NOVEDAD EDITORIAL DE DESNIVEL

«Refugio» de Pedro Sáez: una alternativa al mundo

Esta novela, finalista del Premio Desnivel 2020, engancha desde la primera página, con un lenguaje poético, cercano, que habla del alpinismo como alternativa al mundo. Pero también de manera crítica, de cómo las montañas y la naturaleza se han convertido en objetos de consumo.

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Refugio por Pedro Sáez Serrano
Refugio por Pedro Sáez Serrano

Escapar de la prisión… también habla de eso Refugio, la prisión interna y la externa; ya lo dijo Ludwig Hohl en su maravilloso libro Escalada: «En esos instantes había hallado de pronto la respuesta definitiva a la pregunta tan reiterada: ¿Por qué escaláis montañas? […]. La respuesta era: para escapar de la prisión». Una cita a la que recurre en varias ocasiones Pedro Sáez, el autor de Refugio. Guía de montaña y profesor de literatura, en este libro mezcla sus dos pasiones, y esa «prisión» queda bien retratada en esta novela: una sociedad mercantilista, unas relaciones complejas, unos ideales sobre pedestales que se van desmoronando… y a la vez la belleza de la montaña, de la poesía, de los rincones pequeños, más pequeños que el mundo, donde refugiarse, de los afectos que rescatan la vida, aunque sea solo para contarla. De la escalada como posibilidad de soñar caminos donde no existen.

«El Everest se ha convertido en una metáfora de mundo. Me interesaba cuando era una alternativa».

Refugio

Refugio cuenta la trayectoria vital de David, un alpinista misterioso, desde los años de infancia, sus inicios en el monte, el primer viaje a Asia, que se alargó irrazonablemente durante años, en los que se alzó desde el anonimato más estricto hasta las portadas de las revistas de escalada; su repentino regreso y, sobre todo, los episodios que le condujeron a la transformación.

Refugio por Pedro Sáez Serrano

Refugio

Por Pedro Sáez Serrano

Un periodista de montaña, en decadencia, quiere hacer un artículo sobre este alpinista mítico cuya errática trayectoria le fascina y ahí empieza todo.


 

«Te parecía una especie de alpinista maldito, algo así como un Rimbaud de las cumbres, alguien capaz de lo mejor y de lo peor, de extraños fulgores y de grisuras inexplicables, con una vida llena de episodios turbios nunca aclarados del todo».

Refugio

Refugio es un libro misterioso, emotivo, con un lenguaje cuidadísimo y a la vez cercano que, como la propia obra de la escritora Lucía Abós —narradora y protagonista también de Refugio— se convierte en «una mixtura de recuerdos fingidos, de ficciones reales, de artículos inventados, de viajes y sueños». 

Y, entre ideales, vida atormentada, mucha pasión y belleza, te atrapa. A su protagonista, David, le sucedió en el Himalaya algo que le cambió para siempre o quizá no, quizá siempre tuvo esa capacidad crítica, de poner en duda lo hegemónico. Por otro lado, una narradora que se pierde en un pasado común: su infancia en Asomo, su descubrimiento de las montañas, los circos, los riscos, los glaciares.

Un amor, un amigo pastor, un sherpa, un refugio austero y acogedor. Todo se cuenta desde esa nostalgia dolorosa de lo que ya pasó y no se puede recuperar, solo recordar, y lo evoca con tanta nitidez que realmente te parece estar viviendo esos pedazos de sus vidas y los haces propios, ya te pertenecen: Riglos como un pequeño Yosemite, el Pirineo como el refugio ideal de montañeros, pastores y pueblos donde los niños pueden crecer jugando con hormigas, y perros y vaguadas. El Himalaya como belleza y dolor.

«El capitalismo había llegado hasta las cumbres más altas y había plantado allí su caja registradora.Me di cuenta de que formaba parte de un ejército colonial —me dijo un día, pero no disculpándose, ya no, sino haciéndome solo partícipe de un hecho objetivo—. El turismo asimétrico es la nueva forma del colonialismo de siempre».

Refugio

Lo que muchas veces he echado en falta en las novelas de montaña es esa desmitificación, quitarle un poco de épica al alpinismo y Refugio es un gran ejercicio en ese sentido, resulta idealista y crítica con la montaña a partes iguales. Visualiza el ego y el narcisismo que a veces invade las cumbres, las montañas convertidas en objetos de consumo y el turismo como nueva colonización. 

«Ve las luces erráticas de las bicicletas, los puestos ambulantes de comida pregonando su mercancía con humo, los tenderetes de abalorios rodeados de turistas, ávidos de adquirir gadgets espirituales a precio de saldo. Ve Asia. Ve lo que los occidentales han decidido que sea Asia: un enorme bazar de gangas metafísicas, cúpulas doradas, monjes budistas, karma tranquilizador, sexo infantil, comida exquisita, esclavos textiles, siervos electrónicos, montañas de deseo».

Refugio
Refugio por Pedro Sáez Serrano

Refugio

Por Pedro Sáez Serrano

Es un texto también crítico con la fiebre de cumbre y la dificultad para priorizar los cuidados a los objetivos que en ocasiones se vive en las montañas: 

«Volvió a pararse. Vio que alguien subía por la cuerda. Subían deprisa. En temporada alta el Everest está lleno de gente y el tráfico en las cuerdas es incesante. Eran tres. Enseguida llegaron hasta ellos. Antes de que pudiese decirles nada, vio cómo desenganchaban sus júmars de las cuerdas y los sorteaban y volvían a engancharse más arriba.

—Necesito ayuda —dijo sin creer que los tipos pasaran de largo.

Ellos hicieron como que no le oían.

—Necesitamos ayuda. Volved aquí.

Los tipos seguían hacia arriba como si no les hubieran visto.

—Volved aquí. No pensaban ayudarles. La fiebre de la cima. De repente las leyes del mundo se habían trastocado. No ayudar al caído. Ni siquiera mirarle. Pasar de largo. Obviar la agonía. La única finalidad es hollar un trozo de nieve rastrillada. Lo demás no importa. ¿Eso era todo? ¿Para eso la gente acudía a la montaña? ¿Para suspender la obligación de prestar auxilio, para pisotear moribundos? ¿Con qué objeto? ¿Cómo podrían mirarse en el espejo el resto de sus vidas? No, no se mirarían en el espejo. Mirarían emocionados su foto en la cumbre y olvidarían el resto, aquello que pudiera estropear esa imagen sublimada»

Refugio

Y a la vez que desmitifica no deja de valorar esa importancia de encontrar nuevos caminos, de crear, de cambiar… que te da la escalada. Y poco a poco se va desvelando por qué un alpinista comprometido y puntero pasa de ser guía en el Everest para convertirse en guardés de un pequeño y anónimo refugio pirenaico donde prendió la llama de todos sus sueños, allá en la infancia. 

Y el libro te va enganchado desde la nostalgia imposible al entrar en un zaguán con olor a humedad, hasta las cumbres más altas y solitarias, desde los ideales utópicos a los combates más cercanos, desde el dolor del desamor hasta el vacío de las pérdidas porque es también un historia de amor, de no asentir, de belleza y peligro. De estar allí. 

«Escalar es un verbo intransitivo, como vivir, pues se trata de lo mismo: apostarlo todo a una acción sin objeto. Ese era su valor, decía. Y estar allí. Pasado el tiempo, había entendido que la gloria no importaba, como tampoco importaba salir en las revistas o inaugurar una nueva línea fulgurante, que todo era vanidad salvo el hecho de estar sumido en ese vórtice. Se escala por adicción a la alegría —había dejado escrito—, para no ser capturado, para estar en movimiento, como la flecha de Zenón.

No se escala para encontrar una supuesta libertad de las cumbres, como si en ellas la libertad proliferase como un extraño liquen hipóxico, sino para preservar la que uno lleva dentro, si es que la lleva, para que no te la quiten ni te la manchen. Para escapar de la prisión. Escalar es una forma de no asentir, de situarse al margen de un mundo idiota y obsceno. Conseguir una cumbre no es el objetivo, acaso una consecuencia o una posibilidad. Como morir. La posibilidad de morir pone en valor el hecho de estar vivo en lo alto.

Uno se siente tanto más vivo cuando más cerca se encuentra de la muerte, cuando no la niega ni la viste de misticismo. La vida adquiere todo su valor, todo su fugaz e inútil esplendor, en esa extraña mezcla de belleza y peligro, de alegría y fragilidad».

Refugio por Pedro Sáez Serrano

Refugio

Por Pedro Sáez Serrano


 
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