Gasherbrum 1958, el libro inédito de Walter Bonatti.

Imagina que encuentras un tesoro enterrado junto a un olivo, o en el desván de  un caserón viejo, en un galeón hundido o, como es el caso, escondido dentro de una carpeta, entre mil papeles más. Esto es Gasherbrum 1958. El relato inédito de una conquista. Un texto escrito por Walter Bonatti hace 60 años y que ahora ve la luz.

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Gasherbrum 1958. Walter Bonatti
Gasherbrum 1958. Walter Bonatti

Walter Bonatti ha sido el gran alpinista clásico, que dejó con sus vías abiertas en la década de los 50 y primeros años 60, uno de los mayores referentes para generaciones venideras. Ha escrito libros, pero quizá podríamos decir que este es su primer libro. El que escribió un joven de 28 años que había realizado una tremenda escalada, de otro planeta para los alpinistas de aquel tiempo.

El Gasherbrum IV, o GIV,  tiene sus raíces en el sector montañoso del Baltoro Muztagh, en el centro de la cordillera del Karakorum, y es una montaña bellísima y difícil. Situada al fondo del glaciar del Baltoro y del circo de Concordia, su vertiente occidental tiene el aspecto de un altísimo y elegante tronco de pirámide. 

Y estos dos personajes: GIV y Bonatti, junto con Carlo Mauri, Riccardo Cassin, Bepi De Francesch, Donato Zeni y Fosco Maraini, son los protagonistas de la historia. Que cuenta con todo detalle la expedición italiana al Gasherbrum IV, y cómo  dos jóvenes de Lombardía, Walter Bonatti y Carlo Mauri llegaron a la cumbre el 6 de agosto de 1958.

Una vía que nadie ha vuelto a repetir en los sesenta años siguientes

«Nací para ser el primero de la cuerda» cuenta Bonatti años después, «siempre he tenido miedo de quien iba delante excepto si era Carlo Mauri. Todos los demás, aunque fueran mejores que yo, me daban miedo. Prefería ir delante resolviendo el problema antes de que me cayeran encima».

Esa confianza en la cordada se trasmite en la escalada de estos dos amigos, cómplices, que en el GIV abrieron una vía que nadie ha vuelto a repetir en los sesenta años siguientes.

Supongo que si en aquel momento se hubiera valorado la dificultad de la vía y el estilo de la escalada, se le habría dado más reconocimiento a aquella ascensión. Analizando desde este futuro privilegiado, en el que además sabemos que sigue sin repetirse, se puede imaginar que no tuvo mucho boom porque estaba muy próxima a la primera ascensión al K2, cuatro años antes, y porque hace sesenta años igual que hoy los números, fríos e impersonales, tenían un peso absurdo y desproporcionado. Al GIV le faltarían 20 metros para alcanzar los 8.000, por lo que no entra en esa carrera de las más altas del mundo, en un mundo donde el más posee un privilegio ausente de matices, como pasa con casi todos los grandes cajones en los que pretendemos guardar lo «más importante».

Todos los componentes del grupo eran escaladores en activo

La expedición nacional del Club Alpino Italiano al GIV (llamada oficialmente «Segunda expedición del CAI al Karakorum») fue muy diferente a la de 1954 al K2. Representaba una especie de reivindicación. Un intento de reapropiación del alpinismo extraeuropeo, sin mediación de ningún tipo. De hecho, contrariamente a lo que había sucedido cuatro años antes, esta vez todos los términos de la aventura quedarían reducidos al ámbito alpinístico. Todos los componentes del grupo, desde el jefe de expedición hasta al médico, eran escaladores en activo. Y toda la lógica de aquella aventura pakistaní podía ser considerada inherente al alpinismo. Nada de nacionalismo ni política ni grandes hitos.

El relato que se desarrolla en estas páginas, escrito por Bonatti a su retorno después de la aventura, ha permanecido olvidado durante decenas de años entre todos los documentos de su archivo personal. En 2016 los herederos de Bonatti donaron todo este legado al Museo Nazionale della Montagna de Turín, y durante los trabajos de catalogación se descubrió este testimonio inédito hasta la fecha donde el protagonista reescribe la historia con revelaciones sobre la expedición, el recuerdo de sus compañeros, los detalles y la extrema dificultad de la lenta y emocionante aproximación a la cumbre, y algunas polémicas tras el regreso a Italia.

Un libro en el que Walter Bonatti se muestra tal y como era a los 28 años

Un documento extraordinario que tiene la fuerza de la realidad sin filtros, ya que como el mismo Bonatti reconoce en sus páginas es su diario de expedición transcrito, «aunque en diversas ocasiones he sintetizado de mi diario narrativo las notas técnicas de los siguientes acontecimientos, dándoles un sentido comprensible para todos los lectores. A cambio, he querido transmitir intacto cuál era mi ánimo en los momentos en que escribí estas crónicas». Así ese Bonatti de 28 años se muestra tal cual, con la aspereza que da la propia realidad, con la belleza de la no intervención.

Tiene la fuerza de una aventura cuando las montañas eran lugares solitarios, sin comunicaciones más allá de la voz y la mirada, sin nada que pudiera evitar los malos entendidos y simplificar las cosas, sin ningún modo de aliviar la incertidumbre. Es conmovedor imaginar que estaban ahí, en ese momento, escalando esa montaña.

Iba a ser publicado entonces pero misteriosamente ha permanecido inédito hasta hoy

Al mismo tiempo también hay que contextualizar el libro: una historia que se desarrolla en los años 50 que se pensaba que iba a ser publicada pocos años después pero misteriosamente permanece inédita hasta hoy. Con lo que eso supone de arcaico o de obsoleto con la épica y todo lo demás. Para mí es un detalle sin importancia ya que forma parte de la idiosincrasia del momento, del privilegio de teletransportarse a 1958.

Diría que este libro es una mezcla entre documento histórico, crónica periodística y relato intimo. Aunque el autor no se extiende en emociones, se entrevén las dudas, las decepciones, los miedos, los conflictos… de una manera muy realista, tan realista como un chico de 28 años que lleva ahora 8 fallecido, como un bloc de notas alimentado en el campo base de una montaña solitaria, sin ascensiones ni rutas evidentes, hace 60 años.


 
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