EXPLORANDO

Presentación “Mi Montaña”, Premio de Literatura Desnivel 2010

En la presentación de la novela premiada, de la escritora Eider Elizegi, asistió la alpinista Edurne Pasabán, miembro del jurado. En el acto, ambas respondieron a las preguntas que les hicimos desde Desnivel.


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La librería estaba llena de gente, la autora Eider, en el centro de la mesa. Una mujer

Que posee unos ojos mágicos porque no sólo miran sino que muestran. Transforman las ricas imágenes de su vida de vagabunda de las montañas en palabras, nos las regala, a veces en su blog vagamontañas otras revisadas, reflexionadas, unidas y premiadas en un maravilloso libro: Mi Montaña.

También estaba Edurne, apoyando a la autora, ya que la primera mujer en ascender los catorce ochomiles fue miembro del jurado y desde el principio tuvo claro que Mi Montaña se merecía el premio “Enseguida opté por el libro de Eider porque cuando lo leí pensé ¿por qué no tengo yo esa facilidad de escribir?, contaba lo que vivía con sentimiento y con emoción y siempre he querido hacer eso. Durante todos estos años de Himalaya mucha gente me ha dicho ¿y por qué no escribes? Pues no escribo porque no tengo ese don, cuando leí el libro pensé yo quiero escribir así”.

Eider contestó al halago añadiendo que quizá ella tiene el don de escribir pero no de subir los catorce ochomiles: “Mi Montaña no es un libro de grandes hazañas alpinísticas ni rutas extremas de montaña sino más bien todo lo contrario. Queda siempre un espacio para una vivencia más sencilla de las cosas que a veces se nos olvida en este mundo que nos hemos montado de lo más difícil, lo más extremo, lo más complicado… creo que en las cosas más sencillas como es pisar un trozo de nieve con la zapatilla se pueden experimentar un montón de sensaciones y de vivencias. Ahí nos queda, como en tantos otros ámbitos de esta sociedad, un hueco grande y yo en una pequeñita parte he intentado transmitir esto en el libro”.

Eider puso unas fotos de su estancia de cuatro meses en el refugio del Mont Blanc, algunas de ellas meramente descriptivas del lugar, de las estancias y la vida cotidiana allí; otras realmente poéticas y sugerentes. Mientras, la autora, iba explicando cómo era el día a día en el refugio y leyendo algunos párrafos significativos del texto. También nos desveló cómo surgió Mi Montaña ¿de dónde nace un sueño y un libro? Quizá deberíamos agradecérselo a una fractura de tobillo…

“La montaña hace muchos años que ocupa un espacio muy grande en mi vida. Llegó un momento en que cada fin de semana estaba en el pirineo que era donde me sentía en casa y luego entre semana tenía que volver a trabajar y de alguna forma yo estaba buscando más montaña, también quería un experiencia un poco distinta.

Cuando escalamos montañas tenemos una vivencia dinámica de la montaña es decir la vemos porque la subimos y nuestra perspectiva va cambiando con cada movimiento y nuestra visión también… y yo quería subir a una montaña y quedarme en ella, poder estar sin tener que bajar para verla cuando el tiempo cambiara, de día, de noche cuando yo estuviera contenta cuando estuviera triste o cansada y en todo esto cayó en mis manos casi del cielo este trabajo en el refugio de Göuter y gracias a esto me pude quedar cuatro meses a vivir a 3.400 metros.

Por otra parte a mí siempre me ha gustado escribir, de alguna forma es un acto involuntario, pero ya llevaba muchos años escribiendo una poesía como de vomitona y no era capaz o no terminaba de trabajar textos y escribir nada más largo y para mí era una asignatura pendiente. Cuando me surgió la oportunidad de ir a Göuter pensé que esta aventura me podía brindar un argumento suficiente como para intentar este ejercicio. El trabajo en el refugio era extenuante, trabajábamos siete días a la semana todo el día y allí era imposible incluso tomar notas. Cuando volví tuve una muy afortunada fractura de tobillo que me obligó a estar en reposo y aproveché esos meses para empezar. Como apenas traía notas me basé sobre todo en los mensajes de móvil que había enviado a mi familia y amigos desde el refugio. También traía muchas fotos que me ayudaron.

Quizá por esto el libro son fragmentos muy chiquititos y muy heterogéneos tanto en contenido como en forma, cuentan desde cómo se trabaja en un refugio hasta historias de montañeros que aparecían por allí y contiene sobre todo imágenes muy descriptivas de como es la nieve, la luz ese tipo de cosas…y todo esto forma una especie de puzzle que tiene siempre de fondo a la Montaña una cosa inerte, enorme… como protagonista”.

Al final la tarde se convirtió casi en una conversación entre mujeres montañeras y sensibles que tienen mucho de que hablar y mucho que trasmitir. Eider siempre con la palabra precisa, Edurne cercana y simpática. Entre los mejores momentos quizá cuando Edurne, harta de que le pregunten qué supone ser mujer en la montaña decide que “la próxima vez que me pregunten esto ya sé qué contestar Eider gracias” ya que Eider respondió primero diciendo “es que yo no sé lo que es ser hombre en la montaña yo soy mujer, no tengo otra”… Edurne añade que lo que ha vivido en sus expediciones y en toda su historia como alpinista es que los equipos no los hacen eligiendo grandes alpinistas ni grandes mujeres ni grandes hombres, los equipos los construyen con grandes personas.

También entre lo mejor el momento de las confesiones de Edurne acerca de sus manías del último día de cima: “Tengo una camiseta blanca que tiene más de diez años y que tiene que subir limpia hasta el campo 3 y me la pongo la noche que voy a salir para la cumbre. O las estampitas de mi abuela, desde hace mucho tiempo cada vez que voy a un ochomil me deja encima de la televisión de casa de mis padres un sobre con cien euros y una estampita siempre diferente… yo no sabía que había tantos santos como expediciones que yo he hecho pero debe de haber… voy acumulándolas todas en un sobre, yo no soy gran creyente ni nada pero en mi abuela sí que creo y cojo el buen taco de estampitas y las meto en el bolsillo para ir a la cumbre”.

 

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