El currículo de Joaquín Araujo es apabullante: 340 guiones de documentales, de los que ha dirigido casi doscientos, noventa libros individuales y sesenta colectivos; ocho enciclopedias; miles de intervenciones de programas de radio y otras tantas conferencias… y siempre con el mismo propósito: mostrar de forma sencilla las maravillas de la naturaleza que nos rodea. Si le preguntas de dónde es, este geógrafo, naturalista, ecologista, escritor y humanista, te dirá que extremeño, a pesar de que en su partida de nacimiento se lea Madrid.
Por Dioni Serrano
La mañana del día de la entrevista, Joaquín Araujo se desayunó con la noticia de que ya era miembro de la Academia de las Artes y Letras de Extremadura. No era la primera vez que esta región ponía sus ojos en Joaquín. Ya en 1999, el polifacético naturalista recibió la Medalla de oro de la región; una región de la que ha escrito mucho y en la que sentó sus reales hace más de treinta años. Una región que le ha cautivado tanto que cuando es preguntado por su lugar de procedencia siempre responde “extremeño”.
¿A qué viene eso de que eres extremeño?
Siempre gasto esa broma… es como un lugar común, pues siempre se dice que uno es de donde pace, más que de donde nace, y yo paso la mitad del año en Extremadura y allí está mi único hogar entendido como tal. Pero el vínculo es infinitamente más importante por el hecho de que tengo una sintonía especial con esos paisajes por haberlos pateado, vivido, estudiado. Esta casa donde nos encontramos es sólo un ‘intercambiador’.
Exactamente, ¿dónde está tu “hogar” extremeño?
En un valle de Las Villuercas –quizá en el valle más deshabitado de España. Allí tengo una finca con una casa donde paso la mitad del año dedicándome a mi huerta, mis animales, a escribir y a caminar. Cuando salgo no me separo de los prismáticos y de una grabadora. En cuanto suena un pajarito estoy con el equipo grabando.
¿Cómo terminaste en Las Villuercas?
Es una anécdota, pero la más definitiva de mi vida. Conozco Las Villuercas por el absolutamente fortuito suceso de que hice la mili con una persona de Castañar de Ibor que no hacía otra cosa que hablar de su pueblo. Entonces yo ya era un naturalista absolutamente encendido y fervoroso, así que le dije, “Bueno pues iremos a conocer tu pueblo” , y me presenté en Castañar de Ibor, y me quedé. Ya sé que puede parecer un poco sombrío, pero lo primero que pensé fue “¡anda! ya se dónde me van a enterrar…”.
Villuercas ha sido presentada como candidata a Geoparque ¿qué significa en realidad este tratamiento?
Bueno, lo más singular de la comarca es su morfología, que es lo que se llama un relieve apalachano, con potentísimos canchales y pedreras y con el que es posiblemente el mejor yacimiento de fósiles del Cámbrico de España. No me parece inoportuno. Me parece bien, aunque tampoco es que vaya a tener mucho gancho, porque la verdad es que en este país falta mucho para que haya una verdadera conciencia de paisaje. Pero sin duda lo del geoparque está bien.
Hablando de paisajes ¿Consideras que el Paisaje, así en general, necesita en España más protección?
Sí. Hay que introducir incluso las más elementales normas de apreciación. Ortega y Gasset dijo ya en su día que los españoles son gente “despaisajada”. Recuerdo que esto lo dije en una conferencia que compartía con Eduardo Martínez de Pisón, y que éste al oirme se quedó sorprendido, e inmediatamente me preguntó dónde lo había leído. Tardé como diez años en decírselo porque me olvidé, hasta que de pronto, un día, releyendo a Ortega, encontré la cita. Pero volviendo a lo del paisaje, en España hay un déficit cultural y emocional extraordinario. En este país se vive de espaldas al paisaje y a lo que significa.
Te acaban de nombrar miembro de la Real Academia de las Letras y de las Artes de Extremadura. ¿No es algo raro este cargo para un científico como tú?
Para mi es fundamental. Soy muy conocido por mi trabajo en asuntos de naturaleza, pero siempre he considerado que faltaba una cosa fundamental y es que al hablar de naturaleza, de paisaje, de conservación, de medio ambiente, se entendiera que estaba también hablando de cultura. Si cuando José María de Cossío escribía sobre toros se consideraba que era un acto muy cultura, o cuando el señor Vázquez Montalbán escribía sobre gastronomía. ¡Por qué hablar de animales no es cultural! Por otra parte, yo soy de letras, me apasiona tanto la literatura como la naturaleza, ya veis de lo que estamos rodeados… (señala las estanterías abarrotadas de libros que ocupan tres de las cuatro paredes de la habitación). Esta explicación tan larga viene a cuento de que me parece magnífico y me emociona estar en la Academia de las Letras; no de las ciencias que es lo que todo el mundo entendería. Me he sentido toda mi vida tan escritor como cualquiera por mucho que el noventa por ciento de lo que he escrito hayan sido sobre naturaleza.
Y con el resto de la región, ¿te relacionas?
Mucho mucho, porque la conozco muy bien. He viajado prácticamente a todos los rincones de Extremadura y tengo una deuda con ella, porque aunque he escrito varios libros sobre Extremadura, entre ellos el penúltimo que trata de la biodiversidad de la región, aún tengo pendiente un libro que recoja mi vivencia con sus gentes y su paisaje.
¿Cómo calificarías la naturaleza extremeña?
Como la mejor conservada de Europa.
Sin embargo, el porcentaje de espacio natural protegido es pequeño.
Es pequeño comparado con otras autonomías y sobre todo con Andalucía, con la que guarda muchas semejanzas, que tiene un 27 por ciento de su territorio protegido a alto nivel.
¿Eso significa que está desatendido o que no lo necesita?
Entramos en un debate muy complejo que sigue faltando en nuestra sociedad, y es que lo que más protege es una actividad racional. La utilización del paisaje es absolutamente lógica y si lo haces con criterios y sabiduría ecológica, el territorio estará más protegido que si lo proteges desconociendo los procesos naturales y la biodiversidad y además te importa muy poco desde el punto de vista cultural o sentimental… este es el drama. La figura siempre es un salvavidas. Protege más que se sepa lo que es compatible con la flora y la fauna de un lugar que poner un cartelito.
Pero un parque natural y no digamos un parque nacional siempre beneficia.
Para empezar, es un auténtico chorro de dinero del Estado, y en segundo lugar, la población “afectada” ve incrementada sus rentas.
¿Ves acertado que las comunidades autónomas gestionen los parque nacionales?
Absolutamente no. Es un despropósito. Tanto más maldice el que más cerca está. En este país tenemos el vicio de quejarnos y darnos pena que de ver qué se puede hacer. Sitios que han vivido del dinero europeo durante toda la democracia y que han pasado de la extrema pobreza a un nivel de vida alto y siguen pidiendo… La oposición a que no se proteja es absolutamente irracional, se basa en la idea de que yo quiero seguir haciendo lo me de la gana y no me hago responsable de nada no agradezco lo que ha llegado de fuera.
Tu lista de dimisiones es casi tan larga como la de tu producción.
Yo soy de dimisión fácil porque le tengo poco apego al poder. El poder es la droga más poderosa del planeta y la trampa conceptual más grande que el hombre se tiende a si mismo. Tengo un ramalazo orientalista y curiosamente es lo que más fuerza y confianza me ha dado en la vida. El poder sólo cambia al que lo tiene. Iba a hacer una cosa y acaba haciendo otra. Yo he procurado acercarme lo máximo posible a unos mínimos de coherencia con mis ideas y mis sentimientos. Por eso vivo en Villuercas… no entiendo al naturalista que no vive la naturaleza o al excursionista que no tiene una concepción del paisaje en su conjunto; y voy más allá: no concibo la vida sin cultivar la tierra y sin tener animales, de la misma forma que no entiendo que sólo se pueda escribir un libro en un ordenador. A mi me han publicado tres libros manuscritos.
¿Alguna vez te han ofrecido en puesto de ministro de medio ambiente? Sí, pero con matices. Yo he salido en los periódicos como posible ministro de medio ambiente –y lo desmentí en un artículo–, pero a mi no me ha llamado ningún presidente para decirme “oye ¿quieres venir? Imagino que porque yo no era ninguna garantía, que alguien diría “éste va a ser un problema… igual dimite a los cinco días y nos mete un escándalo”.
La imagen de la noticia hubiera sido chocante… un ministro con una azada.
Sí. Hoy, la noticia del nombramiento en el Hoy de Badajoz venía con una foto mía que daba casi miedo. Mis manos en primer plano aparecen laceradas, llenas de heridas, de callos, de tierra… Supongo que soy el primer académico que sabe ordeñar una cabra o que planta mil árboles al año, o que cojo con más frecuencia una azadón que una pluma.
El 2011 fue Año internacional de los bosques. ¿Qué trascendencia real tiene?
No mucha porque hay demasiadas efemérides. Siempre es el día de algo; el año de algo. Al menos sirven para agitar un poquito el mundo de la comunicación. Pero creo que debería haber muchas mas cosas; sería excelente que hubiera compromisos municipales y estatales.
¿Cómo están de salud los bosques españoles y en concreto los de Extremadura?
La situación no es para ser optimista. Sí, la superficie forestal ha crecido pero no debido a una verdadera política forestal o al empeño de las autonomías, sino porque se han dejado de cultivar casi tres millones de hectáreas, y la naturaleza lo va recuperando, primero con arbusto y después con árboles. Además, sí, tenemos más bosques que hace unos años pero están en peor estado de salud, y esto no sale en las estadísticas oficiales, algo que me pone de los nervios.
¿Qué es lo primero que debería aprender alguien que abandona la ciudad para vivir en el campo?
Lo más importante: que hay que nutrir lo que tenemos. La tierra no es una realidad fría, física que produce para que tú te alimentes. La tierra es un organismo al que hay que dar de comer y beber, y si lo haces bien tú comerás y beberás bien también.
¿Te parece legítimo que se explote el patrimonio natural en beneficio de la gente que vive en el medio rural?
Si se hace con un poco de sensatez y sensibilidad sí, pero todos sabemos que se corre un gran riesgo.
¿De dónde sacas la energía para hacer tantas cosas? ¿Cómo te organizas el tiempo?
El secreto es no cobrar por tu tiempo, no medirlo. Si lo mides no te da tiempo a nada. Cuando no compartimentas tu tiempo y sobre todo cuando no vendes tu tiempo con un salario, da tiempo a hacer todo. No tengo un plan definido y a lo mejor mañana escribo el mejor capitulo de uno de mis libros en una sala de espera. El caos es un buen aliado.
Pero eso vale cuando te llamas Araujo.
Por supuesto las circunstancias pueden ser favorables o totalmente desafortunadas, está en la condición humana, pero tampoco hagamos ninguna mitología. Hay pocos joaquines araujos; hay poca gente que pueda vivir como yo, pero debería haber muchísimos más. Seguramente habrá muchos escritores que dirán que no pueden levantar un muro de piedra seca, y habrá albañiles que dirán que es imposible escribir un libro. Yo digo que todos podemos escribir un libro y que todos podemos levantar una pared o coger un azadón. Y si no lo hacen ellos se lo pierden.
Alguien podría acusarte de esnobismo porque no necesitas cavar tú mismo la tierra
Si es que lo necesito. No lo necesito para ganarme la vida pero sí para ser yo. Lo necesito tanto como un drogata un porro. Es más, la desaparición de esa relación entre el hombre y la tierra, es una de las más terribles enfermedades, es una enfermedad triple: del alma, económica y social.
¿Crees que el senderismo es un buen instrumento para conocer y respetar el paisaje?
Sí, claro, absolutamente. Lo que más destroza la comprensión del ser humano es la velocidad.
¿Te molesta que te califiquen de ecologista?
No me ha molestado nunca pero me ha traido muchos problemas, entre otras cosas porque es muy fácil decir tonterías en torno al ecologismo. Hay mucho chiste fácil y también es muy fácil que los ecologistas nos dejen mal a los ecologistas. Es tremendamente fácil.
¿Cómo es tu relación con las organizaciones ecologistas?
Fui durante mucho tiempo uno de los líderes del movimiento ecologista de los años 70, pero me lleve una buena cantidad de palos, de modo que al llegar los ochenta decidí no tener ningún cargo de responsabilidad en el movimiento. Pero tengo 34 carnets de organizaciones ecologistas en mi bolsillo.











