EN MOAB (UTAH)

Ammon McNeely sobrevive a un grave accidente de salto BASE

El experto saltador BASE y prolífico escalador de Yosemite se estrelló contra una pared de roca en un salto nuevo ejecutado en Moab (Utah). Casi se amputó un pie pero tuvo la suerte de caer en una repisa y ser rescatado antes de desangrarse.

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Ammon McNeely  (Brian McCray)
Ammon McNeely

Los accidentes de salto BASE son mortales de necesidad. Ha quedado demostrado ampliamente este verano, con 22 fallecidos mientras practicaban esta disciplina consistente en saltar desde una montaña (o una antena, edificio o helicóptero). Además, también ha quedado claro que una acreditada experiencia como saltador no es salvaguarda suficiente en esta cuestión.

Recientemente, un nuevo accidente de salto BASE ha sido difundido por las redes sociales y medios especializados en montaña desde Estados Unidos. El protagonista ha sido uno de los más prolíficos escaladores de Yosemite, Ammon McNeely, quien cuenta en su currículum con más de 70 ascensiones al Capitan y que ha repetido algunas de las vías de artificial más exigentes del Streaked Wall de Zion, como Latitudes (5.9, A4+), Rodeo Queen (5.10, A4+), Tale of the Scorpion (5.10, A3+), además de la épica primera y única repetición de Wings of steel (A4/A5) al Capitan. Su actividad en Yosemite también incluye la cooperación con Sean O’Neill en la primera escalada del Capitan de un parapléjico como primero de cordada; la colaboración con Alex Huber cuando este se preparaba para la liberación de la Zodiac; y el récord de velocidad en Magic mushroom que detentó durante años.

Pero Ammon McNeely no es sólo un excelente escalador yosemitero, sino que es también un experto saltador BASE, con más de 1.000 saltos a sus espaldas. En esta faceta, justifica a la perfección su apodo de ‘Pirata del Capitan’, debido a una dilatada trayectoria de saltos ilegales en el Parque Nacional de Yosemite, que incluso le llegaron a reportar una sentencia de 38 días de cárcel y 5.000 dólares de multa.

Un salto nuevo

Esta vez, el salto no era clandestino pero sí era un despegue nuevo, nunca antes realizado. Ammon McNeely iba acompañado de otros tres saltadores: dos de ellos sin apenas experiencia, además de Andy Lewis, otro veterano de los saltos BASE. El protagonista de la odisea utilizó los foros de SuperTopo.com para describir lo ocurrido: “Andy fue primero, los dos chicos nuevos fueron en medio y yo el último. Ellos tuvieron despegues perfectos y grandes aperturas sin viento. Yo salté, probablemente tuve un retraso un poco más largo de lo que debería haber tenido, habida cuenta que era un nuevo despegue con nuevas líneas de freno, e inmediatamente tuve una apertura de 180 grados (orientado a la pared). Golpeé el risco con mi pie izquierdo y continué como una muñeca de trapo montaña abajo hasta que finalmente me detuve en una repisa. Sabía que estaba machacado, pero para mi total sorpresa, mi pie estaba vuelto de lado y parecía muy similar a una botella Nalgene, colgando sólo de un fino trozo de piel”.

Después de utilizar parte de su material de BASE para practicarse un torniquete en la pierna, que estaba “salpicando por todas partes”, llamó a sus amigos para que pidieran un helicóptero de rescate ante el riesgo de desangrarse. Varios escaladores fueron en su auxilio, y llegaron a su posición en 45 minutos, donde dejaron lista una reunión y cuerdas fijas para cuando llegó el equipo de rescate. Según McNeely fue una actuación clave, ya que aceleró su evacuación al hospital, cuando había perdido lo que estima en casi litro y medio de sangre.

Sometido inmediatamente a cirujía, y pendiente de una larga y compleja recuperación, los médicos optaron por no amputarle el pie. “Estaba totalmente preparado para levantarme el día siguiente con un pie menos, e incluso bromeé sobre ir de pirata total con una pata de palo. De algún modo, lo salvaron”. No hace falta decir que Ammon McNeely está considerado un tipo duro, tal como ha demostrado en anteriores ocasiones: recolocándose él mismo un hombro dislocado en plena pared; sobreponiéndose a las heridas de un bloque de arenisca del tamaño de una nevera; o rechazando un rescate después de una caída de 25 metros en la que rompió el casco para completar la escalada.

En su conclusión, McNeely dejaba una pregunta al aire: “¿Nos levantamos y afrontamos los riesgos y disfrutamos al máximo nuestra pasión? ¿O nos escondemos en las sombras, con miedo de lo que pueda suceder si somos tan valientes como para perseguir nuestros sueños?”.


 

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