EXPLORANDO

Edurne Pasaban: Aventurera del Año para National Geographic

Los lectores de la revista National Geographic la eligen Aventurera del Año 2010. En esta entrevista, nos habla acerca de su próxima expedición al Everest sin oxígeno y del lugar donde entrena: el Valle de Arán.

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La alpinista y miembro del jurado Edurne Pasabán  ()
La alpinista y miembro del jurado Edurne Pasabán

Está siendo un año de reconocimientos nacionales e internacionales para Edurne Pasaban. El último, el premio de los lectores de National Geographic que la han elegido “Aventurera del Año 2010” entre diez personajes seleccionados por la redacción de la revista. Pocas horas antes había recibido el Premio Nacional del Deporte en su categoría femenina. En categoría masculina el premiado fue el piloto Jorge Lorenzo.

Parece imposible que una deportista inmersa en estos momentos en multitud de compromisos y reconocimientos pueda encontrar tranquilidad para organizar su próxima expedición y, lo más importante, para entrenar para un reto tan importante como ascender el Everest sin oxígeno.

El Valle de Arán es ese lugar adonde Edurne marcha en cuanto se lo permiten sus compromisos para encontrar la tranquilidad, disfrutar de la montaña y entrenar. Es por eso por lo que nuestra entrevista comienza preguntándole sobre este bello lugar de nuestros Pirineos. Es interesante lo que nos cuenta de cómo se organiza para disponer de tiempo para entrenar. Los martes, miércoles y jueves “compromisos” profesionales y el resto de los días intenta que sean suyos y así disponer de tiempo para hacer montaña y entrenar.

¿Qué es para ti el Valle de Arán?
Para mí representa el Pirineo, el sitio donde empezó mi historia como alpinista y como deportista. Durante todos estos años he ido creciendo como alpinista, viajando, conociendo muchos lugares, pero creo que una persona no tiene que olvidar dónde están sus raíces. Y mis raíces como alpinista, están en el Pirineo. El Valle de Arán me permite volver a mis comienzos y poder disfrutar de nuestro Pirineo en una esencia muy pura.

¿Qué te aporta el Valle de Arán, a nivel de actividades, de paisajes…?
Me aporta muchas cosas. Siempre lo identificamos con el invierno, con el esquí…y esto lo tiene, y es lo que ahora hago. Entreno siempre que puedo allí, paso mucho tiempo de mi invierno en él, sobre todo haciendo esquí de montaña. Tiene muchas posibilidades, sobre todo para hacer esquí de travesía y hay muchísimas montañas, en las que puedes hacer distintas actividades. He descubierto grandes sitios que desconocía como corredores y zonas de hielo. Cuando empiezas a conocer el entorno, te engancha. Y ahora, una parte importante de mi vida transcurre en este lugar, en el que este invierno he estado haciendo actividades. Es mi “base” de entrenamiento.

Has estado viajando por todas partes y cuando parecía que estabas cerca de casa, porque ibas a ir a vivir en San Sebastián te “engancha” el Valle de Arán…
La verdad es que he estado viviendo en muchos sitios, Cataluña es el lugar donde he vivido estos últimos cinco años. Volveré al País Vasco, porque mi casa, mi gran campo base como persona está en el País Vasco, pero es cierto que me he quedado en el camino… En el Valle de Arán tengo un entorno en el que puedo entrenar. Tengo las montañas del Pirineo en las que llevar a cabo ese entrenamiento que necesito para el Himalaya.

Estás continuamente recibiendo premios y viajando sin parar de un compromiso profesional a otro… ¿Qué tiempo te queda para entrenar? Algo que es muy importante pues dentro de muy poco vas a intentar el Everest sin oxígeno.
Desde el pasado mes de enero he procurado organizar las semanas. Es verdad que parece que estoy en todas partes y se puede pensar “¿Y cómo va a entrenar esta persona?”. Pero he intentado que los temas profesionales sean los martes, miércoles y jueves. El viernes, sábado y domingo los paso en el Valle de Arán entrenando. Este jueves por ejemplo, termino un programa de tele a las diez y media de la noche. Voy a coger el coche y me voy a dormir al Valle de Aran, porque así el viernes ya estoy allí, y me pongo los esquís a partir de las nueve de la mañana.

Vamos, que si alguien te tiene que entregar un premio…
¡Que sea esos días! No es verdad totalmente pero intento que sea así. Porque si no me impongo yo esta disciplina, se complica todo. Un deportista profesional, por ejemplo un futbolista, no suele ir a recoger los premios, porque tiene un entrenador que les dice cuáles son los horarios de entrenamiento, está dispuesto a cumplirlos, y los cumple. No tengo una persona que desempeñe ese papel por mí, ni un equipo, ni un club… lo tengo que hacer yo, con lo cual la disciplina la fijo y la impongo.

Lógicamente, si me dan un premio un sábado, pues voy a ir…. Lo más importante ahora, que marcho de expedición dentro de unos meses, es entrenar. Por eso intento organizar mi agenda para que los “compromisos” profesionales sean un martes miércoles y jueves. Tengo que tener una disciplina, pues si no todos los días tendría algún compromiso. Los viernes, sábados y domingos entreno, y estoy en el Valle de Aran, hago esquí de montaña, voy al gimnasio y hago un entrenamiento extra, y los demás días me dedico a las otras cosas.

¿Cómo es la vida de “famoso”? Porque has pasado de ser una alpinista a convertirte en una persona muy conocida. ¿Es lo más antideportivo que hay?
Ser conocida es… “antitodo”. El hacer cosas de este tipo te supone no tener tiempo para entrenar, porque, yo antes entrenaba por la mañana, comía, me echaba siesta como todo el mundo y por la tarde volvía a entrenar. Pero esto es imposible teniendo que ir de un lado para otro. Es la antítesis: todo el día comiendo, no descansas las ocho horas -que yo por lo menos necesito- y no entrenas. A mí me come la cabeza, porque está muy bien, es muy divertido, conoces a un montón de gente, todo el mundo te reconoce, todas estas cosas… pero yo soy muy consciente de que mi base es el entrenamiento. Has conseguido ser conocida por lo que has hecho, por los logros, pero esos logros, requieren que entrenes. Llega un momento en que el equilibrio resulta tan difícil que creo que me voy a volver loca…

Llega el fin de semana, ¿qué actividades haces para entrenar?
Ahora hago mucho esquí de montaña o desnivel en el monte. Normalmente por la mañana hago lo que toque: mil metros de desnivel, otro día mil cien… Bajo, como, descanso un poco y por la tarde me voy al gimnasio. Hago un poco de bici estática, por ejemplo, porque es invierno y porque estos entrenamientos los hago en el Valle de Arán y no tengo la posibilidad de salir ahora con bici de montaña, y tampoco el tiempo acompaña. Entonces, pues hago bici estática, pesas y así entreno.

Y después del Everest, ¿qué te planteas? Porque se publicó alguna noticia de que ibas a dejar el alpinismo.
Un alpinista no lo puede dejar nunca. Puede bajar el ritmo, esto es verdad, y puede hacer otras cosas… ¿pero cómo lo voy a dejar? Desde luego que no.

¿Qué te planteas después del Everest sin oxígeno?
Los catorce ochomiles están terminados y después del Everest se terminará el proceso. Lo que no voy a hacer es dar vueltas por los ochomiles. Creo que en la montaña hay muchísimas cosas más para hacer. Rutas nuevas, sitios nuevos, montañas que no son de ocho mil metros, pero que igual nadie ha subido. Tengo que buscar cosas que estén a mi nivel, pero que me llenen por el objetivo que sea. Subir una montaña que nadie ha subido, abrir una nueva ruta… pero no necesariamente cosas complicadas, cosas de mi nivel. Veo que el futuro estará por ese camino.

Entonces, lo que es casi seguro es que, después del Everest, te olvidas de los ochomiles.
Me olvido de los ochomiles por las rutas normales, pero igual me voy a un ochomil a abrir una ruta. Si voy a ochomiles será para hacer algo diferente.

¿Hay alguna novedad en el tema de Miss Oh?
Que yo sepa no. La verdad es que no se mucho más de Miss Oh. Yo tengo entendido, si no han cambiado las noticias, que se va al Everest esta primavera, pero no he escuchado nada más.


 

Y el encuentro en el Everest, visto por ti, ¿cómo puede ser?
Yo no tengo ningún problema. Como mucho creo que nos vamos a poder encontrar en la cumbre. Porque ella va por la norte, o eso tengo entendido, y yo voy por la sur. Pero, sin problema. Imagínate que nos encontremos en la cumbre del Everest…

¿Qué te gustaría transmitir a las mujeres con lo que haces?
Yo siempre he pensado que nosotras nos tenemos que creer que somos capaces de hacer las cosas y esto es algo que culturalmente nos ha costado, sobre todo en el deporte. Nos ha costado darnos cuenta -en mi caso por lo menos, como mujer- que somos capaces de conseguir los retos o los sueños que una se plantea. Y yo transmitiría a todas que, sea lo que sea lo que sueñes hacer en la vida, en cualquier ámbito –deportivo, laboral, personal- en lo que sea, si tú crees que lo puedes hacer y crees en el proyecto y en lo que quieres, que pongas todo por tu parte. Que las cosas luchando y trabajando se consiguen.

¿Por qué una persona en teoría tan fuerte como tú, que ha hecho catorce ochomiles, que ha ido sola a la montaña, tienes un “coach”?
Porque aunque parezca que tengo las cosas muy claras en mi vida, aunque parezca, de cara al exterior, que soy una persona muy fuerte, muy dura o con mucho carácter, quizá eso lo tengo en la montaña, pero en la vida real no. Siempre he intentado aplicar aquello que en la montaña aplico, esa dedicación, esa fortaleza, en la vida día a día, pero me cuesta mucho. El entorno que tienes en la vida es muy cambiable. Cuando yo estoy escalando una montaña, el entorno me limita muchas cosas, pero es el que es. Si hace mal tiempo sé que no puedo subir, o si la vía no está en buenas condiciones, no voy a poder escalarla. Pero en la vida real he intentado siempre cambiar ese entorno que es muy variable y me he equivocado. Yo no puedo cambiar el tiempo que hace en un ochomil porque es el que es. Y la avalancha que viene no la puedo parar. En la vida real he intentado cambiar mi entorno para que las cosas ocurran en mi vida, y me he equivocado.

¿Y el “coach” qué te enseña?
Me enseña a mirarme más a mí, a ver lo que realmente quiero y a que yo me de cuenta de la capacidad que tengo para hacer estas cosas -sin que el entorno me influya- para poder conseguirlas.

Dices que has intentado cambiar el entorno en la vida real… ¿lo que tienes que hacer es no cambiarlo?
Sí, porque yo no puedo cambiar lo que piensa una persona. No puedo intentar que mi padre cambie respecto a mí, o que un chico me quiera, porque las cosas no son cambiables. Los sentimientos, emociones, la vida real, no se pueden cambiar. Y hay que saber vivir con esa vida. Y a mí me ha costado.

Lo que te enseña entonces es cómo aceptar la realidad. Pero ahí también hay que pelear, ¿no?
Claro que hay que pelear, hay que pelear con uno mismo. Porque muchas veces no quieres aceptar esas cosas.

¿Hay algún ochomil al que no volverías?
Sí, al K2. Aunque si alguien me preguntara cuál es la mejor imagen de un ochomil, sería el día que bajaba de la cumbre del K2 y estaba anocheciendo y el sol estaba entrando por detrás y veía la pirámide perfecta del K2 en sombra. Yo creo que es la “imagen” de los catorce ochomiles. Es la más bonita que he visto. Pero no volvería allí, seguro.

¿Y al Kanchenjunga?
Sí. Y mira que lo pasé mal allí, pero es una montaña supernoble. Da esa sensación, de ser noble y buena.

¿Cómo llevas los preparativos de la expedición al Everest?
Lo que es la base de la expedición está hecha: el equipo -Ferrán Latorre, Nacho Órbiz, Asier Izaguirre y yo-, ya está cerrado, los permisos pedidos, los billetes comprados, etc. Lo que estamos cerrando ahora es un nuevo proyecto que ha salido este año, en la televisión, y que está muy avanzado día de hoy.

Describe a tus compañeros

Ferrán Latorre
Gran alpinista, gran persona, pero a veces muy dubitativo.

Asier Izaguirre
Buen tío, arregla las cosas con solvencia y es muy práctico.

Nacho Órbiz
Gracioso. Es con quien más te puedes reír. Tiene un humor muy divertido y es una máquina, un portento como alpinista y deportista.

Pablo Díaz
Es el moderador. Ha hecho más de “coach” que de médico

¿Volverá a preparar tu madre, como siempre, la comida para la expedición?
Entre Asier y ella prepararán los bidones de la expedición. Este fin de semana voy al Valle de Arán y ella estaba preocupada por la manera de incluir una cazuela de chipirones en el menú de la expedición.

¿Ya tenéis decidido qué material vais a llevar?
Está muy medido todo. Son muchas expediciones y tenemos muy claro lo que hay que llevar.

¿Cuál va a ser la clave del Everest sin oxígeno?
Pues creo que es el Escalón Hillary, el día de cumbre. Tengo mucho miedo. He hablado con Willi Venegas porque mi gran miedo es que al ir sin oxígeno y disponer sólo de unos pocos días de buen tiempo para hacer cumbre, haya mucha gente y el Escalón pueda estar bloqueado y debamos esperar a que pase la gente. Esto, sin oxígeno y a esa temperatura, puede hacer fracasar la expedición, porque no puedes esperar 45 minutos a que pase gente. Estamos sopesando la posibilidad de ser los primeros en ascender, antes que los sherpas vayan a equipar la parte de la cumbre.

¿Realmente da miedo?
Me da miedo estar pasando frío y tener que darme la vuelta.

Si te encontraras con Miss Oh, que subirá por la otra cara, sería como una película de ficción.
Pues sí, sería como una película, pero no sería malo que nos encontrásemos ahí arriba. Además sabremos lo que hace la otra y es muy probable que nos encontremos, porque sólo hay un par de días de buen tiempo para hacer cumbre en el Everest.

Ahora estás inmersa en impartir conferencias sobre liderazgo ¿Qué tiene en común empresa y alpinismo?
Los grandes equipos de alpinismo y las empresas concebidas como un equipo tienen bases muy parecidas. Los valores de compromiso, la confianza… Tanto en alpinismo como en la empresa, un líder tiene que saber escuchar y llegar a acuerdos con el resto. Nosotros tenemos una gran capaadaptación al cambio, debido al tiempo, y las empresas lo tienen en la sociedad, que también cambia muy rápidamente.

¿Volverías a estudiar ingeniería?
Sí. Además dicen que tengo algo de ingeniera en la montaña.

 

 

 


 
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