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Para Mountain Wilderness tendría que ser más grande y sin estaciones de esquí

En este artículo, Mountain Wilderness de Ayllón, Guadarrama y Gredos critica, por escasa, la extensión del futuro Parque Nacional de Las Cumbres de Guadarrama, que no protege importantes zonas en los valles, y el mantenimiento de las estaciones de esquí de Valdesquí y Navacerrada.

Desde Peñalara
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Para muchos ciudadanos comprometidos con los valores ambientales y paisajísticos de la Sierra de Guadarrama el contenido del nuevo Parque Nacional supone una gran frustración. Han quedado defraudadas muchas de las expectativas que depositamos en el proyecto al inicio de la tramitación. La crítica va más allá de los aspectos concretos de este parque, tiene también que ver con el contexto de “excelencia” que impregna la filosofía de la Ley de la Red de Parques Nacionales.

Efectivamente, proteger lo excelente, lo representativo, lo extremadamente sensible o vulnerable es necesario pero insuficiente porque supone, casi por defecto, dejar al albur de la normativa general todo lo demás. Protegiendo sólo la excelencia se consiguen efectos adversos no previstos y contrarios a los que se pretendían como por ejemplo las concentración de actividades muy agresivas en los límites tales como urbanizaciones y turismos no sostenibles, derivadas del efecto llamada del Parque y que las zonas de protección periféricas difícilmente pueden evitar. Algunos PRUG (plan rector de uso y gestión) incurren inadvertidamente en flagrantes contradicciones. Se puede llegara a “prohibir mirar” una especie endémica en peligro de extinción y al mismo tiempo permitir tours operadores que masifican la montaña atraídos por esa especie. Es una forma de hablar, claro, pero no va muy desencaminada. En el Parque Nacional del Teide por ejemplo, no es coherente el necesario control de acceso la cumbre, con la existencia de un teleférico que sube a 3.550 m. de altitud a cientos de turistas. Ejemplos similares en otros Parques Nacionales de montaña no faltan. Por este motivo es por el que, en ocasiones, se puede llegar a confundir un Parque Nacional con una especie de parque temático, en el que la naturaleza se convierte en mercancía. Nuestros políticos, por otra parte, deberían tener claro si, más allá de sus intereses electorales, quieren o no un Parque Nacional, porque de quererlo, tendrían que asumir más bien un coste que una fuente de ingresos, no sólo por las indemnizaciones o adquisiciones que se requieran, sino sobre todo, por la pérdida de actividad económica que se deriva de una autentica protección. Todo lo que se pierde en mercancía se gana en valor para la sociedad, en eso estamos algunos.

Respecto del nuevo Parque Nacional de la Cumbres de Guadarrama, he de decir que obedece exactamente a este esquema. Se trata de convertir un recurso natural en una mercancía, ni más ni menos. Es una opción, desde luego, pero poco tiene que ver con la protección de nuestra Sierra. Presumo las dificultades que han tenido que tener los técnicos de la Red de Parques Nacionales para elaborar su informe favorable. Les delata las muchas justificaciones sobre la delimitación, fragmentación, estrangulamientos y continuidad del parque; excusatio non petita, accusatio manifesta. Es evidente que el parque sufre de estrangulamientos inconcebibles en términos ecológicos y que sólo obedecen a criterios de titularidad del suelo (privada, municipal) o de actividades económica (estaciones de esquí) y la prueba de ello es el interés del ministro en incluir a última hora (ya veremos) los pinares de Valsaín, –no así el pinar de los Belgas–, para enmendar el desastre.

Con todo, lo más patético de esta situación son las estaciones de esquí de Navacerrada y Valdesquí, así como la, -por llamarla de alguna manera- urbanización del Puerto de Navacerrada, que no olvidemos están en el corazón de la Sierra. Estos usos son incompatibles con cualquier concepto, no ya de Parque Nacional, sino de mera sensibilidad ecológica. Son un anacronismo ambiental, estético e incluso económico. La adaptación que se ha hecho de la zonificación en el mapa, para que queden fuera del Parque Nacional, es una burla a los ciudadanos y desgraciadamente nos tememos que llegará a ser un ejemplo internacional de lo que no debe ser un Parque Nacional. Para más escarnio, se permite la posible ampliación uniendo ambas estaciones.

La propuesta de Parque Nacional se queda excesivamente corta. Desde luego en cuanto a su extensión que queda circunscrita, como su propio nombre indica, a la zona de cumbres, excluyendo amplias zonas con excepcionales valores, en ocasiones muy superiores a los de las cumbres. Se apuesta por la nefasta cultura de proteger sólo “la excelencia”, obviando el carácter “sistémico” y global de las montañas.

Guarramillas y el Valle/Loma del Noruego (estaciones de esquí), son zonas emblemáticas no sólo para el montañismo madrileño y castellano, son representativas del guadarramismo por su historia y su aportación a la cultura, al deporte y a la ciencia. ¿no sería más propio el estudio del desmantelamiento progresivo de las estaciones de esquí, la recuperación del suelo y el paisaje y la reordenación territorial de todo el entorno, adecuándolo al Parque Nacional?. Esta aspiración, que algunos pretenden presentar como utópica o inviable, fue sin embargo, llevada a cabo con indudable éxito en la vecina estación de Cotos. Renunciar al desmantelamiento y reordenación del territorio es por el contrario una actitud pusilánime que legitima su existencia, y lo que es peor, su ampliación… ¡en el mismo corazón de un Parque Nacional! No es una demanda radical, no es nada que no esté contemplado en el espíritu y en la letra de la Ley de Parques Nacionales.

Alfredo del Campo Martín.
Mountain Wilderness de Ayllón, Guadarrama y Gredos.

 

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