EXPLORANDO

La soledad de Juan Menéndez Granados

El pasado miércoles 17 de enero la Librería Desnivel acogió a uno de los hombres más osados del país. Siempre en solitario. Siempre a dos ruedas.

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Juan Menéndez preparando su proyección en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge JiménezJuan Menéndez preparando su proyección en la Librería Desnivel.- Foto: Jorge Jiménez

«Esta tarde tenemos a Juan Menéndez, joven y fuerte. Un chaval que a pesar de su edad temprana se ha enfrentado a los viajes, a la aventura. Se ha lanzado al camino de la vida, de la belleza, de la amistad, de la soledad y a veces, del dolor». César Pérez de Tudela presenta así al asturiano que ha llenado la Librería Desnivel. Abarrotada, la zona de proyección rezuma fanatismo ciclista. Han venido a ver a este explorador de 24 años, con un extenso currículum de aventuras en solitario. Autosuficiente. Él nos va a proyectar imágenes de su última expedición por Rusia. Ha atravesado los Urales a dos ruedas y es la primera persona que lo piensa, se embarca en ello y lo logra.

Juan Menéndez Granados ha viajado por la selva y el desierto. Por los pantanos de la tundra y por las nieves de los Andes. Bajó a África y pedaleó por aprender y disfrutar. Todo está perfectamente documentado en su web. Permanece sentado y tranquilo mientras preparo la cámara y la luz. Responde todas las preguntas con vehemencia, añorado el sabor de las sendas recorridas. Un tipo para descubrir y una entrevista para descorrer la cortina.

Cesar Pérez de Tudela presentando a Juan, con su habitual labia.- Foto: Jorge JiménezCesar Pérez de Tudela presentando a Juan, con su habitual labia.- Foto: Jorge Jiménez

¿A qué te dedicas habitualmente cuando no estás viajando?
A preparar la siguiente expedición. Trabajando en cualquier cosa, buscando patrocinadores. Preparando la logística, el itinerario, viendo como me voy a avituallar, pensando siempre en el siguiente proyecto.

¿Cómo es la relación con los patrocinadores?
No necesito mucho dinero. O mejor dicho, nunca consigo el suficiente. Siempre me voy con unos medios bastante precarios. Hay que tener en cuenta que al ir en solitario y escoger estos destinos que no son precisamente fáciles, necesitaría un teléfono satelital por si me ocurriese algo, y todavía no he tenido los medios suficientes para comprarlo. Yo no estoy loco, sé que si me ocurre algo lo puedo pasar bastante mal.

Siempre en solitario, ¿cómo llevas la soledad?
Hay momentos duros. Cuando echas de menos a un compañero es en esos momentos de bajón, en los que has sufrido un varapalo, hay mal tiempo, tienes poca comida, la bici no está bien, andas medio perdido por las montañas; ahí es cuando echas de menos a un compañero que te diga «bueno hombre, tranquilo, mañana salimos de aquí y salimos adelante». Sin embargo, tiene una gran ventaja: una vez que encuentras gente estás más predispuesto, y ellos también, a entablar una comunicación. Eso es muy positivo para conocer la cultura del lugar a donde voy.

¿Hay algo que te haya sorprendido especialmente recorriendo esas culturas?
Me llamo mucho la atención, estando ya cerca del Sírculo Polar Ártico, una tribu de esquimales. Eran unos cuidadores de renos. Viven en una especie de tienda de campaña. Casi viven de lo que extraen de los renos, la piel la carne, lo aprovechan todos. Son bastante nómadas, pues se mueven buscando mejores pastos. Es una cultura bastante curiosa.

Carlos Gómez recoge el obsequio que Juan Menéndez realizó a Desnivel.- Foto: Jorge JiménezCarlos Gómez recoge el obsequio que Juan Menéndez realizó a Desnivel.- Foto: Jorge Jiménez

¿Y cómo es la gente que se cruza contigo en el camino?
La gente se muestra hospitalaria. En algunos casos, allí en Rusia, fui el primer turista para muchos. Eso provocó que algunos me tomasen por espía o por terrorista. Pero por lo general me tratan muy bien y hacen lo posible para que continúes bien.

Sufrí bastantes interrogatorios de la policía, registros… al principio me lo tomé de manera un poco catastrófica, luego me acostumbré y ya les ofrecía yo mismo mis pertenencias para que las registrasen.

Pero no tenías ni idea de ruso cuando fuiste…
No. Ese fue uno de los mayores hándicaps. Llegué sabiendo decir gracias nada más y llevaba unas guías de conversación ¡que por cierto compré en Desnivel! Y bueno, ya se sabe, cuando la necesidad apura el ingenio se agudiza.

¿Alguna situación verdaderamente al límite, alguna vez que pensaras que no salías de allí?
Verdaderamente al límite o a punto de perder la vida… no. He tenido situaciones difíciles, como aquella diarrea en la expedición por el Alto Atlas que a punto estuvo de echar por tierra la expedición. En esta última expedición tuve bastantes problemas con el estado de los caminos. No pensé nunca en volver a casa, pero si pensé que me iba a ser imposible lograr el objetivo.

¿Cambia algo tu vida el ser la primera persona que atraviesa los Urales en bicicleta?
Eso al final son números y estadísticas. Lo que sentí cuando lo logré fue una grandísima satisfacción, no pensé en ello. Que luego coincide con que eres la primera persona, pues mejor. Sólo pensaba en que era maravilloso y en que lo había dado todo de mi parte.

Juan Menéndez atravesando la urbe en su última expedición.- Foto: Col. Juan MenéndezJuan Menéndez atravesando la urbe en su última expedición.- Foto: Col. Juan Menéndez

¿De dónde surge ese amor por la aventura?
Surge poco a poco. Comencé a andar en bicicleta con 14 años, haciendo rutas por Asturias. A los dieciséis hice mi primera expedición al Camino de Santiago, un sueño hecho realidad. Y después me he ido planteando objetivos realistas y los he ido acometiendo. Lo mejor es que he ido cogiendo experiencia en todos los terrenos, desde el desierto a la tundra, la selva o la taiga.

¿Qué expedición recuerdas con más cariño?
Tal vez, por ser la más completa, la de Sudamérica, atravesando el desierto del Atacama, los Andes y la Amazonia. Muy bonita. Pero de todas guardo un sentimiento muy especial.

De las 75 etapas por Rusia, ¿hubo alguna especialmente dura?
Se me vienen algunas a la cabeza. Hubo un punto en que había 50 km sin camino. Llegué a un poblado en el que según el mapa había un camino. Pero no había camino. Les comenté a los lugareños hacia donde quería ir y se echaron las manos a la cabeza: «¡español, tienes un grandísimo problema, no hay camino!». Incrédulo les decía «pero si en mi mapa hay camino…». «Había. Hace treinta años, cuando yo era pequeño», respondieron.

La verdad es que se portaron muy bien. De forma totalmente desinteresada me acompañaron para guiarme por el bosque y me ayudaron un poco con el equipaje. Fue una experiencia difícil y encima perdí el altímetro. Fue un día duro, 50 km. por bosque.

¿Problemas con los mapas?
Muchísimos. En Rusia los mapas buenos están «prohibidos». El mejor mapa que encuentras es a escala 1:150000 y los que yo llevaba eran 1:200000. Claro, la escala buena para andar por el monte es de 1:50000 para abajo. También estaban editados hacía treinta años, llenos de errores, me perdí más de una vez…. Incluso una me perdí sesenta kilómetros por un bosque… un desastre.

¿Algún percance con la fauna?
No. Y eso que hay muchísimos osos en los Urales. Vi muchas muchas huellas. Una vez un oso se acerco a mi tienda de campaña. Hizo una pasada de supervisión… Yo no vi ninguno de cerca, pero muchos me vieron a mí. Pero ya se sabe que si se les respeta no tienen por qué hacer nada.

¿Pasaste miedo?
Hubo momentos en que sí. Cuando se acercó el oso, por ejemplo. Son cosas con las que vas mentalizado, sales adelante y no pasa nada.

Juan no sólo tiene talento para la bici...- Foto: Col. Juan MenéndezJuan no sólo tiene talento para la bici…- Foto: Col. Juan Menéndez

Tuviste un accidente…
Sí, tuve una caída muy fuerte. Me hice bastante daño en el costado izquierdo, en la rodilla sobre todo. Fue por culpa de unos tábanos que estaban rodeándome. En la Taiga y la Tundra hay muchas zonas pantanosas y vas siempre con una nube de estos bichos indeseables. Traté de quitarme algunos que me estaban mordiendo y pillé un bache, perdí el control y me caí. Sólo pude descansar dos días, cuando el cuerpo me pedía dos semanas.

Un viaje completo, ¿qué es lo que has aprendido?
Madre, es una pregunta dificilísima. ¡Se aprenden muchísimas cosas! Pero viajar cambia a la persona. Cada viaje te cambia un poquito. Puede que una parte de nosotros nunca cambie, pero tu mente se abre y comprendes muchísimas cosas.

¿Cómo ven en casa tu forma de vida, el ir en solitaria a estas aventuras?
Es complicado. Sufren bastante, se preocupan mucho. Al principio lo llevaban peor, pero ahora ya han visto que me desenvuelvo bien y se lo toman con más filosofía.

¿Entrenas habitualmente?
Lo que puedo. No entreno tanto como quisiera porque tengo que ocuparme de un montón de cosas, pero sí hago lo que puedo. Trato de simular en la medida de lo posible las condiciones a las que me voy a enfrentar. Sobre todo suelo usar peso en la bicicleta.

¿Y la alimentación?
Sí, por supuesto. Y en expedición todavía más. Trato de llevar una dieta lo más equilibrada posible. Lo que pasa es que luego te encuentras la comida que te encuentras. Llegas a un poblado y sabes que vas a pasar siete días hasta el siguiente. Coges comida para once días, con margen. Muchos hidratos y proteínas y cuando llego al siguiente poblado, arraso con la fruta.

Lo más raro que has comido…
Carne de reno, que por cierto está bastante buena.

¿Alguna aventura con la que siempre has soñado?
Dar la vuelta al mundo. Quizá algún día…

Un libro…
Si tuviese que elegir me quedaría con una guía de Desnivel.

 

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