LOS PREMIOS INTERNACIONALES DE ALPINISMO

Piolet d’Or 2016, un concepto distinto

El Piolet d’Or 2016 se ha celebrado en el pequeño pueblo de La Grave, al pie de La Meije, abandonando –al menos por este año– Chamonix y Courmayeur. Ha sido un Piolet de Oro distinto, en un ambiente familiar y cercano. También una gran oportunidad para conocer de cerca a Voytek Kurtyka, un personaje que rehúsa cualquier aparición pública.

Wojciech Kurtyka Voytek con el Piolet de Oro 2016 por su carrera alpinística rodeado por algunos de sus compañeros de escalada. De izda a dcha: Robert Shauer
Wojciech Kurtyka Voytek con el Piolet de Oro 2016 por su carrera alpinística rodeado por algunos de sus compañeros de escalada. De izda a dcha: Robert Shauer
Darío Rodríguez | 4 comentarios |

El Piolet de Oro 2016 se ha enfrentado este año a dos grandes apuestas. Por un lado abandonar la capital del alpinismo (Chamonix) y su vecina Courmayeur para marchar a la muy tranquila localidad de La Grave, al pie de La Meije, en el Parque Nacional de los Ecrins. Y, por otro, y quizás más arriesgada que la anterior, conceder el Piolet de Oro por su carrera alpinística a alguien que lo había rechazado ya en otras tres anteriores ocasiones: Voytek Kurtyka.

Nueva sede

Cambiar la capital del alpinismo de Chamonix-Courmayeur, al pie del Mont Blanc, a La Grave, un pequeño, tranquilo y casi solitario pueblo al pie de La Meije, en el Macizo de Les Ecrins, era sin duda una apuesta arriesgada, pero el mayor apoyo económico hizo inclinar la balanza.

Chamonix tiene la ventaja de ser el centro neurálgico mundial del alpinismo, y la desventaja de haberse convertido en un lugar turístico y masificado. Courmayeur, la vecina ciudad italiana que hasta el momento compartía sede con Chamonix, es el lugar donde en todas las ediciones había tenido lugar la entrega del premio a la Carrera Alpinística en un acto que los italianos habían convertido en una auténtica obra de arte. La presentadora Kay Rush dirigía la ceremonia, combinando vídeos con entrevistas y música en directo. Un gran espectáculo artístico que trascendía al mundo del alpinismo.

En La Grave todo ha sido mucho más sencillo: una gran carpa de circo se convirtió en la sala donde tuvieron lugar los eventos del Piolet de Oro. Una carpa en la que en ocasiones era difícil mantener el silencio pues mientras tenía lugar la presentación, los asistentes no podían evitar la conversación alrededor de las bebidas….

Pero La Grave es un lugar tranquilo, muy tranquilo, nada que ver con Chamonix. Con menos posibilidades para realizar actividades, pero con mejor ambiente para propiciar el encuentro entre todos los asistentes.

Cambio de formato

El Piolet de Oro ha abandonado su formato competitivo. Ahora todas las actividades nominadas reciben el premio. Ha perdido espectáculo (el “morbo” del premio a la mejor actividad del año sin duda creaba interés) pero, a cambio, enlaza plenamente con los valores del alpinismo, en los que no entra la competición y donde resulta muy complicado comparar actividades que se realizan en distintas montañas, estaciones y condiciones.

El Piolet de Oro ha conseguido su objetivo de no ser una competición y convertirse en un encuentro en torno al alpinismo de dificultad, comprometido, ligero, en estilo alpino, en lugares poco conocidos… Un encuentro en el que han participado alpinistas de todas las generaciones; otra de las magias del alpinismo, que puede ser practicado al más alto nivel por gente de edades tan distintas como el abanico que se extiende (y podría ser mayor) entre los sesenta años de Mick Fowler y los veinticinco de Hayden Kennedy.

Cuatro premios, un espíritu

Las cuatro actividades que han recibido el Piolet de Oro este año reflejan una visión similar de lo que representa el alpinismo de compromiso a pesar de lo heterogéneo de los alpinistas que las han llevado a cabo.

Los más veteranos, los ingleses Mick Fowler y Paul Ramsden, abrieron una nueva ruta en la cara norte del Gave Ding (6.571 m.), Nepal. Mantienen los mismos valores del estilo alpino de dificultad, compromiso y exploración que el resto de los nominados, pero con ingredientes propios. Tienen claro que en una ascensión en el Himalaya que puede llevar ocho días o más no tener algún día de mal tiempo es casi imposible. Y, educados en la dureza del Ben Nevis, donde siempre se escala con mal tiempo, lo afrontan con tranquilidad. En su mochila no falta un buen libro que leer. Si llega el mal tiempo, ¿hay algo mejor que disfrutar de la lectura? Tienen también claro que ellos no van a subir rápido sino a disfrutar de la montaña. Por eso siempre buscan un sitio donde situar la tienda cuando aún no es demasiado tarde. Así pueden disfrutar del paisaje y la lectura…

Los alpinistas ucranianos Mikhail Fomin y Nikita Balabanov abrieron Daddy Magnum Force, en el pilar noroeste del Talung (7.348 m.), Nepal, vienen de un país sin casi montañas ni cultura alpina en el que no cuentan con ningún apoyo, ayuda ni reconocimiento.

Diego Simari, Lise Billon, Jerome Sullivan y Antoine Moineville abrieron Hasta las webas en el pilar noreste del Cerro Riso Patrón (2.550 m.), Chile. Un grupo de escaladores muy jóvenes que comparten el mismo valor: la importancia de disfrutar del máximo tiempo en la montaña. Trabajan como guías de montaña, lo justo para ahorrar el dinero suficiente para viajar y escalar… Vida simple, gastos mínimos = mucho tiempo libre para escalar… Sus propiedades (casi todo es material de montaña y escalada) caben en el coche. De este grupo formaba parte Lise Billon, segunda mujer que recibe el Piolet de Oro, y el argentino Diego Simari, que es el primer latinoamericano que lo recibe (es importante precisar que Rolando Garibotti también lo recibió pero decidió rechazarlo).

El grupo más internacional –el formado por los eslovenos Marko Prezelj y Urban Novak, el norteamericano Hayden Kennedy y el francés Manu Pellisier– protagonizó la apertura de Light before wisdom, en la arista sur del Cerro Kishtwar (6.173 m), India. Este grupo era variopinto en todo: en edades, nacionalidades, forma de vivir la montaña: dos guías de montaña (Marko y Manu), un alpinista/escalador que vive en su furgoneta (Hayden) y un estudiante (Urban) que siente que disfrutar del alpinismo y la escalada es muy difícil trabajando como guía de montaña. Su estilo durante la escalada era sencillo: uno de ellos, el que iba en cabeza ese día, tomaba las decisiones. El veterano alpinista Marko Prezelj es una cara habitual del Piolet de Oro (lo ha ganado en tres ocasiones), carismático, conversador inagotable, siempre lleno de ideas, propuso la que quizás debería servir para próximas ediciones del Piolet de Oro: celebrarse en el país del alpinista que reciba el premio por su trayectoria.

Tres negativas

El Piolet de Oro por su carrera alpinística lo han recibido personajes tan importantes en la historia de nuestro deporte como Walter Bonatti, Reinhold Messner, Doug Scott, Robert Paragot, Kurt Diemberger, John Roskelley, Chris Bonington y Voytek Kurtyka. Este último, aunque no lo deseara, no podía dejar de estar en esta lista de los grandes.

Conceder el Piolet de Oro a alguien que ya lo había rechazado en tres ocasiones es sin duda un riesgo, un riesgo que es necesario correr porque no hay duda de que estamos ante un personaje clave en la historia del alpinismo. Que no quería premios era evidente, ahora faltaba saber si, una vez concedido, acudiría a la ceremonia de entrega y participaría en el evento o se mantendría, como siempre lo había hecho, al margen. Kurtyka es bien conocido por no conceder entrevistas y no acudir a ningún acto público. Le llueven invitaciones de todas partes del mundo que él siempre rechaza. El riesgo para los organizadores del Piolet de Oro era muy grande, quizás excesivo, pero decidieron afrontarlo. Sin preguntarle le concedieron el Piolet de Oro 2016 por su carrera alpinística.

A Kurtyka la noticia le cogió por sorpresa. Amigos y conocidos comenzaron a llamarle para felicitarle. Y, durante días, mantuvo un gran debate interno pensando qué hacer. Finalmente llegó a una conclusión: no le gustaban los premios, entre otros motivos por lo que estos pueden suponer para el ego de quien lo recibe. Pero una vez este se había hecho inevitable parecía tan presuntuoso no acudir como sí hacerlo. Y decidió, muy a su pesar, recogerlo y participar en los eventos del Piolet de Oro 2016.

Oportunidad histórica

Así, esta edición de los Piolets de Oro se convirtió en una oportunidad histórica, única, de conocer de cerca de uno de los mas grandes personajes del alpinismo contemporáneo. Uno de los alpinistas más importantes de aquella época dorada del himalayismo polaco que tan bien refleja Bernadette McDonald en su libro Escaladores de la libertad.

Voytek acudió al Piolet de Oro preocupado por el reto que afrontaba. Por un lado se mostró cercano y dispuesto hablar con quien se le acercara. Por otro manteniendo un perfil discreto, dejando claro a la organización que no iba a conceder entrevistas. Aunque aceptó una rueda de prensa para que los periodistas tuviéramos al menos una oportunidad de preguntarle.

Aquella fue una de las ruedas de prensa más divertidas a las he asistido. Los periodistas estábamos sentados en círculo. En vez de permanecer en su lugar, frente a todos los periodistas, Kurtyka se levantaba y se sentaba frente al periodista que le preguntaba… Aquello creó un movimiento de periodistas en la sala moviendo cámaras y grabadoras para situarlas frente a donde se acababa de sentar Kurtyka. Cada vez que le preguntaba un periodista, Voytek volvía a levantarse para sentarse frente a él, lo que obligaba a moverse al resto de los periodistas… y así con el siguiente, y el siguiente… Además de responder de una manera muy inteligente a las preguntas que le fueron formulando, Voytek consiguió convertir la rueda de prensa en algo distinto y divertido.

El arte de sufrir

El alpinista que no concede entrevistas ni quiere aparecer en los medios es también uno de los que más indaga en las raíces de lo que hace. Algo que se hace evidente en su único libro, El Maharajá chino, en el que reflexiona siguiendo caminos inesperados sobre todo lo que debe hacer para escalar un 7c+ en solo integral. ¿El motivo?: “La escalada es más que un mero elevarse en el espacio. En realidad es un difícil intento de alzarnos por encima de nosotros mismos, de alcanzar la libertad”. La gran pregunta que se hace en este libro enlaza con sus motivos para no querer aceptar premios. ¿El valor de la escalada se mide por la dificultad técnica? “Permite diferenciar pero por eso mismo se ha convertido en un registro vil al servicio de la vanidad humana. El grado no expresa en absoluto la intensidad de la experiencia de la escalada: no es más que veneno e infamia”.

La escritora Bernadette McDonald es una de las personas que mejor conoce a Kurtyka, pues mantuvo largas conversaciones con él para escribir su libro Escaladores de la libertad. Así lo describe Bernadette: “El escalador pensador, visionario y filosófico. Su visión siempre sirvió de inspiración. No entró en la carrera de los ochomiles…, le motivaban las líneas hermosas, los trazados difíciles, las vías futuristas. Huyó de las cuerdas fijas y las grandes expediciones”. Definió el alpinismo como “el arte de sufrir”, y tanto la escalada como el alpinismo los entendió como un arte más que como un deporte. En ambos, el éxito o el fracaso “no dependen tanto de la fuerza bruta como de la inspiración”. “Sólo en el arte contribuye un eslabón perdido al significado de una pieza”.

La mayoría de los grandes alpinistas no ha elegido a sus compañeros de cordada siguiendo las líneas que los políticos trazan en los mapas. El compañero no se elige por compartir una lengua, una bandera, una cultura… sino por compartir una misma pasión y visión del compromiso, el estilo, el espíritu…. Y, a pesar de vivir bajo un régimen comunista en una sociedad con poquísima capacidad económica, Voytek fue capaz (al igual que sus compañeros de generación) de saltarse todas las barreras

Viejos conocidos

El Piolet de Oro permitió a Kurtyya encontrarse con viejos compañeros de escalada, a los que hacía mucho tiempo que no veía. Por ejemplo a Robert Shauer, con quien escaló el G-IV (1985, cara oeste, sin alcanzar la cima), en una de las ascensiones que muchos sitúan como una de las más importantes de la historia (según algunos, “igualada pero nunca superada”); llevaban 25 años sin verse debido en gran parte a las desavenencias que tuvieron tras ella. Kurtyka ha escalado con muchos de los grandes alpinistas de su época, y allí estuvieron, para compartir el Piolet de Oro con él, y recordar anécdotas, Rene Ghilini, Jean Troillet, John Porter, Doug Scott, Sandy Allan…

El Piolet de Oro 2016 nos permitió el encuentro con muchos otros grandes del alpinismo, como Victor Saunders, Catherine Destivelle, Silvo Karo, Simón Elías, la escritora Bernadette McDonald… y muchos otros personajes del alpinismo y la cultura de la montaña que se acercaron a La Grave para disfrutar de este encuentro alpinístico único en el mundo.

El Piolet de Oro 2017 inicia ahora su camino. Lo de menos es dónde se realice. Chamonix, Le Grave, ¿el país del ganador del premio a la carrera?… Lo importante es que, un año más, se haga realidad este encuentro entre alpinistas de distintas generaciones, países, culturas, mentalidades… que comparten la misma pasión por el alpinismo en estilo alpino, ligero, comprometido, de dificultad, de exploración…

Comentarios
4 comentarios
  1. Hay personas que iluminan la mente y el paso de otras personas, sin conocerlas siquiera. Muchos Kurtyka que hubiesen.

  2. Congratulado con el cambio de tendencia que éste organismo parece querer darle al afamado «piolet d’or» Pienso que el montañismo y la escalada no necesitan de las competiciones o el carácter competitivo para perpetuarse. Y mis felicitaciones a l@s premiad@s en especial a tal Voytek Kurtyka

  3. Ahora la compe será para estar nominado al Piolet!! Para el próximo año, Piolet d Or a la organización. Han conseguido cima después de tres intentos al «Kutyka Peak»!! ..duro de pelar

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