HISTORIAS DE LA HISTORIA

El Shisha Pangma de Jerzy Kukuczka y Artur Hajzer

Los dos polacos firmaron una ruta nueva por la arista oeste, que incluyó la primera ascensión de la cumbre oeste (7.966 m), en el último de los 14×8000 de Kukuczka. Otras dos cordadas de su expedición hicieron cima por otras rutas, también nuevas.

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Luna llena en el Shisha Pangma Foto: Fernando Rivero Díaz (Arenas de San Pedro)...  (desnivel)
Luna llena en el Shisha Pangma   Fernando Rivero

La trayectoria de Jerzy Kukuczka en los ochomiles fue extraordinaria de principio a fin. La expedición que cerró sus 14×8000 no fue ninguna excepción. El histórico alpinista polaco completó su listado de los Catorce abriendo una ruta nueva por la arista oeste con Artur Hajzer, mientras sus compañeros de expedición alcanzaban la cumbre por otras dos rutas diferentes, también nuevas. El resultado: tres rutas nuevas y los segundos catorce ochomiles de la historia en dos días de septiembre de 1987, que también situaron a Wanda Rutkiewicz como la mujer con más ochomiles en aquel momento (cuatro) y a Elsa Ávila como la primera latinoamericana en la cima de un ochomil.

Dificultades con el permiso

El Shisha Pangma no fue abierto al alpinismo internacional hasta 1980. Jerzy Kukuczka pensó en intentarlo por primera vez en 1983, en una incursión ilegal a Tibet con Woytek Kurtyka que no llegaron a llevar a cabo. Posteriormente, necesitó todo un año de trámites –incluido un decisivo viaje a Pekín– para obtener el permiso de ascensión para el otoño de 1987. “Soys la primera expedición de un país comunista a quien se les ha dado un permiso”, contaba el polaco que le advirtió el presidente de la Chinese Mountaineering Association.

Finalmente, Kukuzcka organizó una expedición internacional de 13 miembros y seis nacionalidades, con los polacos Wanda Rutkiewicz, Artur Hajzer, Lech Korniszewski, Janusz Majer, Ryszard Warecki y el propio Kukuczka, los mexicanos Carlos Carsolio y Elsa Ávila, las francesas Christine de Colombel y Malgorzata Bilczewska-Fromenty, el británico Alan Hinkes, el ecuatoriano Ramiro Navarrete y el estadounidense Steve Untch.

Las dificultades se sucedieron en el camino hacia el campo base, cortado en varios puntos por las inundaciones del Monzón, y debido a unos porteadores que exigieron un aumento inesperado en el pago. Nada más llegar al CB, además, tuvieron que evacuar a Janusz Majer, con graves síntomas de mal de altura.

Tres equipos para tres rutas

Jerzy Kukuczka no concebía otro modo de ascender que en estilo alpino, algo que resultaba imposible con un grupo tan grande. A las primeras de cambio, propuso a sus compañeros dividirse en equipos más pequeños para que cada uno subiera por donde le pareciera mejor. Wanda Rutkiewicz, Christine de Colombel, Malgorzata Bilczewska-Fromenty, Elsa Ávila, Ramiro Navarrete, Ryszard Warecki y Carlos Carsolio optaron por la normal. Alan Hinkes y Steve Untch eligieron el couloir central de la cara norte. Artur Hajzer y Jerzy Kukuczka optaron por la arista noroeste.

La acción para todos ellos comenzó el 28 de agosto y, en tres semanas, nueve de ellos alcanzarían la cima a través de los tres itinerarios. La de la cara norte y la de la arista noroeste eran rutas totalmente nuevas, y la ascensión por la normal terminó siguiendo un recorrido ligeramente diferente del original chino de 1964, según las precisiones de Eberhard Jurgalski en 8000ers.com.

Y eso que apenas dispusieron de un par de ventanas de buen tiempo. En la primera de ellas, Jerzy Kukuczka y Artur Hajzer aprovecharon para aclimatar completando la primera ascensión del vecino Yebokangal (7.365 m) y, tras descansar un par de días en el CB, lanzaron un primer intento que tuvieron que abortar en su primer vivac al pie de la arista (6.800 m) debido a un cambio de tiempo.

Era el 2 de septiembre y descendieron al campo base dejando la tienda montada… No pudieron regresar hasta dos semanas más tarde.

Una ruta difícil

El sol volvió a lucar en esa parte del Tibet el 14 de septiembre. Al día siguiente, los tres equipos se lanzaron a por sus respectivos objetivos. Jerzy Kukuczka y Artur Hajzer llegaron pronto a su vivac a 6.800 m y dedicaron un buen rato a cavar en la nieve para desenterrar su tienda. El 16 de septiembre progresaron sobre nieve profunda y vivaquearon protegidos por una sección más vertical de la arista.

En aquel vivac, Artur Hajzer dejó una frase que más adelante perdería todo sentido: “Mal vamos si la herramienta más importante para una escalada es la pala”. El 17 de septiembre, alcanzaron los 7.900 metros, negociando la arista por su lado izquierdo, a través de unos campos de nieve.

El 18 de septiembre, la ruta demostró toda su dificultad, alrededor de los 8.000 metros de altura. El resumen de Jerzy Kukuczka explica por qué nadie ha repetido esa línea: “Sobre nuestras cabezas, vimos roca extremadamente empinada y accidentada, cubierta con una gruesa capa de nieve fresca. Comenzamos con una escalada arriesgada, balanceándonos entre cornisas, realizando expuestas travesías, realizando duros tramos de escalada mixta, vadeando nieve profunda en pendientes que amenazaban avalanchas y placas de roca cuibierta con nieve profunda sin buenos agarres para nuestros crampones”.

A pesar de todo, consiguieron alcanzar la cumbre del Shisha Pangma Oeste (7.966 m) por primera vez en la historia. Desde allí, todavía tuvieron que esforzarse para enlazar con la cima Central (8.008 m), donde coincidieron con sus compañeros Carlos Carsolio, Elsa Avila, Wanda Rutkiewicz, Ramiro Navarrete y Ryszard Warecki, así como con el suizo Alfred Meyer y los alemanes Otto Huber, Klaus Solbach y Peter Blank, de otra expedición.

Mientras estos cuatro últimos emprendían el descenso desde aquí, el resto continuaron por la afilada arista que une la cima Central con la principal del Shisha Pangma (8.027 m). El camino todavía reservaba algún susto: una cornisa se desplomó bajo el peso de Kukuczka, quien consiguió detener su caída clavando su piolet. “Mi ángel de la guarda me habvía salvado otra vez”, confesó.

Se reunió en la cima con sus compañeros cuando estos iniciaban el descenso para alcanzar su último campamento antes de la noche. Artur Hajzer y Jerzy Kukuczka compartieron el ocaso en la cumbre del Shisha Pangma, premio para su nueva ruta y para sus 14×8000: “A pesar de la extrema fatiga, caí en que había escalada mi 14º ochomil, al final de ocho años deambulando por el Himalaya. Ni podía saltar de alegría. Me senté inmóvil, dando bocanadas como un pez fuera del agua, mirando atentamente la puesta de sol”.


 

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