Krzysztof Wielicki: “Mi mayor logro ha sido sobrevivir”

Celebramos el treinta aniversario de la primera ascensión invernal al Lhotse que realizó Krzysztof Wielicki en solitario un 31 de diciembre de 1988. Era su tercer ochomil invernal tras el Everest (1980, con Leszek Cichy) y el Kangchenjunga (1986, con Jerzy Kukuczka). Para celebrarlo publicamos la conversación que tuvimos con él en Oviedo el día anterior a que recibiera -junto con Reinhold Messner- el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2018.

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Krzysztof Wielicki recibió en octubre el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2018 junto a Reinhold Messner. Estuvimos conversando con Wielicki el día antes de la ceremonia de entrega para que nos transmitiera su  visión del alpinismo después de 48 años de actividad.

Krzysztof Wielicki (1950, Polonia) es una de las grandes figuras de la historia del alpinismo. Firmó la primera invernal a un ochomil —el Everest en 1980, junto a Leszek Cichy— y de otros dos años después: el Kangchenjunga en 1986 con Jerzy Kukuczka y el Lhotse el 31 de diciembre de 1988 en solitario. Una ascensión de la que hoy celebramos el treinta aniversario.

No era un estrella solitaria, sino uno más de la destacada generación de alpinistas polacos que elevaron el himalayismo al siguiente nivel. Por estos y otros logros recibía el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2018 compartido con Reinhold Messner.

«Estábamos muy hambrientos de éxito porque perdimos las grandes exploraciones comprendidas entre 1950 y 1964″

¿Qué significa recibir este premio?
Lo acepto en nombre del grupo de alpinistas de la edad del oro polaca en el Himalaya. Era un grupo muy fuerte y capaz de hacer ascensiones muy valiosas y casi todos han muerto, solo Voytek Kurtyka, yo y dos o tres más seguimos vivos. Por supuesto que estoy muy orgulloso por el premio, pero es para todos los polacos que hicieron tantas cosas en los 70, 80 y 90.

¿Qué hacía a vuestra generación tan diferente?
Estábamos muy hambrientos de éxito porque perdimos las grandes exploraciones comprendidas entre 1950 y 1964. Cuando se presentó la ocasión de ir al Himalaya porque obtuvimos pasaportes. teníamos hambre y queríamos comernos las máximas montañas posibles. Sabíamos que teníamos que hacer algo nuevo y especial para pasar a la historia. Se habían conquistado todos los ochomiles y nuestros amigos más mayores decidieron que había que empezar a escalar en invierno. Y sí, conseguimos escribir una parte de la historia y ganarnos el apodo de guerreros del hielo porque escalamos en invierno y, además, en estilo alpino, es solitario… Tratamos de hacer cosas nuevas.

Este último invierno has estado con gente joven en el K2. ¿En qué han cambiado?
Veo mucha personificación y es difícil trabajar en equipo. Nosotros lo teníamos pero es complicado manejarlo porque todo el mundo sabe qué puede, quiere y debe hacer. Miran por su propio éxito y esfuerzo. En nuestra época daba igual quien llegaba a la cima, lo importante era que llegase alguno porque eso significaba éxito. Lo que pasa hoy no se puede cambiar y es normal, pasa en todos los campos, con los medios de comunicación se hace complicado que sea distinto. Hay que aceptar que es otra época.

«Quizá tengamos que hacer dos equipos para el K2 invernal»

En la expedición de este invierno, tener conexión a internet en el campo base acabó siendo un problema.
Queríamos hacer lo mejor para los miembros del grupo y que pudieran tener contacto con la familia pero luego nos dimos cuenta de que fue un error porque no solo hablaron con su casa, sino que alimentaron todas sus redes sociales y había muchísimos canales abiertos para los medios de comunicación, no solo el oficial. Eso creó confusión. La culpa es de todos y la próxima vez limitaremos el uso.

¿Te gustaría volver al K2?
Espero que sí pero limitaremos el wifi porque también desmotiva. Los escaladores no se centran si están pensando en subir fotos, vídeos, en comentar y leer las respuestas que, después, generan debates…

¿Por qué habéis decidido dejar pasar un invierno antes de volverlo a intentar?
Necesitamos un poco de distancia. En segundo lugar, tenemos que trabajar más en el equipo. Hay que elegir a la gente que esté preparada para las condiciones invernales, no solo que sean buenos escaladores. No es tan sencillo, por eso tenemos la intención de hacer proyectos en alta montaña este invierno y primavera para ver cómo responden los más jóvenes y quizá incorporarlos al equipo.

¿Vais a hacer cambios en la estrategia?
Quizá tengamos que hacer dos equipos, uno que vaya un poco antes y otro que se una al cabo de un mes, más fuerte y preparado para intentar la cima. Así no se desgasta tanto y los primeros pueden preparar un poco la montaña. Esa es mi idea. De lo contrario, después de 40 o 50 días las gente acaba muy cansada.

¿Volverá Denis Urubko ?
No lo sé, no le hemos cerrado la puerta pero de momento pero tampoco está abierta. Hay ciertos malentendidos con respecto a la filosofía de escalada de cada partes y primero tenemos que aclarar esas cosas. Por eso no se ha anunciado aún el equipo. Imagino que se hará en primavera.

¿Qué opinas de su idea de invierno?
Es su idea pero yo no la sigo. Para mí el invierno es el astrológico y creo que el estilo es un dato posterior que acompaña y dice si fue bueno, malo, mejor, peor, solo, con oxígeno… pero eso es solo el estilo, no si es la primera invernal o no. De lo contrario, habrá inviernos con la filosofía de Simone Moro, de Denis, de los polacos, de Fulanito… creo que es mejor que todos sigamos la estación astrológica y, en la nota al lado, escribir más cosas.

«Tenía todo en contra en el Nanga Parbat»

Has recibido el Princesa de Asturias junto a Reinhold Messner. ¿Qué significa para ti?
Estoy muy contento porque es una leyenda de la escalada en el Himalaya, no podría concebir que me lo diesen a mí y a él no, creo que compartirlo ha sido una idea fantástica. No tiene detrás a un grupo de alpinistas italianos, él era una estrella individual.

Vosotros erais también estrellas pero en equipo.
Yo escalé con estrellas, de acuerdo, como Kurtyka, Wanda [Rutkievicz], [Jerzy] Kukuczka… Yo soy una especie de embajador del grupo.

Sobreviviste. ¿Hay algún secreto?
No hay secreto, ese es mi éxito. Mi mayor logro fue sobrevivir. He escalado 48 años en montañas altas y eso es mucho. La estadística no estaba de mi parte pero necesitas suerte, al margen de experiencia; la necesitas porque te ves muchas veces en situaciones críticas.

Una de tus escaladas más interesantes fue la del Nanga Parbat en 1996.
Ese fue mi gran logro. Estaba completamente solo y no debí hacer lo que hice. Tenía todo en contra: no había equipo, nadie en la montaña, final de la temporada, no conocía el terreno porque nunca había estado, no conocía la ruta… Si lo miro con distancia me parecen todo decisiones equivocadas. Por eso digo que, en última instancia, siempre se necesita suerte.

En la cima tuviste dudas.
Fue la primera vez en la vida en que me planteé que quizá debía tener una prueba de cima. En mi época nadie trató nunca de poner en duda si habías hecho una ascensión o no, si decías que sí, ya estaba. Pero aquella vez pensé que quizá debía demostrarlo y tuve suerte porque encontré el pitón que dejó Robert Schauer en 1976 en el que ponía «Austria 76 High Mountain Grass». Cuatro años después, en el Festival de Cine de Trento, estaba hablando sobre la expedición, enseñé el pitón y Robert Schauer, entre la audiencia, dijo: «¡Es mío!«.

«Ya no asumo los riesgos de antes y trato de equilibrar lo que puedo ganar con lo que puedo perder»

A tu mujer le gusta escalar pero a ti no te gustaba que escale.
Ese es el problema. A ella le gusta mucho escalar cosas difíciles y yo no quiero porque tengo miedo de que le pase algo. Temo dejarla sola y que vaya con otras personas por si pasa algo… y entonces voy con ella. Trato de ponerle freno cada vez, pero por otro lado no pasa nada porque escale, sabe con quién hacerlo.

Tu eras padre y te fuiste de expedición a hacer cosas arriesgadas.
Sí, ahora ya no asumo los riesgos de antes y trato de equilibrar lo que puedo ganar con lo que puedo perder.

¿Hay alguien de tu generación a quien eches más de menos?
A Wanda, claro, a Jurek, a Artur Hajzer… Escalé mucho con ellos. No he tenido compañeros de las nuevas generaciones porque son muy diferentes. Quienes iban conmigo ya han muerto o no hacen más alta montaña, como Voytek. Dejemos la montaña para las generaciones jóvenes con sus ideas y filosofía.

¿Qué consejo le darías a estas generaciones jóvenes?
Que vayan despacio, que tengan mucha paciencia y que tengan en cuenta que las montañas no desaparecen. Lo más importante es adquirir mucha mucha experiencia primero en objetivos pequeños y luego ir aumentando. No hay que ir tan rápido a las grandes montañas del Himalaya porque la experiencia y la paciencia son básicas.


 
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1 comentario

  1. No se traduce como "astrológico" sino como astronómico, el invierno astronómico.

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