¿LAS DEJARON O NO CAINEJO Y PIDAL EN LA CUMBRE?

La verdadera historia de Schulze y las botellas del Urriellu

En ocasiones las leyendas, de tan repetidas, se confunden con la realidad. Es lo que ha ocurrido con la historia de las botellas de vino que Gustav Schulze (autor de la segunda ascensión al Naranjo, 1906) encontró en la cumbre del Picu, dejadas supuestamente por los primeros ascensionistas, el marqués de Pidal y el Cainejo (1904). La investigadora especialista en Picos Elisa Villa, nos desvela en este interesante artículo qué hay de realidad detrás de esta anécdota.

Autor: Elisa Villa | 1 comentario | Compartir:
Una foto de Schulze tomada durante su última ascensión al Zugspitze, la cumbre más alta de Baviera y de Alemania (es el pico que se ve al fondo). La imagen es de 1913, es decir, posterior a su estancia en España.
Una foto de Schulze tomada durante su última ascensión al Zugspitze, la cumbre más alta de Baviera y de Alemania (es el pico que se ve al fondo). La imagen es de 1913, es decir, posterior a su estancia en España.    Foto: Archivo Familia Schulze

Hay ocasiones en las que una leyenda envuelve un hecho histórico, se adhiere a él, y hasta lo supera, pasando el aspecto legendario a ser casi lo único que con el tiempo se recuerda.

Cuando alcanza ese grado, será difícil competir con la fuerza de una leyenda, porque, con frecuencia, esta parece mejorar, o al menos “redondear”, la historia real.

Algo así ha ocurrido con un relato que enlaza a los protagonistas de las dos primeras escaladas al Naranjo de Bulnes (llamado el Urriellu, o el Picu, por los naturales del país), en el que se cuenta cómo Gustavo Schulze, autor en 1906 de la segunda escalada a esa cima, encontró en la cumbre dos botellas que Pedro Pidal y Gregorio Pérez habían dejado allí en 1904; una contenía la tarjeta de Pidal y otra estaba llena de vino.

El relato en cuestión continúa diciendo que, más tarde, en 1907, Schulze, Pidal y el conde de Saint-Saud se reunieron en la Fonda Velarde de Bustio, junto a la desembocadura del río Deva, y allí, durante la cena, el primero entregó a Pidal la tarjeta, dándole las gracias por el vino que generosamente había dejado en la otra botella como regalo para el primero que volviese a subir al Picu.

Fonda Velarde (Bustio, Asturias) en 1909. Foto: Archivo E. Villa.
Fonda Velarde (Bustio, Asturias) en 1909. Foto: Archivo E. Villa.

La historia que comentamos comenzó a difundirse a partir de 1985, fecha en la que se publicó la primera traducción al castellano de la gran obra de 1922 del conde de Saint-Saud “Monographie des Picos de Europa”.

En esa traducción, titulada “Por los Picos de Europa” y realizada por el alpinista y gran estudioso de los Picos de Europa José Antonio Odriozola, la historia de las botellas aparece contada por el conde de Saint-Saud.

Y como el conde parecía una fuente fiable, puede decirse que desde entonces casi no ha habido publicación, conferencia, o artículo sobre la gesta de la conquista del Naranjo en la que no se haya repetido tan sorprendente anécdota.

Pero es justo señalar que algunos autores, como, por ejemplo, Francisco Ballesteros, en su libro “Las historias del Naranjo” de 2004, y Alberto Fernández, en un artículo de 2006 en Peñalara titulado “Las botellas misteriosas”, han manifestado su extrañeza ante el hecho de que Pidal y Gregorio, enfrentados a una escalada arriesgada y difícil, y en una pared desconocida, hubiesen sido capaces de subir con ellos un par de frágiles botellas. Aunque, como añade Alberto Fernández, del marqués de Villaviciosa se podía esperar cualquier osadía.

El misterio de las botellas se resolvió en octubre de 2006, cuando, coincidiendo con el centenario de la ascensión de Gustavo Schulze, aparece el libro “Gustav Schulze en los Picos de Europa (1906-1908).

La obra, en la que participamos cuatro autores, daba a conocer los diarios de campo, en parte también personales, en los que el geólogo y alpinista había ido anotando minuciosamente las actividades realizadas durante sus tres campañas en España.

En estos cuadernos, descubiertos a finales de los años 70 en la biblioteca de una universidad alemana, Schulze no menciona botella alguna en la cima del Urriellu, como tampoco lo hace en el hermoso y extenso artículo sobre su ascensión publicado en 1934 en la revista Peñalara.

Los autores del libro citado conocimos otro relato más de Schulze contando su aventura en el Naranjo, y este inédito: el texto de una conferencia impartida por el alpinista en Munich en 1908, una conferencia salpicada de anécdotas en la que, sin embargo, no hizo ninguna referencia a algo tan inesperado como habría sido encontrar dos botellas en aquella cima.

Nos dirigimos entonces a la obra original en francés de Saint-Saud (casi olvidada por entonces), de la que procedía la traducción de Odriozola, y revisamos cuidadosamente sus dos ediciones (1922 y 1937), comprobando, con sorpresa, que la historia de las botellas no aparece en ninguna de ellas. Y es que, en realidad, Saint-Saud… nunca la contó.

¿De dónde surgió, entonces?

Un artículo sobre Schulze, publicado por Odriozola en la revista Peñalara en 1965, por tanto, muy anterior a la traducción de la obra de Saint-Saud, nos dio la clave.

En ese artículo, Odriozola dice que ha visitado la Fonda Velarde para recabar datos sobre Schulze (alojado allí a principios del siglo XX) y que Delfina Velarde, única superviviente de la familia, le ha contado detalles de una cena que, 58 años atrás, reunió en la fonda a Pidal, Schulze y Saint-Saud.


 

Esos detalles incluían una conversación entre Pidal y Schulze sobre las botellas del Naranjo, conversación que ella, entonces una jovencita, pudo escuchar gracias a que “andaba por allí mientras servían la cena”.

Así pues, Delfina es la única fuente de la que procede la supuesta historia de las botellas. Odriozola tomó la anécdota como un hecho real y, años más tarde, al abordar la gran tarea de traducir a Saint-Saud, no se resiste a incorporarla al texto en castellano; pero, llevado quizá por el entusiasmo, cometió el error de insertarla como si fuese parte de la obra original de Saint-Saud.

Con todos estos datos, el sentido común nos dice que lo que Delfina escuchó en 1907, y muchos años después transmitió a Odriozola, no fueron otra cosa sino las bromas joviales que se gastaron entre sí dos comensales con sentido del humor.

Gregorio Pérez "El Cainejo" (el de la izquierda) con uncompañero pastor. Fotografía del libro Por los Picos de Europa desde 1881 a 1924
Gregorio Pérez «El Cainejo» (el de la izquierda) con Marceliano Carrandi, guarda de montes en aquella época de la Casa Forestal de Fana. Fotografía del libro ‘Por los Picos de Europa desde 1881 a 1924’. Foto: Saint-Saud.

No obstante, si todavía hay alguien a quien le puedan quedar dudas sobre la no existencia de las botellas del Naranjo, se le sugiere que repare en lo que cuenta el propio Pedro Pidal sobre su gran escalada de 1904: “… llegamos a un punto en que tuvimos que dejar los morrales, los anteojos y los palos, todo, menos la cuerda, para marchar con el mayor desembarazo posible”.

Y quizá también se puedan considerar significativas las palabras de Gregorio, cuando comenta que al llegar a la cumbre tomaron “unos caramelos por la mucha sed que teníamos”. No parece que tuviesen a mano líquido alguno.

La historia de las botellas aparece recogida de nuevo en el magnífico número que Desnivel ha dedicado recientemente al Urriellu (Desnivel nº 408, octubre 2020, pág. 9), demostrando, una vez más, con qué fuerza ha quedado enraizada en la crónica de las dos primeras ascensiones al Picu.

Se non è vero, è ben trovato, dice un refrán italiano para justificar una anécdota que ayuda a describir con eficacia un hecho real, y que incluso le añade interés aunque, en realidad, tal anécdota jamás haya tenido lugar.

Este refrán se podría aplicar a nuestra historia de las botellas, y ganas dan de hacerlo, porque la anécdota ¡es tan singular! Sin embargo, en aras de un registro de la historia lo más riguroso posible, debemos renunciar a este sabroso aderezo. Vayamos acostumbrándonos.

Elisa Villa
(Montañera, geóloga e investigadora, especialista en Picos de Europa)


 
Comentarios
1 comentario
  1. Hola Elisa, me ha gustado mucho leer tu aclaración. En mi obra Libros de Cima (Ediciones Desnivel, marzo 2018, nºcolección 142) analicé esta anécdota y tras leer vuestro impresionante libro sobre Gustav Schulze, también lo desmentí (pp.92-93). Un saludo y gracias.

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