NOVEDAD EDITORIAL DE DESNIVEL

Ya puedes leer el último libro de Chus Lago, Premio Desnivel de Literatura 2020: «El espejo de hielo»

«El espejo de hielo» ya está en la calle y podemos por fin leerlo con calma y disfrutar de toda la intensidad retenida, de la aventura y, sobre todo, de lo que la aventura nos trasciende.

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El espejo de hielo por Chus Lago, Premio Desnivel de Literatura 2020
El espejo de hielo por Chus Lago, Premio Desnivel de Literatura 2020

«Y es justo esa fugacidad, ese brillo visto y no visto, lo que separa a un diamante de un cristal de hielo, donde anida todo su valor, la intensidad que aprendí a retener».

El espejo de hielo

El espejo de hielo ganó entre 171 manuscritos aterrizados… quizá porque era un pequeño diamante que nos deparaba intensidades sorprendentes. Como dijo Ramón Portilla, miembro del jurado: «El espejo de hielo es una  preciosa historia de amor con el hielo, la nieve y los grandes espacios blancos… Una caricia para el alma…». Y es que el alma está muy presente en esta historia. 

Porque El espejo de hielo es un relato construido a partir de momentos inolvidables, íntimos, de la exploradora y alpinista Chus Lago. Algunos han salido de la infancia de la protagonista, otros del final de toda una vida de aventuras. Es la profundidad de un viaje cuando lo desposees del reto y extraes lo extraordinario.

Los logros montañeros de Chus —Everest, arista Nordeste, en 1999, sin oxígeno excepto 2 h en la bajada. Leopardo de Las Nieves desde 2003,  en 2009 realizó la primera travesía española en solitario a la Antártida— nada y todo tienen que ver con su historia. Chus ha transitado la aventura en diversas formas durante décadas «hasta el punto de pensar que el alpinismo es un lugar, es una forma de vivir», confiesa en una charla ligera.

«En ese hilo ininterrumpido que arranca desde que tenía once años hasta ahora, veo que hay una escalera continua de cosas que han ocurrido y no todo son los hechos deportivos, me gusta contar que has sufrido, que te has arrodillado, que te has arrastrado, que te has superado, que detrás de todos estos logros hay mucho calor, mucha pasión, mucha ilusión, mucho dolor también… cuando alguien te lee el currículum piensas que es una pena, que lo más importante está detrás del cuadro, está debajo de la pintura, que hay que rascar. Y si hay algo que merece ser transmitido, no son tus hitos deportivos sino las conclusiones, eso es lo que puede ayudar a alguien más o le puede interesar o le puede enriquecer y, sobre todo, es lo que a mí me ha fascinado». 

Chus Lago

Y esas conclusiones surgidas de la experiencia con la aventura que tienen tanta trascendencia en la vida cotidiana y transforman, y fascinan, son lo que ha contado en El espejo de hielo. Intentando escapar de lo que ya había hablado en otros libros, intentando tener la mente abierta para deconstruir, reaprender, romper… ensanchar la mirada.

«A veces aprender es solo cuestión de ir sumando páginas. Desaprender es otra cosa, más difícil incluso. Significa ir atrás y arrancar alguna de aquellas páginas que, muchas veces, son para ti el cimiento sobre el que se asientan los pilares fundamentales, no solo de una manera de entender el hielo, sino de entender la vida. Romper, aunque sea para reconstruir o para dejar más espacio y que entre una nueva luz, siempre conlleva la posibilidad de desmembrar, tirar abajo, caminar sobre escombros. Es siempre más íntima y solitaria la decisión de desaprender que la de aprender».

El espejo de hielo

En un momento puedes pasar de encontrarte en lo alto del Pamir y en el siguiente párrafo estás en la isla de Baffin, en la piel de un inuit o en la de los legendarios exploradores polares o incluso astronautas. Este relato es un paseo por los hielos del norte y del sur de la Tierra, y una mirada íntima al interior de su autora que nos abre una puerta diferente a la aventura. 

«¿No era aquella una sensación conocida para mí? Me reconfortaba saber que no había sido la única en la soledad de la playa, que por allí todos habían pasado, inevitablemente. Los aventureros nunca fracasamos en la orilla; si lo hacemos, es siempre en la plenitud de la corriente». 

El espejo de hielo

Y en esa no soledad y esa corriente las huellas de todos los gigantes la acompañan, como espíritus benignos que le tienden la mano o la intuición o el valor, y nos viaja a otros aventureros, a la investigación polar, a la importancia de la mirada que ponemos sobre la aventura ahora que está todo descubierto. «Después de un año en mi piel y en el pellejo de los pioneros del hielo, tan cerca de sus emociones… Cerrar el manuscrito había sido, en su momento, como bajar de la montaña». Cuenta Chus, los retales de la historia de la exploración polar que comparte en El espejo de hielo se alejan de los tópicos acercándonos a momentos y personajes menos conocidos, y nos ayuda a comprender la Aventura, deshilachando el concepto de la mano de legendarios exploradores que se adentraron en los territorios aún no pisados. Y así nos habla de saber vivir en el terreno de la incertidumbre, de esas huellas que cada vez llegan un poco más allá… donde habitan los dragones.

«Aquellas historias y otras muchas las seguí en un mapa que recogía cada milímetro de costa, de historia polar, siguiendo una huella que siempre iba un poco más allá que otra huella anterior… El mundo de la aventura existía desde que lo desconocido existía. Más aún: porque lo desconocido existía».

El espejo de hielo

Reflexiona sobre lo que de verdad engancha a los aventureros a montar trineos y mochilas… esa posibilidad de lograrlo o no… sin certezas… la profundidad, la capacidad de trascender la aventura. Y también sobre la determinación, el carácter, sobre la gente que hace cosas y le pasan cosas. Sobre la intensidad de las situaciones límite, de la verdad de las situaciones límites, del sexo en las situaciones límite. De ese perverso placer en el miedo.

«Ningún transitar por la vida nos transforma, nos alimenta o nos desnuda más que la aventura. Esta es capaz de desplegar en el aire, sobre cada roca o pendiente helada, el espejo sin filtros de tu mente, hasta vomitar a tus pies la arrogancia, el dolor, la fortaleza, la deshonra y el miedo. Y entonces te ves a ti mismo, allí donde no hay humanidad, más humano de lo que jamás has sido nunca, porque la consciencia de nuestra propia fragilidad siempre nos acaba arrodillando».

El espejo de hielo

Además de la poesía del relato, de la confesión, de la historia de la exploración también es una especie de manual a cerca de la aventura y todos sus resquicios. De esa cualidad tan necesaria que es la capacidad de adaptarse. Del infinito en un pedazo de la Tierra, de la mirada que posamos sobre las cosas. Habla de los límites reales y de los que nosotros nos imponemos. Habla del canto, del precipicio, del privilegio de saberse frente a un gran reto. 

«Todos proyectamos frente a nuestros pies la sombra imaginaria de nuestros límites, la sagrada frontera que nos marca a fuego el territorio por el que podemos caminar. Un límite no siempre real, que obedece a lo aprendido, a la distorsionada imagen que tenemos de nuestras capacidades, a lo que no desaprendimos a tiempo. Entre esos límites reales e irreales, lo difícil siempre es esclarecer en uno mismo dónde está el verdadero linde entre lo factible y lo imposible, hasta dónde ampliar o recoger nuestros marcos en territorio desconocido. A veces tienen que fluctuar tantas veces en un solo día de escalada que la cualidad más necesaria que precisamos es la flexibilidad mental». 


 
El espejo de hielo

El espejo de hielo está lleno de pequeños tesoros, de esquinas en las que sumergirte una y otra vez porque, al darles la vuelta, descubres algo nuevo que no habías visto antes; un aire fresco que se cuela, instantes de lucidez, de vértigo, el chispazo que sientes en momentos inesperados, la grandeza de las pequeñas cosas… cómo lo grande, la gran aventura, a veces solo es ese instante… 

Un texto imprescindible, honesto, profundo, bello, trascendente, ligero, entretenido, que habla de Chus y de todos, de la aventura y de la vida.

Leerlo es algo así como estar sentada frente a un mar que no existe, con los pies colgando del abismo, abrazada al pacto de una cuerda de escalada, la soledad de una montaña, el espejismo de la vida cotidiana. Y sentir en las carnes las orillas, las islas, los revolcones de las corrientes, la cima más allá de la cima.


 
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