UNA FECHA HISTÓRICA

Hoy la primera ascensión al Pájaro de la Pedriza cumple 100 años

El Pájaro o Pinganillo Grande es el risco más emblemático de La Pedriza. Un día como hoy de hace cien años, cuatro apasionados de la Sierra de Guadarrama, José Fernández Zabala, Joaquín G. Bellido, Alfredo Shaachtzabel y Juan Almela Meliá llegaron por vez primera a su cima. Este es un pequeño homenaje a aquella ascensión histórica.

Autor: Natalia Hernández / Desnivel.com | 1 comentario | Compartir:
Zabala tras salvar la llambría trepa por los agarres de la cornisa
Zabala tras salvar la llambría trepa por los agarres de la cornisa

Hace algo más de un siglo doce compañeros amantes de la naturaleza y la montaña fundaron la Asociación Peñalara Los Doce Amigos en honor al pico más alto de Guadarrama. Aquella asociación fue el germen de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, que se constituiría en 1915. “Se juntaron un profesor naturalista, otro mercantil, un estudiante de Derecho, dos astrónomos, cuatro funcionarios adscritos al Instituto de Reformas Sociales, un tipógrafo y dos poetas”, explica la RSEA en su página web. Su presidente fue Constancio Bernaldo de Quirós, el célebre seguidor de las ideas de Francisco Giner de los Ríos y de su Institución Libre de Enseñanza. Y precisamente cuatro miembros de este club de Los Doce Amigos protagonizaron la primera ascensión a la cima del Pájaro, una curiosa, e histórica escalada, de la que hoy celebramos su centenario.

Desde los inicios, el club editó la revista Peñalara, la primera publicación en España dedicada íntegramente a la montaña. Se trata de una fuente extraordinaria para conocer los orígenes de la escalada y el montañismo en la sierra de Guadarrama y en otros muchos macizos. Precisamente, la información con la que se ha confeccionado el siguiente texto está contenida en números de principios de siglo de Peñalara. Agradecemos al club el tremendo trabajo que ha supuesto la digitalización de toda la documentación y su permiso para reproducir algunos textos e imágenes.

Los primeros intentos a la cumbre del Pájaro

Se documentan algunos intentos a la cima del Pájaro, como el de Ultano, José Manuel y Juan Kindelán, posiblemente los primeros en probar suerte, en diciembre de 1913. Un año más tarde, Juan Madinaveitia y sus amigos también probaban suerte sin éxito.

Año nuevo siempre es un momento especial para conseguir primeras ascensiones, y quizás por eso Constancio Bernaldo de Quirós, Joaquín García Bellido, Juan Murillas, Basilio Sánchez y Antonio Victory lo intentaron el 1 de enero de 1915. Bautizaron el callejón que está al pie de la cara norte como El Salón. Meliá, en su relato de la ascensión habla de este punto así: “(…) llegaron al llamado salón, un modesto salón de metro y medio de ancho en su parte más amplia; pero cuando se desea tener un salón en el risco del «Pájaro» no se puede ser exigente”.

A partir de ahí los montañeros se negaron a continuar, por lo que Victory decide aventurarse en solitario y llega al punto más alto que ya habían alcanzado sus predecesores. A partir de ahí, no ve sencillo salvar los metros que restan hasta la cabeza y decide darse la vuelta.

La primera ascensión

El 20 de abril de 1916, José Fernández Zabala, uno de los fundadores de la Sociedad Peñalara, Joaquín García Bellido, Juan Almela Meliá y Alfredo Schachtzabel escalan la cabeza del Pájaro y alcanzan su cima.

Según relatan Zabala y Meliá, formaron una torre humana sobre la que escaló Pepe Zabala y, después de algunos resbalones ¡que fueron detenidos por los compañeros!, llegó a la cumbre. Luego aseguró con la cuerda que llevaba atada a la cintura a los demás.

¿Cómo fue esa primera ascensión, y qué material usaban a principios del siglo pasado? Meliá nos da muchos detalles en su relato:

“Destacáronse Zabala, Bellido, Schachtzabel y el que suscribe, los cuales, cambiando las botas por alpargatas, se encaramaron al cuello del «Pájaro». Una vez allí, Zabala, sostenido por los demás, comenzó a reptar por la roca lisa y levantada; para que alcanzase un insignificante asidero que hay hacia el oeste de la llambría, fue preciso que dos individuos sostuvieran a un tercero y éste ofreciese con sus manos apoyo a los pies de Zabala.

Tres o cuatro veces se deslizó éste hacia abajo, siendo detenido por los demás, con mayor interés por cuanto si no era detenido podía arrastrar consigo a cualquiera al abismo (unos 200 metros).

Después de una laboriosa faena, durante la cual el cronista hizo varias reflexiones muy discretas, que el amor propio le obligó a desdeñar (un ser ordinario diría que tuvo miedo), Zabala pisó la cumbre, echó la cuerda abajo y el resto puede adivinarse sujetos a ella fueron escalando, uno a uno, la terrible llambría que forma la cabeza del Pájaro los otros tres ascensionistas”.

Llevaban una cuerda de 25 metros que llegaba justamente del cuello del Pájaro a la cabeza y bajaba, por lo que dedujeron que el tramo tenía 12 metros.  El único que iba asegurado era Zabala, que para una mayor seguridad debía “pasar la cuerda por cada agarre como si fuera una polea, y así, en el caso de caer el que trepa, es mucho más fácil de aguantar la sacudida con el intermedio de la polea que no directamente”.

Para bajar relata Zabala: “el leader sostendrá la cuerda para que bajen todos, y él habrá de poner la cuerda doble amarrando una cuerda de seguro; con anillo en 8, preferible, en derredor de un trozo de roca, levantada como una escama, que es el único agarre que para este menester encontrará en la cumbre; es muy probable que todavía quede allí la cuerda utilizada por mí en la segunda escalada, pero no debe confiarse en ella de ningún modo”.

Tardaron una hora en subir y bajar desde la ventana, según afirma Zabala, por lo que a las cinco, según Meliá, pisaban la cúspide. La hazaña fue saludada con gritos de los alpinistas que les seguían desde el Canto del Tolmo y desde el Albergue.

La primera “guía práctica”

Tras su escalada, Zabala relató en un artículo de 1916 de la revista Peñalara la forma de alcanzar la cima del risco pedricero:


 

En menos de una hora de marcha, os encontráis al pie del Risco, siguiendo la senda de la Majadilla, que se abandona a los veinte minutos de haber salido del refugio, para remontar la ladera bastante inclinada que baja hasta el arroyo desde los roquedales del Pájaro. Se bordean éstos y, siempre subiendo, encontrar una chimenea, perfectamente visible, que se abre entre el Risco del Pájaro y el que tras él se alza a mayor altura (punto A del primer croquis); y como detalle curioso añadiremos que no es difícil ver cómo huyen las águilas, cuyo nido se advierte en el punto D.

Escalar la chimenea (B-C) no es tarea muy ardua para quienes llevan el propósito de escalar el difícil risco que nos ocupa. Una vez dominada, y siguiendo la dirección de la flecha marcada en el croquis, se salvan dos enormes piedras y se entra en el Salón del Pájaro. Se sale de él en cuesta abajo hasta una ventana que mira al Este, habiendo atravesado, por lo tanto, de una a otra cara del risco. Hay que salvar dos grandes piedras que se encuentran al pie y al frente de la ventana, y desde la segunda, descender un poco para alcanzar los buenos agarres que tiene al comienzo la llambría que ha de llevarnos a la base del cuello del Pájaro.

Desde la segunda piedra grande, sólo deben caminar de uno en uno, y cuando el primero consiga encaramarse en la cornisa de la base del cuello, ayudará a pasar a los restantes. El momento de llegada a esta cornisa hállase reproducido en uno de los grabados, y se indica en el croquis con la letra D encerrada en un círculo.

Otra llambría más lisa, pero menos pendiente, lleva desde la cornisa hasta el cuello del Pájaro, formado por otra cornisa muy estrecha. En el punto A de ésta ha de formarse la escalera humana: dos excursionistas de base, otro apoyando cada uno de sus pies en el hombro de los de la base, y el cuarto, el leader, que ha de trepar hasta los hombros del tercero y comenzar la escalada muy próximo al punto B, y ayudado aún por las manos del de abajo, alcanzar con su mano izquierda el primer agarre (punto C), en el que después puede apoyar su pie izquierdo y descansar unos segundos.

Como el leader dispone él sólo de la cuerda, a la que va amarrado, uno de los de abajo debe cuidarse de que en el momento de soltar el primero ese agarre para ir en busca del segundo (letra D), la cuerda pase por el primer agarre como si fuera una polea, y así, en el caso de caer el que trepa, es mucho más fácil de aguantar la sacudida con el intermedio de la polea que no directamente. Es muy prudente no deshacer la escalera humana hasta que el leader consiga llegar al agarre D, pues si se escurre entonces, lo que es muy probable, se le detiene antes de que lleve alguna velocidad en el arrastre; esta acertada medida de previsión llevada a efecto por mis camaradas de conquista del Pájaro, logró detenerme en las escurridas que sufrí en aquella ocasión.

Desde el punto D la inclinación de la roca es menos vertical, y ya, aunque sin agarres directos, las alpargatas se pegan bien a la peña y en seis o siete pasos rápidos se llega a la cumbre. Para el descenso, el leader sostendrá la cuerda para que bajen todos, y él habrá de poner la cuerda doble amarrando una cuerda de seguro.

El tiempo invertido en la ascensión y descenso en mis dos escaladas ha sido de una hora desde la ventana; en la primera íbamos cuatro excursionistas, y en la segunda cinco, algunos poco decididos.

José F. Zabala

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