(1921-1965)

Lionel Terray, padre de «Los conquistadores de lo inútil»

Recorremos la trayectoria de uno de los grandes alpinistas de nuestro tiempo y nos adentramos en un pensamiento que ha dejado una profunda huella en generaciones de montañeros.

Lionel Terray en el documental francés: "Stars Above Mont Blanc" de 1959
Lionel Terray en el documental francés: «Stars Above Mont Blanc» de 1959
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La tumba de Lionel Terray (1921-1965) es una de las que siempre tiene más flores del cementerio de Chamonix-Mont-Blanc. Pocas veces en la historia han confluido en la misma persona el carisma, el compromiso, la ética, la generosidad, la pasión y un alto nivel deportivo junto con una capacidad innata de transmitir e inspirar generación tras generación.

El propio Reinhold Messner lo calificaba como “una de las figuras más sobresalientes de la historia del alpinismo» y situó la figura de Lionel Terray como uno de sus modelos y fuentes de inspiración a lo largo de su carrera como alpinista.

Sus hazañas en las montañas

Nacido en 1921 en Grenoble, ya desde la infancia se sintió atraído por las montañas y prácticas como el esquí y la escalada. En su biografía, se sitúa su verdadero inicio en el alpinismo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en Chamonix realizó una notable cabalgada de la arista sur del Moine y destacó en esquí alpino, siendo tercero en el Campeonato de Francia.

En 1941 coincidió con Gaston Rébuffat en una formación militar y formó parte de una unidad de alta montaña que combatió entre 1943 y 1944. Con Rébuffat abrió la arista oriental del Pain de Sucre o la norte de la Aiguille des Pélerins entre otras.

A partir del final de la guerra en 1945, el alpinismo lo es todo para él. Comienza a escalar con su compañero de cordada legendario, Louis Lachenal, y en 1949 se convierte en guía alpino. En estos años realizó enormes ascensiones en los Alpes, como la cuarta de la Walker a las Grandes Jorasses (1946) o la histórica segunda ascensión de la cara norte del Eiger (1947), ambas con Lachenal, con quien también batieron el récord de la Cassin al Piz Badile (1948).

El año 1950 significa un punto de inflexión en la carrera alpinística de Lionel Terray. Aquel fue el año de la expedición al Annapurna, de la que regresó como un héroe tras renunciar a la cima para ayudar a sus compañeros Maurice Herzog y Louis Lachenal, que bajaban con congelaciones. Desde ese momento, se suceden las ascensiones internacionales de altísimo nivel, muchas de ellas a través de rutas que todavía hoy representan un desafío.

En los Andes destaca la primera ascensión absoluta del Cerro Chaltén (Fitz Roy) junto con Guido Magnone (1952): “De todas mis ascensiones, la conquista del Fitz Roy es aquella en la que más cerca he estado de los límites de mis fuerzas y de mi valor”, escribiría años más tarde. En la cordillera sudamericana también escaló el Aconcagua (1952), el Nevado Soray, Nevado Verónica, Taulliraju, Chacraraju (1954) y Chacraraju Este (1962).

En el Himalaya firmó la primera ascensión del virgen Chomo Lonzo con Jean Couzy (1954), quien sería su compañero también en la primera absoluta del Makalu (1955). Otra ascensión muy remarcable en Nepal fue la primera absoluta del Jannu (1962), en una expedición que lideró y en la que también hicieron cima René Desmaison, Paul Keller, Robert Paragot, Gyalzen Mitchung Sherpa, André Bertraud, Jean Bouvier, Pierre Leroux, Yves Pollet-Villard, Jean Ravier y Wangdi Sherpa. Aquel mimso año también coronó el Nilgiri Norte.

Su última gran ascensión fue en el Mt Huntington, en Alaska (1964). Falleció el 19 de septiembre de 1965 en un incomprensible accidente de escalada junto con su amigo Marc Martinetti en las Arêtes du Gerbier, en el Vercors que tanto conocía. Sufrieron una caída mortal en un tramo de grado III que escalaban en ensamble.

Los conquistadores de lo inútil

Más allá de su legado en las montañas, su libro Los conquistadores de lo inútil (1961) es uno de los mayores clásicos de la literatura de montaña y una especie de biblia del alpinismo. “Un libro imprescindible para quienes además de subir montañas les gusta soñar con ellas”, reza la reseña que hace de la obra LibreriaDesnivel.com.

Editado por Ediciones Desnivel, es uno de los libros de alpinismo de más éxito y ya acumula seis ediciones en castellano. Conquistadores, como lo llamamos familiarmente, es y será un clásico de la literatura de montaña, tal vez el más vendido y más leído de todos los tiempos”, explicita también esa reseña, que concluye diciendo que “su carácter arriesgado y la pasión inmensa con la que vive cada una de sus ascensiones hacen de él un escritor fuera de serie, un comunicador extraordinariamente expresivo con el que se han sentido identificados varias generaciones de alpinistas”.

Los conquistadores de lo inútil. De los Alpes al Annapurna por Lionel Terray. Ediciones Desnivel

Los conquistadores de lo inútil

por Lionel Terray

Lionel Terray en 6 frases

“En esta montaña orgullosa y bella hemos vivido horas de nobleza fraterna, cálida y exaltante. Aquí, durante unos días, hemos dejado de ser esclavos y hemos sido verdaderamente hombres. Es duro volver a la servidumbre.”

“¿Adónde podrían ir? ¿Lo saben siquiera ellos mismos? Buscan la aventura. Buscan horas de intenso sufrimiento y felicidad. Buscan la lucha y la conquista. Lejos de los refugios y de las cimas concurridas, quieren revivir en sí mismos las dudas y las emociones de los primeros pioneros de la montaña.”

“Si la conquista de una gran cumbre trae momentos de exultación y dicha que, en la existencia monótona y materialista de los tiempos modernos, nada puede igualar, también presenta grandes peligros. El objetivo del gran alpinismo no es afrontar el peligro, pero este es una de las pruebas que hay que superar para merecer la alegría de elevarse, por un instante, por encima de la condición de gusanos arrastrándose.”

“Mi vida no ha sido más que un largo y delicado equilibrio entre la acción gratuita, que correspondía al ideal de mi juventud, y la honorable prostitución, que aseguraba mi pan cotidiano.”

“¡No soñéis con una vida fácil! ¡No pidáis una tarea que esté a la medida de vuestras fuerzas! ¡Pedid, más bien, que vuestras fuerzas estén a la altura de vuestros deberes!”

“En cuanto a mí, personalmente, tendré que bajar los grados de la escala. Mis fuerzas y mi valentía ya no dejarán de disminuir. Muy pronto, los Alpes se convertirán para mí en picos mucho más terribles de lo que fueron en mi juventud. Si en realidad no hay ninguna roca, ningún serac, ninguna grieta que me esté esperando en algún lugar del mundo para detener mi carrera, llegará el día en el que, viejo y cansado, encontraré la paz entre los animales y las flores. El círculo quedará cerrado, y por fin seré el simple pastor que añoraba ser en mis sueños de niño.”

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