'UN DÍA COMO UN TIGRE'

John Porter: “Aunque muriese a los 28, Alex McIntyre vivió una vida más plena que la mayoría”

Reinhold Messner dijo que Alex McIntyre era el himalayista más puro de los de su generación. Murió a los 28 años en la Sur del Annapurna, pero su compañero John Porter sostiene que tuvo una vida montañera más plena que muchos. El libro Un día como un tigre cuenta su historia.


Darío Rodríguez | 5 comentarios |

John Porter escaló junto a Alex MacIntyre una década. La primera vez fue en los Alpes y no empezó con buen pie: Alex perdió una de sus botas y tuvo que alquilar otras en Chamonix. Al final, acabó con una buena y con otra dos tallas más grande. Durante la actividad les pilló una gran tormenta que casi les cuesta la vida y John pensó que nunca más iba a volver a escalar con ese chaval tan desastre. “¡Quién me iba a decir que diez años más tarde sería uno de los grandes escaladores del Himalaya!”.

En ese momento tampoco podía intuir que muchos años después sería el autor de Un día como un tigre, un libro en el que repasa la vida de un alpinistas que destacó por su audacia y por anticipar el estilo ligero que tanto se ensalza hoy.

¿Qué significa el título?
El título viene de un dicho tibetano: es mejor vivir un día como un tigre que una vida como una oveja. Es el que eligió la madre de Alex para grabar en la placa que llevé al campo base del Annapurna. Yo aprendí de Alex el viejo dicho de que los bueno mueren jóvenes, pero él vivió una vida más plena que la mayoría aunque muriese a los 28.

«Alex es una figura importante con una historia detrás que había que contar»

¿Cómo arranca el libro?
El primer capítulo es de un viaje a Afganistán hace 30 años. Era como un relato breve que he tenido siempre en el fondo de mi cabeza porque pensaba que igual lo usaba algún día. Al final ha acabado por abrir el libro porque es como la piedra angular de todo lo que viene después. El libro no solo habla de la vida de Alex McIntyre y de los diez años que escalamos juntos, también sobre qué hubiera pasado si hubiese seguido vivo. Veinte años después de que muriese me di cuenta de que era una figura importante con una historia detrás que había que contar. Por eso me decidí a escribir el libro.

La familia de Alex ha tenido un papel importante en el proceso de escritura.
Estuve con Jean McIntyre, la madre de Alex, con la que tenía una relación muy cercana. Antes de marcharnos de expedición siempre me decía: «Por favor, cuida de mi niño y asegúrate de que vuelva». Escalamos juntos muchos años y al final dejó de ser un niño para convertirse en un gran escalador que sabía cuidar de sí mismo.

Hace unos años, cuando le comenté a Jean que iba a escribir el libro, me pidió que si podía esperar. Me dijo que le acababan de diagnosticarle un cáncer y que no quería darse el disgusto de leer sobre su hijo muerto mientras viviera. Le contesté que por supuesto. Jean vivió ocho años más y en este tiempo nos vimos con frecuencia. Cuando murió tuve el permiso para acabar el libro. Al margen, también quería hablar con su hermana, Libby, y con su novia, Sarah Richard. Ambas recibieron partes del libro y les dije que no iba a completarlo si no tenía su autorización, pues ellas dos y la madre fueron las tres mujeres más importantes de la vida de Alex. Leyeron lo que había escrito y me dijeron que debía terminar el libro. Y eso fue lo que hice.

«Murió por una piedra solitaria que cayó cuando intentábamos una nueva ruta en el Annapurna»

Alex tenía mucha amistad con Voytek Kurtyka, otro mito de la montaña.
Voytek Kurtyka era uno de los mejores amigos de Alex. Su primera gran expedición al Himalaya la hizo con él, fue al el Koh-i-Bandaka (1977), y yo también iba. Al año siguiente escalamos la cara Sur del Changabang en estilo alpino, una vía que nunca se ha repetido porque hay que montar hamacas a mucha altura. Después, Alex y Voytek siguieron escalando e hicieron la cara Este del Dhaulagiri, dos intentos visionarios en la cara Oeste del Makalu, y luego Alex también hizo la Sur del Shisha Pangma en estilo alpino con Dough Scott y Roger Baxter Jones. En diez años consiguió más cosas de las que llegan a hacer otros en toda una vida. Era mi mejor amigo y con los años me di cuenta de que la suya era una historia que se iba a perder en la nada si alguien no se ponía a escribirla.

¿Cómo murió?
Murió por una piedra solitaria que cayó cuando intentábamos una nueva ruta en el Annapurna. Éramos tres, pero cuando ocurrió estaba con René Ghilini en la pared. Les detuvo un muro de roca y empezaron a bajar. Yo estaba enfermo y cuando les vi volver me alegré de poder unirme a ellos en el siguiente intento. Pero se desprendió una piedra, que fue como una bala dirigida con puntería, y le cayó a él en la cabeza.

«Alex vio que la ligereza era el futuro de la escalada y de hecho diseñó mucho material»

Reinhold Messner dijo una cosa muy bonita sobre él:
Reinhold Messner describió a Alex como el himalayista más puro de los de su generación. Hay una foto famosa en la que están Alex, Reinhold, Jerzy Kukuczka y Voytek Kurtyka y es cuando pronunció la frase. Dijo: «Alex, eres el único que nunca ha formado parte de una gran expedición. Siempre has venido al Himalaya con un máximo de cuatro personas, así que quizá seas el más puro». Esa era su manera. Alex vio que la ligereza era el futuro de la escalada y de hecho diseñó mucho material extremadamente ligero. Muchas de sus ideas han llegado hasta el presente: hamacas ligeras, mochilas de pocos gramos, ropa en capas…

¿Te resultó difícil escribir el libro?
Hubo ocasiones en las que estuve al borde de las lágrimas mientras escribía, pero a la vez me sentía con mucha energía porque volví a revivir cosas que habíamos hecho y hablado. Alex era un tipo muy divertido, parecía una estrella del rock, las chicas le seguían los pasos. Le encantaba escalar y Voytek Kurtyka siempre decía que le ayudaba a mantener la calma, porque él era muy nervioso, y decía que con Alex a lado sentía algo hondo que le calmaba. Yo también lo sentía. Alex Solía decir: «Si no te gusta estar en la montaña, no vengas».

Comentarios
5 comentarios
  1. Un libro muy interesante, tanto en los aspectos humanos, como en los relatos del ambiente escalador británico de aquellos años, y los que son propiamente de montaña. Me ha encantado.

  2. Hermoza historia humana tan joven a los 28 años, pero emtiendo que en montaña la cosa es asi cosas tan pequeña produce lo que le paso a este joven.

  3. «Teclado en ingles, no tengo acentos, disculpa.» No son los acentos lo que no tiene tu teclado, son las tildes, campeón de la semántica.

  4. Aunque «murio» a los 28 anos…… «muriese» es estado hipotetico, la muerte de alguien es una realidad. Mal traducido el texto, lo que lleva a confusion. Teclado en ingles, no tengo acentos, disculpas

  5. Un libro fantástico, en mi opinión. Hay descripciones asombrosas, muy humanas.


 

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