1933-1985

Don Whillans, el mito del rebelde con causa… y con carisma

Autor de la primera a la cara sur del Annapurna con Dougal Haston, fue uno de los mejores alpinistas británicos de la historia. Nacido en Manchester, desplegó un intenso orgullo de clase obrera y se significó como marrullero y bebedor.

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Don Whillans (1933 -1985), alpinista y escalador británico.
Don Whillans (1933 -1985), alpinista y escalador británico.

La figura de Don Whillans (1933-1985) ha tenido una enorme influencia en la comunidad del alpinismo mundial, desde su fallecimiento a los 52 años de un ataque al corazón. Y no solo por sus evidentes e incuestionables logros como alpinista y escalador, sino por encima de ello por el mito que se ha terminado por generar a su alrededor. Una leyenda que habla de libertad, de labrarse uno mismo su propio camino disfrutando cada paso y de una falta total de respeto por la autoridad y las convenciones establecidas.

Ese imaginario, por sí mismo, creó, según su biógrafo Jim Perrin, una buena cantidad de anécdotas y episodios protagonizados por Don Whillans en el papel de tipo duro que en realidad no habrían ocurrido nunca. Lo que sí está claro es que hacía gala de una personalidad burlona y agresiva, que le llevaba a no rehuir ninguna pelea a pesar de su apenas 1,60 m de altura. Para lectores más hechos al siglo XXI, alguna de sus fotografías, con gorra calada y faz rechoncha de ojos hundidos podría recordar a los personajes de Peaky Blinders.

A pesar de que la citada serie de la BBC esté ambientada en el Birmingham de los años ’20, mientras que Don Whillans creció en el Manchester de la Segunda Guerra Mundial, ambos tienen en común el ambiente de la clase obrera humilde y del joven que no se resigna a resignarse y se abre paso por todos los medios.

Su cordada con Joe Brown

El contexto social de Don Whillans es muy parecido al de otro de los grandes de la escalada y el alpinismo británico, Joe Brown. Procedente también de un barrio obrero de Manchester y solo tres años mayor que el aprendiz de fontanero Whillans, el aprendiz de paleta Brown ya se había ganado un nombre entre los escaladores en roca de la zona por sus vías duras y expuestas cuando Don Whillans comenzó a escalar en 1950. Era cuestión de tiempo que la cuerda los uniera.

Fue en 1951, en la zona de The Roaches (Staffordshire). El compañero de cordada de Joe Brown no fue capaz de seguirle en la nueva vía que trataba de abrir y, de entre el grupo de escaladores que se había congregado a su alrededor, el desconocido Don Whillans –todavía con 17 años– dio un paso adelante, se ató la cuerda alrededor de la cintura y trepó hasta la repisa donde Brown esperaba… A continuación, Whillans siguió escalando de primero a través del largo más duro de la línea, bautizada como Matinee.

La cordada Brown-Whillans quedó establecida y marcó una época durante la década de los ’50. Tanto en el Reino Unido y especialmente en el norte de Gales –por ejemplo en Dinas Cromlech o en Clogwyn du’r Arddu–, como más allá de la isla. Llevaron el estilo de vida y la filosofía beatnik al terreno de la escalada.

De lo más difícil de los Alpes

Desoyeron a las voces más experimentadas que recomendaban una progresión sólida en la roca, primero, en las montañas escocesas, después, y en la escalada invernal, finalmente, antes de dar un paso más e ir a los Alpes. En 1953, mientras Inglaterra celebraba con fervor la primera ascensión al Everest de Sir Edmund Hillary, Don Whillans pilotaba una vieja moto cruzando Francia con Joe Brown de paquete. Un viaje que repitieron los años siguientes.

En 1954, abrieron la chimenea central a una de las puntas de la Dent du Requin (V+) con Ron Moseley. Días después, hicieron una de las ascensiones más difíciles de la época, con la apertura de la clásica Brown-Whillans en la cara oete de la Aiguille de Blaitière (750 m, 6b), usando piedras como rudimentarios empotradores en un offwidth vertical. Y lo remataron con una de las primeras repeticiones de la cara oeste del Petit Dru.

Aquellas ascensiones les reportaron un gran reconocimiento, tanto por parte de los guías de Chamonix como también en casa, donde un periódico local los bautizó como los “pigmeos escaladores de Manchester”, haciendo referencia a lo bajitos que eran ambos. Sin embargo, las consecuencias de ese mismo éxito provocaron su distanciamiento como cordada: el año siguiente, solo Joe Brown fue invitado a la expedición en que logró la primera ascensión del Kangchenjunga, mientras Don Whillans se sentía traicionado y volvía por su cuenta a los Alpes.

Él tuvo su propia oportunidad en las grandes montañas asiáticas con la expedición de Manchester que intentó la primera ascensión del Masherbrum (7.821 m) en 1957. Sin embargo, se quedó a poco más de cien metros de la cumbre, haciendo cordada con Joseph Walmsley, y su amigo Bob Downes falleció.

Su última gran vía en la cordillera alpina data de 1961, cuando realizó la primera ascensión del Pilar Central del Frêney en el Mont Blanc, con Jan Duglosz, Ian Clough y Chris Bonington.

Compañero de Chris Bonington

Si la cordada con Joe Brown le dio a Don Whillans sus primeros reconocimientos, sus expediciones con Chris Bonington lo afianzaron en la historia del alpinismo británico y mundial. Un año menor que Whillans, Bonington y él comenzaron a escalar juntos en 1958, aunque su relación estuvo marcada por la supuesta ‘traición’ cometida por Bonington al escalar en 1962 con otro compañero la cara norte del Eiger, un objetivo que siempre se le resistió a Don Whillans.

De todos modos, ambos estaban interesados en las expediciones y ese mismo invierno de 1962-1963 llevaron a cabo una campaña histórica a Patagonia, con primeras ascensiones tan importantes como la de la Torre Central del Paine o la de la Aguja Poincenot.

Primera a la cara sur del Annapurna

Don Whillans acumuló algunos intentos a grandes montañas en las que lideró sus propias expediciones, como el Gauri Sankar de 1964 o la cara sur del Huandoy Sur (1968), pero fue la expedición comandada por Chris Bonington en 1970 a la cara sur del Annapurna la que le sirvió para firmar la ascensión más destacada de su carrera. Y eso que teóricamente ya estaba en decadencia –con sobrepeso, problemas con la bebida y tabaquismo acusado– cuando Bonington aceptó a regañadientes incluirlo en el equipo.

La empresa era mayúscula: intentar una de las ascensiones más largas, difíciles y expuestas del mundo, en una inmensa pared llena de peligros. Con Bonington y Whillans, también había otros potentes alpinistas, aunque menos experimentados en el Himalaya, como Nick Estcourt, Ian Clough o el estadounidense Tom Frost.


 

La expedición fue larga y laboriosa. Necesitaron dos intensos meses en la montaña y montar un total de seis campamentos de altura. A finales de mayo, parecía que el monzón comenzaba a instalarse y les iba a dejar sin opciones de cima, tras haber instalado su C6 a 7.315 m y haber alcanzado una punta de altura de 7.600 m. El plan pasaba por montar otro campamento más, para superar el difíl tramo superior.

En esas condiciones surgió el genio de Don Whillans y del escocés Dougal Haston, otra personalidad rebelde e impulsiva. El 27 de mayo, ambos estaban en C6, donde la meteorología apuntó una leve mejoría, a diferencia de las cotas inferiores, donde el mal tiempo permaneció. De hecho, nadie más que ellos sabía que habían salido de su tienda a las siete de la mañana y que se iban hacia la cumbre sin encordar y sin cargar la otra tienda prevista para el supuesto C7. Alcanzaron la cima hacia las 14:30 horas y consiguieron regresar el C6 para responder a la llamada de Chris Bonington de las 17:00 horas anunciando el logro.

La expedición terminó sin ninguna otra cumbre, a pesar del intento posterior de Tom Forst y Mick Burke. Mientras desmontaban los campamentos, el 30 de mayo la caída de un serac provocó la muerte de Ian Clough cerca del C2.

La expedición fue aclamada en el Reino Unido como el mayor logro alpinístico británico desde la primera del Everest de 1953. La escalada de la cara sur del Annapurna fue considerada como la más difícil realizada hasta entonces en las grandes montañas.

El final

Don Whillans participó en los años siguientes en las expediciones que intentaron la cara suroeste del Everest en 1971 y 1972. Escaló de nuevo con Joe Brown en el tepuy Roraima (1973) en la selva guyanesa, ascendió el Tirich Mir (7.708 m) en el Hindu Kush (1975) y realizó algunos intentos posteriores al Cerro Torre y al Broad Peak.

No obstante, la bebida y el tabaco habían ganado terreno a las montañas. Su carácter también le jugó una mala pasada cuando fue cazado por la policía conduciendo ebrio y la cuestión acabó con Whillans en el calabozo por agarrar a uno de los agentes por el cuello. El posterior juicio terminó con sus posibilidades de ser condecorado por la realeza.

Entre el legado de Don Whillans al mundo del alpinismo también figuran varias invenciones de material. Entre ellas un tipo de tienda cuadrada (que diseñó para escalar en Patagonia en los sesenta y se utilizaría también en las expediciones al Everest y Annapurna de los setenta) y por el otro el primer arnés de cintura de la historia (que desarrolló en los 70, fue muy utilizado en los 70 y 80 -los escaladores de la época seguro que recuerdan e incluso conservan su «Troll Whillans».


 
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