiera en su situación también sonreiría y se felicitaría por su buena suerte.
Así quedó el protagonista de este incidente. Cualquiera en su situación también sonreiría y se felicitaría por su buena suerte.

Durante toda la semana se habían sucedido varios frentes cálidos y fríos alternando lluvia y nieve según fluctuaba la isoterma cero. En el valle del Alto Aragón la zona la precipitación había sido considerable (unos 100 mm), siendo agua en cotas inferiores a los 2000 metros y nieve por encima de los 2400. Los protagonistas de este incidente decidieron ir a hacer una travesía en esquís basándose en una ventana de buen tiempo justo después de las nevadas.

No consultaron los partes meteorológicos oficiales de nivología pues no se había iniciado la temporada, pero visitaron algunas páginas web donde nivólogos expertos hablaban de deslizamientos basales en cotas medias y bajas con más probabilidad en caras sur y al mediodía, y placas de viento en cotas altas y orientaciones este y sur tanto naturales como accidentales.

Los protagonistas del incidente son una pareja de montañeros, uno de ellos con más de treinta años de experiencia. Ambos han realizado cursos de formación en esquí, seguridad en nieve y rescate en avalancha, etcétera y ambos iban bien equipados con DVA, pala y sonda.

Relato del protagonista

Al llegar al aparcamiento de la estación de Astun (1600 metros de altitud) la acumulación de nieve era de unos cuarenta centímetros. En esos momentos estaba nublado y nevando y la visibilidad era de unos cien metros. Entre las diez y media y las once paró de nevar y se disipó ligeramente la niebla. Iniciamos entonces el itinerario siguiendo la traza abierta por otros esquiadores que nos precedían que iba desde el aparcamiento de la estación hasta la zona de Truchas. Desde un primer momento notamos que íbamos a tener mucha compañía de otros esquiadores que, como nosotros, se habían animado con la ventana de buen tiempo prevista.

El itinerario seguido discurrió por el fondo de valle de Astún, para girar a la izquierda y acceder a una zona llana siguiendo la ruta con menor pendiente hacia el Ibón de Astún. Aunque nuestra idea original era llegar al Pico Malacara, lo descartamos porque había demasiada acumulación de nieve a partir de 1500 metros de altitud y el acceso a este pico estaba venteado. Ya en el final del remonte de las Truchas, pensamos que el itinerario coincidente con el del ascenso no era el mejor debido a que la nieve estaba algo húmeda.

El descenso que elegimos, aunque coincidía con pistas de esquí no estaba pisado, ya que no se había iniciado los trabajos de preparación de las pistas. Al final coincidimos en bajar siguiendo la línea marcada por las pilonas de la silla de las Truchas. Empecé el descenso junto a mi compañera, que me seguía algo más retrasada porque éramos conscientes que, aunque era el trazado de bajada más seguro, no dejaba de haber una gran acumulación de nieve recién caída.

Descendimos siempre buscando las pendientes menos avalanchosas (ángulos inferiores a 30º). Ya fuera de la pendiente más pronunciada, iniciamos una travesía en diagonal hacia la derecha para buscar el último descenso al aparcamiento. Para ello teníamos que cruzar por debajo de algunas canales que se ven cargadas de nieve.

Aviso a mi compañera de la situación y le digo que lo mejor es que mantenga una distancia de seguridad de cien metros por detrás de mí. Mientras efectúo la travesía oigo un grito por encima de mí. Miro hacia donde se ha producido y veo que una avalancha de nieve se dirigía hacia mí. Rápidamente intento evitar lo que me viene encima poniéndome en oblicuo a la dirección del alud y en descenso, pero mi intento es en balde porque la avalancha me alcanza.

Los siguientes segundos fueron de supervivencia. Suelto los bastones (no llevo dragoneras ) e intento nadar para mantener mi cuerpo por encima de la superficie del río de nieve. Después de unos segundos que me parecieron inacabables y en los que no dejé de pensar cuánta nieve va a quedar por encima de mí, me detengo y compruebo que tengo todo el cuerpo cubierto de nieve hasta el pecho, la cabeza fuera, puedo respirar sin dificultad, y que un esquí me ha saltado y el otro lo llevo en la bota que me hace de ancla por lo que la mitad inferior de mi cuerpo está firmemente atrapada dentro del depósito de la avalancha.

Enseguida se me acerca un esquiador que reconoce haber desencadenado una placa unos 150 metros por encima de mí causando la avalancha que me ha atrapado. Me pide disculpas e insiste en que estaba siguiendo trazas de otro descenso que ya había hecho por la misma zona. Pasado el susto y el tiempo, ahora creemos que, debido a que era el primer día de la temporada y que las condiciones de nieve eran buenas, nos dejamos llevar por la euforia y no medimos el riesgo adecuadamente. Tampoco valoramos adecuadamente el impacto de la presencia de tantos esquiadores en el mismo sitio.

ANÁLISIS DEL ACCIDENTE POR PARTE DEL COMITÉ DE SEGURIDAD Y SNOWTHINGS
El principio del invierno es un momento decisivo en muchos sentidos. Según como empiece, puede condicionar la estabilidad del manto durante toda la temporada. La previsión era de una copiosa nevada la noche del viernes al sábado, con aumento de temperaturas y una pequeña ventana el sábado por la mañana antes de la entrada de un nuevo frente por la tarde. Con esa previsión son posibles dos tipos de aludes según cotas: deslizamientos de fondo (glides) y aludes de placa Según el relato del accidentado, el cielo estaba cubierto y la temperatura estaba subiendo. Durante el tiempo que les tomó el ascenso y el descenso, el estrato más superficial fue calentándose y ganando cohesión. El paso del esquiador que provocó el desencadenamiento fue el detonante para mover esa cantidad de nieve. El precursor del accidente es claramente un caso de factor humano.
• Era la primera nevada importante de la temporada y las ganas de salir son muchas, lo que a veces hace que no tengamos en cuenta todos los factores necesarios a la hora de decidir si afrontar o no un descenso.
• Un día con mucha gente en la montaña nos da una falsa sensación de seguridad. • Con mucha gente los trazados más suaves han sido ya bajados, y buscamos nieve no pisada, entrando poco a poco en terreno con más pendiente, más expuesto, y por tanto, más peligroso.
• Tanta gente en la montaña en un día así hace que no solo haya que tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos sobre nosotros mismos, sino sobre los demás o las de los actos de terceros sobre nosotros.
• El entorno de la estación de Astún es terreno conocido para muchos esquiadores de montaña, de modo que entra en juego el sesgo de la “familiaridad”. • La mala visibilidad de ese día pudo hacer difícil la apreciación de indicios de inestabilidad, o ver si había algún grupo por encima.

RECOMENDACIONES:
• Aunque hayas pasado muchas veces por el mismo sitio, trata de actuar como si fuera la primera vez que vas.
• No tengas ansia por ser el primero en hacer algo. Esto te lleva a no calcular bien el riesgo. • Tus acciones no solo te afectan a ti; afectan a los que tienes a tu alrededor. En un día con mucha gente sé más conservador y ten en cuenta que puede ser que otro grupo necesite tu ayuda.
• Además, los que tienes alrededor también te pueden afectar a ti. Ten siempre una visión general de lo que ocurre a tu alrededor.
• Siempre hay que llevar el equipo de rescate en avalanchas en perfecto estado, y saber usarlo.
• No llevéis dragoneras en los bastones ni correas en los esquís. En caso de avalancha no van a dejar que mováis brazos y piernas para tratar de permanecer en la superficie.
• Al principio de temporada lo mejor es ir poco a poco para ir ganando confianza.
• No te fíes de huellas previas como un signo de estabilidad. La nieve es variable en el espacio y en el tiempo.
• Al pasar por nieve virgen para evitar huellas, puede ser que estés afrontando un terreno con un poco más de pendiente, con una orientación ligeramente diferente…. Y ese poco más marca la diferencia entre terreno seguro y terreno peligroso.

Nuestro más sincero agradecimiento a nuestros protagonistas por su exhaustivo, riguroso y completo análisis de los hechos. Igualmente, gracias en especial a Rocío Hurtado, nivóloga de Snowthings, por las recomendaciones sugeridas.

Esto es un análisis de un caso que te puede ayudar a ver defectos en tu toma de decisiones, en esta y otras actividades de montaña. Nadie está libre de accidentes por muy experto que sea, pero igualmente todos somos libres de tomar decisiones más seguras.

Comité de SEGURIDAD de la FEDME


 

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