Dexametasona, de combatir el mal de altura al Covid

Los inyectables de este fármaco es lo primero que un himalayista mete en su botiquín de emergencias. Su uso en montaña es generalizado y ahora ha empezado a demostrarse eficaz también contra el coronavirus.

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Denis Urubko bromeando con la jeringuilla de dexametasona en el rescate de Saulius Damulevicius en el glaciar del Gasherbrum
Denis Urubko bromeando con la jeringuilla de dexametasona en el rescate de Saulius Damulevicius en el glaciar del Gasherbrum   Anna Piunova

La noticia saltó ayer en los medios generales a nivel internacional: la comunidad científica habría encontrado un primer fármaco capaz de enfrentarse al coronavirus Covid-19. No cura la infección ni tampoco es eficaz en todos los casos, pero sí es un avance sólido y que puede ayudar a personas que desarrollen cuadros graves de la enfermedad y requieran ventilación mecánica. El nombre del medicamento: dexametasona.

Cualquiera que haya tenido una mínima experiencia con la altura como himalayista y la mayoría de los buenos aficionados al alpinismo de alto nivel habrán reconocido de inmediato a este fármaco. Pues la dexametasona es el elemento número uno en el botiquín de primeros auxilios en las grandes montañas y ya ha salvado numerosas vidas en altura.

Remedio milagroso contra el mal de altura

El uso de este cortico-esteroide con efectos antiinflamatorios se ha generalizado en las grandes cumbres desde principios de los noventa como el método más eficaz de tratar los síntomas de edema, con unos resultados prácticamente milagrosos. Los ejemplos son múltiples a lo largo de los veinte años que Desnivel.com lleva informando del mundo de la montaña.

Ya en la primavera de 2001, Carlos Suárez –en su primera experiencia en un ochomil, en el Cho Oyu– contaba cómo tuvieron que darle dexametasona a un cliente de una expedición comercial con síntomas que apuntaban a principio de edema cerebral.

Juanito Oiarzábal nos contó en primavera de 2011 cómo había sido su agónico descenso del Lhotse, durante el que sufrió de lo lindo y se vio obligado a tratarse con dexametasona, primero en pastillas y más tarde inyectada por sus compañeros Carlos Pauner, Juanjo Garra y Javier Pérez.

Ferran Latorre lo utilizó la primavera de 2012 en la cara norte del Everest, para administrarle una dosis de emergencia a Dawa Sherpa que prácticamente lo devolvió a la vida y le permitió descender desde 8.300 metros.

El pasado verano de 2019, Denis Urubko fue el encargado de pinchar dexametasona a Saulius Damulevicius en el glaciar del Gasherbrum, durante la operación de rescate de este alpinista lituano con signos evidentes de edema pulmonar que llevó a cabo junto a Sergi Mingote.

Doping de altura

Es tan habitual su uso en las grandes montañas que la dexametasona está considerado también como el segundo producto más usado como doping en el himalayismo, solo superado por el oxígeno embotellado. Ya lo tratamos en un artículo de 2013 sobre Doping en el himalayismo, donde decíamos al respecto:

Paralelamente a su utilización como remedio en casos de emergencia, ha ido surgiendo cierta tendencia a usar este cortico-esteroide de forma preventiva como ayuda para realizar ascensiones más rápidas. Esta medicación es utilizada habitualmente para tratar numerosas afecciones desde tumores hasta asma y está completamente prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje. Según una investigación realizada por la publicación americana Outside, se ha descubierto que hay algunos médicos no especialistas en montaña e incluso guías de montaña profesionales que animan a sus clientes a consumir dexametasona para facilitar sus ascensiones.

Sin embargo, este uso preventivo para mejorar el rendimiento se ha revelado peligroso e incluso mortal en más de un caso. El alpinista amateur estadounidense Jesse Easterling ha concedido una entrevista a Outside Magazine en la que ha explicado los detalles de su grave afectación por el consumo de dexametasona cuando intentaba el Everest en 2009. Agente de seguros y gran deportistade 27 años, su médico recetó a Easterling grandes dosis de la sustancia que le terminaron provocando un choque adrenal y ataques psicóticos que le pusieron al borde de la vida y la muerte durante tres semanas en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Katmandú. Todavía hoy padece secuelas físicas derivadas de ese episodio.


 
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