EXPLORANDO

El sentimiento de la montaña, por Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro

Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián álvaro, han vuelto a unir fuerzas para revisar esta original obra, que analiza pormenorizadamente la evolución de la dimensión cultural del alpinismo. Hablamos con ellos sobre sentimientos y montañas.

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Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro, han vuelto a unir fuerzas para revisar esta original obra, que analiza pormenorizadamente la evolución de la dimensión cultural del alpinismo. Desnivel acaba de publicar la segunda edición.
Forman una cordada todoterreno, en la que cada uno comparte y se contagia de lo mejor del otro: reflexión y acción, sabiduría y emoción, palabra e imagen. Posiblemente, el tándem más creativo y comprometido del microcosmos de las altas cimas y los mundos salvajes, como ya nos han demostrado con El sentimiento de la montaña y con sus numerosas acciones conjuntas de defensa firme, a la vez que medida y razonada, de los espacios verticales, de sus gentes y paisajes.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre algo tan difícil de explicar?
En principio fue una conferencia que dimos mano a mano en la librería Desnivel al cambiar el siglo, como una retrospectiva, por iniciativa de Darío. Pasó a un artículo en la revista Desnivel y a Beata Rozga (entonces editora de Desnivel) se le ocurrió que fuera incluso un libro. Entretanto fuimos juntos al Karakórum y allí planteamos el libro concreto.

¿En torno a qué elementos está orientada la obra: filosofía, historia del alpinismo, literatura…?
Eduardo: A toda la expresión que refleje cómo el alpinista siente la montaña, con sus modalidades personales, culturales e históricas, con sus hitos mayores, pero también con sus elementos permanentes.
Sebas: También la hemos modulado con una visión histórica y, al tiempo, transversal. De tal forma que los alpinistas de hoy en día comprendan que su actividad es heredera del resultado de dos siglos de un sentimiento acumulado que la ha convertido en la aventura más cercana al hombre.

¿De qué forma habéis estructurado toda la información que exponéis en el libro?
A la vez por el paso del tiempo y por grandes temas, tanto geográficos como culturales. Hemos tratado de que estén representados todos los temas importantes que han influido notablemente en la evolución del alpinismo, entendiendo este en todos sus aspectos: deportivo, geográfico, cultural, sentimental, que es lo que hace transcender a la actividad montañera el ámbito del deporte aunque, sin duda alguna, también lo sea.

¿Cuál es el comienzo de los «200 años de soledad»?
Una nueva mirada que nace de un modelo cultural naciente en los Alpes, la mirada ilustrada y la mirada romántica inmediata, que tienen una importancia mucho más general en la historia, pero que incluye las montañas como uno de sus motores principales.

¿Qué sentimiento despierta en vosotros la montaña?
Emoción, admiración, interés intelectual y artístico, y, sobre todo, ganas de vivirlas, de estar allí, de recorrerlas. Necesitamos las montañas tanto bajo el punto de vista vivencial como intelectual. Somos felices entre ellas, ya sea llegando a una cima o recorriendo los senderos del Pirineo o bien, como en este caso, escribiendo, filmando o hablando de ellas. Creemos que, a esta altura de nuestras vidas, no hubieran tenido el mismo sentido sin las montañas.

¿Qué creéis que mueve –y ha movido históricamente- al hombre a subir montañas: sentimiento de superación, pasión por la aventura, la búsqueda de la emoción, el placer por viajar a sitios vírgenes?
E: Todo ello, aventura, conocimiento y necesidad de la belleza del mundo, porque, esencialmente las montañas son grandes paisajes. Producen una repuesta vital completa. Pero su belleza es un motor capital.
S: Conocimiento y aventura. En las montañas se resume (de igual forma que en otros pocos paisajes, como los desiertos o los mundos polares) esa frase de Thoreau que viene a decir que tenemos necesidad de descubrirlo todo y, al tiempo, de que siga existiendo el misterio. Desde el origen de los tiempos de nuestra especie en la Tierra, el ser humano se debate entre la necesidad de controlar el mundo en que se mueve, lo que le produce tranquilidad y seguridad, y le hace situarse en el ámbito de la comodidad, pero también necesita perseguir nuevas metas, adentrarse en lo desconocido, lo que le produce desazón, teniendo que enfrentarse, siempre en primer lugar, a sus miedos. La actividad en montaña es fiel reflejo de este comportamiento bipolar de los seres humanos.

¿Cuál es vuestro hito histórico favorito en la historia del alpinismo?
En realidad hay varios, porque, es como una ascensión continua pero sin cima. La historia del montañismo es una especie de escalinata sin fin, con sucesivos descansillos: hay que plantearla como un conjunto. Y hay hitos de diverso tipo, el del mejor libro, el del mejor cuadro, el de la mejor música, el de la mejor cima, el de la mejor pared o incluso en cada punto habría varios según sus tipos y lugares. Pero sí se podrían plantear tal vez los 100 hitos en una selección apretada, aunque ya es muy larga para esta charla.

¿Y un alpinista destacable entre todos?
E: También hay varios y según las etapas desde el siglo XVIII a hoy. Al menos hay media docena con sus variables a nuestro entender. Tenemos nuestros preferidos, pero hay que ser objetivos en su exposición y que el lector seleccione desde su perspectiva.
S: Habría muchos que fueron subiendo el listón de la dificultad y se plantearon nuevos retos, pero mis favoritos (desde una subjetividad que no oculto) son los que rompieron moldes y se adelantaron a su tiempo. Si tuviera que decir unos cuantos (simplificando mucho) señalaría a: De Saussure, Whymper, Mummery, Paul Press, Luis de Saboya, George Mallory, Lionel Terray, Hermann Buhl, Walter Bonatti, Chris Bonington, Reinhold Messner. No quiero hablar de los más cercanos precisamente porque es necesario que pase el tiempo para descubrir ese plus que transforma una gran escalada en una hazaña. No son todos pero es una buena representación y, como se advertirá enseguida, es una selección en la que se prima antes el cerebro que el músculo.

¿Cómo ha cambiado el sentimiento en estos 200 años? ¿y los métodos y motivaciones?
Hay un hilo de unión en lo sustancial, y ha cambiado más lo secundario, porque siempre se ha hecho y se ha sentido lo mismo con diferentes modos de acercamiento y en diferentes lugares. Lo que más ha cambiado es el mundo, el entorno social y cultural por una parte, al que pertenecemos, también la accesibilidad de las montañas remotas, que se han ido haciendo cercanas, por otra parte, y, por último, el estado de esas montañas, que a veces se va deteriorando progresivamente, lo que impide la limpieza e intensidad de la vivencia de su naturaleza. A ello han contribuido también ciertos avances tecnológicos que, en determinados momentos, han sacado a relucir el viejo debate entre deporte y aventura. A veces también se pretende convertir la montaña en un parque temático o un estadio olímpico, olvidando el poso original de un sentimiento de montaña que tiene en el paisaje y en el conocimiento, y en el reto «imposible», los valores y las motivaciones principales. Afortunadamente, para la gran mayoría, la montaña sigue estando ahí. Y hoy sigue habiendo alpinistas tan puros como Bonatti.
Lo fundamental en ética y estética del montañismo sigue vigente, aunque también hay modalidades de estilo montañero que cambian en lo bueno, porque hay creatividad. Los otros estilos, al menos a nosotros, en lo negativo, no interesan. Igualmente los equipos permiten más y a veces también estorban más.

¿En qué momento cambia la motivación cultural y de búsqueda del conocimiento a una motivación meramente deportiva?
E: Hace tiempo; probablemente cuando el alpinismo inglés pasa de ser de exploración a ser deportivo explícitamente a fines del siglo XIX y principios del XX. Pero también ha cambiado el sentido de lo que se ha considerado como deportivo, y así, por ejemplo, entre el alpinismo de dificultad sin guía y la moda de las carreras masivas de montaña o la competición de rocódromo o la expedición comercial hay bastante diferencia.
S: En cualquier caso ni la palabra deporte ni una concepción deportiva suponen adjetivos descalificadores. Lo que sí resulta desalentador es olvidarse de lo otro, lo que debe sumarse a esa actividad deportiva. Por supuesto que una actividad gimnástica es encomiable y el entrenamiento como base para resolver luego grandes problemas alpinos también lo es. Pero eso, en alpinismo, no es la finalidad sino el medio para vivir una gran aventura en montaña. Sin aventura, sin ganas de «luchar y comprender», (como bien resumió Mallory), el alpinismo se transforma en un deporte vulgar, por mucho que sea el grado que se escale.

¿Cuál es la gran aportación de esta obra?
E: Reunir, sólo reunir con criterio y desde dentro del montañismo (y no sabemos si esto se puede considerar «grande») un pensamiento poético nacido de la vida en la montaña y que es característica de los alpinistas. Este pensamiento sí ha sido grande en muchos casos. Lógicamente sólo se puede recoger lo que ha sido expresado, porque muchos alpinistas lo tienen y se lo callan. Y retener lo más sustancial.
S: Hemos tratado de dar una visión global de todo lo bueno que la montaña ha producido en los últimos 200 años, sin olvidarnos de consideraciones anteriores, siendo rigurosos y procurando dar a entender de qué forma ese sentimiento se ha expresado en nuestro país. En mi opinión, pasados ya ocho años de la primera edición, el libro se ha convertido en una referencia y una de las mayores satisfacciones es comprobar cómo es utilizado por muchos estudiosos y montañeros. Además, y en esto tanto Eduardo como yo fuimos minuciosos, hemos hecho un libro bello, de los que te gustan tener entre las manos, para disfrutarlos, leerlos, ver las fotografías tan bellas o para ir de vez en cuando a consultar alguna cosa. Y con esta reedición hemos pretendido ponerla al día y corregir las pequeñas erratas que siempre surgen. En fin, creo que es una obra que deben tener todos los amantes de las montañas.

¿Se ha perdido la ética en y por las montañas?
E: En casos concretos, siempre ha podido pasar, como ocurrió en la politización europea de entreguerras. Recientemente, las sociedades han lanzados sus redes para capturar las montañas con el fin de rentabilizarlas como productoras de ocio masivo y esto ha dado lugar a transformaciones funcionales y paisajísticas de esas regiones que no dejan sitio en muchos lugares a la ética de vivencia directa de una naturaleza limpia, remota y exigente. Esta es una pérdida de tono fatal, por lo que hay que impedir su difusión, proponiendo otro modelo de montaña, otra gestión de la montaña.
S: Bajo el punto de vista más concreto de los montañeros, lo que a veces ocurre es que se desconoce algo tan elemental como que el hecho de no tener unas reglas tan marcadas como las líneas de un campo de fútbol no supone no tener unas reglas del juego. Esto tiene que ver con una ética que, como dice el filósofo José Antonio Marina, son aquellas normas de comportamiento aceptadas durante siglos y que evitan que nos comportemos como el animal que siempre llevamos dentro. Por eso a veces se oye ese discurso tan manido de «no quiero regulaciones en tal parque, hago montaña para sentirme libre», como si eso supusiera que podemos agredir el paisaje o fuéramos ciudadanos al margen del resto de los mortales. Y es justo al contrario. Los montañeros siempre fueron las personas que más se distinguieron por conservar el paisaje, precisamente porque en eso consiste la libertad que buscamos en las montañas.
También ocurre, y ya en el ámbito estrictamente deportivo, que, como en todos los deportes, los hay más partidarios de la fuerza o la inteligencia. Hace unos días oí una magnífica entrevista en la SER a Xavi, el jugador del Barça al que considero el mejor jugador español de la actualidad. Al terminar oí un resumen de la figura de este jugador que me pareció muy oportuno y además aplicable al montañismo. Dijo el periodista que Xavi es la mejor prueba de que también en este deporte «el cerebro es más importante que la prueba». No pude estar más de acuerdo, y cada vez que veo jugar a Xavi (y uno es de toda la vida del Real Madrid), es la inteligencia de su juego, (de su visión, de su toque de balón…) lo que me hace disfrutar. José Antonio Marina dice en su libro La inteligencia creadora, que la inteligencia no es un concepto abstracto sino una facultad concreta, y que se manifiesta de diversas formas: un actuar inteligente, un mirar inteligente, un hablar inteligente…
También en el alpinismo prefiero la inteligencia y la aventura frente a lo estrictamente deportivo y el músculo.

 


 
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