EXPLORANDO

Pedro Nicolás, 100 años de alpinismo de Peñalara

El club Peñalara cumple 100 años de historia. Dentro de su Ciclo de Conferencias «Bernaldo de Quirós», el geógrafo, alpinista y «peñalaro» Pedro Nicolás nos ofreció una emocionante conferencia ilustrada con históricas fotos y muy bien documentada acerca de estos 100 años de alpinismo de Peñalara.

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La conferencia tuvo lugar en el Real Jardín Botánico de Madrid, como ya es tradición en este Ciclo “Bernaldo de Quirós”, que Enrique Hidalgo y Peñalara vienen organizando desde hace nueve años.

He de comenzar diciendo que no es nada fácil encontrar un conferenciante más y mejor cualificado que Pedro Nicolás para afrontar con acierto una conferencia de esta naturaleza histórica plagada de eventos, nombres, fechas, delicadas valoraciones y detalles a veces difíciles de comprobar por el transcurso del tiempo y por la desaparición de los protagonistas. El propio Nicolás mencionó no obstante tres nombres alternativos.

Su condición de docente –Pedro Nicolás es profesor en la Universidad Autónoma de Madrid- su carácter científico y riguroso, así como su propia y extensa experiencia alpina -ha sido protagonista en destacadas realizaciones alpinísticas de los ochenta y noventa- le señalan como el hombre idóneo para realizar este trabajo con brillantez y con conocimiento de causa. El Comité Organizador del Centenario de Peñalara acertó al designarlo.

Comenzó el conferenciante contándonos su primer nexo de unión con este trabajo de recopilación y estudio de los 100 años de alpinismo de Peñalara, nexo que tuvo lugar cuarenta años atrás: siendo Pedro estudiante de Bachillerato, acudía a la Biblioteca de la Calle Santa Engracia (entonces Joaquín García Morato), allí le dejaban el taco de peñalaras atados con una cuerda y se pasaba la tarde entera leyéndolos… Es un buen comienzo ¿no?

Recordemos aquí que la Revista Peñalara se viene editando desde la fundación del club en 1913.

El tema de la conferencia da para mucho, ya que son muchos los años y muchas las actividades, pero el tiempo para contarlo es muy limitado, lo que debe por sí mismo explicar algunas inevitables omisiones. Por esa misma razón, Nicolás se centró especialmente en los tiempos fundacionales, los años de los pioneros, los años “románticos” y pasó a más velocidad por los años más recientes, cuyos numerosos contenidos, nombres y personas nos resultan a casi todos más conocidos. Ilustró sus palabras con muchas fotos del archivo de Peñalara –algunas, verdaderos documentos históricos- con fotos cedidas por los propios protagonistas y sus familiares y también con fotos propias.

“Hablar sobre las personas que a lo largo de cien años se han dejado la vida en el alpinismo no es fácil, ni se puede resumir fácilmente”, añadió Nicolás.

Los comienzos

Las actividades del club se repartieron desde los momentos iniciales entre un colectivo más excursionista y otro más deportivo o alpino. Así, los primeros pasos alpinos del club se dieron en Gredos (1er Hermanito y Ameal de Pablo) en los Pirineos (Aneto y Posets) y en nuestra Pedriza: en 1916 se logra la 1ª gran gesta alpina con la escalada del entonces “Pinganillo Grande”, hoy “El Pájaro”, a cargo de Zabala, Bellido, Meliá y Shaachtzabel.

La mejoría económica experimentada en España entre 1913 y 1918 (las necesidades de la 1ª Guerra Mundial) permitió la construcción del refugio Giner de los Ríos en la Pedriza. Durante estos años destacó Antonio Víctory por sus campañas pirenaicas, logrando en la de 1920 la 1ª nacional al Balaitus junto a Bargueño, en la que se produjo, por cierto, la primera muerte de un miembro del club, Carlos Schneider. Destacó también José del Prado, que escaló en 1928 los primeros cuatromiles de los Alpes, Monch y Junfrau, y más tarde El Naranjo de Bulnes, en los Picos de Europa.

La Edad de Oro”

En julio de 1930 se crea el GAM (Grupo de Alta Montaña de Peñalara), con la élite de los escaladores de entonces: Rojas, Delgado Úbeda, Bargueño, Prat, Nacarino y más tarde, Angel Tresaco y Teógenes Díaz, dos nombres de leyenda. Eran los años del llamado “alpinismo acrobático”, unos años que Pedro Nicolás considera como “La 1ª edad de oro” del alpinismo en Peñalara, y no le falta razón, porque en esos años 30 “cayeron” muchos mitos de la escalada en unos tiempos en los que el primer trabajo a realizar por los alpinistas era identificar los picos y las cumbres, y cuyos medios, equipo y material nos pondrían hoy los pelos de punta: se escalan el Risco Moreno y el 2º Hermanito en Gredos, la Sur del Naranjo en solitario por Ricardo Rubio en 1932; la 1ª al Torreón de los Galayos (chimenea Oeste) por Teógenes y Ricardo Rubio -memorable en la historia de Peñalara- luego escalado por Tresaco y Enrique Herreros y en solitario por Miguel López; Teógenes y Tresaco vuelven juntos a la carga escalando en 1933 las Crestas de Costerillou y del Diablo en el Balaitus, el Torreón por la Sur en 1934 junto a Herreros, Mato y Orgaz y finalmente la Sur del Pájaro junto a Mato en 1935. En este mismo año, Teo, Tresaco y Pepín Folliot se atreven con el entorno salvaje del Couloir de Gaube en el Vignemale, que contaba con sólo cinco ascensiones, todas francesas. Folliot se estrena allí con los crampones y Tresaco relataría después: “vemos con estupor la salida del couloir”, que resuelven por la pared de la Pitón Carré en un audaz golpe de teatro que deja boquiabiertos a los vecinos franceses…

La Guerra Civil española supuso una dramática ruptura de estas andaduras alpinas, como lo supuso para toda la vida del país. A su término, nuevos nombres toman las riendas de la actividad montañera y de sus organizaciones y actividades, que se habían visto paralizadas por efecto de la guerra.

Los años cuarenta y cincuenta

Florencio Fuentes, el gran escalador de esta nueva hornada, abre junto a Rojas y Folliot la Sur Directa del Torreón y la Sur Directa de Peña Santa en 1947. Fuentes logra, junto a Baldomero Sol, la 1ª a la Norte de la Pique Longue de Vignemale en 1949.

Entre 1949 y 1951 varios peñalaros fueron a Chamonix invitados por la ENSA y allí se ganaron un gran prestigio, entre otras razones por haber contribuido al rescate de un guía local. Isabel Izaguirre escala el Mont Blanc en 1950 y la travesía del Cervino en 1953. Son los años de las primeras invernales de la arista de Salenques y del Infierno en los Pirineos. Teo regresa en 1953 para escalar el Couloir de Gaube junto a Fuertes y Rafael Pellús. Entran en escena Carlos Soria, Antonio Riaño y Salvador Rivas, nombres frecuentes en los logros posteriores de Peñalara.

La mayoría de edad

Así definió Nicolás la etapa que se inicia con la emblemática Expedición Española a los Andes del Perú de 1961. En ella se escalan 38 cincomiles vírgenes y se abre nueva ruta en el Huascarán. Esta es la década en la que los españoles se lanzan a por las grandes paredes de los Alpes, así, en 1962, Soria, Riaño y los hermanos Durán logran la 1ª nacional a la Oeste del Petit Dru en el Macizo del Mont Blanc, y Rivas y César Pérez de Tudela, la Oeste de la Cima Grande de Lavaredo en los Dolomitas. En el 68, la Expedición al Cáucaso pone en la difícil cumbre del Ushba a C. Soria, Carlos Muñoz-Repiso, S. Rivas y C. Pérez de Tudela.

Los 70 traen una nueva hornada de grandes escaladores que ponen su mirada en la Oeste del Naranjo en invierno, lograda finalmente y tras algunos intentos épicos, por el esfuerzo conjunto de las cordadas Lucas-Gallego y Pérez de Tudela-Ortega en febrero de 1973. Soria, Muñoz-Repiso, Rivas y Luis B. Durand logran en 1971 la primera nacional al McKinley (o Denali) en Alaska, tras un ejemplar trabajo en equipo, bajo la dirección de Jaime García Orts. 1975 es el año del primer ochomil español (cima principal), el Manaslu, cuya cumbre alcanzan Jerónimo López y Gerardo Blázquez. A finales de los setenta aparecen nombres como Paco Aguado, Ramón Portilla, Luis Fraga y Joan Quintana, pioneros de un alpinismo de dificultad que (nos) ha marcado el camino a muchos de los alpinistas de hoy en día. No quiso Pedro Nicolás olvidarse de “Poli”, Hipólito Maeso, e hizo mención de sus notables escaladas con Juanjo Zorrilla.

Tiempos modernos

Valiente y muy digna en su planteamiento ligero y en su desarrollo, fue la expedición de 1986 a la arista NE del Everest, que mereció una mejor meteorología; sus componentes fueron el propio Nicolás, Jerónimo, “Toti” Sánchez, Soria, Rivas, Durand, Mariano Arrazola, Eduardo Martínez de Pisón y Tote Trenas. En 1990 el Nanga Parbat recompensó con su cumbre los esfuerzos a Pedro Nicolás y a Carlos Soria, en una expedición “totalmente peñalara” en la que estuvieron también Toti Sánchez, Jorge Palacios y Arrazola. En 1994, de nuevo una “expedición peñalara”, pone en la cumbre del Gasherbrum II a nada menos que seis de sus componentes: Pedro Nicolás, Carlos Soria, José Luis Hurtado, Antonio Tapiador, Javier Garrido y José Carlos Llamas.

Carlos Suárez y Alfonso Vizán son las dos últimas grandes figuras del alpinismo nacidas en el seno de Peñalara, y nombres míticos como el Gran Capucin, Fitz Roy, Cho Oyu, Norte del Cervino, Norte de las Grandes Jorasses, Kusum Kanguru y Torre Asgard avalan sus trayectorias. Las últimas palabras de Pedro Nicolás fueron para Carlos Soria, quien ha logrado, entre muchísimas otras montañas y escaladas desde su aparición en escena a finales de los años 50, las cumbres de once ochomiles, y está en estos momentos aproximándose al que puede ser el duodécimo, el Kangchenjunga. La historia de Peñalara sigue por tanto escribiéndose en este año de su centenario.

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