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Gladiadores y payasos d’Or

Es lo que afirma Marko Prezelj, uno de los ganadores del último Piolet d’Or, quien aprovecha la luz de los focos para opinar sobre premios como éste. Vota en la encuesta

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Ganadores y candidatos del Piolet d'Or 2007, entregado en Grenoble el pasado 27 de enero. - Foto: russianclimb.comGanadores y candidatos del Piolet d’Or 2007, entregado en Grenoble el pasado 27 de enero. – Foto: russianclimb.com

Aprovechar que los focos le apuntaban directamente, para poder expresar qué opina, precisamente, de esa efímera fama internacional que otorgan, dentro del universo alpinístico, galardones como el Piolet d’Or. Por eso, y no por el premio, el esloveno Marko Prezelj acudió a Grenoble (Francia) el pasado 26 de enero, a recoger junto a Boris Lorencic el galardón alpinístico más importante a nivel internacional. Se lo concedieron, entre cuatro actividades más, por su primera al estético y virgen Pilar noroeste del Chomolhari (Tíbet, China), ascendido por ambos en octubre de 2006, es estilo alpino y seis días de actividad.

Esa noche, en Grenoble, bajo los focos, Marko no pudo expresarse todo lo bien que hubiera querido, debido a su inglés «chapurreado», asegura. Ahora, con más calma y cogiendo la pluma, ha firmado una sustanciosa carta (que reproducimos íntegra a continuación) en la que expresa ampliamente su opinión sobre este tipo de reconocimientos alpínísticos. Habla, sin cortarse, de circo y de fama, del papel de organizadores y medios de comunicación, de lo erróneo de emitir «juicios objetivos sobre la ascensión de otra persona», y del camino que realmente deberían tomar este tipo de distinciones, alejándose de la competición que proponen al establecer, simple y llanamente, ganadores y perdedores.

A continuación, la misiva de Marko…

Gladiadores y payasos d’Or.
¿Sexo (virtual) con Miss Fama?

Marko Prezelj y Boris Lorencic recogiendo el premio a su Pilar noroeste del Chomolhari. Foto: Giulio MalferMarko Prezelj y Boris Lorencic recogiendo el premio a su Pilar noroeste del Chomolhari. Foto: Giulio Malfer

Hubo mucha gente que me criticó por participar en la ceremonia de entrega del Piolet d’Or este año. Ninguno de ellos estuvo en Grenoble. Unirme a este circo me dio la oportunidad de expresar mi opinión sobre el galardón en público. El tiempo dirá si hice bien.

No creo en premios para los alpinistas, y mucho menos en trofeos o títulos otorgados por el público o los medios de comunicación. En la ceremonia pude ver y sentir el espíritu competitivo que los organizadores de la misma habían creado e impulsado. Muchos de los escaladores lo aceptaron de buena gana sin entender que se les había empujado a un escenario en el que los espectadores disfrutan con el drama y donde se juzga al ganador y al perdedor.


 

No se puede emitir juicios objetivos sobre la ascensión de otra persona: cada subida contiene historias no contadas y está influida por esperanzas e ilusiones que aparecen mucho antes de poner un pie en la montaña. En el mundo del alpinismo, incluso los juicios más personales son extremadamente subjetivos. Cuando regresamos de una expedición, recordamos algunos momentos de forma diferente a como fueron -allí y en ese momento- cuando tuvimos que tomar decisiones sometidos a la presión de muchos factores.

La elegancia del Chomolhari, y su evidente Pilar noroeste, sobre el altiplano del Tibet. - Foto: Marko PrezeljLa elegancia del Chomolhari, y su evidente Pilar noroeste, sobre el altiplano del Tibet. – Foto: Marko Prezelj

No es posible comparar diferentes ascensiones sin que exista algún tipo de implicación personal e, incluso así, es difícil. El año pasado estuve en Alaska, Patagonia y el Tíbet. No soy capaz de decidir qué expedición fue la más… ¿la más qué, de hecho?

Para ilustrar todo esto, durante la primera parte de la ceremonia le pedí a un señor que tenía varios hijos que decidiese cuál era el mejor y cuál el peor. No pudo responder.

Podría elegir el vino, la comida, la canción, el libro o la película que más me gusta en un momento determinado, pero un jurado no puede decidir cuál es la mejor, la peor o la más recomendable para cada uno de nosotros en todo un año. Si el jurado elige un único ganador, implica automáticamente que hay un perdedor, lo que constituye la esencia de una competición. Además, el primer puesto significa que hay un segundo, un tercero y un último lugar. ¿Realmente es el último lugar el peor o el menos válido o es que los ganadores tenían más experiencia en el juego de la manipulación? ¿Exageraron la «belleza» de sus ascensiones y se vendieron mejor al jurado?

Vince Anderson y Steve House ganadores el pasado año, Piolet d'Or 2006. Foto: Giulio MalferVince Anderson y Steve House ganadores el pasado año, Piolet d’Or 2006. Foto: Giulio Malfer

Creo que organizar reuniones inspiradoras entre alpinistas es una idea positiva. Sin embargo, no puedo apoyar la absurda idea de esos mismos alpinistas «compitiendo» en la escalada. En la ceremonia del Piolet d’Or critiqué esta competición. Dije que el trofeo no es importante para mí porque la elección de un ganador es algo subjetivo, como en los concursos musicales o de belleza, y la influencia comercial que tiene el acontecimiento es algo evidente e innegable. Mi inglés chapurreado no me permitió expresarme con claridad

Sin embargo, la historia del Piolet d’Or deja claro que comparar las ascensiones (y a sus protagonistas e ideales) no tiene sentido y, mucho menos, hacerlo durante todo un año. Si la comparación es imposible, ¿qué otorgan e promueven los medios de comunicación y los patrocinadores y por qué lo hacen? ¿Quizá para aumentar las ventas? ¿O quizá por FAMA?

En Eslovenia, la palabra que se utiliza para fama también es un nombre de mujer: «Slava». Las personas mayores solían decir: «Slava je kurba» (La fama es una puta), un día se acuesta con uno y al día siguiente está con otro. La fama es una trampa barata que ponen los medios de comunicación en la que en seguida caen los más indiferentes y se les saca partido, y ya es tarde cuando se dan cuenta de que la confianza y el honor no viven bajo el mismo techo que la notoriedad. En realidad, al público no le importan los escaladores, que son simples eslabones de una cadena que une un hambre insaciable de protagonismo con los medios de comunicación, quienes apoyan o critican según les viene en gana. Los organizadores del Piolet d’Or saben y cuentan con el cruel hecho de que siempre encontrarán a un montón de gladiadores y payasos desesperados y apasionados por actuar en el juego de la fama. La pregunta más interesante es: ¿Se trata realmente de un reality show o de una telenovela?

Largo de hielo para Marko, abriendo vía en el Chomolhari. Foto: Marko PrezeljLargo de hielo para Marko, abriendo vía en el Chomolhari. Foto: Marko Prezelj

Si la romántica idea del Piolet d’Or sobrevive en el futuro, debe evolucionar hacia una simple reunión en la que los alpinistas puedan intercambiar ideas y compartir sueños, ilusiones y realidades. Quizá incluso puedan llegar a escalar juntos, sin que a ninguno se le cuelgue el título de ganador o perdedor. Si no fuera posible, entonces pido a los medios de comunicación y a los organizadores que paren de inyectar este espíritu competitivo en el alpinismo y que empiecen a respetar a los alpinistas, sus diferencias y las ideas creativas que convierten el alpinismo en una experiencia complicada y gratificante.

Pido perdón si he ofendido a alguien adicto a Miss Fama; ella siempre está por ahí pululando, así que cuidado con las ETS. Por último, los alpinistas son las balas y los medios de comunicación la pistola. ¿Dónde está el blanco?

Marko Prezelj
Kamnik, Eslovenia.
Segunda semana de febrero 2007

Traducción: Celia Ruiz

Versión en inglés de la carta de Marko Prezelj (PDF)

 


 
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