Maurizio Zanolla «Manolo», un hombre solo bailando en su habitación

Maurizio Zanolla conocido como Manolo, es el escalador de solo integral más célebre de Italia. Pionero de la escalada libre, en «Éramos inmortales» —libro que acaba de ser editado por Ediciones Desnivel— nos desvela sus vivencias entre los años 70 y 80, una muestra de las experiencias más significativas, más intensas y más conmovedoras de una vida en busca del equilibrio. Cuando la vida pendía de sus manos y realmente parecían inmortales.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:
Maurizio Zanolla “·Manolo”
Maurizio Zanolla “·Manolo”   © Heinz Mariacher

Es un baile hermoso y arriesgado. Lo que está en juego es la vida y a la vez el corazón late ligero, dejando abajo todas las cargas y usando el vacío como un punto de apoyo. ¿Por qué no mirarlo todo desde otras perspectivas partiendo de la sinceridad, de la curiosidad, de la escucha y de la aceptación de cuanto surge y nos mueve en nuestra relación con el pasado?

Traigo las palabras del escritor Tom Spanbauer que en su novela, La ciudad de los cazadores tímidos, habla del arte de performance como el de un hombre solo bailando en su habitación. Creo que esta frase puede valer para todo arte. Creo que las cosas que más nos emocionan, que más nos atraviesan son las que nacen desde dentro del artista sin pensar en que algún día alguien totalmente alejado a él pueda recibir lo que él está haciendo, o pueda juzgarlo, porque no es ese futuro incierto lo que le guía sino un presente apremiante, que necesita expresarse ahora, y de esa forma. Y ese era el arte de escalar que Manolo comparte… ese ahora sin concesiones, ni muerte, ni juicio, ni dudas.

«La calidad del viaje es más importante que la meta. Cada objetivo ha de llevar implícito una forma de compromiso»

En «Éramos inmortales« relata en primera persona cómo eligió enfrentarse a las paredes liberándose de todo, hasta llegar a escalar sin cuerda, movido por la convicción de que la calidad del viaje es más importante que la meta, y de que cada objetivo ha de llevar implícito una forma de compromiso.

La familia, los afectos, las experiencias de juventud, los amigos de las primeras escaladas, las vías, a menudo abiertas en libre y en solitario, el intento de conquistar los ocho mil metros del Manaslu, hasta obras maestras de la escalada como Eternit o Il mattino dei maghi, Maurizio Zanolla recorre los primeros años entre la década de los setenta y los ochenta, de uno de los más grandes escaladores italianos e internacionales.

Del trabajo en la fábrica a sentirse deslumbrado por un mundo fantástico y de posibilidades infinitas

Nos llega como un relámpago su necesidad de ruptura con lo establecido, viniendo de una familia humilde, sin interés por los estudios, con la revolución política y social gestándose en una plaza  y acompañada de drogas, violencia y excesos. ¿Cómo no huir a las paredes en busca de algo de paz? Quizá con la idea de encontrar un camino que en principio puede parecer individualista pero que también era una manera de salir del carril y llevar la revolución a otra parte. Del trabajo en la fábrica a sentirse deslumbrado por un mundo fantástico y de posibilidades infinitas: montañas inmensas y también muchos sueños en la mochila.

La curiosidad que sentía hacia todo le llevó desde niño a situaciones peligrosas o al menos curiosas: «A nosotros nos bastaban los prados y los bosques en torno a la casa, tan vastos que nos permitían no tener que luchar más que con nuestra impetuosa energía. Éramos curiosos hasta el exceso, tanto como para sacar las cuentas del rosario de la abuela Adelina y tragárnoslas, por el simple gusto de comprobar si de verdad salían por el otro lado. Todavía recuerdo el día después, bajo la mirada severa de los adultos, aquel ¡plín! sobre el orinal cuando la última cuenta salió a la luz, para tranquilidad general».

«De cuando en cuando, me sorprendo rebuscando entre cosas que se han marchado para siempre»

La gimnasia artística y quizá explorar nuevas posibilidades de equilibrio constantemente le ayudó luego a mantenerse pegado a la pared… . «No había duda, yo tenía dotes innatas que en aquel pequeño entorno nuestro me permitían destacar, pero no lo consideraba un mérito: no había hecho nada para obtenerlo, simplemente había sido más afortunado que los otros. No sentía satisfacción cuando llegaba el primero, y cuando fui invitado en la escuela a exhibirme ante un público femenino, experimenté una terrible vergüenza». A la vez le encantaba el control físico y mental que exigía la ejecución de los ejercicios, lo que debía acompañarse asimismo por una continua atención a los más pequeños detalles.

Pero entre excesos encontró casi por casualidad la escalada, de la mano de un amigo que le acompañaría desde entonces en innumerables aventuras y decidió dejar la fábrica por el cielo abierto y las cumbres.

«De cuando en cuando, me sorprendo rebuscando entre cosas que se han marchado para siempre, tan lejanas que ya no las reconozco, tal vez transformadas por la mutación de los sentimientos y las emociones. Como las metas que he logrado, junto a las que hubiera querido lograr, pero que ni siquiera he conseguido rozar. Sueños que se desvanecen al amanecer, solo aparentemente sin dolor. Encrucijadas que han obligado a tomar decisiones. Rutas emprendidas, paredes escaladas. Vías de las que no sabría decir cuál ha sido la más bella o la más importante. Todo conectado por un único hilo, en un único viaje, junto a los colores y las luces que he sorprendido en la profundidad de los ojos de las personas que me han acompañado, aunque solo haya sido por un breve lapso de tiempo».

«No puedes entender el abismo que se abre bajo tus pies si no te asomas lo suficiente por el borde»

Breves momentos contados con todo detalle, hasta el punto de transportarte a esa pared donde en dos ocasiones sobrevivió por casualidad. «Las otras veces que me he caído de una pared no he vuelto a ver la película de mi vida pasar ante mis ojos. He experimentado estupor, sorpresa, rabia, frustración, abandono, incluso alivio. Algunas veces también he sentido miedo, generalmente justo antes del momento fatídico. Tal vez no se nos conceden dos proyecciones, o a lo mejor es que en aquel vuelo en la torre fui más allá del umbral. Solo sé que desde aquel día la vida ha seguido sorprendiéndome sin saber cómo, desarmado, en todo tipo de lugares y circunstancias, a pesar de todas las defensas que intentaba construir a mi alrededor. Hoy, esa torre de mi primera caída solo existe en las viejas postales: se derrumbó, desapareció. Su figura se hizo pedazos antes que la mía. Pero me regaló una precoz percepción: no puedes entender el abismo que se abre bajo tus pies si no te asomas lo suficiente por el borde».

Sobrevivir parecía una empresa complicada. Vagabundear, viajar, la vida en cada sorbo de aire

Momentos de apertura, pantalones de campana, Inti-Illimani y Génesis, difícil olvidar Saigón, mientras  oían repetir que la fábrica ofrecía un futuro seguro. Sí, parecía sólido y digno, pero causaba temor. Confusión política, necesidad de un cambio en la mirada social. «Éramos jóvenes como para creer que la realidad y el futuro no podrían desmoronar nuestros sueños, e incluso cuando descubríamos el error de valoración, seguíamos recorriendo las calles como antes, buscando solo mantenernos en pie, en un mundo que ni siquiera Ernesto Guevara de la Serna había conseguido cambiar».

La historia de rutas imposibles y compromisos enormes, de salir por los pelos de tormentas y caerse en mitad del vacío. Pero nadie hubiera podido robarles los grandiosos momentos que pasaron allá arriba, mientras corrían ligeros entre la tierra y el cielo.

«Tampoco lograba entender por qué encontraba lo que quería solo allá arriba»

«En aquel tiempo me sentía cada vez más seguro. Estaba sumergido en una realidad irreal y el vértigo parecía haber desaparecido, convencido ahora de que el vacío se había convertido en un punto de apoyo. Vivía mi pasión sin obsesiones, a pesar de que continuaba buscando ambiciosamente –a través de los errores y excesos necesarios– un equilibrio que no sabía a dónde me llevaría. Tampoco lograba entender por qué encontraba lo que quería solo allá arriba, donde para lograrlo solo contaba con mis manos. Ya no quería cambiar el mundo, quería vivirlo desde dentro, pero en aquella extensión de libertad empezaba a intuir que, en realidad, nada se podía alcanzar».


 
Lecturas relacionadas
Portada de la revista Desnivel nº 394

Desnivel nº 394

En este número: las entrañas del hielo Groenlandia; esquí extremo Lhot…

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.


 

 

 

Novedades editorial

Últimas noticias