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El precio de ser pájaro, un libro necesario

El autor del libro, Ricardo Martínez, nos acerca a través de estos relatos al drama que viven amigos y familiares de alpinistas trágicamente desaparecidos.

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Portada de El precio de ser pájaro.- Foto:desnivel.comPortada de El precio de ser pájaro.- Foto:desnivel.com

El mayor drama cuando se muere una persona es acostumbrarse a seguir viviendo sin él, es levantarse cada día y seguir la rutina de siempre sabiendo que algo ya nunca será igual. La montaña tiene esa vertiente trágica que siempre se conoce desde el punto de vista de sus protagonistas pero…¿Qué ocurre con los que quedan? ¿Cómo viven esas familias y amigos más cercanos la muerte de su ser querido? ¿Se llega a comprender y asumir esa muerte «absurda»?

Esta otra cara de la moneda es la que nos presenta Ricardo Martínez Llorca en su libro El precio de ser pájaro, mezcla de relato y entrevistas a los amigos y familiares de algunos alpinistas que marcaron una época en esta peligrosa disciplina. Rabadá y Navarro, Pedro Acuña, Eduardo Benedé, Míriam García Pascual, Marisa Montes, José Ángel Lucas, Antonio Miranda, Atxo Apellániz, Lorenzo Ortiz, Javier Olivar, Javier Escartín, Manuel Álvarez, Alfonso Vizán, Félix Iñurrategi, Manel de la Matta y otros.

A través de una serie de anécdotas sobre los desaparecidos, describen sus refugios para no caer en el desconsuelo y cómo consiguen conservar la memoria de aquel a quien tanto echan de menos.

Entrevista

Ricardo, en una pequeña entrevista, nos explica un poco más sobre este libro tan especial para él, ya que él mismo tuvo que vivir un drama parecido a los que relata, puesto que perdió a un hermano en los Alpes y ha visto su historia reflejada en lo que luego ha tenido que contar.

¿Por qué un libro así, sobre tragedias de alpinistas? ¿qué fue lo que desencadenó esta idea?

Pues… ¿no es necesario? Creo que solo se debe escribir sobre lo necesario. Este es el tipo de temas que se imponen. Y más cuando toda esta gente, los que han desaparecido, puede merecerse tanto que se guarde un registro en su memoria. Por una parte, pienso que alguien tenía que hacerlo. Por otro lado, he visto que algunos familiares y amigos protagonizan sus acciones de duelo con este tipo de gestos, escribiendo, por algo que llamaremos catarsis porque no existe una palabra más cercana. Pero mucha gente guardó la tristeza para sí, y la canalizó de maneras muy cauterizantes que, a mi juicio, deben expresar y divulgar para el bien de aquellos que pasen por un dolor idéntico.

¿Cómo ha sido la selección de historias? ¿por qué éstas y no otros personajes?

La verdad es que apenas conocía a muchos de ellos antes de ponerme manos a la obra. Fui cotejando, junto a la gente de la editorial, nombres significativos, casi todos ellos por su currículo alpinista, y poniéndome en contacto con familiares y amigos. En función de las respuestas que iba obteniendo, la selección se efectuaba sola. Era imposible hablar sobre aquellos sobre los que no se podía construir un relato por una u otra razón. Para mi sorpresa, descubrí que sí era posible construir algo digno partiendo de los silencios. El último parámetro ha sido bastante emocional: había que arriesgar cuando el contacto con la gente, con los que están vivos, te sacudía el tuétano.

Miriam García Pascual, fallecida en 1990.- Foto: desnivelpress.comMiriam García Pascual, fallecida en 1990.- Foto: desnivelpress.com

¿Ha habido alguna de las historias que relatas en el libro que haya sido especial: mas personal, más impactante, más difícil de conseguir los contactos?

No me cuesta sincerarme, porque ahí está el libro. Me identifiqué muchísimo con Miriam García Pascual. Creí ver un espejo de la historia de mi vida mientras hablaba con sus hermanos. Por eso el libro empieza con ellos, liando la madeja un poquito con lo que debería haber sido un prólogo personal. Confieso que llegué a soñarme con esta muchacha. También con Alfonso Vizán, pues su carácter era un calco del de mi hermano. Durante meses estuve lamentando no haberlos conocido, lo cual es tanto como decir que eché muchísimo de menos a mi hermano mientras hablaba sobre ellos. No sabes cuánto me hubiera gustado haber compartido con él este trabajo. La verdad es que estoy encantado de haber conocido a la gente que les conocieron a ellos, de ahí que los verdaderos protagonistas del libro sean tipos tan estupendos como Juanjo San Sebastián, Eduardo Martínez de Pisón, Pedro Nicolás, y tanta gente que tan cordiales fueron conmigo. Es cierto que hubo quien apenas se atrevió a pronunciar palabra, y otros, a los que le molestó la sugerencia de colaboración. Pero seguramente fue culpa mía, posiblemente no conseguí explicarme bien. En cualquier caso, algo así sirve para poner en funcionamiento los mecanismos de la razón o de la poesía.

Alguien puede pensar que será un libro lleno de tristeza, pero en cuanto empiezas a leerlo, ves que transmite optimismo ¿Cuál ha sido la conclusión después de tantas entrevistas e historias? ¿con qué idea te quedas?

No conozco nada más alegre que la tristeza. Esa es la paradoja de la música, ¿no? Traté de construir un libro lleno de vida, y donde más vida encuentro yo es al aire libre, y donde más vida encuentra la gente con la que coincidí es en la montaña. Es cierto que la gente que nos reunió en torno al libro ha fallecido, pero también que yo estuve tratando con personas vivas, ¡muy vivas! Si tengo que sacar alguna conclusión es que vida y muerte son la misma cosa, y que la vida es una aventura estupenda. Y me quedo, sobre todo, con la lealtad de los amigos.

Qué le dirías a un lector reticente a leerlo, para que se anime a descubrir El precio de ser pájaro.

Yo siempre leo el primer párrafo de una obra antes de comprarla. Si no encuentra intensidad en lo que lee, que se olvide del asunto. O bien, que empiece por donde le apetezca. He tratado de hacer literatura, es decir, vida. Y creo que eso es más apasionante que los entuertos de códigos secretos y las variaciones de las historias cotidianas de los vecinos de Madrid que flotaron por la transición democrática.

Y en pocas líneas, defínete a ti mismo….


 

¿No vale eso de feo, católico y sentimental, que dijo Valle-Inclán sobre el Marqués de Bradomín? En fin, a partir de ahora prometo hacer todo lo posible por no ser ninguna de las tres cosas antes descritas. El resto, lo dejo a vuestro criterio.

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