Rivalidad, conquista y tragedia en la primera ascensión al Cervino

El Matterhorn, o Cervino, una de las cumbres más bellas del planeta, es un coloso que se formó hace 50 millones de años, y que se erige solitario entre Italia y Suiza a 4.478 metros de altitud. «La montaña perfecta» la llaman muchos alpinistas. Hace 152 años se logró la primera ascensión, un momento histórico que marcó un punto y aparte en la forma de entender el alpinismo y la escalada en los Alpes.

Autor: Víctor Riverola | No hay comentarios | Compartir:
La vertiente italiana del Cervino iluminada por la noche durante los actos commemorativos 150 aniversario primera y segunda ascensión (18 julio 2015)  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
La vertiente italiana del Cervino iluminada por la noche durante los actos commemorativos 150 aniversario primera y segunda ascensión (18 julio 2015)

Para descubrir la apasionante historia de la conquista del Matterhorn y la fascinación del ser humano por dicha montaña es necesario realizar un viaje en el tiempo y situarnos entre los años 100 a. C. y 400 d. C., cuando los ejércitos romanos y los celtas atravesaron el Theodul pass (3.291 m) por vez primera para entrar en Helvetia. Aunque el paso de los romanos desde el Valle de Aosta al Valais está documentado, no se conoce ningún texto que detalle con exactitud la cantidad de hielo y nieve que encontraron en el glaciar Theodul. Se tiene constancia de la instalación de varios campamentos temporales en la zona, pero no de que existieran asentamientos de larga duración.

El monte Cervino o Matterhorn aparece por primera vez en varios escritos medievales con el nombre de Mons Silvus. Dicho nombre sufrió diversas transformaciones pasando a ser Mons Servinus y Mons Servin. Los etimólogos no logran ponerse de acuerdo sobre el origen, algunos suponen que proviene del latín silva (bosque) y otros quieren ver detrás la palabra italiana cervo (ciervo) y cervin en francés.

El primer documento que describe con detalle la aldea que dará paso a Zermatt está fechado en el año 1280, y nos habla de la pequeña villa y la iglesia de Protobornum (Prato Borni en italiano). En el año 1495 se dibujó el primer mapa a escala donde aparecen las palabras Matt y Matter, destacando en varios textos la belleza de “una cumbre excepcional, un gigante de roca y hielo, un coloso que emerge por encima del resto de cumbres” (por aquel entonces todavía no se tenía constancia de que el Matterhorn era algo más bajo que el Weisshorn o la Dufourspitze, por poner dos ejemplos).

En el siglo XIII, Zermatt pasó a formar parte de la jurisdicción a cargo del obispo de Sion, quien transfirió los derechos de explotación de la zona a los barones de Raron, Thurn y Blandrati, duques de Saboya, llegando a Zermatt varios grupos de artistas y científicos de la época. En 1581 encontramos un texto donde aparece por primera el nombre de Mont Cervin, evolucionando hasta convertirse en Cervino en italiano y español. El nombre alemán Matterhorn aparece por primera vez en 1682; este nombre deriva muy probablemente de Matte, es decir, la extensión del valle cubierta de hierba que hay por debajo de la Garganta del Gorner, que hoy en día se encuentra prácticamente cubierta por el pueblo de Zermatt (del alemán, zurmatt, en dirección al prado). Entre los lugareños, la montaña también recibe el nombre de ds’Hore.

En 1688 el duque Víctor Amadeo II de Saboya mandó construir una fortaleza en el paso Theodul con fines defensivos y con la intención de controlar el paso entre Italia y Suiza. Su construcción obligó a tener que subir material de construcción desde el Valle de Aosta hasta los casi 3.300 metros del The odulpass, soportando en ocasiones durísimos temporales de nieve, varios aludes y temperaturas extremas. Quienes no estaban preparados para trabajar en semejantes condiciones fallecieron sin remisión. En 1791 las aldeas independientes de Hof, Zmutt, Aroleit y Winkelmatten se unieron, configurando el nuevo municipio de Zermatt, tal y como se conoce hoy día. Poco a poco llegaban a la región científicos y curiosos en general, destacando en varios textos de la época la belleza de unas cimas  “que invitaba al ser humano a subir hasta sus cumbres, para estar más cerca de Dios” (algo que en parte nos recuerda a la Torre de Babel).

Nace el turismo de montaña

El tiempo pasaba y, poco a poco, la fama de Zermatt empezó a llegar más allá de los Alpes. El 13 de agosto de 1792, el erudito Horace-Bénédict de Saussure (impulsor de la conquista del Mont Blanc) cruzó el Theodulpass y conquistó por vez primera la cumbre del Klein Matterhorn (3.883 m), convirtiéndose en todo un pionero del alpinismo en la zona. Saussure destacó la belleza de cumbres como el Matterhorn o el Breithorn, sintiéndose fascinado por una de las acumulaciones de hielo más grandes de los Alpes, el inmenso Breithornplateau, comparable a la Konkordiaplatz en el Aletch gletscher. Durante sus estancias en Zermatt, Horace-Bénédict de Saussure realizó diversos ex perimentos y se dedicó a determinar la altitud de varias cumbres, incluyendo el Matterhorn; ayudándose de un sextante, en sus notas apuntó 4.501,7 metros; (4.477,5 m en la actualidad).

La llegada del siglo XIX abrió las puertas a visitantes que realizan largas estancias en la zona, sea para curar dolencias respiratorias, o para estudiar la fauna y la flora de la región. El número de científicos que realizaron ascensiones a varias cumbres de la zona aumentó significativamente durante las primeras décadas del siglo XIX, revolucionando en parte la tranquila vida de los habitantes de Zermatt, que por aquel entonces era un modesto pueblecillo a orillas del río Vispa, salpicado de graneros de madera, pequeñas casas de piedra y una iglesia.

En 1839 se inauguró en Zermatt un pequeño hospital, fruto del esfuerzo del vicario Ruden y del doctor Josef Lauber, que con los años se convertiría en el actual hotel Monte Rosa. La llegada de visitantes extranjeros durante el verano, alteró en parte la paz de la aldea; no obstante, muchos lugareños se dieron cuenta del filón económico que podía suponer el hecho de que adinerados visitantes decidieran que darse en el valle unos días, disfrutando de las montañas y de su clima. Acaba de nacer el turismo de montaña en Zermatt. Por aquel entonces, la contratación de guías (principalmente cazadores y pastores) aumentó la sed de conquista de los primeros alpinistas, escaladores y senderistas, la mayoría aristócratas llegados en gran parte de las islas británicas y de Irlanda, que no dudaron a la hora de organizarse para recorrer los valles y glaciares que rodean Zermatt.

Cima en la punta dufour

Por aquel entonces, la moneda de la época en Zermatt era el Mörserpfund, hasta que la evolución del valle y el asentamiento de los visitantes llegados desde diversos puntos de Europa facilitaron la transición hacia el actual Franco suizo, resultado de la unión monetaria de todos los cantones suizos en 1850; la nueva moneda reemplazó a las monedas cantonales y regionales. El interés internacional por los valles del Mattertal y del Saastal con Saas-Fee como máximo referente, unido a la fama bien merecida de Zermatt, despertó el interés no solo de aristócratas y científicos, sino de muchos aventureros, ávidos por descubrir nuevos horizontes, sin miedo a las alturas.

Desde 1820, el turismo empezó a llegar a Zermatt de forma gradual, pero es a partir de 1840 cuando la población experimenta un auge más que notable. La segunda mitad del siglo XIX se caracterizó por ser una etapa de importantes cambios económicos, sociales y políticos que abrió las puertas a una economía potente, abierta al turismo de la época y al lanzamiento de Suiza como uno de los países más atractivos de Europa. La posibilidad de descubrir un entorno salvaje de excepcional belleza y la sed de conquista se convirtieron en las principales motivaciones de los primeros turistas de montaña, la mayoría procedentes de Inglaterra, que se adentraron en los valles de Chamonix, la Engandina y Zermatt, haciendo de los Alpes un destino habitual de la alta sociedad victoriana.

Fueron las familias Perren y Seiler las primeras en abrir establecimientos hoteleros en el centro de la población, pasando a formar parte de su historia con el paso de los años. El 1 de agosto de 1855, John Birbeck, Ulrich Lauener, Christopher Smyth, James G. Smyth, Edward Stephenson, Matthäus Zum taugwald, Johannes Zumtaugwald y el reverendo Charles Hudson, alcanzan por vez primera la cumbre de la punta Dufour (la cima más alta del macizo del Monte Rosa, situada a 4.634 m), partiendo desde Zermatt. Tal fue el éxito a nivel publicitario, que el mismo año, el hotel Monte Rosa, propiedad de Alexander Seiler, abre sus puertas. La conquista de la Punta Dufour, cuyo nombre es un homenaje a Guillaume-Henri Dufour, general y cartógrafo del ejército suizo bajo cuya dirección se completaron los primeros mapas con relieves topográficos, inaugura una edad de oro en la historia del alpinismo en el Valais, donde van cayendo, una tras otra, las grandes cumbres… Todas menos una. Es a partir del año 1857 cuando se llevarán a cabo varios intentos frustrados de escalar el Matterhorn, casi siempre dese Breuil, el lado italiano. Cada uno de los intentos de escalada frustrados reforzaban la superstición acerca de su inaccesibilidad. Tal era así, que incluso guías de montaña locales con gran experiencia a sus espaldas rechazaban las generosas ofertas de jefes de expedición extranjeros.

Whymper y Tyndall entran en acción

Y llegamos a 1860. Por aquel entonces, un joven grabador londinense nacido el 27 de abril de 1840 recibió el encargo de ilustrar un libro sobre los Alpes. Tras un viaje de varios días, cruza el Valais y llega hasta Zermatt, donde por primera vez contempla con sus propios ojos el Matterhorn, “una perfecta pirámide de roca que se eleva aislada en tre Suiza e Italia, una maravilla de la natura eza cuya cumbre todavía permanece virgen” según sus propias palabras.

Su encuentro con el Matterhorn cambiaría el rumbo de su vida: a partir de este mometo, Edward Whymper emprendió la lucha por conquistar la inaccesible cima, estudiando todas sus aristas y preparándose para estar a la altura de la montaña. Para ello realizó varias travesías, cruzó glaciares y escaló intensamente en los Alpes, consiguiendo numerosas primeras ascensiones a cumbres tan emblemáticas como la Pointe des Écrins, Dent Blanche o Aiguille Verte. Whymper se convirtió así en uno de los mejores alpinistas de su época, alcanzando fama internacional; el joven inglés estaba predestinado a cambiar el rumbo de la historia del montañismo, pero no estaba solo.

Por aquel entonces, el professor John Tyndall, eminente científico irlandés, llegó hasta Zermatt y, tras estudiar la montaña, inició una ofensiva para adelantarse a Whymper en su propósito de conquistar el Matter horn. Tyndall intentó, sin fortuna, escalar la montaña por la cresta italiana o Sudoeste, convencido de que la arista que sube desde Schwar see (Hörnli) era excesivamente complicada. Edward Whymper, quien había fallado ya seis veces en su propósito de conquistar la cumbre de su vida, estaba decidido a intentarlo por la Hörnli, convencido de que su apariencia de precipicio vista desde Zermatt era una especie de ilusión óptica, y que el descenso del estrato, que en el lado italiano formaba una serie continua de salientes, haría que el lado contrario fuera una escalera natural.

En agosto de 1861, John Tyndall capitanea la cordada que conquista el Weisshorn, cumbre de gran dificultad que pone en apuros a los atrevidos alpinistas. Tyndall seguía obsesionado con el Matterhorn, y Whymper era consciente de ello, no había tiempo que perder. John Tyndall escaló por primera vez la arista Suroeste del Matterhorn en compañía de los guías Bennen, Anton Walter, Jean Jacques y Jean-Antoine Carrel, lo que hoy se conoce como el Pico Tyndall.

Carrel también quiere la gloria

A principios de julio de 1865, en el hotel Monte Rosa de Zermatt, Whymper se reúne con un grupo de montañeros y tomando la iniciativa, organiza una compleja ascensión a través de la arista Hörnli. El británico no creía en los demonios de la montaña y su plan se guiaba por reflexiones meditadas. Había estudiado a conciencia los libros de Horace Bénédict de Saussure y llegó a la conclusión de que la montaña no debía abordarse por el lado italiano del sudoeste, sino dando un rodeo por la cresta suiza del noreste. Whymper había sufrido varios accidentes, incluyendo una caída muy aparatosa de más de 60 metros que no mermó sus ansias de conquista. Michel Croz, guía de Chamonix de reputación intachable, y el conquistador del Monte Rosa, el reverendo Charles Hudson, deciden unirse a su expedición. Un joven estudiante llamado Hadow y un lord británico, Francis Douglas, no tardan en responder a la llamada de la montaña; aunque los dos últimos son muy jóvenes (19 años), sus ansias de gloria les ayudaron a conseguir plaza en el equipo.

Para que nada falle, Whymper contrata a la familia Taugwalder (el hijo y el padre), expertos guías suizos que conocen las cumbres del Valais como la palma de su mano.

Cuando parecía que la rivalidad con Tyndall se enfriaba, desde el Valle de Aosta en Italia, entra en acción Jean-Antoine Carrel, guía de Valtournenche. Carrel considera que el británico Edward Whymper es una especie de turista molesto sin derecho alguno sobre la montaña. Es más, cree que una obra de Dios tan inmensa como el Cervino debe ser conquistada por un italiano.

Carrel no se lo piensa dos veces y, aprovechando que Whymper está preparando la que podría ser la “ascensión definitiva” desde Zermatt, inicia una arriesgada ascensión por la arista italiana, partiendo de lo que hoy es la estación de esquí de Breuil-Cervinia. Whymper no pierde fuelle y se lanza a la conquista de su montaña. El inglés y sus compañeros de cordada emprenden la ascensión montando un campamento a 3.350 metros, cerca del actual Hörnlihütte y el Berghaus Matterhorn. La subida se desarrolla sin problemas, escalando con relativa facilidad hasta llegar al hombro del Matterhorn, conocido como l’Epaule. Años más tarde, a medio camino entre el refugio Hörnli y la cima, se construiría la cabaña Solvay para emergencias, a 4.004 metros de altitud, facilitando hoy día la ascensión y el rescate de heridos en condiciones difíciles.

Cima y tragedia

Whymper y sus hombres superan el hombro y realizan una breve parada a más de 4.250 metros, sólo les falta atra vesar el paso aéreo sobre la cara norte y enfilar la arista de la cumbre. El 14 de julio de 1865, a las 13.40 h, tras una ascensión delicada y con una ilusión desbordante, el equipo de Whymper logra conquistar la cumbre del Matterhorn. Ante la duda de si Carrel ha llegado antes por la arista italiana, Whymper se asoma al abismo y descubre al italiano en plena ascensión de la arista del Leone. Les separa una distancia considerable y Carrel se rinde a la evidencia: ha perdido. Whymper declaró posteriormente que sintió profundamente que Carrel no les acompañara en su júbilo y lamentó privarle de la ilusión de toda una vida. No obstante, la actitud de algunos miembros de la cordada de Whymper no estuvo a la altura de las circunstancias, pues según parece se llegaron a proferir burlas e insultos contra los derrotados. Carrel conquistaría la cumbre desde Italia tres días después, reivindicando su capacidad de escalada y convirtiéndose en la segunda cordada que lograba tan preciada cumbre.

Tras el júbilo inicial, y algo cansados, Whymper y los suyos inician el descenso de la cima. No todos son conscientes de que, en ocasiones, es más complicada la bajada que la subida, por ello los Taugwalder advierten a Whymper y a sus compañeros. El cansancio y el calor del sol hacen mella en los alpinistas; los pasos aéreos que presenta el Matterhorn en muchos puntos de la arista Hörnli obligan a extremar las precauciones y poco a poco el descenso se complica. Inesperadamente, Hadow, inseguro, resbala y se precipita sobre Croz, derribándole. Al instante, el reverendo Hudson y Lord Douglas, encordados con ambos, son arrancados de la pared y los cuatro caen al vacío. Horrorizados, los restantes escaladores se aferran a la roca, presintiendo que todo esfuerzo será inútil. Con un brusco tirón, la cuerda no aguanta tanto peso y se rompe; Whymper y los dos Taugwalder sobreviven agarrados como pueden y contemplan impotentes como los demás se despeñan en una caída vertical de 1.500 metros hasta el glaciar de la cara norte.

Cinco días después, el 19 de julio, se inició la búsqueda de los cuerpos sin vida. Se encontraron todos menos el de lord Francis Douglas, que aguarda desde hace un siglo y medio a que el glaciar lo devuelva. El eco de la catástrofe se escuchó por toda Europa y en Inglaterra la indignación fue tal que incluso la reina Victoria preguntó a lord Chamberlain si no se podía declarar fuera de la ley la práctica del alpinismo debido a su peligrosidad.

Después de la conquista

En 1871, Whymper publicó en Londres Scrambles amongst the Alps in the years 1860-1869, una extensa crónica de sus hazañas alpinas, de la cual el libro La conquista del Cervino (editado por Desnivel) extrae todos los fragmentos relativos a la ascensión a esta cima. Ilustrado con magníficos gra bados del famoso alpinista, el libro es un clásico absoluto de la literatura alpina y un volumen indispensable en la biblioteca de cualquier montañero. En cuanto a Edward Whymper, tras su aventura en el Matterhorn, le esperaban nuevos días de gloria explorando montañas lejos de los Alpes. El hecho de que se encontrara la cuerda rota (que se expone en el museo del Matterhorn en Zermatt) contribuyó a que fuera eximido de toda culpa. No obstante, siempre llevó consigo la imagen de la caída de Hadow, Croz, Hudson y Douglas, afectándole de por vida. Como detalle curioso, uno de los rivales de Whymper, el italiano Carrel, participó junto a su hermano Luis y Edward Whymper en la primera ascensión europea al volcán Chimborazo, en Ecuador, en 1880.

La gesta de Whymper catapultó la fama del valle de Zermatt (Mattertal) en todo el mundo y ayudó a que Zermatt se convirtiera en una de las poblaciones más modernas del sur de Suiza.

En 1873 el telégrafo llegó a la población y el 6 de julio de 1891 se inauguró la estación de ferrocarril de Zermatt, conectando la población con Täsch, Randa, St. Niklaus y Visp (la linea funcionó solo en verano hasta 1933). En 1894 se instaló en la población la corriente eléctrica, y entre 1901 y 1904 se construyeron las redes de alcantarillado y las conexiones necesarias para tener agua potable en los hogares. En 1898 se inauguró la línea de Gornergrat y 1908 se fundó el Zermatt Ski Club, entidad que se ha convertido en todo un referente mundial.

 


 

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