EXPLORANDO

1, 2, 3… ¡Naranjo!

El adrenalítico Carlos Suárez vió uno de sus viejos sueños cumplido al saltar desde el Naranjo de Bulnes, lidiando con un viento y una niebla caprichosos, y volar durante siete segundos frenéticos e increibles por la vertical vertiente Oeste.

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Saltar desde el Naranajo, otro sueño cumplido que Carlos apunta en su libreta.- Foto: desnivelpress.comSaltar desde el Naranajo, otro sueño cumplido que Carlos apunta en su libreta.- Foto: desnivelpress.com

Escalar el Naranjo siempre ha sido una hermosa empresa. Saltar desde él… Carlos Suárez, uno de los integrantes al equipo Berghaus, adictos a la adrenalina, como Leo Houlding o los Huber, no cesa en su empeño de volar desde algunas de las líneas míticas del alpinismo. Le ha tocado al Picu Urriellu, viejo sueño de Carlos, aunque él siempre quiso ser el primero. Se le adelantó su compañero de equipo Leo Houlding, pero Carlos ya ha reconocido que no le importa, que el placer está en poder hacerlo. Placer peligroso por cierto.

Y es que los más de 2.500 metros del Naranjo suelen ser víctimas de los intempestivos cambios del tiempo y de su capricho. Ya ascendiendo por la cara Sur en libre les pilló un agitado viento, aunque la cosa todavía estaba por empeorar. Cuando iniciaban el rappel por la Oeste, hasta la repisa del salto, cayeron las primeras gotas y sin darse cuenta la niebla, que había permanecido estática por debajo de ellos, comenzó a subir, a cubrirles. Carlos permanece a pelo, cambiándose para el salto.

Abajo hay expectación. «Debió de correrse la voz de que un tipo iba a saltar desde el Naranjo, eso atrajo a bastante gente», comentaba Carlos. Le gente, pequeña y difuminada allá abajo, comenzaba a ponerse nerviosa. «¡La niebla!¡Cuidado con la niebla!» gritan los allí reunidos, pero como dice Carlos «el salto BASE hace que la escalada parezca un deporte seguro». Así que asumes los riesgos, te preparas y te concentras. Has luchado con la ascensión, con una meteo que te tiene ganas y con unas cuerdas enganchadas. Es el momento de saltar.

El mejor salto

Siete segundos de vuelo, velocidad extrema y unas vistas extraordinarias. Y algún momento difícil que sumar. «Miré de reojo una panza que debía evitar y eso hizo que perdiera un poco la horizontalidad de la cabeza, picando un poco, pero logré recuperar la posición y conseguí un aterrizaje perfecto». El Pilar del Cantábrico en vertical, hacia abajo. Los Picos y sus líneas arañadas pasando como un trailer fugaz. Y todo el vacío para disfrutarlo.

«Ha sido el mejor salto de mi vida», reflexiona Carlos Suárez, que puede comparar y mucho. Hace unas semanas se pegaba unos vuelos por Riglos, saltando desde la Visera, el Pisón, el Firé desde sus dos cimas y el Puro y acaba de regresar de Noruega donde ha lidiado con el viento de los fiordos, dejándose arrastrar por encima del mar hasta los aterrizajes seguros. En su futuro toman forma los Alpes, volar desde la Norte del Eiger y algunas temibles Nortes más.

Así que nos queda mucho Carlos Suárez y mucha experiencia orgásmica. Por ahora nos quedamos con su última aventura, un hito para este deporte de riesgo (el que más) y una enorme satisfacción para Suárez. «Ha sido un salto increíble, tanto por el sitio como por las condiciones en las que se ha desarrollado», asegura el escalador, que ahora pretende repetir con el mono de alas.

 

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